dimarts, 3 de febrer del 2026

Crónica de la jornada sobre poesía religiosa en Barcelona, con Andrés García-Carro

Andrés García-Carro de la Colina

 

Crónica de la jornada sobre poesía religiosa en Barcelona, con Andrés García-Carro


«Muchas veces, la poesía explica mejor que la teología los misterios de la Fe»



Un sacerdote carlista, amigo nuestro, le comentó hace años al poeta Andrés García-Carro, correligionario y amigo, que «muchas veces, la poesía explica mejor que la teología los misterios de la Fe». Excelente reflexión que al poeta se le quedó marcada a hierro en su memoria e influyó en su obra poética.

Nacido en La Coruña, fue durante su larga residencia en Bruselas que García-Carro descubrió, a los cuarenta y cuatro años de edad, la Misa tradicional y la Tradición. Este descubrimiento transformó, al igual que su vida, su forma de escribir poesía; empezó a cultivar la temática religiosa, de producción cada vez más profusa hasta alcanzar la cifra de ciento cincuenta poemas religiosos. Estos poemas son los que ahora ha recogido en su nuevo libro, titulado Poesía religiosa, que, como los ciento cincuenta Avemarías del Rosario, hacen profesión de fe católica con sencillez, hondura y claridad.


 

Andrés García-Carro de la Colina reside en Palma de Mallorca desde 2017. Viste la elegancia como una segunda piel. Es un místico del buen vino, y en su copa funde lo sagrado con lo profano, de la forma radiante y profunda que sólo la luz del Mediterráneo es capaz de alumbrar. Su elegancia es de estilo carlista por naturaleza: su bisabuelo fue coronel del Rey Carlos VII, el caballero don Francisco de la Colina y de la Mora.

Así, vestido con su júbilo natural y cargado con el maletín rebosante de Poesía religiosa, aterrizó en Barcelona, procedente de Mallorca, nuestro seductor de rimas. Era domingo, 25 de enero, III domingo después de Epifanía y festividad de la Conversión de San Pablo.

Después de la Misa de once de la mañana, reunió a un buen grupo de correligionarios y amigos en un establecimiento de la calle Vallespir, de Barcelona. Explicó la génesis de su poemario y recitó tres poemas que en él se incluyen: La Virgen María al pie de la cruz, Cristo Rey, y Monseñor Lefebvre. El público pidió propina y García-Carro recitó más poemas: uno dedicado a la Conversión de San Pablo, festividad litúrgica del día, y otros dos dedicados a sacerdotes amigos.

Era un recital tan ameno y vivo, que continuó en un restaurante de la Plaza de Huesca, en el barrio de Sants, con un almuerzo como excusa. El autor se aplicó con esmero y cariño en dedicar cada uno de los ejemplares vendidos. Una de las asistentes, mejicana, volaría de vuelta a México la semana siguiente con la Poesía religiosa entre sus manos y la promesa de difundirla por Nueva España. Otro, comenzaba una nueva vida en Madrid como profesor de secundaria y el autor le dedicó su poemario para que llegara «a ser un nuevo San Juan Bosco en el ejercicio de la docencia». Otro, que celebraba aquel día su onomástica, escuchó de labios del autor un poema dedicado a la conversión de su santo patrón. Otro, hijo de un requeté del Tercio de Montserrat. Otra, confesó el agrado de su hija adolescente por sus poemas, lo cual no sorprendió a nuestro autor quien ya sabe que sus poemas enganchan más que los «reels»...

El momento rebosó de tal solaz y regocijo, tan embebido (que no bebido) se encontraba nuestro autor, que olvidó la hora de su vuelo de regreso a Mallorca. Consiguió un nuevo billete nocturno y pudo volver así a su isla a medianoche, con la maleta vacía de ejemplares de su libro y el pecho convertido en un altar humeante, donde el incienso de su gratitud subía en espiral hacia lo alto.




A continuación, se transcriben los tres poemas que el autor recitó al inicio de la sesión:



LA VIRGEN MARÍA AL PIE DE LA CRUZ

María al pie de la cruz
con ojos sufrientes mira
a su amado hijo Jesús
que se desangra ahí arriba.
Una espada de dolor
el alma le ha traspasado
como el viejo Simeón
tiempo atrás le había anunciado.
Porque es madre llora y llora,
pero aguanta su dolor
porque sabe que es la hora
en que Cristo Redentor
la quiere Corredentora.
Acompañándola están
María la Magdalena
y María de Cleofás
y sólo de la docena
el dilecto apóstol Juan.
Jesús muriente en la cruz
a Ella y a él se dirige
y son para todos luz
las palabras que les dice:
«Mujer, he ahí a tu hijo.
Hijo, he ahí a tu Madre».


CRISTO REY

Para que Cristo reine
en nuestras naciones
primero debe reinar
en nuestros corazones.
Abrámosle pues nuestras puertas
de par en par,
dejemos que se haga
en nosotros su voluntad.
Abrámosle las puertas
de nuestro hogar,
pongámoslo en el centro
de nuestra vida familiar.
Con honores recordemos
a los mártires que su sangre
derramaron por Él
gritando en su martirio
«¡Viva Cristo Rey!»
y que sea cada gota
de esa sangre derramada
semilla de la que brota
renovada nuestra Fe.
Cerremos por el contrario
nuestras puertas a cal y canto
a los hijos de Lucifer
que niegan o dan de lado
a Quien vino para ser Rey
y abrámonos camino
por la senda del bien
guiados por el divino
faro de su Ley.
¡Adelante, hermanos!
Valerosos soldados seamos
de Cristo Nuestro Rey,
sabiendo que si luchamos
con gallardía y con fe
la victoria tarde o temprano
Él nos habrá de obtener.


MONSEÑOR LEFEBVRE

¿Quién como santo varón
y como mártir incruento
ante Roma se inmoló
para que la Santa Misa
tridentina hoy se celebre?
Monseñor Lefebvre.

¿Quién con férrea oposición
al modernismo irredento
heroicamente evitó
que la correcta doctrina
de nuestra Iglesia se quiebre?
Monseñor Lefebvre.

¿Quién sin cejar defendió
en nuestro lóbrego tiempo
la reyecía de Aquél
que Rey de reyes nació
en Belén en un pesebre?
Monseñor Lefebvre.

Los fieles de todo el orbe
lo loen y lo celebren
a este egregio campeón
de la Fe y la Tradición
que se empeñó en transmitir
aquello que recibió.

Andrés García-Carro en la Abadía de Montserrat, durante el acto carlista del 29 de enero de 2022.


Y, como inesperado bis, el autor nos envía el siguiente poema a modo de autocrónica de su propia presentación barcelonesa:

POESÍA RELIGIOSA EN BARCELONA

Ayer en Barcelona presenté
mi «Poesía religiosa» en un Café
de la calle Vallespir
justo después de salir
de misa en nuestra capilla
de la Fraternidad.
Me acompañó una buena cuadrilla
de amigos y correligionarios,
a los cuales les expliqué
la génesis de mi poemario
y tres poemas les recité
—«La Virgen María al pie de la cruz»,
«Cristo Rey» y «Monseñor Lefebvre»—,
a los que dos más agregué,
accediendo a su pedido,
mientras tomábamos el aperitivo.
Amables y generosos,
me compraron todos el libro,
que muy agradecido les dediqué
hasta que el maletín en el que llevaba
los ejemplares vacié.
«Cuando me muera —les dije—
recordadme por este libro».
Después unos cuantos nos fuimos
a comer a un restaurante
y fue tan reconfortante
la conversación que allí tuvimos
que el tiempo voló y mi vuelo
de vuelta a Palma lo perdí,
pero ésta ya es otra historia.

—Andrés García-Carro


Pueden adquirir ejemplares del libro en la librería de El Corte Inglés. Para envíos a Hispanoamérica, pueden acceder a la plataforma BuscaLibre. O, en cualquier caso, pueden contactar con el autor.


Lo Mestre Titas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

dilluns, 2 de febrer del 2026

José Miguel Gambra en Barcelona presenta su nuevo libro «Escritos políticos»


 

José Miguel Gambra en Barcelona presenta su nuevo libro «Escritos políticos»


Recopilación de artículos y textos en los que aplica la doctrina perenne a la coyuntura pasajera, orientando así nuestra acción política concreta

 

El sábado 14 de febrero, a las 18:00h., en un hotel del centro de Barcelona



El profesor José Miguel Gambra, catedrático de filosofía en la Universidad Complutense y gran maestro del tradicionalismo, presentará en Barcelona su nuevo libro «Escritos políticos», publicado en verano de 2025.

Se trata de una recopilación de artículos, discursos y otros textos, que podíamos calificar «de circunstancia» pero de los que brotan las doctrinas y los principios permanentes desde los que fue escudriñada la coyuntura pasajera. Y precisamente, en esa aplicación a lo concreto de los principios perennes, recae una de las virtudes del libro. De esta forma, junto a los elementos más doctrinales o teoréticos, encontramos pautas prudenciales ordenadas directamente a orientar la acción política concreta.

De todas formas, la oportunidad de escuchar al profesor Gambra constituye, por sí sola, un motivo de gran interés. Es un maestro consumado de la tradición católica, que ha consagrado su vida y su prestigio a la restauración del orden político cristiano y a la difusión de los saberes clásicos. Ya tuvimos ocasión de verle y escucharle en Junio de 2023 en la Casa de la Seda de Barcelona y en Octubre de 2021 en la Casa Golferichs, en ambas ocasiones presentado por Helena Escolano.

En esta nueva cita, la presentación correrá a cargo de Daniel Deogracias Herrán, prologuista del libro, discípulo del autor y Jefe del Círculo Molle Lazo de Madrid.

Tendrá lugar, D.m., el sábado 14 de febrero —San Valentín, sacerdote y mártir—, a las seis de la tarde (18:00h.), en un hotel del centro de Barcelona.

Interesados en asistir, pueden enviar un correo electrónico a: carlismobarcelona@gmail.com

Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

diumenge, 1 de febrer del 2026

De Babilonia a Roma (XV): Un pequeño paréntesis

Duccio di Buoninsegna: Tentación en la montaña. 1308-1311, témpera sobre madera, 43 cm. x 46 cm.

 

De Babilonia a Roma (XV): Un pequeño paréntesis


La guerra está ganada, por más que el Enemigo te haga creer que estás solo, derrotado e indefenso.



Hoy quería escribir sobre los libros de autoayuda. Merecen su espacio especial en nuestra serie porque, a través de esta inofensiva literatura, el Enemigo se divierte como nunca. Parecen inocentes —¡ojo, como toda propuesta New Age!—, pero no lo son. Es más te digo, cuanto más inofensivo se presente algo, cuanto más bueno, más poder disolvente y destructor tiene. ¿Recuerdas lo apetecible que parecía el fruto prohibido?  Ya sabemos a estas alturas que el Enemigo es un agente disolvente más potente que el salfumán y destructor como la sosa cáustica.

Pero no, no voy a hablar de esta edulcorada literatura, todavía. Voy a volver a hablar en exclusiva del Enemigo, en otros términos, que todavía no he hecho. ¿Cómo actúa cuando estás en comunión con la Verdad? ¿Cuando te acercas a Ella? ¿Cuando la defiendes? Voy a hacer un salto en el tiempo y me planto en los días que empecé a llamar las cosas por su nombre. Cuando finalmente me estaba dando cuenta del engaño de la Nueva Era y sopesar muy seriamente cerrar definitivamente mi centro de Yoga. Porque sí, en la Nueva Era, todo lo hice a lo grande. Mi centro era exitoso, tenía mi pequeña fama, y no es un orgullo para mi decir que era buena profesora de yoga y demás cosas que te contaré. Esos días merecen un trato especial. Hoy sólo quiero hablar de cómo el Enemigo actúa cuando siente que está siendo desenmascarado. Como un animal herido de muerte, se vuelve agresivo, violento, descarado, rabioso. Su odio y furia lo ciegan y va matando mosquitos a cañonazos. Te quiere disuadir de tu empeño en la búsqueda de la verdad. Se propone asustarte para que abandones. En otras palabras, te ataca. Es necesario saber esto, porque de lo contrario es muy fácil abandonar, rendirse. Te llena de dudas y miedo, para disolver la certeza de la Verdad.

Quizá se ha despertado en ti la imagen del diablo con cuernos y rabo, su tridente amenazante al punto de herirte. Nada de eso. Recuerda, es inteligente y actúa a nivel espiritual. No esperes sentir el azufroso rastro de tan sigiloso Enemigo. Al menos no de forma clara y evidente. A pesar, de que con entreno, uno ya las ve a venir con más anticipación.

¿Cómo lo hace en mí? Y seguro que en ti, que me lees.  Pues bien, para empezar, me convertí definitivamente en el año 2020, en plena pandemia. Hoy es 21 de enero de 2026. Han pasado seis buenos años hasta que no he empezado a escribir sobre ello. ¿Por qué? ¿Porque no quería? ¿Porque se me acaba de ocurrir justo ahora? ¡Qué va! Mi intención siempre ha sido escribir sobre ello, difundirlo. Pues bien, el Enemigo se encarga de que no lo hagas. ¿Cómo? En mi caso, diciéndome que no vale la pena, que otros ya lo están haciendo, que lo que yo pueda aportar no tiene valor alguno. ¿Para qué dar la matraca sobre mi experiencia? ¡Cinco años en los que mi intención era escribir! ¡Cinco! Se dice rápido, pero los pensamientos intrusivos para que no lo hiciera eran una tortura. ¿Qué pasa? ¿Acaso soy floja? Sí y no. Sencillamente, siempre tenía otras cosas más urgentes que atender, como trabajar, descansar, estudiar… El Enemigo se encarga de dar credibilidad a los pensamientos que te inocula como si fueran veneno. ¡Ah, espera! Me dejo uno muy bueno: el perfeccionismo. Ése le encanta, no negaré que tener un propósito de hacer las cosas no solo bien, sino excelentes, es algo deseable. Pero cuando este perfeccionismo es paralizante, ¡ojo!, el Enemigo anda cerca. ¿Qué hacer con eso? Para empezar, identificar que no todo lo que pensamos y creemos es real. Para continuar, saber que puede ser obra de nuestro amiguito a fin de que algo que lo desenmascara lo ponga en modo ataque. Hay que entender, que no justificar su ira, además de perder mi alma, puede que con estos escritos evite que al menos no se pierda otra.

Y con este pensamiento llega el ataque: «¿Quién te has creído que eres tú?¿Qué patético me parece que pienses que puedes ayudar a nadie?»  Es cansino, tanto como previsible. En realidad es una guerra. Te proporciono dos imágenes: una, de cuando yo era niña y miraba dibujos animados, siempre había un momento en que el protagonista tenía dudas y aparecía un angelito susurrando cosas buenas y un diablo gritando lo malo. El pobre protagonista se debatía entre el bien y el mal. Lástima que nosotros no podemos ver tan nítidamente estos personajes. La otra imagen me da mucha fuerza. No sé si has visto La Pasión de Cristo de Mel Gibson. Si no lo has hecho hazlo, deja esta lectura y mírala. La primera escena es brutal, mucho más elocuente que lo que te estoy torpemente narrando. El Enemigo, con susurros magnéticos tienta al mismísimo Hijo de Dios: «¿Quién eres tú para creer que vas a poder con esto? ¿Acaso podrás? ¿A quién le importa? ¿Para qué servirá tanto sufrimiento? Déjalo ir…» Y el momento estrella es cuando Jesús se pone en pie y pisa la serpiente. Con energía, viril, sin complejos ni matices. Al Enemigo se lo pisa sin mayor contemplación. Sin pedir disculpas ni caer en una misericordia, que no merece. Una de sus estrategias letales es hacerse la víctima para que te compadezcas. ¡Ojo, está mintiendo! Tú, pisa su cabeza; espachúrrala sin contemplaciones ni misericordia.  A mí me sirve este momento, como un anclaje y recordatorio. Cuando los pensamientos son tan negativos y a la vez llevan aparejados la emoción tóxica, sé que es el momento de ponerme en pie y ¡zas! Pisar la cabeza del Enemigo. Este es nuestro poder. El que Dios, por la sangre derramada de su Hijo, nos regala.

¿Sabes por qué he sentido la necesidad de escribir sobre esto hoy? Básicamente porque desde el minuto cero en que empecé a escribir sobre la Nueva Era y sus patrones torticeros, el Enemigo no para de incordiar, aprovecha mi herida de inadecuación, auto invalidación, perfeccionismo, para decirme que lo que escribo no tiene calidad alguna. Que no sé escribir, que no sé juntar las palabras de forma correcta, que soy más mala que cualquier alumno de primero de la ESO. Mi tendencia a la comparación con los que sí son buenos es paralizante, me avergüenzo de mí misma, me hablo mal y realmente doy todo tipo de credibilidad a lo mal escritora que soy. Vivo con el pánico de que alguien me diga a la cara lo ridículos que son estos escritos. Me paraliza saber que en un momento u otro el director del periódico La Esperanza me escribirá para decirme que pare de publicar tanta bobada. Lamentablemente, podría seguir con el discurso del auto odio que me mantiene en la censura consentida por mí misma, desde que tengo uso de razón. Y sé que es el Enemigo dándome caña para que deje de escribir y me vaya a dar un paseo. No en vano, uno de sus nombres es el Acusador. Sé que le disgusta horrores que escriba sobre sus fechorías. Por eso, cada momento que me siento delante del ordenador, es un ponerse en pie y pisar con fuerza su cabeza. Y sí, puede que mi estilo no sea muy académico, ni perfecto, ni refinado, pero, ¡mira tú!, es mi forma, la única que sé, es genuino, sincero y sólo sé hacerlo así. El Enemigo quiere que no honremos nuestro ser, que es creación sagrada de Dios. A cada uno nos crea con sumo esmero y amor. Sabe cómo somos, nos ama y nos acepta tal cual nos ha creado. Sabe de nuestra herida, por eso nos adopta como hijos suyos, no a pesar de la caída, sino precisamente por ella. Sabe de nuestras luchas, agonías, desvíos, pifias y nos ama. Menudo acto de soberbia el nuestro que tiramos por la borda tal desborde de amor.

El Enemigo nos empuja a la comparación, el césped del vecino siempre es más verde que el nuestro. Quiere que nos odiemos, porque él nos odia y sabe que Dios nos ama. En fin, más vale que entendamos que estamos en guerra. De ahí, tanto empeño en la paz y el falso amor. Guerra a muerte con Él, desenmascararlo es el primer paso. Y acto seguido, encomendarse a Dios y todo su ejército para entrar en la batalla. La guerra está ganada, por más que el Enemigo te haga creer que estás solo, derrotado e indefenso.

Dios está al mando y no escoge a los más capacitados: a un simple pastor como Abraham, a un tartamudo como Moisés o a un enclenque David. Dios, en todo caso, nos capacita cuando nosotros correspondemos. Con lo cual, y dicho esto, victimismo incluido, voy a continuar, así me grite cada día lo mal que lo hago, lo ahogada que voy con mis estudios o desempeño en el Instituto. Así, a rastras, Dios me dará la fuerza para ponerme en pie y pisar la cabeza del gran acusador.
No te relato esto para hablar de mí, sino para mostrar un patrón que siempre funciona igual, en cualquier persona o circunstancia. Y ahora, voy a mandar este escrito, porque ya me lo conozco, nunca estará a la altura, ¿de quién?... Lo adivinaste. ¡Zas! Pisotón.

Eulàlia Casas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

dissabte, 31 de gener del 2026

31 de enero: festividad de San Juan Bosco. La donación del Tibidabo y los carlistas catalanes

Vista general del Templo del Tibidabo, en el punto más alto de Barcelona, y la ciudad a sus pies.
 

 

31 de enero: festividad de San Juan Bosco. La donación del Tibidabo y los carlistas catalanes



Donación del terreno del Tibidabo a Dom Bosco en 1886. Carlismo en la mayoría de los donantes. Traición del gobierno liberal de María Cristina.




En otras ocasiones, hemos comentado la visita que Don Bosco realizó a Barcelona en 1886, durante un mes, invitado por Doña Dorotea de Chopitea, y las relaciones del santo turinés con el carlismo.

Continuando con ello, a continuación nos centraremos en la donación de la montaña del Tibidabo a Don Bosco. Para ello, seguiremos al profesor Ramón Alberdi, SDB, en su obra Una ciudad para un santo.


La donación


El 5 de mayo de 1886, a las tres y media de la tarde, Don Bosco visitó la Basílica de la Merced para despedirse de la Virgen antes de regresar a Turín, al día siguiente, después de casi un mes de intensa y fructífera estancia en Barcelona.

«Una hora antes [de las 3:30 pm], esperaban junto a la puerta principal y laterales [de la Basílica de la Merced] muchas personas para tener el gusto de verle.

»Llegado que hubo el fundador de los Talleres Salesianos, pasó al presbiterio donde tomó asiento después de orar a la Santísima Virgen.

»La Escolanía, dirigida por don Buenaventura Frígola, ejecutó la Salve de violines. Concluida ésta, una comisión de propietarios del Tibidabo ofreció a Dom Bosco el terreno necesario para dedicar un santuario al Sagrado Corazón de Jesús, el cual aceptó gustoso impetrando bendiciones para los donantes y para cuantos contribuyan a tan santa obra. Pasó luego al centro del presbiterio, junto a la barandilla, desde donde dirigió su palabra al numeroso concurso.

»El reverendo cura párroco tradujo al castellano lo dicho en italiano por Dom Bosco, el cual dio la bendición especial que, por concesión del Papa, es extensiva a las familias de los presentes, enfermos, objetos piadosos, etc. Bendijo luego las medallas de Nuestra Señora de las Mercedes, y al poco rato salió saludando por numeroso gentío que llenaba la calle y plaza de la Merced». (Revista Popular, 13 de mayo, nº 805 (1886) 297-298).

A pesar del carácter privado de la visita, se congregó una gran cantidad de fieles y curiosos «desde una hora antes». Terminada la oración, tuvo lugar en la sacristía la mencionada donación que sería el punto central de la jornada. Con más detalle:

«Dom Bosco pasó a la sacristía y firmó la aceptación de la escritura de donación de unos terrenos situados en la montaña del Tibidabo hecha a su favor por los propietarios de dichos terrenos, para levantar allí un edificio dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, en el cual, además de haber culto diario, se construirá local suficiente par que puedan pasar terminadas de recreo o convalecencia los niños de los Talleres Salesianos.
»Y Dom Bosco dice haber prometido al Sumo Pontífice hacer todos los esfuerzos posibles para levantar, en una de las montañas que rodean nuestra capital, un monumento dedicado al Corazón de Jesús, como se ha hecho en Roma, París...» (Diario de Barcelona, jueves 6 de mayo de 1886, pág. 5235. Edición de la mañana).

La prensa liberal no evitó la ocasión para burlarse de la donación, como hizo durante todo el mes que duró la visita de Dom Bosco:

«Varios propietarios del Tibidabo ofrecieron a Dom Bosco unos terrenos para levantar en ellos un templo dedicado al Corazón de Jesús. Dom Bosco aceptó el donativo. El “santo” derramó lágrimas de agradecimiento, y los propietarios derramaron palmos de terreno». (El Diluvio, jueves 6 de mayo de 1886, pág. 3657. Edición de la tarde).


Barcelona, vista desde la cima del Tibidabo.



Desde algunos años atrás, se pensaba convertir la cumbre del Tibidabo en un lugar mundano, o acaso rematarla con una iglesia protestante. Para darle un destino más digno, un grupo de caballeros católicos compró la cumbre de la montaña barcelonesa. Les movía «su sentimiento cívico y su natural impulso religioso que, ciertamente, no deja de ser combativo y absolutamente íntegro: aquel lugar tan bello, tan privilegiado por su incomparable emplazamiento frente al mar, sobre la gran urbe mediterránea en plena expansión [...] debía quedar asegurado, no sólo para el presente sino para el futuro» (Alberdi). Levantaron una ermita y proyectaban construir un templo mayor, cuando llegó Dom Bosco a Barcelona y pensaron en él como impulsor del proyecto, pues Dom Bosco ya estaba construyendo en Roma una basílica dedicada al Sagrado Corazón de Jesús.

El impulsor de aquel grupo de caballeros católicos era Manuel María Pascual de Bofarull, casado con una hija de José María de Sentmenat, Jefe Regional de la Comunión Tradicionalista del Principado (1890-1896). Tanto los Bofarull como los Sentmenat provenían de una tradición antiliberal bien profunda.


Mosaico en la cúpula principal del Templo del Tibidabo, que recuerda el momento de la donación del terreno realizada en la Basílica de la Merced, el 5 de mayo de 1886.




Cúpula principal del Templo del Tibidabo.




Don Manuel María puso el documento de donación en manos de Dom Bosco y le dijo:

«Para perpetuar el recuerdo de vuestra visita a esta ciudad, se han reunido estos señores y, de común acuerdo, han determinado cederos la propiedad del monte Tibidabo, a fin de que en la cumbre del mismo, que amenazaba convertirse en un semillero de irreligión, se levante un santuario al Sagrado Corazón de Jesús para mantener firme e indestructible la religión, que con tanto celo y ejemplo nos habéis predicado y que es noble herencia de nuestro padres». (MB, XVIII, 113 — Memorie biografiche di Don Giovanni Bosco, raccolte dal sacerdote salesiano Giovanni Battista LeMoyne).

A lo cual, Dom Bosco respondió:

«Me hallo todo confuso por la inesperada y nueva prueba que me dais de vuestro sentimiento religioso y de vuestra piedad. Os lo agradezco, y sabed que en estos momentos sois instrumentos de la Divina Providencia porque cumplís sus inescrutables designios. Cuando salí de Turín, pensaba para mis adentros: “Ahora está casi terminada la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Roma; preciso es que estudie otra empresa para honrar y propagar esta salífera devoción”.

»Y una voz interior me dejaba tranquilo pensando que aquí podría satisfacer mi deseo; era una voz que me repetía: Tibi-dabo! Tibi-dabo! [Te-daré, Te-daré].

»Sí, señores: sois los instrumentos de la Divina Providencia; con vuestra ayuda muy pronto se levantará en ese monte un majestuoso santuario dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, en el cual todos podrán acercarse a los Santos Sacramentos y será un perpetuo recuerdo de vuestra caridad y de vuestro afecto a la Religión católica, de la que tantas y tan hermosas pruebas me habéis dado». (MB, XVIII, 113-114 — Memorie biografiche di Don Giovanni Bosco, raccolte dal sacerdote salesiano Giovanni Battista LeMoyne).

 

Los donantes

Alberdi nos facilita la lista de los propietarios donantes que figuran en el documento de donación: Delfín Artós, Álvaro M. Camín, Felipe Camps, Guillermo More y Bosch, Manuel M. Pascual, Mauricio Serrahima, Manuel Torrabadella, Felipe Vives, Álvaro Verdaguer, Carmen Garrigolas (Vda. de Torrent), Carmen Font (Vda. de Calafell), José Xiviyell.

Muchos de estos apellidos nos resultaban familiares, por lo que consultamos fuentes carlistas —fundamentalmente Jordi Canal Morell, El carlisme català dins l'Espanya de la Restauració, aunque también otras— y encontramos lo siguiente:

Maurici Sarrahima y Gatell (c. 1830 - 1900): Industrial textil y financiero barcelonés muy destacado, y dirigente carlista de primer nivel. Miembro de la Junta Superior Carlista de Cataluña, fue uno de los principales financiadores de la Causa, especialmente durante la Tercera Guerra Carlista (1872-1876). Su testamento y las actas notariales de préstamos al Rey Carlos VII son citados en estudios de historia económica.

Josep Xiviyell y Fargas (1823 - 1898): Industrial de Sabadell. Formó parte de las estructuras directivas de la Comunión Tradicionalista en Cataluña y fue un proveedor de fondos significativo. Su fábrica en Sabadell era un punto de referencia tradicionalista.

Manel Torrabadella y Llaurador (1841 - 1906): Industrial algodonero de Manresa. Figura clave del carlismo en la Cataluña interior. Fue diputado a Cortes por el Partido Integrista a finales del XIX. Su compromiso era político y activo.

Manel Maria Pascual y de Bofarull 1842 - 1913): Profundo vínculo familiar con el carlismo, tanto por familia materna (Bofarull) como por su esposa (hija del Jefe Regional de la Comunión Tradicionalista en el Principado de Cataluña quien, a su vez, también poseía una profunda tradición familiar antiliberal).

Felip Vives y de Ribot: Abogado y propietario agrícola de Igualada. Perteneció al entorno tradicionalista o carlista. Fuertes vínculos con el catolicismo político, aunque no llegó a ostentar cargos de responsabilidad.
 

Delfín Artós y de Roca (1825 - 1897): Empresario y mecenas católico. Miembro activo y benefactor de congregaciones y obras pías muy vinculadas al entorno tradicionalista. Apareció en la prensa carlista como patrocinador de publicaciones devocionales y antiliberales. Sin embargo, su carlismo era más cultural y religioso que político-militante.
 

Álvaro Verdaguer y de Durán: Comerciante de Barcelona. Figuró en directorios de comerciantes católicos y en actas de asociaciones como el Círculo de San José, un bastión del tradicionalismo barcelonés para la pequeña burguesía. Carlismo de base social en el pequeño comercio de Barcelona, menos visible que el de los grandes industriales.

Sin embargo, otros donantes no tenían relación con el carlismo o incluso eran opuestos,. Así, otras fuentes nos indican que Felip Camps i Soler, industrial de Sabadell, era liberal-progresista; Guillem More y Bosch, consignatario de indianos, pertenecía a una familia de la «aristocracia del dinero» barcelonesa, vinculado al Partido Conservador-liberal de Cánovas del Castillo; Álvaro Camín y Rodríguez, empresario asturiano-catalán, de la burguesía liberal... Sin embargo, la mayoría, como hemos visto, eran carlistas, ya fueran activos militantes o al menos vinculados a la Causa.


La traición de María Cristina


Después de la donación, Dorotea de Chopitea costeó los gastos de la pequeña ermita ubicada en la cumbre que, poco después de su consagración, quedaría solitaria y casi abandonada.

Pequeña ermita construida en la cima del Tibidabo poco después de la donación de 1886.

 




Con motivo de la Exposición Universal de Barcelona en 1888, el gobierno liberal quiso instalar un pabellón provisional en la cima del Tibidabo para que la usurpadora María Cristina contemplase, desde lo alto de la montaña, el panorama de la ciudad y sus contornos. A tal efecto, solicitó permito al P. Branda, superior salesiano en Barcelona, quien de buena fe se lo concedió.

Pero no se pueden hacer pactos con el diablo. Concluida la Exposición Universal, el gobierno liberal se negó a retirar el pabellón «provisional». Incluso una «Real» [sic] Orden declaró la cumbre del Tibidabo de «utilidad pública» para instalar un observatorio astronómico.

En 1889, llegó a Barcelona el P. Felipe Rinaldi, en sustitución del P. Branda. Al poco tiempo, se le exigió la firma de un documento de retrocesión de la donación realizada en 1886 a Dom Bosco... Después de aconsejarse, y poco amigo como era de pleitos con las autoridades, decidió firmar aunque con las debidas protestas y salvedades.

Se perdió así la donación de 1886 a Dom Bosco.

Pero la Providencia se abre paso también en medio de las tribulaciones. El arquitecto y astrónomo Emilio Font demostró que el Tibidabo no era el lugar oportuno para un observatorio astronómico, y en cambio sí lo era otra colina cercana. Su tesis fue admitida por el gobierno liberal, y el proyecto de la cima quedó arrinconado.

Aquel mismo año se fundó la Sociedad Anónima Tibidabo, que trató de adquirir todos los terrenos de la cumbre, incluso los inicialmente cedidos a Don Bosco. Ello, a pesar de la retrocesión forzada. Los PP. Hermida y Rinaldi se emplearon a fondo y consiguieron un acuerdo con la Sociedad Anónima, el 17 de septiembre de 1899, que estipulaba lo siguiente: la parte más importante de la cumbre quedaba en propiedad de Sociedad mercantil, a excepción de 6.000 metros cuadrados, que serían destinados a la construcción del Templo del Sagrado Corazón de Jesús. Por ese motivo, el Templo actualmente debe compartir la cumbre del Tibidabo con un parque de atracciones.


La construcción


La primera piedra de la Cripta se instaló el 28 de diciembre de 1902. En 1909, tras la Semana Trágica de Barcelona, se propuso convertir el Templo del Tibidado en expiatorio por los pecados de España. En 1911, se bendijo la Cripta solemnemente y se aprobó la declaración de Templo Nacional Expiatorio, atendiendo la propuesta de dos años atrás. En 1912, se instaló definitivamente la comunidad salesiana. En 1926, se consagraron los cinco altares de la Cripta. En 1936, los rojo-separatistas incendiaron y profanaron el Templo y martirizaron a algunos salesianos, mientras otros pudieron huir y esconderse. En 1939, tras la victoria de la Cruzada, se retomaron las obras. Y por fin, en 1952, el obispo Modrego bendijo el Templo.


El Templo del Tibidabo, iluminado en la noche, se eleva como el Sagrario de Barcelona.



En la actualidad, iluminado en la noche el punto más alto de la ciudad, el Templo del Tibidabo se eleva como el Sagrario de Barcelona. Desde las alturas, contempla el latido de la urbe entre la oscuridad y el mar, eternamente vigilante y eternamente acogido en el manto estrellado de su cielo. Y recuerda que incluso desde lo más bajo y oscuro, late un espacio para la esperanza y lo sagrado; basta con elevar la mirada a lo alto.

Josep de Losports, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

divendres, 30 de gener del 2026

Crónica de la visita al sepulcro de San Raimundo de Peñafort, en Barcelona, el día de su fiesta litúrgica

Oración ante el sepulcro de San Raimundo de Peñafort, Catedral de Barcelona
 

Crónica de la visita al sepulcro de San Raimundo de Peñafort, en Barcelona, el día de su fiesta litúrgica


Patrón de los abogados y juristas. Es «el Santo Tomás de Aquino» del Derecho. Destacó no sólo por su sabiduría, sino también por sus virtudes, especialmente la humildad.



El pasado viernes, 23 de enero de 2026, fiesta de San Raimundo de Peñafort (según el calendario litúrgico tradicional), el Círculo Tradicionalista de Barcelona organizó una visita y oración ante su sepulcro —ubicado en una capilla lateral de la Catedral barcelonesa— y una peregrinación por algunos lugares del Casco Antiguo vinculados a la vida del santo, tal como se había anunciado aquí, aquí y aquí.

La visita se inició a las cuatro de la tarde, ante la puerta principal de la Catedral. Allí, se recordó la importancia de San Raimundo de Peñafort como actor fundamental en la construcción del orden social cristiano, tanto espiritual como material: es el santo que durante más largo tiempo permaneció en la ciudad (como estudiante, como canónigo, como fraile) y que, durante sus casi 100 años de vida, más influyó en la vida religiosa y política de la Barcelona de su tiempo —como consejero del Rey Jaime I el Conquistador, como Inquisidor de la Corona, como impulsor de la Reconquista (Valencia, Mallorca, etc.)—.

Era una época de construcción de la Cristiandad y nuestro santo fue uno de sus principales arquitectos espirituales e incluso materiales. Así, San Raimundo brilló en el campo del Derecho Canónico con la misma altura que Santo Tomás de Aquino en Teología. Por encargo del Papa Gregorio IX, compiló las Decretales, un cuerpo jurídico que fue ley universal de la Iglesia desde 1234 hasta 1917, cuando el Papa San Pío X promulgó el Código de Derecho Canónico.

Pero su grandeza no estuvo sólo en su sabiduría, sino en su heroica humildad, virtud que demostró con tres renuncias cruciales: en 1222, renunció a una prestigiosa canonjía catedralicia; en 1235, rechazó el Arzobispado de Tarragona que le ofrecía el Papa; y en 1240, dimitió del generalato de la Orden de Predicadores para buscar una vida de recogimiento, oración y estudio.


1. Sepulcro en la Catedral de Barcelona: La morada eterna


A continuación, ingresamos en la Catedral. En primer lugar, rezamos la visita al Santísimo Sacramento en la capilla del Cristo de Lepanto donde reposan, entre otros, el cuerpo incorrupto de San Olegario (1060-1137) y los restos del obispo Manuel Irurita (1876-1936), mártir de la Cruzada.

Después, nos dirigimos a la capilla lateral donde actualmente se ubica el sepulcro de San Raimundo de Peñafort. 

 

Sepulcro de San Raimundo de Peñafort, Catedral de Barcelona.


 


Allí, de rodillas, uno de los dos sacerdotes diocesanos que nos acompañaban rezó la siguiente oración:


¡Oh, glorioso San Raimundo de Peñafort!
Luz de la Cristiandad y baluarte de la justicia verdadera.
Patrono de juristas y abogados,
maestro insigne de la recta razón sometida a la Verdad,
conocedor profundo de las leyes que gobiernan a los hombres:
la Ley Divina, que procede de Dios;
la Ley Natural, grabada en los corazones;
y la ley positiva, que sólo es justa cuando se inclina obediente ante las dos primeras.

Tú, que serviste incansablemente al Reino de Cristo
al lado de papas, obispos y príncipes cristianos,
no para adular al poder, sino para corregirlo,
no para someter la verdad al mundo, sino al mundo a la verdad,
escucha, hijo ilustre de Santo Domingo,
nuestros ruegos por tu patria terrena
y por las tierras y pueblos que un día se proclamaron de Cristo
y hoy se avergüenzan de su Nombre.

Raimundo amado,
el Principado que tú contribuiste a ennoblecer y engrandecer
agoniza y amenaza ruina.
La Patria, desgajada de sus raíces,
y la sociedad, entregada a ídolos mudos,
caminan hacia la disolución y el olvido de Dios.
Las leyes ya no reconocen a Dios ni a la ley natural;
la justicia se ha vuelto instrumento del capricho;
la autoridad ha renegado de su deber;
la tradición es despreciada como lastre,
y el orden cristiano, paciente y fecundo,
ha sido sustituido por el caos ideológico y la mentira legal.
Los pueblos, privados de memoria y de esperanza,
son gobernados por normas injustas
y educados en el desprecio de la verdad.

Incluso la Iglesia visible, en esta tierra catalana antaño tan fiel y fecunda,
también se halla herida:
Los pastores han cambiado el báculo por el aplauso del mundo;
entregados a intrigas, vicios, desidia y mundanidad,
han abandonado a los rebaños a merced de los lobos.
La grey, otrora numerosa y firme en la fe,
ha quedado reducida a un resto pequeño, disperso y huérfano:
muchos huyeron, otros fueron degollados en el alma,
y no pocos se infectaron de la sarna del error y la tibieza.
Las pocas ovejas que aún resisten,
temerosas y agazapadas,
esperan el regreso —que parece no llegar—
de los buenos ministros y de los pastores fieles a Cristo.

Por ello, San Raimundo,
te suplicamos que intercedas ante el Señor,
tú que fuiste tan influyente en el Cielo como lo fuiste en la Tierra.
Ruega para que la ley vuelva a ser reflejo de la justicia,
la autoridad servicio,
y la Patria hogar ordenado bajo el Reinado social de Cristo.
Que Dios levante pastores santos,
juristas rectos y gobernantes temerosos de Su juicio.

Que, mediante tus ruegos,
el Divino Pastor nos conforte y sosiegue
con su vara y su callado,
para que la ansiedad y la desazón no se apoderen de nuestros corazones,
y para que no desfallezcamos en la hora de la prueba.

Haz que, purificada por el sufrimiento,
nuestra Patria recobre su alma cristiana;
que la sociedad, cansada de mentiras,
regrese humilde a los pies de la Cruz;
y que la Iglesia en esta tierra catalana vuelva a brillar sin manchas.

 

¡Por Dios, la Patria, los Fueros y el Rey!
Así sea.
Amén.


2. El primer Convento Dominico en el Call barcelonés: La llamada divina


De la Catedral nos dirigimos al corazón del antiguo barrio judío o Call. En la calle de Santo Domingo del Call (hoy renombrada por el gobierno izquierdista, borrando otra huella cristiana), se alzaba el primer convento de la Orden de Predicadores en Barcelona. Fue fundado en persona por Santo Domingo de Guzmán en 1219, en unas casas donadas por el piadoso Pedro Gruny.

 

Primer convento dominico en Barcelona, fundado en persona por Santo Domingo de Guzmán en 1219, y donde San Raimundo tomó el hábito dominico el 1º de abril de 1222.


Calle de Sant Domènech del Call (hoy, Carrer de Salomó ben Adret): Edificio actual en cuyo solar se hallaba el primer convento dominico de Barcelona fundado por Santo Domingo de Guzmán en persona en 1219.


Fue en este lugar de recogimiento inicial donde, tras regresar de sus estudios en Bolonia, San Raimundo, renunciando a la canonjía y privilegios que le ofrecían los Canónigos de la Catedral, tomó el hábito dominico el 1º de abril, Viernes Santo, de 1222.

Aquí, el brillante jurista cambió las honras del mundo por el sayal del fraile, dando su primera gran muestra de desprendimiento y humildad. En efecto, en aquel momento (1222) la Orden de Predicadores era una orden mendicante, sin propiedades, recién fundada (en 1216), con un fundador fallecido el año anterior (en 1221) en Bolonia (durante la estancia de San Raimundo en la misma ciudad italiana), y con un futuro incierto.

Este convento, sin embargo, pronto se quedó pequeño ante el fervor que despertaban las prédicas de los dominicos y el rezo de una nueva oración: el Santo Rosario, recién entregado por la Virgen a Santo Domingo diez años antes (en 1212) y que muchos fieles aún desconocían. Lo que nos lleva al siguiente hito de nuestra ruta.


3. La antigua parroquia de San Jaime: la nueva oración del Rosario


A pocos pasos del convento, llegamos a la actual Plaza de San Jaime. Este espacio, abierto en 1823 tras el derribo liberal de templos, ocupa el solar donde se erigía la parroquia de San Jaime, la más antigua de Barcelona.

 

Plaça de Sant Jaume: ubicación donde se encontraba la Parroquia de Sant Jaume, de origen inmemorial y derribada por la furia liberal iconoclasta en 1823, que con la demolición material buscaba demoler el orden social y espiritual cristianos.

 

Grabado de la antigua parroquia de Sant Jaume, demolida en 1823 por la furia iconoclasta liberal.



Era en este templo, hoy desaparecido, donde los primeros dominicos —y con ellos, muy probablemente, San Raimundo— acudían con los fieles a rezar el Santo Rosario. Esta devoción, entonces recién conocida y difundida por la Iglesia, encontró en esta comunidad un ferviente foco de propagación. En este lugar, la piedad mariana y la predicación se unían para fortalecer la fe del pueblo, en un siglo XIII que veía renacer la vida espiritual.

4. El antiguo Convento de Santa Catalina: La casa y tumba original


Nuestra última etapa nos lleva extramuros, descendiendo por la calle Llibretería (el antiguo Cardo Maximus de los romanos) y la calle de la Bòria (la antigua Via Francisca de los romanos y antigua carretera de Francia medieval), hasta la Plaza de Santa Caterina, donde hoy encontramos el horrible y bullicioso Mercado de Santa Caterina. Bajo su estrambóteica cubierta yace la memoria de lo que fue el gran Convento de Santa Catalina, construido a partir de 1223 en unos terrenos cedidos por el Rey Jaime I el Conquistador.

Portal del Carrer de Llibreteria, una de las cuatro puertas de la antigua Barcelona.

Barrio de la Bòria, que atravesamos —siguiendo la antigua Via Francisca— hacia Santa Caterina.



Este imponente convento gótico de dos claustros, consagrado en 1268, fue la obra material y el hogar de San Raimundo. Aquí se retiró tras sus renuncias; aquí vivió sus últimos 35 años de estudio, oración y asesoramiento a reyes; y aquí murió el 6 de enero de 1275, a la venerable edad de unos 100 años.

Su cuerpo fue sepultado en una capilla lateral de este convento, donde permaneció hasta que la furia iconoclasta liberal de 1837 lo demolió, junto con otros grandes conventos barceloneses, en un intento por borrar la memoria cristiana de la ciudad. Su cuerpo, trasladado a la Catedral, fue el que hoy veneramos en la capilla lateral que lleva su nombre.


Superposición del plano del antiguo Convento de Santa Caterina (derribado en 1837 por la furia liberal) sobre el actual y esperpéntico Mercado de Santa Caterina.


Plano del antiguo Convento de Santa Caterina, derribado por los liberales en 1837. Con el derribo material, buscaban un derribo social, espiritual y moral.

Grabado del antiguo Convento de Santa Caterina, derribado por los liberales en 1837. Se aprecia lo esbelto y enorme de su construcción.



Conclusión: Un legado imperecedero


Este recorrido no es un simple paseo histórico; es un testimonio de dos modelos de sociedad. La Barcelona del siglo XIII, con San Raimundo, era una ciudad que construía: levantaba conventos, compilaba leyes universales basadas en la justicia divina, reconquistaba tierras para la Cruz y tejía un orden social cristiano. La Barcelona del siglo XIX, en cambio, fue una ciudad que demolió sistemáticamente esos símbolos, intentando derribar con piedras el alma de un pueblo.

San Raimundo de Peñafort, patrón de juristas, es hoy un símbolo de que la verdadera grandeza nace de la humildad y el servicio, y un recordatorio de que las piedras pueden ser derribadas, pero el legado de quienes construyeron la Cristiandad perdura en la eternidad y guía los pasos de los fieles que, como nosotros hoy, buscan sus huellas.

Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

dijous, 29 de gener del 2026

Reunión con el Prior de Montserrat sobre la cobarde retirada del monumento al Requeté

 

Reunión con el Prior de Montserrat sobre la cobarde retirada del monumento al Requeté


Publicamos, por primera vez, el contenido y los detalles de la reunión con el Prior de Montserrat durante el histórico acto del 29 de enero de 2022.


Fue una reunión improvisada, a petición del Prior. Duró más de una hora, en un clima correcto pero serio y grave.




El 29 de enero de 2022 tuvo lugar un histórico acto en Montserrat que reunió a medio millar de carlistas en protesta y desagravio por la cobarde retirada del monumento al Requeté, con la excusa de la Ley de (Des)memoria Democrática.

La crónica del acto publicada en su día ya informó que, tras la lectura del Manifiesto, éste fue «entregado en mano al Prior de la Abadía, P. Bernat Juliol, por parte de Helena Escolano y del presidente del Círculo Tradicionalista, J.L. Escobedo», pero no se dieron más detalles de este encuentro. Hoy, con ocasión del aniversario del acto, consideramos oportuno publicar, por primera vez, los detalles de la reunión.

Recordemos los antecedentes. La Abadía de Montserrat había retirado, sin aviso, el monumento al Requeté yacente que se emplazaba ante la Cripta-Mausoleo donde reposan para la eternidad los cuerpos de 319 requetés del Terç de la Mare de Déu de Montserrat. Poco después, el 15 de enero de 2022, el Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés, de la Comunión Tradicionalista, emitió un comunicado de repudio e impulsó el histórico acto de homenaje, protesta y desagravio, del 29 de enero de 2022. En este acto, nuestro capellán, mossèn Emmanuel Pujol, rezó el Vía Crucis ante la Cripta-Mausoleo; depositamos una ofrenda floral en el lugar donde se erigía el monumento retirado; a continuación, procesionamos en fila de a dos hasta la explanada de la Abadía, mientras entonábamos en gregoriano las Letanías de los santos; y, una vez en la explanada, nuestra margarita Helena Escolano leyó el manifiesto en el claustro gótico, junto a la entrada principal de la Abadía.



Habíamos previsto, tras la lectura del manifiesto, grapar en la puerta principal de la Abadía una copia del mismo en tamaño DIN A-3, a todo color y plastificada, que llevábamos preparada para tal efecto. Pero no fue necesario. Mientras se leían las últimas palabras del manifiesto, el jefe de seguridad de la Abadía y el comisario de los Mossos d’Esquadra en Montserrat informaron a José Luis Escobedo, jefe del Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés, que el Prior de Montserrat deseaba recibir a los responsables de acto, sin haber mediado petición por nuestra parte.

Así, José Luis Escobedo y Helena Escolano fuimos acompañados por el jefe de seguridad de la Abadía hasta una amplia sala de visitas donde nos esperaba el Prior de Montserrat, que en aquel momento era el P. Bernat Juliol i Galí. Esta sala se ubicaba en las plantas intermedias de la fachada principal, sobre la entrada a la Abadía, y contaba con unos ventanales que se asomaban a la explanada y al claustro gótico que, escasos minutos antes, había sido el escenario de nuestra lectura del manifiesto. De espaldas a los ventanales, un sofá de tres plazas, donde el P. Juliol invitó a sentarnos, y, en perpendicular, un sillón que él ocupó.

El Prior, P. Juliol, nos recibió con corrección pero, al mismo tiempo, con seriedad y gravedad. La reunión duró una hora larga y se desarrolló exclusivamente en catalán.

Tras los saludos de rigor, el P. Juliol nos comentó que, desde aquel mismo ventanal, había observado la llegada de nuestra procesión y había escuchado la lectura del manifiesto. Y nos trasladó su dolor por las contundentes palabras que había oído. «Contundentes, pero justas» —añadimos—, pues más nos había dolido a nosotros la cobarde retirada del monumento, como si su presencia fuera motivo de vergüenza.

El Prior justificó la retirada del monumento al Requeté por dos motivos. En primer lugar, para protegerlo de actos vandálicos: en diciembre anterior, unos desconocidos habían intentado decapitar con una radial la escultura en bronce del requeté yacente. Y, en segundo lugar, para anticiparse a la previsible retirada por parte de la Generalidad de Cataluña, tras la Resolución 154/XIV del Parlament de Catalunya aprobada en la Comisión de Justicia el 28 de octubre de 2021 (y publicada en el Butlletí Oficial del Parlament de Catalunya, BOPC, nº 151, de 9 de noviembre de 2021), que instaba a «retirar lo antes posible la escultura figurativa» del Requeté yacente de Montserrat por tratarse de un «monumento franquista» [sic]; era la culminación de las propuestas parlamentarias iniciadas en el año 2018 por los socialistas catalanes del PSC Eva Granados Galiano, y Ferran Pedret Santos (Butlletí Oficial del Parlament de Catalunya, BOPC, nº 126, de 16 de julio de 2018). Por estos motivos, la Abadía, de motu proprio, había retirado la escultura del requeté y la había depositado en sus almacenes, donde se «guardaba» en aquel momento.

Le respondimos que el monumento retirado homenajeaba a unos soldados catalanes heroicos que dieron su vida por defender la Fe. Estos soldados, los requetés, lucharon sin odio para defender la Tradición y la Religión porque amaban aquello que defendían: el orden social cristiano, que estaba siendo violentamente destruido por los revolucionarios sin Dios mediante todo tipo de persecuciones, atrocidades, crímenes y asesinatos contra los católicos, por odio a la Fe. Había requetés de toda condición social y edad: compartían trinchera padres e hijos, hermanos gemelos, e incluso hubo un caso de trillizos. Eran campesinos, obreros, estudiantes, profesionales, seminaristas, aristócratas o hijos de familias acomodadas. Muchos de ellos no hablaban castellano y los oficiales tenían que dar las órdenes en catalán para ser entendidos. Rezaban el Rosario en las trincheras y cada mañana, antes de la batalla, asistían a la Santa Misa y comulgaban.

Aquel odio antiguo de los revolucionarios sin Dios y contra Dios, es el mismo que resurge hoy día bajo la máscara de la «memoria democrática». Unido, esta vez, a una mal disimulada sed de venganza.

El Prior argumentó que debían cumplir las leyes civiles, entre ellas la de retirada del monumento. Le recordamos el ejemplo de Antígona, la protagonista de la tragedia griega de Sófocles. En efecto, Antígona, hija del fallecido Edipo, Rey de Tebas, desafió la ley del nuevo Rey Creonte que prohibía enterrar a su hermano Polinices —considerado «traidor»—, porque Antígona reconocía una ley más alta que la del poder humano: la Ley Divina, eterna y no escrita, que ordena dar sepultura a los muertos. Con plena conciencia del castigo, Antígona desobedeció el edicto real no por rebeldía política, sino por fidelidad religiosa y moral, aceptando la muerte antes que cometer impiedad. Su acto afirmó que la autoridad del Estado no es absoluta y que, cuando la ley de los hombres contradice la justicia sagrada, obedecer a Dios se convierte en un deber superior.

«Ay! Em poses en uns dilemes...», respondió el Prior.

Y continuamos. El acto de Antígona fue limitado, concreto y personal: no llamó a la rebelión, no cuestionó el trono ni la autoridad política... simplemente afirmó: «En esto, no obedezco». Así, su aparente desobediencia fue, en realidad, obediencia a una ley más alta; no fue anarquía. Antígona nos mostró cómo una pagana fue capaz de reconocer que la Ley divina está por encima de la ley humana.

El Prior, visiblemente incómodo y cambiando de tercio, nos animó a trasladar nuestras quejas «a los políticos» en general, y al Parlament en particular, así como a exponer nuestros argumentos públicamente en la prensa. Le respondimos que no participamos en las formas de poder partitocrático porque son parte del problema, ni colaboramos con la prensa liberal por su parcialidad y sesgo manipulador. Que fue la Abadía quien, de motu proprio, había retirado el monumento y por eso trasladábamos nuestra quejas a quienes habían actuado.

Nos recordó, de nuevo, que la Abadía había actuado para anticiparse a la ejecución de la resolución del Parlament que obligaba a retirar «monumentos franquistas» de Montserrat. Le corregimos: los requetés de 1936 no se alzaron «por Franco», sino a las órdenes del Rey Alfonso Carlos y en defensa del orden social tradicional que estaba siendo destruido violentamente por los revolucionarios ateos. Los desencuentros entre el carlismo y el régimen de Franco fueron profundos y constantes: incluso antes del 18 de julio, con las tensas negociaciones entre Fal Conde (Jefe Delegado del Rey Alfonso Carlos) y el general Mola (organizador del Alzamiento); tras el Alzamiento, en 1937, con el trágico Decreto de Unificación ordenado por Franco; y tras el término de la Cruzada, a causa del Estado centralizado, personalista y militar impuesto por el franquismo, que era totalmente opuesto a la sociedad tradicional, foral y orgánica basada en cuerpos intermedios, defendida siempre por el carlismo. Así, durante el régimen franquista, el carlismo fue marginado, vigilado y reprimido cuando intentó reorganizarse de forma independiente: Fal Conde, desterrado a Portugal en 1936; Don Javier de Borbón, expulsado de España; José María Valiente, marginado en la vida civil; Mauricio de Sivatte, encarcelado; entre muchísimos otros ejemplos.

La conversación devino circular: «Aneu al Parlament a exposar aquests arguments».

Tras una hora de conversación, el Prior se puso en pie. Le entregamos la copia del manifiesto en DIN A-3, a todo color y plastificada, que habíamos previsto grapar en la puerta principal de la Abadía, copia que fue recibida por el Prior. Y le invitamos a realizar una fotografía del encuentro, invitación que declinó. El jefe de seguridad de la Abadía, que esperaba en una sala adyacente, nos acompañó hasta la salida, en la explanada.

 


De aquellas jornadas, recordamos:

    •    Comunicado de la Comunión Tradicionalista del Principado de Cataluña con motivo de la retirada del monumento a los Requetés en Montserrat, publicado el 15 de enero de 2022.

    •    Video-reportaje completo del acto de protesta, publicado en el Canal de YouTube del Círculo de Barcelona.

    •    Video de avance.

    •    Mensaje de S.A.R. Don Sixto de Borbón.

    •    Introducción al rezo del Vía Crucis, por el Rvdo. P. D. Emmanuel Pujol.

    •    Lectura del Manifiesto en la explanada de Montserrat, por la margarita Helena Escolano.

    •    Canto del Oriamendi, al concluir el acto.

    •    La crónica del acto, publicada el mismo día en el diario La Esperanza.

    •    Un reportaje fotográfico publicado en el cuaderno de bitácora del Círculo barcelonés.

    •    El mensaje de agradecimiento del Círculo, publicado pocos días después.

 


 

Aquel día histórico, nuestros gritos resonaron en los peñascos de Montserrat:

Visca Crist Rei!

Visca l’Espanya Catòlica!

Visca Catalunya espanyola!   

Loor y glòria als màrtirs!



Helena Escolano, y
José Luis Escobedo,
Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau.

dimecres, 28 de gener del 2026

La casa pairal: de fills a fills

«Passadís encofurnat»

 

 

(Traducción al castellano, al final)

 

La casa pairal: de fills a fills


En Gaudí vol fer retornar a la ciutat, en les condicions modernes, l’antiga institució pairal, el nostre escambell, recordant-nos les seves condicions i la seva virtut.



—La casa del pare, la casa del pare —rondinava en Pere Veí, bo i senyant, amunt, amb dit apuntador, el trespol que cobria la llarga estesa de retrats i records que, coberts sota una pols lleugera, feien tota una vida, en aquell passadís encofurnat, tot atapeït d’andròmines velles i santes creus. La vida d’una família que, entre greus lliçons morals, amb vellarda vehemència, ens contava, fent volar les mans, aquell vell de poble. —Va morir aquí, al meu costat, els darrers dies no es va moure del llit. Ella ho era tot, la dona ho és tot, la resta de coses són de tercera categoria. Veieu, aquí hi ha una altra creu —tornava a assenyalar, mentre marxava pel corredor, de braços plegats.

Les veus de la nostra terra, els nostres narradors, han pronunciat, han descrit, han parlat de les coses velles, sempre de lluny, amb la llangor de l’enyorament, però amb l’afecció íntima, antiga, pròpia, d’allò que ve de dins.

Conta Martí Genís, que un dia que la muller i les criades feien dissabte, netejant les golfes de la casa —que és meva avui, i que fou casa pairal de Déu sap quants de mos avis—, elles remenant i espolsant coses velles —del color de la pols, sense més valor que el de la fusta vella—, van trobar, entre —una impressió de fred i tristesa—, el barret de tarot dels seus temps d’estudiant.

«Entendrit i melancòlic, quan ja va haver desaparegut de mos dits, i el noi xic se’l ficà al cap, arribant-li fins a mig cos [···] me’n vaig tornar al meu estudi, tot assaborint l’agredolç dels records que, tant sí com no em feren agafar la ploma, per a parlar d’aquell temps: essent la primera cosa que em vingué al pensament, aquell refrany de l’àvia, que Déu la perdó, no hi ha res averganyat que no sigui freturat (Sota un Tarot, Martí Genís, 1930).»

A la casa pairal, els objectes, els costums, les paraules, el silenci, tot, com entre els records, és d’una vellesa singular. Josep Pla diu que de la infància no en recorda res, però dedica paraules al carrer molt trist i llarg, la façana que donava a tramuntana, les habitacions, fredíssimes glacials, i el paisatge ordenat de feixes, de casa seva al carrer Nou.

En l’obra de Joaquim Raventós —Memòries d’un cabaler, la vida al camp—, es recull de forma singular l’esperit típic de la casa catalana, que ha sigut, com sentencia Torras i Bages, la composició social del país.

«Aquestes cases —escriu el senyor Raventós— que abrigades per la serra no pugen mai més del suau pujolet, ni baixen, tampoc, més avall del pla que domina la ribera, són les plàcides habitacions on s'engendraren les nostres pacífiques dinasties. En elles nasqueren els humanistes, els erudits, els savis, els prelats, els governants, els comerciants, els industrials. No existeix ni una sola d'aquestes cases que no posseeixi, en la seva història, algun home cèlebre.[···] D’una casa així nasqué aquell bisbe; d’aquesta altra, aquell monjo; aquell cèlebre polític nasqué en aquella; nascut en tal altra fou l’industrial que creà la fàbrica de vora del riu; de la de més enllà el comerciant que anà i vení varies vegades d’Amèrica.»

«Els mateixos hereus, la principalíssima missió dels quals és la continuació de la casa pairal.»

Es conserven poques notes escrites del mestre Antoni Gaudí, i entre les escasses pàgines, moltes d’elles dedicades a consideracions tècniques, hom troba unes ratlles  —inèdites— dedicades a la noble institució de la casa pairal.

Aquestes notes, el lector no les trobarà pretèrites, de novel·la, sinó que es presenten com a moderníssimes, d’una gran actualitat. Avui que la gent no troba on viure, i tot sovint ho ha de fer, per a cobrir-se de la necessitat, en condicions pròpies de la bèstia, llogant cambres o enterrant-se en locals de sota carrer; ara que el govern, per a sortir al pas d’aquestes circumstàncies tan miserables i poder encabir a la nostra terra més estrangers, planta grues i alça edificis; recordem, reproduïm, en aquest moment, les paraules, els apunts de Gaudí sobre la forma digna i noble del viure, sobre l’habitatge, sobre la nostra casa pairal.

«La casa és la petita nació de la família. [···] A la casa de la família se li ha donat el nom de casa pairal. [···] La necessitat de la casa pairal no és sols d’una època i d’una família determinada, és la necessitat de tothom i de sempre.

A la casa de la família se li ha dat el nom de casa pairal. Amb aquest nom, ¿qui no recorda algun bonic exemple al camp o a la ciutat? L'esperit de lucre i els canvis dels costums han fet desaparèixer de la nostra ciutat la major part de les cases pairals; les que resten gaudeixen d'una situació tan oprimida i insuficient, que acabarà amb elles.

La família independent té casa pròpia, la que no ho és, té casa de lloguer. La casa pròpia és el país natal, la de lloguer és el país de l’emigració. Per això la casa pròpia és l’ideal de tothom.

La independència de l'habitació, la bona orientació i l’abundància d'aire i de llum, de què freturen generalment les habitacions urbanes, es va a buscar en aquesta infinitat de torres que, pels contorns, donen el cas estrany que, la major part de les famílies, hi tenen les seves habitacions quotidianes. Per trobar aquestes qualitats, als habitants de les ciutats estrangeres no els condol d’apartar-se del centre d’aquestes, si bé això els ho permeten els nombrosos mitjans de comunicació, que afortunadament, nosaltres també comencem a tenir.

Just és, doncs, que aprofitem els mitjans que tenim, que pensem en la veritable habitació de la família, i que, ajuntant l'habitació urbana i la torre, en [re]neixi la casa pairal. A l'objecte, imaginem-nos una casa ni gran ni petita, una casa que en podríem dir ordinària, la qual, enriquint-la i engrandint-la, es convertirà en un palau; enxiquint-la i economitzant materials i adorns serà la modesta habitació de la família acomodada.

Afigurem-nos que en un solar de l'Eixampla, gran, segons les possibilitats del propietari, situat en un barri més o menys aristocràtic, segons la seva fortuna i posició, el rodeja una paret que sosté el terreny del jardí a l'altura suficient per no ser vist des del carrer, coronada per un calat (on es recolzen, a la caiguda del sol, els braços de les donzelles que hi van per veure els passants). Una llotgeta tocant a la porta interromp aquest terrat. Dins el solar, per un cantó, es desenrotlla una llarga rampa, camí de carruatges; pel davant, es presenta una escalinata des del cim de la qual es descobreix el jardí i, entre el fullatge de les albes i dels plàtans, la casa. Les habitacions, agrupades segons la necessitat de la seva orientació, formen un conjunt pintoresc, igual que les àmplies finestres dels dormitoris; el despatx i la sala de família, al migdia; el menjador d'hivern i les sales de visita, a ponent; i, al nord, l'estudi, el menjador d'estiu i les altres dependències. Separades d'aquesta agrupació, i en la mateixa direcció, hi ha la cuina i les seves dependències auxiliars. Entre el dormitori i l'estudi, ombrejat per acàcies i llorers, s’hi sorprèn un porxo ornat de terres cuites, que serveixen de niu als pardals dels voltants. A l'angle oposat hi veiem un hivernacle de ferro i cristall, jardí d'hivern que comunica amb les habitacions de rebre i que pot ser habilitat com a saló per a les grans festes familiars. A l'interior, per tot hi campeja la senzillesa per sistema, el bon gust per guia, i la satisfacció de les necessitats i de les comoditats per obligació. Tot és formal. S'hi troben representats els records de família, les gestes històriques, les llegendes de la terra, les delicades concepcions dels nostres poetes, els espectacles i escenes de la mare naturalesa, tot allò que té una significació i una estima. En una paraula: de fills a fills.

En fi, la casa que imaginem té dos objectes. Primer, per les seves condicions higièniques, fer éssers forts i robustos (d’aquells que en ella creixen i es desenvolupen) i, segon, mitjançant les condicions artístiques, dotar-los, dins del possible, de la nostra proverbial enteresa de caràcter. En un mot, fer dels fills que allí hi neixin veritables fills de la casa pairal.»

En Gaudí vol fer retornar a la ciutat, en les condicions modernes, l’antiga institució pairal, el nostre escambell, recordant-nos les seves condicions i la seva virtut.

La casa pairal no és una casa vella ni decrèpita: és l’arbre centenari que ha aixoplugat les generacions d’una nissaga, creixent amb elles, dreta, salubre i esvelta, i que encara, mentre es manté en vida, dona fruit. Nosaltres, que, com en Pere Veí, en som fills i hereus, no l’estimem pas per luxe ni comoditats, ans, hi hem patit fred, hi hem menjat pa dur i encara hi plorem les penes; l’estimem, i avui la reclamem, com s’estima una mare.

«Ho dic una vegada més; deixem en pau, d’una vegada, les velles pedres, els vestigis de la tradició. [···] No col·laborem més en la destrucció del temps [···] Ja n’hi ha prou» (Josep Pla, Els pagesos, 1952).

Dr. Pere Pau, Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau




* * *

(Traducción al castellano:)

La casa solariega: de hijos a hijos


Gaudí quiere devolver en la ciudad, en las condiciones modernas, la antigua institución solariega, nuestro escabel, recordándonos sus condiciones y su virtud.



—La casa del padre, la casa del padre —refunfuñaba Pere Veí mientras señalaba hacia arriba, con dedo apuntador, el techo que cubría el largo tendido de retratos y recuerdos que, cubiertos bajo un polvo ligero, recogían toda una vida, en aquel pasillo, como un cuchitril, apretujado de trastos viejos y antiguos recuerdos. La vida de una familia que, entre graves lecciones morales, con añeja vehemencia, nos contaba, haciendo volar las manos, aquel viejo de pueblo. —Murió aquí, a mi lado, los últimos días no se movió de la cama. Ella lo era todo, la mujer lo es todo, lo demás son cosas de tercera categoría. Veis, aquí hay otra cruz —volvía a señalar, mientras marchaba por el corredor, con los brazos cruzados.

Las voces de nuestra tierra, nuestros narradores, han pronunciado, han descrito, han hablado de las cosas viejas, siempre de lejos, con la decadencia de la nostalgia, pero con la afección íntima, antigua, propia, de lo que viene del interior.

Cuenta Martí Genís, que un día en que su mujer y las criadas hacían la limpieza semanal, adecentando las buhardillas de la casa —que es mía hoy, y que fue casa solariega de mis antepasados—, mientras ellas removían y desempolvaban cosas antiguas —del color del polvo, sin más valor que el de la madera vieja—, encontraron, entre —una impresión de frío y tristeza—, un sombrero de sus tiempos de estudiante.

«Enternecido y melancólico, cuando ya había desaparecido de mis manos, y el muchacho se lo puso en la cabeza, llegándole hasta medio cuerpo [···] me volví a mi estudio, saboreando el agridulce de los recuerdos que, tanto sí como no me hicieron tomar la pluma, para escribir de aquel tiempo: siendo, lo primero que me vino al pensamiento, aquel refrán de la abuela, a quien Dios la haya perdonado, que la necesidad obliga (Sota un Tarot, Martí Genís, 1930).»

En la casa solariega, los objetos, las costumbres, las palabras, el silencio, todo, como entre los recuerdos, es de una vejez singular. Josep Pla dice que de la infancia no recuerda nada, pero dedica palabras a la calle muy triste y larga, la fachada que daba a tramontana, las habitaciones, fríísimas glaciales, y el paisaje ordenado en bancales, de su casa en la calle Nueva.

En la obra de Joaquim Raventós —Memorias de un segundón, la vida en el campo—, se recoge de forma singular el espíritu típico de la casa catalana, que ha sido, como sentencia Torras y Bages, la composición social del país.

«Estas casas —escribe el señor Raventós— que abrigadas por la sierra no suben nunca más del suave turón, ni bajan, tampoco, más abajo del plan que domina la ribera, son las plácidas habitaciones donde se engendraron nuestras pacíficas dinastías. En ellas nacieron los humanistas, los eruditos, los sabios, los prelados, los gobernantes, los comerciantes, los industriales. No existe ni una sola de estas casas que no posea, en su historia, algún hombre célebre.[···] De una casa así nació aquel obispo; de esta otra, aquel monje; aquel célebre político nació en aquella; nacido en tal otra fue el industrial que creó la fábrica al borde del río; de la de más allá el comerciante que fue y vino varías veces de América.»

«Los mismos herederos, la principalísima misión de los cuales es la continuación de la casa solariega.»

Se conservan pocas notas escritas del maestro Antonio Gaudí, y entre las escasas páginas, muchas de ellas dedicadas a consideraciones técnicas, se encuentran unas líneas —inéditas— dedicadas en la noble institución de la casa solariega.

Estas notas, el lector no las encontrará pretéritas, de novela, sino que se presentan como modernísimas, de una gran actualidad. Hoy día, en que la gente no encuentra donde vivir, y a menudo lo tiene que hacer, para cubrirse de la necesidad, en condiciones propias de la bestia, alquilando recámaras o enterrándose en locales de a pie de calle; ahora que el gobierno, para salir al paso de estas circunstancias tan miserables y poder embutir en nuestra tierra más extranjeros, planta grúas y levanta edificios; recordamos, reproducimos, en este momento, las palabras, los apuntes de Gaudí sobre la forma digna y noble del vivir, sobre la vivienda, sobre nuestra casa solariega.

«La casa es la pequeña nación de la familia. [···] A la casa de la familia se le ha dado el nombre de casa solariega. *···] La necesidad de la casa solariega no es sólo de una época y de una familia determinada, es la necesidad de todos y desde siempre.

A la casa de la familia se le ha dado el nombre de casa solariega. Con este nombre, ¿quien no recuerda algún bello ejemplo del campo o de la ciudad? El espíritu de lucro y los cambios de las costumbres han hecho desaparecer de nuestra ciudad la mayor parte de las casas solariegas; las que quedan, disfrutan de una situación tan oprimida e insuficiente, que acabará con ellas.

La familia independiente tiene casa propia, la que no lo es, tiene casa de alquiler. La casa propia es el país natal, la de alquiler es el país de la emigración. Por eso la casa propia es el ideal de todo el mundo.

La independencia de la habitación, la buena orientación y la abundancia de aire y de luz, de que requieren generalmente las habitaciones urbanas, se va a buscar en esta infinidad de torres que, por los contornos, dan el caso extraño que, la mayor parte de las familias, tienen sus habitaciones cotidianas. Para encontrar estas cualidades, a los habitantes de las ciudades extranjeras no les pesa alejarse de ellas, si bien esto se lo permiten los numerosos medios de transporte, que afortunadamente, nosotros también empezamos a tener.

Justo es, pues, que aprovechemos los medios que tenemos, que pensemos en la verdadera habitación de la familia, y que, juntando la habitación urbana y la torre, [re]nazca la casa solariega. Al objeto, imaginémonos una casa ni grande ni pequeña, una casa que podríamos calificar de ordianria, la cual, enriqueciéndola y agrandándola, se convertirá en un palacio; empequeñeciéndola y economizando materiales y adornos será la modesta vivienda de la familia acomodada.

Imaginemos que en un solar del Ensanche, grande, según las posibilidades del propietario, situado en un barrio más o menos aristocrático, según su fortuna y posición, lo rodea una pared que sostiene el terreno del jardín a la altura suficiente para no ser visto desde la calle, coronada por una albardilla calada (donde se apoyan, en el ocaso, los brazos de las doncellas para ver a los pasantes). Un pequeño porche que da a la puerta interrumpe esta azotea. Dentro del solar, por un lado, se desenrolla una larga rampa, camino de carruajes; por delante, se presenta una escalinata desde cuya cumbre se descubre el jardín y, entre el follaje de las albas y de los plátanos, la casa. Las habitaciones, agrupadas según la necesidad de su orientación, forman un conjunto pintoresco, igual que las amplias ventanas de los dormitorios; el despacho y la sala de familia, a mediodía; el comedor de invierno y las salas de visita, a poniente; y, en el norte, el estudio, el comedor de verano y las otras dependencias. Separadas de esta agrupación, y en la misma dirección, hay la cocina y sus dependencias auxiliares. Entre el dormitorio y el estudio, sombreado por acacias y laureles, se sorprende un porche ornado de tierras cocidas, que sirven de nido a los gorriones de los alrededores. En el ángulo opuesto, vemos un invernadero de hierro y cristal, jardín de invierno que comunica con las habitaciones de recibir y que puede ser habilitado como salón para las grandes fiestas familiares. En el interior, campea la sencillez por sistema, el buen gusto por guía, y la satisfacción de las necesidades y de las comodidades por obligación. Todo es formal. Se encuentran representados los recuerdos de familia, las gestas históricas, las leyendas de la tierra, las delicadas concepciones de nuestros poetas, los espectáculos y escenas de la madre naturaleza, todo aquello que tiene una significación y un aprecio. En una palabra: de hijos a hijos.

En fin, la casa que imaginamos tiene dos objetos. Primero, por sus condiciones higiénicas, hacer personas fuertes y robustas (a quienes en ella crecen y se desarrollan) y, segundo, mediante las condiciones artísticas, dotarles, dentro del posible, de nuestra proverbial entereza de carácter. En una palabra, hacer de los hijos que allí nazcan verdaderos hijos de la casa solariega.»


Gaudí quiere devolver en la ciudad, en las condiciones modernas, la antigua institución solariega, nuestro escabel, recordándonos sus condiciones y su virtud.

La casa solariega no es una casa vieja ni decrépita: es el árbol centenario que ha guarecido las generaciones de una alcurnia, creciendo con ellas, erguido, salubre y esbelta, y que todavía, mientras se mantiene en vida, da fruto. Nosotros, que, como Pere Veí, somos hijos y herederos, no lo estimamos por lujo ni comodidad, sino que más bien, hemos padecido frío, hemos comido pan duro y todavía lloramos las penas; lo estimamos, y hoy la reclamamos, como se estima a una madre.

«Lo digo una vez más; dejemos en paz, de una vez, las viejas piedras, los vestigios de la tradición. [···] No colaboremos más en la destrucción del tiempo [···] Ya basta.» (Josep Pla, Los campesinos, 1952).

Dr. Pere Pau, Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau