dilluns, 9 de febrer del 2026

Records de l’avi, estones a pagès



Records de l’avi, estones a pagès


«Fonedissos com els pensaments que no es pronuncien»


En una estona de repòs a l'ombra de la parra, asseguts cadascun en una soca escapçada, la dolça mossada d’una nespra madura. L’estiu. L’avi, enllà, a les feixes, el cruixit de la terra esberlada a cop de tràmec; i l’àvia, enfront, a l’era, que sosté de cap per avall, espaordit, un conill de color de plom.

···

Nosaltres, d’esquitllentes, coberts de silenci, ens endinsem al garatge. La fosca del cobert, l’olor de garrofes; de pressa, ajusto la porta, dansen, damunt nostre, els forcs d’all i les tires de ceba. A tentines, amb l’escassa llum del món que s’aprima dessota la porta, entre volves de palla, escorcollem el cofre de les eines, el llustre de la destral, l’aixada amb rivet de fang. El cobert de les gallines, la fusta corcada i l’olor de ploma vella, un lloc on les hores s’hi amaguen, com ous entre farcells de palla.  

La bassa bruta, d’aigua abandonada pels núvols; els capgrossos que hi suren com les noies joves a la mar, i que es fan fonedissos com els pensaments que no es pronuncien. L’aigua humiteja la terra, fa riure les flors. L’estona lenta de passeig, les converses rogalloses dels vells; la tebior i l’ombra del vespre, el somrís amable de la nit.

···

La primera claror apunta sobre l’estesa del camp, les mans assarmentades de l’àvia espremen les taronges; a la cambra de bany, els petons del cosmètic, la fragància del perfum. L’hivern. L’avi es cobreix d’abrigalls, una exhalació profunda que fumeja, la gebror que dorm sobre els herbeis.

Tintures de vespre, cel roent. L’àvia s’amoïna. Una sotragada estrident recorre el pany de tres punts, que grinyola en un crit de rovell. El món conté la respiració, un silenci rigorós, a punt de trencar-se en un clam desesperat. La veu de la vella, tremorosa —feu-se tard, l’avi no torna. Una corrent violenta d’aire irromp, la porta espetega; nosaltres quedem allí, sobre la fredor de les lloses, abocats a les vidrieres, amatents, escorcollant la immensitat de l’espai.

Els reclams de l’àvia, carregats d’angoixa, es fan llunyans; els vidres perden nitidesa, es carreguen de boira, la claror s’apaga i comença a fer fred. La melodia del telèfon distreu la seva atenció, ella em mira —truquen els pares—, però jo rebutjo amb la mirada, aguardem la tornada de l’àvia. Ella, espantada, tornada a abocar l’esguard sobre el bosc —hi veig ningú.

Se sent trontollar la clau dins del pany, tombar el pom i, segons després, el refregar a terra de la porta principal; m’alço, ella emperò, l’ordre abans rebuda, es mou gens de puesto. L’avi sembla que sosté el costat sobre l’àvia; a la butaca de braços, a tocar del braser i del crepitar violent de les flames abrandades, el cos moribund, la santa figura, de l’avi estimbat.

···

La carícia del vent que s'escorre entre els pàmpols, la flaira humida de la terra oberta, el llustre de la navalla, una convulsió agònica, degotalls de sang, i la mort. Ella que amaga la vista i, ambdós, sense dir-nos un mot, decidim d’anar-nos-en, bo i sentint, d'esquena, com s’estripa la pell del conill.


Dr. Pere Pau, Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau

«Els camps tenen el nom que els donaren els vells.»
Josep Pla









diumenge, 8 de febrer del 2026

Las misiones catalanas, peripecias de una profesora de religión (X): La invertebración satánica y la caballería cristiana

 

Las misiones catalanas, peripecias de una profesora de religión (X): La invertebración satánica y la caballería cristiana



En clase, los alumnos de secundaria no tienen columna vertebral. Bueno, sí, pero ya no les sostiene. No están sentados, sino derrumbados encima de sus pupitres. Sin forma. Derruidos, inermes. Laxos. Cansados. Aburridos, totalmente desparramados. (...) Su postura muestra su estado interior. Sin estructura, ni dirección. Sin verticalidad. El desparrame. Sin principios. Sólo emociones que se mueven como las olas del mar.




¿Te ha pasado alguna vez que algo que habías leído en numerosas ocasiones, de repente adquiere un significado relevante y profundo que se había escabullido de tu atención?  Eso experimenté el otro día. Mientras me duchaba, concretamente. El Espíritu Santo sopla cuando considera que es el momento más adecuado. No siempre es como pensamos, con las narices metidas en la Biblia, intentando escudriñar las palabras. ¡Qué va! Como la brisa que acarició el rostro de Elías en el Horeb, así acude el espíritu de Dios. Cuando camino por la calle, o estoy atrapada en la Autopista o me estoy duchando. Ni fuego, trueno, ni vendaval. Una suave caricia casi imperceptible. Así habla, dulce y con la fuerza que sólo la verdad revelada tiene. Hay que velar, siempre. Porque nunca se sabe. Sólo Él.

Pues bien, mientras sentía el agua caliente deslizarse agradablemente, ¡zas!, tuve un mayor entendimiento de un pasaje del Antiguo Testamento que nunca me llamó la atención especialmente. Es más, ni caso le hacía. No creía que tuviera mayor relevancia, dada la obviedad. Te explico. En estos últimos tiempos, estoy fascinada por Génesis 3, 1-7. A menudo, los cristianos pasamos demasiado rápido a los evangelios o el Nuevo testamento. Como si el Antiguo Testamento no fuera necesario, salvo por cierta cultura. Cuando me convertí, descubrí Génesis 3 y confieso que podría meditar en este pasaje toda mi vida. Entender la magnitud de la tragedia, el insondable horror de la caída. El significado profundo del pecado es la base para entender, comprender, celebrar el valor incalculable de la Cruz. Sin pecado, no hay salvación; y sin ésta, la Cruz si que es una absurda, no ya locura, sino ironía. Una tontería, sin ton ni son. La escena de Génesis es rica en la descripción del pecado y sus consecuencias, y a la vez muestra la impresionante misericordia de Dios, que lejos de humillar al desobediente, lo quiere salvar. El protoevangelio que se contiene en Génesis es de una extrema belleza. Y esperanza. Me encanta la promesa de aplastar la cabeza de la serpiente. Una y otra vez puedo recrear de mil formas este momento épico. Aplastar la cabeza de la serpiente como quien pisa una cucaracha. En cambio, siempre he pasado de largo por la condena a la serpiente, «te arrastrarás sobre tu vientre». Obvio, las serpientes se arrastran, siempre a toda prisa, el by pass a pisar la cabeza de este ser escurridizo, símbolo del Enemigo de Dios, por ende nuestro. Y en las prisas, obviar la condena: arrastrarse.

 


Pero el otro día, bajo la ducha entendí —bueno, el Espíritu Santo me hizo entender— la envergadura de este arrastrarse. No implica un mero castigo, el morder polvo, por chunga, mala, mentirosa, manipuladora y así en bucle. Entendí lo que significa arrastrarse, ¿por qué lo hace? ¿porque no tiene ni piernas ni pies? En realidad, no. Se arrastra porque es invertebrada. No tiene columna vertebral. De hecho, la semana pasada, los de primer curso tenían examen sobre los invertebrados. ¿Quizá aquí se abrió una ventanita a lo que iba a entender más tarde?

La serpiente se arrastra invertebrada, sin forma estructurada. Se cuela por cualquier rendija que encuentra. Y quien dice rendija, dice herida. «¡Ahora lo entiendo!», me decía fascinada. Mi mente, relacionando conceptos a una velocidad vertiginosa. «Claro, el enemigo es invertebrado, sinuoso, esto es obvio. Todo lo que produce, porque crear sólo lo hace Dios, es del todo invertebrado. Los frutos del enemigo no tienen estructura. Las rompe, las derriba, las liquida. El territorio del enemigo no tiene forma, porque no tiene esqueleto, ni nada que lo sujete. Es líquido, hasta el punto de evaporarse. Y llegado este momento, la nada. Ahí lo tenemos, los frutos malos del árbol malo».

Y entendí algo que me llama la atención desde que estoy de profe de reli. En clase, los alumnos de secundaria no tienen columna vertebral. Bueno, sí, pero ya no les sostiene. No están sentados, sino derrumbados encima de sus pupitres. Sin forma. Derruidos, inermes. Laxos. Cansados. Aburridos, totalmente desparramados. Qué más da que sean las ocho de la mañana y tengan sueño, o acaben de llegar del recreo y estén cansados, o sea lunes o viernes. Su postura es el desparrame, invertebración no solo física, sino mental. «¿Quieres sentarte bien por favor? ¡Levanta la cabeza!», ni se sabe cuántas veces tengo que repetir esta orden, tan obvia. «Estamos en un Instituto de secundaria, no en el sofá de casa». Y te miran con esa cara de cansancio infinito, incapaz de sostenerse por sí mismos. Invertebrados. Su postura muestra su estado interior. Sin estructura, ni dirección. Sin verticalidad. El desparrame. Sin principios. Sólo emociones que se mueven como las olas del mar. Agua sin nada que la contenga.  La invertebración disolvente del enemigo.

¡Cómo son las cosas! De qué forma el Espíritu Santo es creativo y pertinente. Estoy escribiendo este texto en el despacho del Instituto. Al otro lado de la mesa, tengo a los dos filósofos del Instituto hablando de la programación de la materia que los alumnos hacen en lugar de religión. Adivina el título del nuevo tema: «la vida sin géneros». Decía el profesor: «los alumnos se están volviendo muy  machistas. Esto es muy preocupante, hay que vigilar las violencias machistas». Vamos a ver y por orden. Este paréntesis, en tiempo real, me ha parecido muy elocuente. Sigo con el relato.

Quitaron el crucifijo de las aulas. Los alumnos tenían, encima de la pizarra, el recordatorio de quién legisla y gobierna. Quién ordena. Cristo en la Cruz, muriendo para dar vida. El dedo que señala el camino al cielo. Nuestro hogar, por cierto. El camino al cielo, las alturas. Sólo levantando la mirada, por ende la cabeza y, en consecuencia, en posición vertical vertebrada, se eleva la mirada al cielo. Y mirar arriba, es contemplar la Verdad, aunque no lo sepas. Pero ahí está.

Retirando de un soberbio manotazo al crucifijo, se ha producido el acto más tiránico que el acto promete evitar. La democracia de los muertos, en palabras de Chesterton. Se silenció la voz de nuestros antepasados. Su voz ya no es relevante. «¡A callar!» Las abuelas y las abuelas de las bisabuelas, y tatarabuelas de las madres, y la cadena que remonta al pasado, o mejor dicho, el origen. «¡A callar!» Romper con la Tradición, la verticalidad, la soberanía de Dios. Ya no es necesaria la Cruz, porque la salvación ya no es necesaria, hemos eliminado el pecado. Y la serpiente invertebrada, sinuosa se mueve impune entre los pupitres. Los chavales ya no miran a las alturas, y se desparramaron inertes hasta el mismísimo suelo. Sin crucifijo, desaparece el orden, el cielo y el infierno, el bien y el mal, «todo depende, todos tenemos nuestra verdad y hay que respetarlas», aunque sean absolutas barrabasadas. «¡Hay que respetar!»

Cayeron los pilares y los cimientos. La total invertebración propia del enemigo. La liquidación de las estructuras que nos fueron entregadas. «¡A callar abuelas; vosotras y vuestros ridículos rosarios y letanías!» El fin de la democracia de los muertos. Menudo reduccionismo, cuanta ignorancia en un solo gesto. Más allá de las proyecciones y clichés de los sesudos postmodernos, intelectuales sin intelecto, más allá del meme y la caricatura del católico nietzscheano, borrego dócil, sin poder ni fuerza, más allá de la ignorancia y la soberbia, Dios se levanta y nos levanta. De borregos nada, leones que sabemos rugir, con el grito que viene de Dios mismo. Fíjate tú, ahora, ¿quién es el débil?

Y así están los chavales, sin columna vertebral, emasculados, sin verticalidad, con miedo de su propia fuerza y virilidad. ¿Y las chicas? Más de lo mismo, guerra de sexos, que no de géneros, como el eminente filósofo que tengo enfrente, afirma orondo. Invertebración satánica que nos conduce al nihilismo, a la nada. El infierno terrenal, donde toda esperanza se queda en el umbral para no entrar jamás. Y en las aulas, el caos, la mala educación y el lamento quejumbroso del docente, que mira las consecuencias sin identificar las causas. «Ay si dejaras hablar a tu abuela, bisabuela, tu tatarabuelo…otro gallo nos cantaría!» ¡Cuántas voces contenía este humilde crucifijo retirado de las aulas!


Y, ¿yo? Con todo eso, ¿Qué hago? He decidido tomar cartas en el asunto. Me niego, como no podía de ser de otra forma, a validar el relato del invertebrado enemigo. Estoy creando una escuela de caballería cristiana. Les he dicho a los chavales de segundo curso que todo este trimestre vamos a trabajar duro. Como caballeros, como damas. Les he dicho que nuestro propósito no es la deconstrucción (bien, no con estas palabras), sino la santificación. Eso es lo que nos proponemos. ¡Ser santos! Me miran con cara de sorpresa, porque nunca se les había ocurrido tamaño emprendimiento. Ser tolerantes, eco-resilientes, sostenibles, pero... ¿santos? «Sí, señores, porque nuestro Dios es Santo». Les suena a chino y, a la vez, pulsa un resorte interno que estaba aletargado y saben reconocer como bueno. Porque, dicho de otra forma, están hartos de tanta ideología cursi. Porque ya no pueden más.

Vamos a trabajar con las virtudes. Y no el cliché ñoño de los valores cristianos pronunciados con sorna y la boca torcida. La virtud que viene de vir, fuerza. Sí, aquello que nos hace fuertes. No sólo físicamente, sino espiritualmente. Lo que nos permite con la ayuda de Dios, salir de la invertebración satánica, a nuestra dignidad que viene de lo alto. «Espalda recta, pecho enfrente, mirada clara, y acción». Porque, más temprano que tarde, necesitarán la fuerza para defender que el prado es verde. Chesterton, qué lúcido fuiste. Y qué profético.

Eulàlia Casas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

 

dissabte, 7 de febrer del 2026

7 de febrero, aniversario del fallecimiento de Francisco Canals Vidal: maestro fundamental del tradicionalismo hispánico


 

7 de febrero, aniversario del fallecimiento de Francisco Canals Vidal: maestro fundamental del tradicionalismo hispánico


Con motivo de esta  efeméride y para honrar la vigencia de su magisterio, se divulga un extracto de un artículo suyo donde realiza una crítica radical a la Modernidad al tiempo que señala la alternativa católica: la esperanza en el Reinado Social de Jesucristo



El 7 de febrero se cumple el aniversario del fallecimiento del profesor Francisco Canals Vidal (1922-2009), maestro fundamental del tradicionalismo hispánico. Con motivo de esta efeméride y para honrar la vigencia de su magisterio, se divulga a continuación un extracto de su artículo «El reino mesiánico» (Revista Verbo, núm. 71-72, 1969).

En este texto, Canals se revela como teólogo de la historia y apologeta de la Cristiandad. Con motivo de una hermeneusis católica de las profecías del Antiguo Testamento, Canals realiza una crítica radical a la Modernidad, a la que diagnostica como una síntesis gnóstico-ebionita. Este error, secularizado en la idea mágica del Progreso, pervierte conceptos cristianos —como la redención o el bien y el mal— y genera un conflicto dialéctico destructivo en la historia.

Frente a esta falsa esperanza inmanentista, Canals señala la alternativa católica: la esperanza en el Reinado Social de Jesucristo. No se trata de una nostalgia, sino de la aplicación de un principio teológico permanente —cuya expresión litúrgica es la Fiesta de Cristo Rey— que debe orientar la vida civil. Es una esperanza a la vez social y escatológica, vivida con paciencia activa y que constituye el centro de su proyecto intelectual contrarrevolucionario.

Josep de Losports
, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau


* * * * *



(...)

En la "modernidad anticristiana” una síntesis gnóstico-ebionita pone en movimiento el dinamismo del error y deforma de raíz la mágica de la idea del Progreso. Es esta una idea “anticristiana” en el sentido más profundo y propio de la palabra; la concreción en el dinamismo histórico de aquel misterio de iniquidad del que San Pablo dice: que ya actúa y que prepara la manifestación del hombre del pecado, que se enfrenta a todo lo que se llama Dios o recibe culto.

El carácter anticristiano de esta idea del progreso radica precisamente en que escinde y desorienta conceptos e ideales presentes en la historia como herencia de Israel y de la revelación bíblica. Nos habla de redención, pero no es la redención del hombre por la gracia divina; es una redención según elementos del mundo y que obra diríamos mágicamente: por el proceso irreversible de la Historia, por las exigencias del nivel de nuestro tiempo, somos redimidos del pasado, constitutivamente malo. Esta redención progresista presenta los caracteres de inmanencia secular e intramundana del ebionismo, pero a la vez revela aquel dualismo de las gnosis. Por esto, más que un proceso lineal de maduración en el tiempo, se concibe el Progreso como una serie de choques dialécticos redentores: a fines del siglo XVIII la burguesía redimía de la nobleza; más tarde el proletariado redime de la burguesía; en nuestro tiempo la juventud redime de los “padres podridos".

Oímos frecuentemente afirmaciones universales de este tipo: Los jóvenes de hoy son justos, puros, exigentes y quieren un mundo mejor, porque las generaciones anteriores lo habían construido injusto y opresor. En consecuencia, ya no tenemos que considerar el bien y el mal en su verdadera línea: el bien como integridad y el mal como privación y desorden. El bien como algo a agradecer últimamente a la bondad y poder de Dios, y el mal y el pecado como consistentes en la cerrazón de la soberbia. El bien es para el progresismo algo arrojado a mar de la existencia por la generación, y que va a causar el mundo nuevo, fecundo y creador, al nivel de nuestro tiempo.

Dualismo maniqueo, y también ebionismo; ya que en todas las polaridades, y por satánico modo, también lo que "no es” confunde a lo que "es". Por satánico modo: porque lo que ‘'no es" tiene el privilegio de la soberbia y del desprecio hacia lo que, precisamente por ser, es ya anquilosado, superado y destinado a la destrucción. Estamos ante redenciones inmanentes, mágicas, maniqueas. Se ha escindido la divinidad misma en el dios del poder y de la justicia, legislador y señor, y el dios de la libertad y de la renovación. Se ha escindido la espiritualidad; se ha fragmentado la fe; se lanza una parte de misterio contra el otro, y se obtiene así la tensión en la que está la vida y el proceso del movimiento dialéctico redentor.

(...)

Dice Santo Tomás que la fe católica se presenta cual una vía media entre errores opuestos. El movimiento dialéctico del error sintetiza, como hemos visto, tales oposiciones en el confuso agregado de una concepción en la que se desintegra el sentido cristiano de la historia.

Si no seguimos ni el error judío del humanismo ebionita, presente en nuestro tiempo en las diversas corrientes del Evangelio social, ni el error herético, que desprecia el orden natural y no acepta la esperanza de su integración en el Reino de Cristo, deberemos profesar la esperanza que la Iglesia vino a institucionalizar litúrgicamente en la fiesta de Cristo Rey.

No es erróneo milenarismo vivir, en estos tiempos de misterio de iniquidad, en el consuelo y la esperanza a que nos invita el Evangelio: alzar los ojos y levantar la cabeza porque se acerca nuestra redención.

De esta esperanza vivimos los cristianos; a ella nos invita la Escritura, que nos alienta a esperar y nos invita a suplicar con ardiente plegaria la humillación de los poderes anticristianos. No porque así vengamos a tener nosotros la oportunidad de llegar a ser poderosos al modo como lo son los enemigos de Cristo: sería esto envidiar la prosperidad de los malos y tener celos de quienes obran la iniquidad.

"La altivez de los ojos del hombre será abatida; la soberbia de los hombres será humillada, y sólo Yahveh será ensalzado aquel día." Si al leer esto en la Escritura esperamos que humillara a "nuestros" enemigos y que nosotros "los fieles" triunfaremos, seríamos puritanos o fariseos. Porque: "el día de Yahveh de los ejércitos vendrá sobre todo lo soberbio y altivo y sobre todo lo ensalzado y sobre todos los cedros del Líbano altos y sublimes; sobre los alcornoques de Basan; sobre todos los montes altos y sobre todos los collados levantados; sobre torre alta y sobre todo muro fuerte; sobre todas las naves de Tarsis y sobre toda las pinturas preciosas".

"La altivez del hombre será abatida y la soberbia de los hombres será humillada, y sólo Yahveh será ensalzado aquel día."

"Aquel día arrojará el hombre sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que se hicieron para que fueran adorados, y se entrarán en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de las peñas, por la presencia temible de Yahveh y por el resplandor de su majestad, cuando se levantare para herir a la tierra. Dejaos estar del hombre, cuyo hálito está en su nariz, pues ¿por qué tiene que ser él estimado?

Oremos con el salmista: ''Te alabaré Yahveh con todo mi corazón; cantaré tus maravillas; me alegraré y regocijaré en Ti; cantaré tu nombre altísimo porque mis enemigos han sido echados para atrás. Caerán y perecerán ante Ti porque has hecho juicio de mi causa, Te has sentado en tu silla y has juzgado justicia. Has reprendido a las naciones y has destruido al perverso. Raíste el nombre de ellos par.a siempre jamás. ¡Oh enemigo!, acabados son para siempre los asolamientos y las ciudades que elevaste; su memoria pereció con ellas; mas Yahveh permanecerá para siempre. Ha dispuesto su trono para juicio, y juzgará al mundo con justicia y al los pueblos con rectitud. Y será Yahveh refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia, y en Ti confiarán cuantos conocen tu Nombre, por cuanto no desamparaste a los que te buscaron. Cantad a Yahveh que habita en Sión. Dad a conocer a los pueblos sus obras: porque, demandando su sangre, no se olvidó del clamor de los pobres."

"Hundiéronse las naciones en la fosa que hicieron; en la red que escondieron fue tomado su pie. Yahveh fue conocido por el juicio que hizo: el perverso fue enlazado en la obra de sus propias manos. Serán los malos trasladados al infierno, y todas las gentes que se olvidaron de Dios: porque no será para siempre olvidado el pobre, ni la esperanza de los pobres perecerá para siempre. Levántate, ¡oh Yahveh!, no sea que prevalezca el hombre. Sean ante Ti juzgadas las naciones. Pon, ¡oh Yahveh!, temor en ellas: conozcan las naciones que no son más que hombres."

Para terminar esta confidencia alentémonos a la plegaria con la que roguemos a Dios que no tarde ya, que no calle por más tiempo.

En las profecías se nos habla del silencio de Dios, y estamos en este misterioso momento. Pero leemos en Isaías:

"Callé por largo tiempo fui como sordo y me contuve. Como la que da a luz ahora grito y suspiro y respiro jadeante.”

"Desvastaré montañas y collados y secaré la lozanía de las plantas. En erial convertiré los ríos y dejaré en seco los estanques."

"Haré marchar los ciegos por un camino ignoto y les haré pisar senderos ignorados. Ante su faz haré de las tinieblas luz, de lo escarpado llano; todo cuanto Yo digo así lo cumpliré y no les dejaré." Que así sea. ¡Ven, Señor Jesús!

Francisco Canals Vidal: «El Reino Mesiánico», Revista Verbo, núm. 71-72, 1969, págs. 85-98. Enlace: https://fundacionspeiro.org/revista-verbo/1969/71-72/documento-4565


divendres, 6 de febrer del 2026

Crisis ferroviaria en Cataluña: huelga de maquinistas para los días 9, 10 y 11 de febrero

Accidente del tren de cercanías de la linea R4 en Gelida, el pasado 20 de enero de 2026.
 

Crisis ferroviaria en Cataluña: huelga de maquinistas para los días 9, 10 y 11 de febrero


Centralismo y secesionismo, dos gestiones ideológicas y fallidas, han desmantelado el servicio público y atrapado al ciudadano en su disputa por el poder.



La red de cercanías ferroviarias de Cataluña, Rodalies, continúa sumida en una crisis prolongada que ya supera las tres semanas y que combina fallos técnicos, accidentes, interrupciones del servicio y ahora una huelga general de maquinistas prevista para los próximos 9, 10 y 11 de febrero.

Desde el accidente del tren de Alta Velocidad en Adamuz (Córdoba), ocurrido el 18 de enero y en el que fallecieron 46 personas, y desde el siniestro de Cercanías registrado dos días después en la línea R4, entre Gelida y Sant Sadurní d’Anoia —donde un tren descarriló a causa de un desprendimiento de tierras y murió un maquinista en prácticas—, el servicio de Rodalies no ha logrado recuperar la normalidad.

La situación es particularmente grave en líneas críticas como la R2 Sur, que conecta el aeropuerto de El Prat con Barcelona y que ha sufrido cortes recurrentes por obras mal planificadas, y la R4, cuya antigüedad y saturación son ya crónicas. Renfe y Adif, empresas públicas bajo la órbita del Ministerio de Transportes, alegan falta de recursos y un envejecido patrimonio ferroviario. Por su parte, la Generalitat, con competencias transferidas en materia de transporte pero no sobre las vías, exige más control y acusa a Madrid de estrangular el servicio para socavar la autonomía catalana.

Mientras tanto, el ciudadano de a pie, el obrero que va a su fábrica, la estudiante que acude a la universidad o el comerciante que se desplaza a la capital, paga el pato con retrasos diarios, cancelaciones sin aviso y un hacinamiento que vuelve el viaje en una pesadilla.

Además del transporte de viajeros, el caos se ha extendido al transporte de mercancías, con un desplome del 80% del tráfico de trenes de carga a través del túnel del Pertús, afectando al puerto de Barcelona y provocando un aumento del tráfico de camiones en la AP-7 y pérdidas económicas considerables.

La gravedad de la situación ha llevado incluso al secretario de Transportes del Gobierno a trasladarse a Barcelona para coordinar con la Generalitat las acciones destinadas a restablecer Rodalies. Por su parte, la consellera de Territori mantiene que la normalización del servicio está en marcha, aunque sin una fecha clara en firme.

A este panorama se suma ahora la convocatoria de huelga de maquinistas para los días 9, 10 y 11 de febrero. Los sindicatos ferroviarios exigen mejoras urgentes en la seguridad y en las infraestructuras del sistema ferroviario español, en respuesta al aumento de incidencias y accidentes que, según ellos, ponen en riesgo tanto a trabajadores como a viajeros. La protesta afecta al conjunto del sector, incluyendo Renfe, operadores privados y servicios de mercancías.


La vía del carlismo


La presente crisis del ferrocarril en Cataluña es la consecuencia lógica y terminal de dos modelos políticos igualmente fallidos y antinaturales, que han desguazado el servicio público y han convertido al ciudadano en rehén de su lucha por el poder. Es consecuencia de una gestión ideologizada donde la pugna entre el Gobierno central y la Generalitat ha primado sobre la necesidad básica de que los trenes funcionen, degradando un servicio esencial hasta el colapso.

Por un lado, opera el centralismo jacobino y liberal emanado de Madrid, que trata a Cataluña como una simple «Comunidad Autónoma» [sic] en un tablero homogéneo. Este centralismo invierte desde la lógica del favor político o la grandilocuencia propagandística —obsesionado con megaproyectos faraónicos–, nunca desde el respeto a las peculiaridades forales y la subsidiariedad. La red ferroviaria es su metáfora perfecta: todo debe converger y depender de un centro único, creando nodos de poder y puntos únicos de fallo. Cuando ese centro, sumido en la desidia endémica y la burocracia ineficiente, descuida, todo el sistema se paraliza. Es el mismo abandono que ha llevado a tener el parque de trenes más viejo de Europa, un símbolo de la España desvertebrada en su decadencia.

Por otro lado, el nacionalismo secesionista de la Generalitat, en su ansia por forjar una state-building confrontativa, ha completado el círculo del desastre. Ha convertido un servicio público esencial en un campo de batalla simbólico y un arma arrojadiza. Su objetivo no ha sido la eficiencia y el bienestar de los usuarios, sino la acumulación de competencias como trofeos políticos, aunque ello signifique ahondar en la confrontación y el perjuicio real de los ciudadanos a los que dicen servir. Así, el viajero se convierte en el damnificado permanente de una lucha donde lo único que se construye es relato, nunca calidad de servicio.

Frente a este doble fracaso —el centralismo abstracto y el nacionalismo disgregador—, el carlismo siempre ha defendido una vía distinta, hoy más vigente que nunca: la de los fueros. La solución no está en que «Madrid» controle más con su lógica homogenizadora, ni en que «Barcelona» la imite en su liberalismo y construya una miniaturización del mismo error. La solución, la única sensata, radica en reconocer a Cataluña (y al resto de territorios de España) su autonomía orgánica y real en la gestión de sus asuntos cotidianos —como el transporte—, en una unión basada en la lealtad, la subsidiariedad y la corona tradicional. Un modelo foral garantizaría que los recursos generados se invirtieran localmente con eficacia y transparencia, lejos de la rapiña y de la ineficacia de unos y otros. Sería la gestión próxima y responsable: la que sabe que un tren que no llega a tiempo a Valls o a Manresa es un fracaso cotidiano que no se puede esconder la política ideologizada.

Mientras el viajero maldice entre la muchedumbre, dos ideologías modernas —el centralismo liberal y el nacionalismo secesionista— han provocando la actual descomposición social. Quizás sea hora de recordar que España no es ni una uniforme ni múltiplemente enfrentada, sino una y diversa, unida por el respeto a sus tradiciones y libertades concretas.

Ese tren, el de la España foral y tradicional, tampoco debería haber descarrilado. Restaurar sus vías, frente al desmantelamiento social que practican ambas ideologías, es nuestro desafío.

Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

dijous, 5 de febrer del 2026

Video de la presentación en Barcelona de «La restauración de la política católica» de Ruiz de Galarreta, por los carlistas valencianos Juan Oltra y P. Retamar


 

Video de la presentación en Barcelona de «La restauración de la política católica» de Ruiz de Galarreta, por los carlistas valencianos Juan Oltra y P. Retamar


En el canal de YouTube @CarlismoBarcelona

 

El Canal de YouTube del Círculo Tradicionalista de Barcelona ha publicado el audio de la presentación de «La restauración de la política católica», de Alberto Ruiz de Galarreta, que realizaron los carlistas valencianos D. Juan Oltra y el P. Juan Retamar el pasado 17 de enero en su visita a la Ciudad Condal.

Pueden acceder al contenido en el siguiente enlace.

También pueden leer la crónica, publicada en su día en el periódico La Esperanza, aquí.

Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

 

dimecres, 4 de febrer del 2026

Diario inédito de Agustí Prió (VII): Designado expendedor de la Bula de la Santa Cruzada

Carlistas catalanes en la «Guerra dels Matiners» o Segunda Guerra Carlista

 

Diario inédito de Agustí Prió (VII): Designado expendedor de la Bula de la Santa Cruzada


Las contradicciones del Concordato de 1851 entre la Santa Sede y el régimen liberal español


No todos los tesoros se hallan en cofres de plata ni en archivos polvorientos de palacio. A veces, un simple legajo olvidado en un cajón de una vieja biblioteca de un carlista basta para iluminar un tiempo entero. Así ha sucedido con el reciente descubrimiento, en el archivo familiar, de los documentos de nombramiento de mi antepasado Agustí Prió, vecino de Àger (la Noguera, diócesis de Urgell), como expendedor de la Bula de la Santa Cruzada en los días inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Carlista, o Guerra dels Matiners.



Este hallazgo, humilde en apariencia, nos abre una ventana privilegiada para contemplar cómo se tejió la postguerra tras aquella contienda fratricida que desgarró Cataluña y otras provincias fieles al Rey legítimo. Y es a partir de estos papeles —firmados, sellados y rubricados con la solemnidad de la época— que nace el presente artículo.


Porque en aquellos años turbulentos, cuando aún resonaban los ecos de los trabucos en las montañas y las familias lloraban a sus muertos, la Iglesia y el Estado no eran mundos separados, ni tampoco unidos o confundidos, sino distintos: dos columnas que sostenían el edificio social y tenían un mismo fin trascendente, la salvación de las almas. La Bula de la Santa Cruzada, que muchos hoy juzgarían como un simple instrumento piadoso, era en realidad una pieza clave en la reconstrucción del orden espiritual y político.


Los documentos de Agustí Prió nos muestran cómo, tras la guerra, la Santa Sede y el Estado liberal —enemigos en tantos frentes— buscaron un entendimiento práctico. El Concordato de 1851 dio forma legal a esta nueva «convivencia», permitiendo reactivar instituciones como la Bula, que concedía indulgencias a cambio de limosnas y servía para financiar obras de la Iglesia y sostener la vida parroquial en tiempos de escasez.


Pero lo más revelador del nombramiento de Agustí Prió no es sólo su función recaudadora. La estrategia era más profunda: el Estado liberal, necesitado de pacificar los territorios que habían sostenido la causa carlista, buscó integrar a muchas de sus élites locales ofreciéndoles cargos, honores y responsabilidades. La Iglesia, con su autoridad moral y su arraigo en cada pueblo, actuó como puente en esta reconciliación.


Sin embargo, los registros también muestran que no todo fue armonía. En los años inmediatamente posteriores al nombramiento de Prió, la recaudación de la Bula sufrió una caída brusca y repentina. ¿Qué la causó? 


El carlismo fue muy crítico con el Concordato de 1851. En el Periódico La Esperanza, en un editorial titulado «El Concordato» publicado el martes 9 de septiembre de 1851 (Núm. 229, página 1 - columna 1), pocos días después de conocerse la firma del Acuerdo, leemos:

«Nosotros, que no vemos en el Concordato sino la consagración de todas nuestras desgracias, la sanción de la usurpación más inicua, y la sentencia de muerte de la monarquía católica española, no podemos celebrar lo que es para nosotros motivo de llanto y de duelo... El gobierno de la reina ha conseguido que Roma le dé un título que no tenía: el de gobierno católico; pero este título, adquirido a trueque de condescendencias que hieren el dogma, no hará más que cubrirle de ridículo ante la Europa verdaderamente católica.»


Esta cita condensa perfectamente la posición carlista: reconocimiento del Concordato como hecho consumado por la Santa Sede, pero rechazo absoluto de su legitimidad política y denuncia de que «sanctiona la usurpación».


También Melchor Ferrer, en su Historia del Tradicionalismo Español (Tomo XXVII, páginas 88-89, Ediciones Trajano, Sevilla, 1959), nos indica:

«Los carlistas, fieles a su doctrina, consideraron el Concordato como un mal gravísimo, pues equivalía a un reconocimiento tácito de la legitimidad del régimen liberal... Aunque respetando la autoridad del Romano Pontífice, no podían admitir que los principios revolucionarios quedasen amparados con un pacto que parecía darles carta de naturaleza católica... La desamortización, sacrilegio según la doctrina de la Iglesia, aparecía con el Concordato como hecho consumado y apenas remediado».


Así, gracias al hallazgo de estos papeles antiguos de Agustín Prió —tan modestos como reveladores— podemos comprender mejor cómo fue la postguerra carlista en la España de mediados del siglo XIX: con fe, con política, con dinero, y también con contradicciones. Y cómo, en medio de todo ello, hombres como Agustí Prio i Carme se convirtieron en engranajes discretos pero esenciales.


Francesc Sánchez i Parés
, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

 


 

dimarts, 3 de febrer del 2026

Crónica de la jornada sobre poesía religiosa en Barcelona, con Andrés García-Carro

Andrés García-Carro de la Colina

 

Crónica de la jornada sobre poesía religiosa en Barcelona, con Andrés García-Carro


«Muchas veces, la poesía explica mejor que la teología los misterios de la Fe»



Un sacerdote carlista, amigo nuestro, le comentó hace años al poeta Andrés García-Carro, correligionario y amigo, que «muchas veces, la poesía explica mejor que la teología los misterios de la Fe». Excelente reflexión que al poeta se le quedó marcada a hierro en su memoria e influyó en su obra poética.

Nacido en La Coruña, fue durante su larga residencia en Bruselas que García-Carro descubrió, a los cuarenta y cuatro años de edad, la Misa tradicional y la Tradición. Este descubrimiento transformó, al igual que su vida, su forma de escribir poesía; empezó a cultivar la temática religiosa, de producción cada vez más profusa hasta alcanzar la cifra de ciento cincuenta poemas religiosos. Estos poemas son los que ahora ha recogido en su nuevo libro, titulado Poesía religiosa, que, como los ciento cincuenta Avemarías del Rosario, hacen profesión de fe católica con sencillez, hondura y claridad.


 

Andrés García-Carro de la Colina reside en Palma de Mallorca desde 2017. Viste la elegancia como una segunda piel. Es un místico del buen vino, y en su copa funde lo sagrado con lo profano, de la forma radiante y profunda que sólo la luz del Mediterráneo es capaz de alumbrar. Su elegancia es de estilo carlista por naturaleza: su bisabuelo fue coronel del Rey Carlos VII, el caballero don Francisco de la Colina y de la Mora.

Así, vestido con su júbilo natural y cargado con el maletín rebosante de Poesía religiosa, aterrizó en Barcelona, procedente de Mallorca, nuestro seductor de rimas. Era domingo, 25 de enero, III domingo después de Epifanía y festividad de la Conversión de San Pablo.

Después de la Misa de once de la mañana, reunió a un buen grupo de correligionarios y amigos en un establecimiento de la calle Vallespir, de Barcelona. Explicó la génesis de su poemario y recitó tres poemas que en él se incluyen: La Virgen María al pie de la cruz, Cristo Rey, y Monseñor Lefebvre. El público pidió propina y García-Carro recitó más poemas: uno dedicado a la Conversión de San Pablo, festividad litúrgica del día, y otros dos dedicados a sacerdotes amigos.

Era un recital tan ameno y vivo, que continuó en un restaurante de la Plaza de Huesca, en el barrio de Sants, con un almuerzo como excusa. El autor se aplicó con esmero y cariño en dedicar cada uno de los ejemplares vendidos. Una de las asistentes, mejicana, volaría de vuelta a México la semana siguiente con la Poesía religiosa entre sus manos y la promesa de difundirla por Nueva España. Otro, comenzaba una nueva vida en Madrid como profesor de secundaria y el autor le dedicó su poemario para que llegara «a ser un nuevo San Juan Bosco en el ejercicio de la docencia». Otro, que celebraba aquel día su onomástica, escuchó de labios del autor un poema dedicado a la conversión de su santo patrón. Otro, hijo de un requeté del Tercio de Montserrat. Otra, confesó el agrado de su hija adolescente por sus poemas, lo cual no sorprendió a nuestro autor quien ya sabe que sus poemas enganchan más que los «reels»...

El momento rebosó de tal solaz y regocijo, tan embebido (que no bebido) se encontraba nuestro autor, que olvidó la hora de su vuelo de regreso a Mallorca. Consiguió un nuevo billete nocturno y pudo volver así a su isla a medianoche, con la maleta vacía de ejemplares de su libro y el pecho convertido en un altar humeante, donde el incienso de su gratitud subía en espiral hacia lo alto.




A continuación, se transcriben los tres poemas que el autor recitó al inicio de la sesión:



LA VIRGEN MARÍA AL PIE DE LA CRUZ

María al pie de la cruz
con ojos sufrientes mira
a su amado hijo Jesús
que se desangra ahí arriba.
Una espada de dolor
el alma le ha traspasado
como el viejo Simeón
tiempo atrás le había anunciado.
Porque es madre llora y llora,
pero aguanta su dolor
porque sabe que es la hora
en que Cristo Redentor
la quiere Corredentora.
Acompañándola están
María la Magdalena
y María de Cleofás
y sólo de la docena
el dilecto apóstol Juan.
Jesús muriente en la cruz
a Ella y a él se dirige
y son para todos luz
las palabras que les dice:
«Mujer, he ahí a tu hijo.
Hijo, he ahí a tu Madre».


CRISTO REY

Para que Cristo reine
en nuestras naciones
primero debe reinar
en nuestros corazones.
Abrámosle pues nuestras puertas
de par en par,
dejemos que se haga
en nosotros su voluntad.
Abrámosle las puertas
de nuestro hogar,
pongámoslo en el centro
de nuestra vida familiar.
Con honores recordemos
a los mártires que su sangre
derramaron por Él
gritando en su martirio
«¡Viva Cristo Rey!»
y que sea cada gota
de esa sangre derramada
semilla de la que brota
renovada nuestra Fe.
Cerremos por el contrario
nuestras puertas a cal y canto
a los hijos de Lucifer
que niegan o dan de lado
a Quien vino para ser Rey
y abrámonos camino
por la senda del bien
guiados por el divino
faro de su Ley.
¡Adelante, hermanos!
Valerosos soldados seamos
de Cristo Nuestro Rey,
sabiendo que si luchamos
con gallardía y con fe
la victoria tarde o temprano
Él nos habrá de obtener.


MONSEÑOR LEFEBVRE

¿Quién como santo varón
y como mártir incruento
ante Roma se inmoló
para que la Santa Misa
tridentina hoy se celebre?
Monseñor Lefebvre.

¿Quién con férrea oposición
al modernismo irredento
heroicamente evitó
que la correcta doctrina
de nuestra Iglesia se quiebre?
Monseñor Lefebvre.

¿Quién sin cejar defendió
en nuestro lóbrego tiempo
la reyecía de Aquél
que Rey de reyes nació
en Belén en un pesebre?
Monseñor Lefebvre.

Los fieles de todo el orbe
lo loen y lo celebren
a este egregio campeón
de la Fe y la Tradición
que se empeñó en transmitir
aquello que recibió.

Andrés García-Carro en la Abadía de Montserrat, durante el acto carlista del 29 de enero de 2022.


Y, como inesperado bis, el autor nos envía el siguiente poema a modo de autocrónica de su propia presentación barcelonesa:

POESÍA RELIGIOSA EN BARCELONA

Ayer en Barcelona presenté
mi «Poesía religiosa» en un Café
de la calle Vallespir
justo después de salir
de misa en nuestra capilla
de la Fraternidad.
Me acompañó una buena cuadrilla
de amigos y correligionarios,
a los cuales les expliqué
la génesis de mi poemario
y tres poemas les recité
—«La Virgen María al pie de la cruz»,
«Cristo Rey» y «Monseñor Lefebvre»—,
a los que dos más agregué,
accediendo a su pedido,
mientras tomábamos el aperitivo.
Amables y generosos,
me compraron todos el libro,
que muy agradecido les dediqué
hasta que el maletín en el que llevaba
los ejemplares vacié.
«Cuando me muera —les dije—
recordadme por este libro».
Después unos cuantos nos fuimos
a comer a un restaurante
y fue tan reconfortante
la conversación que allí tuvimos
que el tiempo voló y mi vuelo
de vuelta a Palma lo perdí,
pero ésta ya es otra historia.

—Andrés García-Carro


Pueden adquirir ejemplares del libro en la librería de El Corte Inglés. Para envíos a Hispanoamérica, pueden acceder a la plataforma BuscaLibre. O, en cualquier caso, pueden contactar con el autor.


Lo Mestre Titas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau