dimarts, 6 d’octubre del 2026

Sobre el Congreso en favor del aborto en Barcelona

Sobre el Congreso en favor del aborto en Barcelona


Annibale Carracci: Cristo coronado de espinas (o La burla de Cristo), 1598-1600, Óleo sobre lienzo, 60 cm × 69,5 cm , Pinacoteca Nazionale di Bologna (Italia).


Díjole, pues, Pilato: «¿Con que Tú eres rey?» Contestó Jesús: «Tú lo dices: Yo soy rey. Yo para esto nací y para esto vine al mundo, a fin de dar testimonio a la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz».  Pilato le dijo: «¿Qué cosa es verdad?»  Jn (18, 37-38).


Se va a celebrar, en los primeros días de octubre, un congreso sobre el «derecho» al aborto en Barcelona. Al igual que el problema «rojo» del 36, no es sino una continuación y consecuencia del problema que sufrimos en nuestro suelo desde los primeros levantamientos del siglo XVIII, es decir, del liberalismo —que muta en apariencias, pero nunca en sus principios, que pretenden que la voluntad humana determina la realidad, y no la realidad la que debe ser comprendida por el hombre y operar según los fines y jerarquías propios de ésta—, concreción política de la doctrina protestante.

El único modo de justificar que alguien hace algo «malo» y por lo tanto que existan leyes objetivas que deban prohibirlo, es que la moral sea cognoscible por todos, y sea descubierto, no creado. Importa poco que lo que se defiende, sea sobre el papel un bien o no, si las razones no son las adecuadas. No es lo mismo defender que el asesinato deliberado o el abuso sexual es algo gravísimo porque lo dice la Constitución, porque la mayoría lo dice, porque corresponde a la «esencia de la patria» cierta moral o religión, o porque el monarca absoluto o caudillo de turno (o el Papa) lo dice, que sostener que hay un orden objetivo inmutable cuyo conocimiento nos es accesible a todos. No puede uno decirle a un hijo: «No mates a tu hermano porque no quiero que lo hagas», y luego pretender que no lo haga cuando, aunque la intención sea buena, el hecho es que con la justificación se ha negado que el deber venga impuesto por la realidad de las cosas y por tanto, la voluntad de la madre puede ser simplemente modificada por la voluntad del hijo o por el cambio de la voluntad de la madre, y, consecuentemente, matarlo.

La recta razón nos permite conocer cosas —no agotarlas— que también pueden ser conocidas por los demás (de otra forma, el conocimiento no sería posible y absolutamente todo sería subjetivo; cualquier defensa de cualquier causa se volvería arbitraria, al igual que cualquier condena de cualquier mal), y precisamente es ésta la que distingue al ser humano de cualquier otro ser que habite en el universo, la dotación de intelecto, y la posibilidad de obrar de modo racional, y no mediante impulsos e instintos. Todo ser humano es capaz de conocer, en el plano intelectual, que dos afirmaciones contrarias no pueden ser igualmente ciertas, o que un conjunto de cosas no puede ser menor que alguna de sus partes, y, en el plano de la voluntad, que asesinar o mentir está mal (=que opera contra la verdad conocida por el intelecto).

Es, pues, falaz pretender atacar el llamado «derecho» al aborto asumiendo principios que niegan de plano la posibilidad de la existencia de mal objetivo alguno. Esto es exactamente lo que hacen los movimientos que, negando la soberanía social de Jesucristo, negando el plano político dogmáticamente definido por el Magisterio de la Iglesia, la Tradición, y las Sagradas Escrituras, negando, en fin, que haya una verdad objetiva innegociable, tanto natural, como sobrenatural, sobre la que debe edificarse y someterse toda la vida política y social de los pueblos, pretenden sostener una causa que, de suyo, es legítima y loable, como lo es la lucha contra el asesinato de seres indefensos en el vientre de sus madres. Es más flagrante aún en el caso de España, teniendo a disposición la experiencia histórica que enseña que el aborto es una consecuencia del divorcio, el divorcio es una consecuencia de la Constitución del 78 y la Constitución del 78 es una consecuencia directa de la legislación y el gobierno liberal de Franco.

Para mayor elocuencia no puedo menos que citar al profesor Francisco Canals: «Mi maestro el P. Orlandis decía que los “católicos liberales”, y por tales tenía los “mal-minoristas”, elegían en lo político al modo como en los Ejercicios de San Ignacio de Loyola eligen aquellos que se sitúan en el “segundo binario”. Es decir, se pretende escoger la táctica moderada para mejor conseguir el “bien posible” y evitar “males mayores”, se invoca el “realismo” y el “posibilismo”, pero en el fondo se evita el riesgo y el sufrimiento, con frecuencia heroico, del esfuerzo sincero y real por el imperio práctico de la verdad política frente a la apostasía anticristiana revolucionaria». (1)  «Un tradicionalismo español sin carlismo se mueve en el orden de una consideración de la esencia sin la existencia, por afán de huir de lo concreto y singular. Pertenece así un “tradicionalismo” al orden del saber especulativo-práctico, y no al de la vida política. Pero lo activo y eficiente no es la esencia ni el saber de la esencia, sino el ser de las cosas, lo que olvida el racionalismo político. Aunque tal vez, este tradicionalismo de principios y de esencias es precisamente, en el plano concreto y político, no ya un racionalismo, sino una desfiguración y traición enervadora».  (2)

Ante todo, con este artículo no se pretende inducir a un inmovilismo —lejos de nosotros— sino formar las bases para la verdadera unidad política y una acción útil al bien común. En efecto, pactar con el diablo nunca será una solución, Vox, Falange, ACDP, CEU, Reconquista, CTC, Revuelta, 323 Imperial, DENAES, Sociedad Civil Catalana, democristianos, pietistas, identitarios, racialistas, neofascistas y demás instituciones y/o personas (cuya buena o mala intención no vamos a juzgar aquí) que participan, colaboran o sirven a causas que de suyo pueden parecernos loables en algunos de sus fines pero que no hacen sino ideologizar la realidad, asumir de hecho el liberalismo en uno u otro grado y modificar el núcleo necesario (la doctrina cristiana tradicional) para fundamentar las leyes y la existencia misma del bien y del mal lo que hacen es desparramar y hacer suyo el error pelagiano porque «separados de Mí no podéis hacer nada» (3), y «si repartiese mi hacienda toda, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, mas no tengo Caridad, nada me aprovecha» (4). Y ¿Qué es la Caridad, sino la íntima posesión de la Verdad íntegra y suave que es Cristo Nuestro Señor?

(1) Canals Vidal, F. (1993). «Balance de las tácticas moderadas en España». Verbo, (317-318), 883-895.
(2) Canals Vidal, F. (1971, 25 de mayo), El Pensamiento Navarro. Número 22310.
(3) Evangelio de Juan, 15,5.
(4) 1 carta a los Corintios 13,3.

Petit Serviola, Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Nota: Només un membre d'aquest blog pot publicar entrades.