dilluns, 16 de març del 2026

Crítica a eso que llaman tradicionalismo


 

Crítica a eso que llaman tradicionalismo

 

Es falso que el tradicionalista se desvincule del Magisterio, pues es gracias a este mismo Magisterio que tiene la garantía y la seguridad de lo que afirma y defiende.

 

 

Un sacerdote hace poco me envió un pequeño video de Instagram donde salía un influencer «católico» llamado Abel. En aquel video establecía una comparativa entre progresistas y tradicionalistas en la que pretendía hacer coincidir dos extremos opuestos y errados.

 
La transcripción del video dice lo siguiente:
 

Podría parecer que solo los progres son en la Iglesia los que interpretan a su manera el depósito de la fe y lo hacen a su conveniencia. Y caen en la teología liberal, para interpretarlo todo conforme a su mundanidad y a sus deseos carnales y a sus cosas. Pues resulta que no solo ahí pasa, sino que también hay gente que hace un menú de la fe y recoge de la Tradición con los deditos así, solo aquello que les interesa, es decir, también en los tradicionalistas o conservadores dentro de la Iglesia se da el riesgo de la teología liberal, es decir, de desvincularme del Magisterio de la Iglesia para yo creer a mi manera. Con lo cual lo que estás haciendo a Jesucristo mentiroso, porque las puertas del Hades han prevalecido sobre su Iglesia, y eres tú, según tú criterio y el de tu pequeña comunidad, el que tiene la verdad de forma residual, porque en la Iglesia se habría perdido. Esto es una pretensión tremenda que ha pasado muchas veces en la historia, porque, fijaos, se da una hermenéutica equivocada. En primer lugar, se considera todo el depósito de la fe como un monolito completo, inamovible, de verdad. Para el tradicionalista en general, no ha habido cambio en ningún punto de la doctrina desde el siglo I hasta básicamente el concilio Vaticano II. Esto no es más que fruto de la ignorancia, digamos. Fíjate que cuanto más lejos está una cosa o menos sabes de una cosa, más igual te parece todo. Me pasa un poco como los asiáticos de China para allá. Yo no soy capaz de distinguir un coreano, de un japonés, de un chino. Pues esto le pasa a la gente con las fuentes de la Tradición. Es la Tradición la que debe interpretar a la Tradición. Es el Magisterio el árbitro que se encarga establecer cuál es precisamente ese hilo dorado de la tradición. Poque la tradición no es un desarrollo acumulativo, que se va pegando y llevando como crustáceos en la ballena.

Primero de todo, habría que señalar que se es tradicionalista porque se es católico (contra lo que supone el video). Segundo, se comete la falacia del hombre de paja, pues se atribuye una cosa a los tradicionalistas que estos no defienden (1. Interpretar la fe por propia conveniencia. 2. Tomar de la Tradición lo que a uno le interesa. 3. Desvincularse del Magisterio de la Iglesia para creer a su manera).

Para un tradicionalista, la fe se interpreta desde el Magisterio de la Iglesia y no por conveniencia. No toma lo que le interesa sino lo que ha recibido. Pues sabe que la ley de la fe y la oración del católico debe caracterizarse por la fidelidad a la Sagrada Tradición. Los santos apóstoles ordenaron: «Si alguno os anuncia un Evangelio diferente del que habéis recibido (quod accepistis), sea anatema (Ga 1,9); «Os transmití lo mismo que yo recibí (tradidi quod et accepi)» (1 Co 15,3); «Observad las tradiciones (tenete traditiones) que habéis aprendido» (2 Ts 2,15); y «Combatid por la fe que ha sido entregada (semel traditae) a los santos de una vez por todas» (Judas 1,3). La Iglesia Romana siempre ha seguido este camino como el más seguro: «No se introduzca nada nuevo, sino solo lo que ya se ha transmitido» (nihil innovetur nisi quod traditum est) Papa Esteban I Ep. Ad. Cyprianum (apud. S. Cyprianum, Ep. 74).

Ahora bien, lo que señala el tradicionalista, desde el Magisterio, es que la función del Magisterio no es crear nuevas verdades, ni enseñar algo contrario a la Tradición (que es Palabra de Dios). Si esto se diera, propiamente no sería Magisterio, sino que estaríamos ante una opinión equivocada de una autoridad. En este sentido estaríamos hablando de un Magisterio auténtico no definitivo que está errado (P. Rodrigo Menéndez Piñar, El obsequio religioso. El asentimiento al Magisterio no definitivo, Toledo, 2020).

Por eso advierte el mismo Magisterio en sus dos concilios vaticanos:

«De hecho, el Espíritu Santo no fue prometido a los sucesores de Pedro para revelar, por su inspiración, una nueva doctrina, sino para guardar y dar a conocer fielmente, con su asistencia, la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe.» (Concilio Vaticano I, Constitución dogmática «Pastor aeternus»).

«Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer.» (Concilio Vaticano II, Dei Verbum 10).

Por tanto, es falso que el tradicionalista se desvincule del Magisterio, pues es gracias a este mismo Magisterio que tiene la garantía y la seguridad de lo que afirma y defiende. 

El católico tradicional no coge lo que le interesa, sino que defiende lo que ha recibido de la Tradición. ¿Cómo y dónde reconocer esta Tradición? El criterio lo expresa de una vez para siempre S. Vicente de Leríns: la universalidad, la antigüedad, la unanimidad: «Lo que se ha enseñado siempre, en todas partes y por todos» «Id teneamus quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est» (San Vicente de Lerins, Commonitorium, cap. 23, núm. 16).

Por otra parte, tiene un grave problema Abel porque dice que la Tradición (en realidad, Abel dice “doctrina” y, antes, “depósito de la fe”, pero se refiere principalmente a la Tradición, según se deduce del ejemplo que le sigue sobre el desconocimiento de algo lejano y la distinción entre asiáticos) no es la misma en el siglo I y ahora. No sabe que toda la profundización teológica y la confirmación Magisterial se basan justamente en esa Tradición, la cual es de por sí inamovible y que debe ser preservada. La verdad no puede cambiar pues de lo contrario se transmutaría la fe y las costumbres. Por ello debe preservarse el mismo sentido:

«Hay que mantener siempre el sentido de los dogmas sagrados que una vez declaró la Santa Madre Iglesia y no se debe nunca abandonar bajo el pretexto o en nombre de un entendimiento más profundo. Que el entendimiento, el conocimiento y la sabiduría crezcan con el correr de las épocas y los siglos y que florezcan grandes y vigorosos, en cada uno y en todos, en cada individuo y en toda la Iglesia; pero esto solo de manera apropiada, esto es, en la misma doctrina, el mismo sentido y el mismo entendimiento (eodem sensu eademque sententia).» (Concilio Vaticano I, Dei Filius, c. 4).

Además, podría haberse molestado en especificar las clases de Tradición, pues al criticar la inamovilidad del depósito de la fe y, por tanto, de la Tradición, incluye, bajo este término, todo aquello que es de institución divina también, lo cual, evidentemente, no puede cambiarse. Es falso que pueda cambiar la doctrina de la Tradición ya que, además, algunas de sus verdades se han dogmatizado.

Finalmente, la supuesta pretensión que dice que tienen los tradicionalistas no es tal. Pues, según una saludable hermenéutica, existen ejemplos históricos de una resistencia legítima a las enseñanzas ambiguas y erróneas de pastores de la Iglesia, incluido el Papa. Así tenemos la crisis arriana del siglo IV, cuando la herejía infectó a casi todo el episcopado y, sin embargo, los laicos se mantuvieron fieles a la fe católica tradicional. De aquí que dijera el mismo cardenal San John Henry Newman:

«En ese tiempo de inmensa confusión, el dogma de la divinidad de nuestro Señor fue proclamado, impuesto, mantenido y (humanamente hablando) preservado, mucho más por la Ecclesia docta [laicos] que por la Ecclesia docens [jerarquía]... El cuerpo del episcopado fue infiel a su encargo, mientras que el cuerpo de los laicos fue fiel a su bautismo... Tanto el Papa como las grandes sedes patriarcales, metropolitanas y otras, así como los concilios generales, dijeron lo que no deberían haber dicho, o hicieron lo que oscureció y comprometió la verdad revelada; mientras que, por otra parte, fue el pueblo cristiano quien, bajo la Providencia, fue el apoyo eclesial de Atanasio, Hilario, Eusebio de Vercelli y otros grandes confesores solitarios, que habrían fracasado sin ellos» (Cardenal San John Henry Newman, The Arians of the Fourth Century, London Longmans, Green, and Co., 1908, pp. 465-466).

En esta misma línea, y bajo las virtudes de la gnome y de la epiqueya, se puede resistir y amonestar al Papa, como sostenía un antiguo tradicionalista, San Roberto Belarmino, (que, por cierto, sostenía que algún día un Papa podría intentar destruir la Iglesia sin que por ello prevalecieran las puertas del infierno), y como sostenía Santo Tomas de Aquino, respectivamente:

«Así como es lícito resistir al pontífice que agrede el cuerpo, también es lícito resistir al que agrede las almas o al que perturba el orden civil, o, sobre todo, al que intenta destruir la Iglesia. Digo que es lícito resistirle no haciendo lo que ordena e impidiendo que se ejecute su voluntad; pero no es lícito juzgarlo, castigarlo o destituirlo, ya que estos actos son propios de un superior» (San Roberto Belarmino, De Romano Pontifice, libro 2, cap. 29).

«Reprender a la cara y en público [Gal 2, 11] sobrepasa el modo de la corrección fraterna; por eso no hubiera reprendido Pablo a Pedro de no haberle sido de alguna manera igual en la defensa de la fe. [...] Con todo, hay que saber que, cuando hubiera peligro en la fe, aun en público han de corregir los súbditos a los prelados» (Santo Tomás de Aquino, Summa Theologuiae II-II, q. 33, a. 4, ad 2).

Podríamos concluir diciendo que eso que llaman tradicionalismo en el ámbito eclesial en parte es y en parte no es como dicen, secundum quid. Pues el tradicionalismo sí es defensa de una Tradición monolítica, inamovible y verdadera que debe ser custodiado por el Magisterio de la Iglesia según el mismo sentido y, por otra parte, no es como dicen, porque no se desvincula nunca del Magisterio y de la doctrina perenne que por todos, en todas partes y en todo tiempo, es creída en el seno de la Iglesia.

Montoya, un carlista egarenc
. Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

divendres, 27 de febrer del 2026

De Babilonia a Roma (XVII): Hoy toca Yoga


 

De Babilonia a Roma (XVII): Hoy toca Yoga


La compasión y el servicio son algo bueno, siempre y cuando estén ordenados a Dios. Sin orden, lo único que ahí había era cierta vanidad o soberbia, enmascarada por un afán de consolar a mi desolada compañera. Y en ese ayudar, el vacuo orgullo, asomaba la patita debajo de la puerta.



La Nueva Era es como una telaraña que con paciencia se va tejiendo sin que te des cuenta. Soberbia e ignorancia son los ingredientes que el Enemigo utiliza. Dicho desde otra perspectiva, tú vas tejiendo un entramado en el que te vas a quedar atrapado. Sin apenas saberlo ni sospecharlo. En ese tejer, se usan distintas hebras, como los distintos ingredientes de la indigesta ensalada que te describí en alguna de las entregas. El enemigo consigue que cada cual pavimente la senda que lo lleva a su propia condenación. Con la alegría vacía de quien ignora, no por desidia, sino por obstinación.

Una de las hebras más potentes que usé fue el yoga con todos sus satélites, variantes, derivadas y combinaciones. El título de esta entrega dice que hoy toca yoga, pero con un solo escrito no basta, quedas avisado. El yoga llenó mucho espacio en mi particular telaraña, puede que se fueran sucediendo distintas hebras, que iba desechando por inútiles, como pasó con el curso de Milagros o el reiki, por ejemplo. El yoga permanecía siempre y me sostuvo económicamente unos doce años. Tuve, no uno sino tres centros, exitosos, de referencia. El cierre fue un estrepitoso golpe para mis alumnos. Pero no quiero dar un salto en el tiempo tan brusco. No todavía.

Me debato si contar lo que es el yoga o cómo me inicié. Me decido por esto último. Quizá sea más liviano de contar y pueda inspirarte para entender que, en las trampas del enemigo, se cae de la forma más tonta. Ignorancia, ¿recuerdas? Pretendo con este relato desenmascarar el patrón que subyace. El enemigo siempre lo utiliza, ya sea en la new age o en la toma de cualquier decisión.

Ten en mente, la ignorancia; hace unas líneas te lo he advertido. Sin olvidar la misión de servicio, querer ser útil y necesitar pertenecer. Ignorancia, soberbia, herida y virtud. Los ingredientes que el enemigo maneja con maestría de trilero.

 A riesgo de ser repetitiva, te recuerdo que el Enemigo aprovecha nuestra debilidad y heridas así como nuestros aspectos más virtuosos.  Dios, de lo malo, hace lo bueno; el enemigo recorre el camino contrario, de lo bueno, lo malo. Y justo en este momento bajísimo y oscuro de mi vida entró, por la puerta de atrás, el yoga. Como un caballo de Troya virtuoso. Cuando me recuperaba de la muerte repentina de mi madre, murió mi hermana menor, con treinta y tres años. El mes de agosto de 2002 fue terrible. En un mes nos dejó, sus tres hijos demasiados pequeños no entendían nada y yo me morí un poco también. Aunque no lo sabía. Sobrellevar tanto dolor, pretender hacerlo solo, trae terribles consecuencias.

 Ante la devastación en general, yo escogí el papel familiar de sostenedora, la que con serenidad aguanta, a pesar de que la procesión iba por dentro. Ese aguantar fue ineficaz, se rompieron todas las costuras y todo se desbordó. Nadie se daba cuenta, tampoco yo. Al mes de morir Mireia, llegó la separación de un matrimonio realmente triste del cual ahora mismo no voy a hablar, pero lo haré. Si la muerte de mi hermana fue dura, no puedes ni imaginar lo que fue la separación. Me quedé sola, aislada, mi familia me abandonó, me dejó a mi suerte. El pueblo entero hablaba del escándalo que iba creciendo conforme el chisme se hacía más grande. Eso te lo cuento, por algo que vendrá más adelante.

Decidí ponerme en pie, recuperar la dignidad que mi familia y la comunidad me arrebató y la busqué en mi profesión. Ni te imaginas lo duro que trabajaba en aquellos tiempos, como abogada. Hacía guardias como si no hubiera un mañana y cuando ante la puerta de la sala de juicios me llamaban «señora letrada», me sentía digna; la toga negra también ayudaba a dar más credibilidad a esa dignidad que buscaba desesperadamente. Como si la dignidad la otorgara la profesión, menuda ingenuidad. La toga, la reputación en los juzgados operaron como un redentor ineficaz. La cuestión es que funcionaba, el enemigo da oxígeno cuando lo estima necesario. Una trampa mortal.

Empezó una nueva etapa. También conseguí un trabajo como profesora en la Escuela de Policía de Catalunya, detalles que compartiré en otro momento. Bien, éste era el escenario en el que me movía como podía. En todo este ajetreo, hacía deporte, iba al gimnasio, cerca de mi despacho en Barcelona. El movimiento me ha salvado de la locura o la depresión en no pocas ocasiones. Llevar mi atención al cuerpo, me permitía enfocarme en el presente y no tanto en mis pensamientos erráticos. La ansiedad y la tristeza se calmaban con el ejercicio. De hecho, es pura ciencia, no es magia.  

Por otro lado, los libros de autoayuda, como puedes suponer, seguían apareciendo como por arte de ensalmo en mi vida. Los devoraba buscando consuelo, rebuscando en el interior de mi psique el fallo, la tara que impedía mi felicidad.

Un viernes de una tarde de septiembre, recuerdo como si fuera ahora, hablábamos las compañeras de despacho sobre la muerte. Los viernes por la tarde son muy distendidos en los despachos de abogados. Yo, tenía cierta experiencia sobre la muerte, por desgracia. Una de ellas me hizo callar, «Ay Lali, que yuyu, dejemos el tema».  Al domingo siguiente, a la hora de la siesta, una llamada de una de las compañeras rompió el letargo: «que raro —pensé— quizá necesita que mañana le haga un juicio o algo…» Ni mucho menos, llorando me comunicó que el marido de la otra compañera acababa de morir repentinamente. Tenía 40 años.

Cogí el coche y como loca, veloz, me planté en su casa. Estaba fuera de sí. No lloraba, aullaba. En uno de los momentos de lucidez me dijo que me necesitaría, y yo sellé mi incondicional ayuda y sostén. Faltaría más. Obviamente quería ayudarla en un momento así, sobre la muerte y duelo, algo sabía. Tere, que hacía tres días le daba yuyu hablar de la muerte, debía lidiar con ella, le diera yuyu o no. Se encontraba sin herramientas. Su fe ni tan siquiera asomó para dar un mínimo de consuelo, con lo que empezó a probar, desesperadamente todo tipo de cosas: reiki, ayurveda, péndulo y finalmente, yoga.

Una tarde llegó radiante al despacho y me dijo: «Lali, me tienes que acompañar, te va a encantar, ya verás que paz». Y Lali, o sea yo, la acompañé, como cabía esperar.

Confieso que el yoga nunca me llamó la atención ni tan siquiera el nombre me parecía atrayente. El gimnasio me daba todo lo que necesitaba y el yoga lo sentía de alguna forma, raro. Era una práctica de personas frikies. No sé porqué, pero me resultaba antipático. Ahí el Espíritu Santo estaba pronto, pero yo preferí ayudar a Tere. A mi manera, no a la de Dios.

Fíjate, el Enemigo escogió uno de mis peores momentos para actuar con total impunidad, y a la vez se valió de algo bueno, mis ganas de ayudar y ser útil. La compasión y el servicio son algo bueno, siempre y cuando estén ordenados a Dios. Sin orden, lo único que ahí había era cierta vanidad o soberbia, enmascarada por un afán de consolar a mi desolada compañera. Y en ese ayudar, el vacuo orgullo, asomaba la patita debajo de la puerta.

Bien hubiera podido ser como el amigo que acompaña al inválido postrado en la camilla, abriendo el techo para que Jesús lo sanara. O, ¿por qué no el amigo del ciego para presentarlo a Jesús para que recobre la vista? Pues no, no fui este tipo de amiga, sino que me desparramé en la camilla, sin saberlo, para hundirnos las dos un poco más. Y me instalé en la ceguera junto a ella. Así actúa el enemigo, de lo bueno, hace lo malo.

 Y ya nos tienes, a Tere y a mí, a la hora de comer, bajando al Raval de Barcelona donde el yogui en cuestión me iba a guiar a la paz y beatitud. Parece mentira las malas decisiones que tomamos cuando no tenemos discernimiento ni la razón en buen estado. El supuesto centro de yoga se encontraba en el típico antiguo Barrio Chino barcelonés. Compartía rellano con una suerte de Pensión Lolita, por llamarlo de alguna forma eufemística. Cutre se queda corto, como palabra. El lugar era sórdido, el yogui, un hombre entrado en sus 60, no era el prototipo que yo ni esperaba y menos imaginaba. Parecía un empleado de banca jubilado, y mal encaminada no iba. Era profesor de autoescuela en chandal.

¿Puedes imaginar el cuadro? Era grotesco. Mi sensibilidad estética que busca la belleza se derrumbó. Hice de tripas corazón y me senté obedientemente, cerré los ojos y me dejé llevar. Lo que estaba en juego era mi amiga, no mi disgusto por el lugar ni por el profe de autoescuela yogui. Parece un meme. A pesar de lo ridículo y cutre, hay que decir que me sentí bien. Tampoco era tan complicado, me gusta el movimiento y la espiritualidad era y es el motor de mi vida. ¿Qué podría salir mal? Pues todo, en realidad. Me inscribí, junto a Tere. Estaba entusiasmada, por doble razón, por ayudar y por haber descubierto una unión sorprendente, cuerpo y espíritu: yoga.

Esta entrega iba de yoga. Pero también te he contado un montón de experiencias vitales, que leyéndolas de nuevo tienen más miga y enjundia de lo que a priori parece. De ahí se derivan no pocas hebras de mi telaraña particular. Y muy relevantes de hecho. Ya lo comprobarás. Ahora me debato si tirar de esos hilos o seguir con la explicación del yoga a la siguiente entrega.

Te dejo con la incógnita porque ni yo misma sé por dónde voy a tirar. De lo que sí podemos estar seguros, tú, querido lector y yo, que de yoga voy a escribir mucho más. De momento, basta meditar con las estrategias del enemigo para hacernos caer sin que nos demos cuenta, ni sospechemos.

¡Qué buena me sentía ayudando! ¡Cuánta paz después de las clases! ¡Bendita conexión con el Universo! A estas alturas, ya sabemos qué es este Universo, ¿no?
 
Continuaré relatando el demente tejido que en cada entrega se volverá más y más caótico. ¡Que Dios nos asista!

Eulàlia Casas
, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau


divendres, 13 de febrer del 2026

De Babilonia a Roma (XVI): Los libros de autoayuda y la dictadura de la felicidad


 

De Babilonia a Roma (XVI): Los libros de autoayuda y la dictadura de la felicidad


Al conseguir que creas que contigo te bastas y sobras y que no necesitas salvación, te hace sentir un falso poderío que te embauca con una falaz suerte de superpoder que no es más que tu triste ego intentando salir de la jaula



¿Te acuerdas del fruto que colgaba del árbol en el Edén? A Eva le pareció muy bueno y, claro, ante lo apetecible, uno no razona; actúa movido por cualquier impulso, menos por la razón sosegada y ponderada. Ante lo apetecible y agradable, la prudencia se difumina hasta desaparecer. La promesa de un atisbo de paraíso terrenal en formato placer a corto plazo es una tentación irresistible. Ese merecimiento que bautiza toda tentación. «Tus deseos son órdenes», nos susurra la serpiente. Y lo que se nos escapa es que el deseo lo inoculó ella. Veneno.

Pues eso es lo que pasa con este tipo de literatura, que no sin un poco de vergüenza confieso haber devorado, como quien se hincha a comer donuts. Son buenos, pero lejos de nutrir, destruyen y arrasan con la salud. Después de la literatura gnóstica y cristiana heterodoxa, apareció este tipo de literatura: la autoayuda.

En la Nueva Era todo se mezcla en un pomposo y arrogante sincretismo, como si de un buffet libre se tratara. Cada cual mete en su ensalada aquello que le parece más apetitoso; todo está permitido. ¿Te has fijado en los buffets de los hoteles? Veo con horror platos que rebosan comida imposible: langostinos, un filete, huevos rellenos, patatas fritas, paella, torreznos de Soria, sushi aderezado con salsa rosa, teriyaki y alioli. Vomitivo solo verlo. Indigesto. No se me ocurre una imagen más elocuente para el sincretismo nuevaerístico. No fue difícil encontrar en las estanterías de las librerías, junto a un evangelio apócrifo, El Curso de Milagros o Tus zonas erróneas de Dyer. Apetitosas. La enésima zanahoria que me iba a sacar del hoyo. La Nueva Era es mesiánica, no lo olvidemos. Las promesas falaces de un reino que se aleja conforme avanzamos. Lo dramático es que, de seguir caminando la ancha senda, hasta el verdadero paraíso cerrará sus puertas ante nuestra obstinación en el error. Éste es el verdadero drama.

Mira el fruto colgado del árbol y juzga tú si es o no apetecible: «El poder está dentro de ti… Eres más fuerte de lo que crees… Persigue tus sueños… La felicidad no es el destino, es el camino… Sonríe y la vida te sonreirá… Sé la mejor versión de ti mismo… La vida es un regalo, disfrútala al máximo… No hay fracaso, sólo experiencia… Todo lo que necesitas está dentro de ti…». ¿Te dan, o no, ganas de hincar el diente a tan suculento fruto? «Cómeme, cómeme», parece que susurran.

¿Quién no quiere sentir el poder en su interior? ¿O que la vida le sonría? ¿O ser la mejor versión de sí mismo? ¿Quién no quiere ser excelente? Y sí, me lo zampé entero. Por un lado, mi sufrimiento no encontraba consuelo. Por otro, mi lastimada mirada hacia mí misma, la inadecuación de mi ser, teñía cada espacio. Y por otro, la necesidad de ser mejor, no sólo eso, excelente. La indigestión, profecía que sí se iba a cumplir en mí, con el andar del tiempo, claro. Hasta que Jesús no sólo me ayudó, sino que me salvó. Él, no yo.

Una nueva zanahoria delante de mis morros que, conforme avanzaba como buena discípula en todas las recomendaciones, instrucciones y protocolos de los libros, paradójicamente se alejaba, con consecuencias desastrosas. Culpa y frustración a cada intento fallido. Me seguía sintiendo miserable, el dolor no desaparecía, la inadecuación crecía; en fin, nada mejoraba, salvo la culpa de no hacerlo bien, ¡con lo claras y concisas que son las consignas de estos libros! Te garantizan el resultado. ¿Cómo es posible que no funcionaran en mí? La demolición de la escasa autoestima. La culpa y frustración por ser tan lerda de no experimentar el gozo, poder y excelencia que los libros prometían. Los libros salvíficos y mesiánicos. Libros testimoniales, donde el hagiógrafo del enemigo relata su antes y después. Testimonio vivo del poder de su palabra. ¿Por qué le funcionaba al autor del libro y a mí no? Misterios…

Vamos por pasos. Recuerda: el Enemigo quiere que creas que eres como Juan Palomo, el de yo me lo guiso, yo me lo como. Es decir, tú te autoayudas, y donde hay un tú, hay un yo. La vida según «San Yo» es lo que quiere el Enemigo: que te sientas con el poder suficiente para ayudarte, que no salvarte. ¿Te acuerdas? Salvarse es de pringados, y salvarse requiere un a priori de humildad, un sentido de la contingencia y adhesión a Dios. ¡Non serviam! El Enemigo quiere que lo sirvas a él solo, que vayas caminito a la condenación, como la jaca a Jerez, cortando el aire; cuanto más veloz, mejor. Al conseguir que creas que contigo te bastas y sobras y que no necesitas salvación, te hace sentir un falso poderío que te embauca con una falaz suerte de superpoder que no es más que tu triste ego intentando salir de la jaula, de la que no tiene las llaves. Es más ridículo si cabe: la jaula tiene la puerta abierta. Jesús la mantiene abierta, gratuitamente, sin condiciones. La soberbia impide que la veas.

Los libros de autoayuda son mesiánicos; en ellos se contiene la salvación futura y el conocimiento que desata tu verdadero yo. Te permiten encender la chispa divina que mora en tu interior, activar tu divinidad interna, eliminar el dolor, erradicar el sufrimiento, que no es más que una muestra elocuente de tu escasa espiritualidad. Te prometen la excelencia como por arte de ensalmo. Sufrir es tan de pringados como necesitar salvación. ¡Manda narices! El mismísimo libro mesiánico que se arroga la misión salvífica te dice que no necesitas salvación, que tú puedes solo. Jesús, si por alguna extraña razón aparece —porque hay literatura de autoayuda muy espiritual—, no es más que un maestro ascendido que comparte panteón con Buda, Lao Tse, Confucio o la Pachamama. La ensalada de la que te hablé.

El tema de la culpa merece mención aparte. El Enemigo te quiere hacer creer que la culpa es una anomalía, y en realidad lo es. ¿Cuál es el tema aquí? Él pretende que no sientas la punzada de dolor en la conciencia de lo que está objetivamente mal. Te quiere flotando en el universo del relativismo, en el que no hay ni bien ni mal, de manera que todo está permitido: tú decides. Si sufres, es que no lo estás haciendo bien; eres mal alumno; te debes esforzar más, pulir tu ego hasta deconstruirlo. O dicho claramente, que pierdas la conciencia del mal. Simple y llanamente. Esto es perverso, porque el alma, que solo pertenece a Dios, por más atrapada e indigesta que esté con tanto fruto podrido, sigue sintiendo, y aparece la culpa: «Algo no hago bien, todavía vibro bajo, no soy suficientemente espiritual, no soy feliz…» Pero ésta es la culpa en la que te quiere sumido el Enemigo, el acusador, el que día y noche te recuerda lo malo y chungo que eres. ¿Se ve la perversión? El Enemigo te quiere en su dictadura de la «felicidad», la que promete como salvación todo libro de autoayuda.

Y claro, te preguntarás: ¿qué tiene de malo la felicidad? Nada, si está ordenada a Dios. ¿Te acuerdas? Todo radica en el orden o el desorden. La felicidad de Dios no es la del mundo, ni mucho menos. Es más, el mundo ni reconoce ni aprecia la felicidad de Dios. El mundo y Dios son antagonistas, desde el non serviam, no por maniqueísmo, sino por soberbia del Enemigo.

Junto a la dictadura de la felicidad está la brújula del corazón: «sigue a tu corazón, haz lo que el corazón te diga…» Sólo hay que recordar qué dice Jesús acerca de eso. A quien hay que seguir es a Dios, no al corazón. Pero claro, en la Nueva Era eso de Dios es complicado de identificar. ¿Cómo se sigue a una masa de energía y luz informe llamada Universo? ¿Cómo encender una latente chispa divina en el interior? ¿Dónde y quién tiene las cerillas? Sólo un Dios personal, con el que me puedo relacionar; un Dios que me ha creado a su imagen y semejanza y cuida de mí como una madre cuida a su hijo; un Dios que, por si no fuera suficiente, se ha hecho hombre y me muestra de forma muy concreta, no abstracta, cuál es el camino, la verdad y la vida. La puerta estrecha que me libera de la jaula dorada.

«Si esto te hace feliz, es lo que importa», me decía la gente bien intencionada cuando se enteraban de que había bajado la persiana de mi centro para siempre. «Eso hace feliz a Dios», contestaba yo; y, por las caras, sé que no entendían. El gozo de Dios es desbordante cuando lo escogemos a Él. Júbilo por un alma salvada es una fiesta en el cielo.

Me estuve «auto ayudando» durante casi una década. No encontré el poder dentro de mí, ni la chispa se encendió, ni vibré más alto, ni fluí ligera en mi experiencia terrenal, ni nada de nada. Y sí, confieso que en estos libros hay pequeñas verdades, pautas, patrones que son realmente sólidos. Pero quedan del todo invalidados al mezclarse con la mentira. Uno no puede estar con un pie en la verdad y el otro en la mentira. No por mucho tiempo. O con Dios o contra Él. Así nos anunció Jesús. La tibieza produce el vómito de Dios.

No fueron los libros de autoayuda ni su tiránica felicidad ni la brújula estropeada de mi maltrecho corazón. No. Fue Jesús mismo quien me tiró de los pelos para sacarme del fango. Cuando impartía una clase de yoga, precisamente. Pero eso ya llegará. A su debido tiempo.

Eulàlia Casas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau


dijous, 12 de febrer del 2026

Santa Eulalia de Barcelona: símbolo de martirio, espejo de la tradición


 

Santa Eulalia de Barcelona: símbolo de martirio, espejo de la tradición


No es sólo una mártir antigua, sino un modelo perenne de coherencia entre fe y vida pública para nuestros días



Hoy, 12 de febrero, la Iglesia celebra la fiesta de Santa Eulàlia de Barcelona (siglos III-IV), una joven cristiana de Barcelona de 13 años de edad que, durante la persecución del emperador Diocleciano, se negó a renunciar a la fe. Tras ser sometida a crueles tormentos de los que milagrosamente salía indemne (fue expuesta desnuda a la intemperie, torturada con garfios,  quemada, etc.), murió mártir. Su cuerpo fue sepultado en las Arenas de Barcelona (donde posteriormente se construiría la iglesia de Santa María de las Arenas, actual basílica de Santa María del Mar) y trasladado en el siglo IX a la Catedral paleocristiana de Barcelona, hoy integrada en la actual Catedral gótica.

Santa Eulalia se erige como un símbolo poderoso y arquetípico. Su martirio constituye la defensa inquebrantable de la tradición católica frente a un poder estatal pagano y opresor, un ejemplo del que los carlistas podemos aprender. En efecto, la joven mártir encarna la resistencia civil y religiosa contra un orden anticristiano. Su martirio afirma la primacía de la fe frente al absolutismo del Estado. Ella encarna el derecho —y el deber— a no observar la ley civil cuando ésta exige traicionar los mandatos de la ley moral y divina. Su fortaleza ante el tormento evidencia la virtud de la fortaleza como testimonio público indispensable para la transformación cristiana de la sociedad. Este testimonio subraya que la fe tiene una dimensión pública y comunitaria, y que los cristianos están llamados a ser levadura en el mundo, incluso en contextos hostiles.

Además, al ser una santa profundamente local pero de culto universal, Eulalia refuerza el principio tradicional hispánico de la unidad católica, respetuosa con las identidades forales y regionales (como Cataluña), pero unida bajo una misma fe y un mismo trono legítimo. Se ilustra así la complementariedad entre lo local y lo universal: es una santa arraigada en Barcelona, pero su mensaje trasciende fronteras. Esto refleja el principio de subsidiaridad, que valora y fortalece las identidades particulares dentro de la unidad del cuerpo social, siempre ordenado al bien común.

Para ilustrar estos puntos, ofrecemos un fragmento de la narración de Fábrega Grau, basado en la «Passio Sancte Eulaliae», que recoge el diálogo en el que la joven santa increpa al pretor Daciano por perseguir a los cristianos:

—Juez inicuo —dijo Eulalia—, ¿de esta manera tan soberbia te atreves a sentarte para juzgar a los cristianos? ¿Es que no temes al Dios altísimo y verdadero que está por encima de todos tus emperadores y de ti mismo, el cual ha ordenado que todos los hombres que Él, con su poder, creó a imagen y semejanza, le adoren y sirvan a Él solamente? Ya sé que tú por obra del demonio tienes en tus manos el poder de la vida y de la muerte; pero eso poco importa.

Daciano, pasmado ante aquella intrepidez, mirándola fijamente le respondió desconcertado:

—Y —dijo Daciano—, ¿quién eres tú que de una manera tan temeraria te has atrevido, no sólo a presentarte espontáneamente ante el tribunal, sino que, además, engreída con una arrogancia inaudita, osas echar en cara del juez estas cosas contrarias a las decisiones imperiales?

Mas ella, con mayor firmeza de ánimo, y levantando la voz, dijo:

—Yo soy Eulalia, sierva de mi Señor Jesucristo, que es el Rey de los reyes y el Señor de los que dominan: por esto, porque tengo puesta en Él toda mi confianza, no dudé siquiera un momento en ir voluntariamente y sin demora a reprochar tu necia conducta, al posponer el verdadero Dios, a quien todo pertenece, cielos y tierra, mar e infiernos y cuanto hay en ellos, al diablo; y lo que es peor, que quieres obligar a hacer lo mismo a aquellos hombres que adoran al Dios verdadero y esperan conseguir así la vida eterna. Tú les obligas inicuamente, bajo la amenaza de muchos tormentos, a sacrificar a unos dioses que jamás existieron, que son el mismo demonio, con el cual todos vosotros que le adoráis, vais a arder otro día en el fuego eterno.


Invitamos a leer dos textos más, ya publicados en La Esperanza en años anteriores:

Un fragmento de la «Passio Sancte Eulaliae», en versión de Mn. Jaume Armengol, publicado el 2025 con motivo del día de su festividad.

Y la crónica extensa de la «ruta de Santa Eulalia de Barcelona», publicada el 2024 y correspondiente a la visita guiada por la ciudad romana y medieval siguiendo los pasos de la patrona de la ciudad con motivo del día de su festividad, organizada por el Círculo Tradicionalista de Barcelona aquel año.

Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau

 

 


 




dimecres, 11 de febrer del 2026

Huelga de profesores en Cataluña por mejoras salariales, reducción de ratios y estabilidad laboral


 

Huelga de profesores en Cataluña por mejoras salariales, reducción de ratios y estabilidad laboral



Resulta preocupante que la protesta no cuestione el marco ideológico de la actual ley educativa



Barcelona (Agencia FARO).— Hoy, 11 de febrero, fiesta de las Apariciones de Nuestra Señora de Lourdes, los docentes de los centros educativos públicos de Cataluña están secundando una huelga general de profesorado, convocada por las principales organizaciones sindicales del sector ante lo que califican de falta de avances significativos en las negociaciones con la Conselleria d’Educació de la Generalitat.

La protesta, que afecta a escuelas infantiles, centros de primaria y secundaria de todo el Principado, se produce después de varias semanas de movilizaciones y una manifestación unitaria en Barcelona el pasado 24 de enero, en la que miles de docentes reclamaron mejoras salariales y condiciones laborales más dignas.

Reivindicaciones de los convocantes


Los sindicatos que han impulsado la huelga —entre ellos USTEC·STEs, Aspepc·Sps, CC.OO., UGT y CGT— detallan varias demandas centrales:

  • Mejoras salariales para el profesorado, entre ellas el restablecimiento de una cláusula que actualice los salarios en función de la inflación y un incremento de los complementos retributivos, que según los sindicatos compensaría la pérdida de poder adquisitivo acumulada en los últimos años.   
  • Reducción de las ratios de alumnado por aula, consideradas actualmente «insostenibles» por parte de los docentes, que señalan que afectan negativamente tanto a la calidad educativa como a la carga de trabajo.
  • Aumento de plantillas para garantizar una atención adecuada al alumnado y disminuir la precariedad y la sobrecarga de labores no docentes.
  • Menos burocracia y trámites administrativos, que, según los sindicatos, desvían tiempo y recursos de la labor educativa.


Durante la jornada hay convocadas cinco manifestaciones. Una partirá de los Jardinets de Gràcia a las 12.20. A las 11.30 se convoca a los docentes de Tarragona en la Plaça Imperial Tarraco, a las 12 en el Pont del Dimoni de Girona, a las 12.30 en la Plaça Barcelona de Tortosa y a las 18 horas en la Plaça Ricard Vinyes de Lleida.

En defensa de la escuela catalana según la Tradición


Estas reivindicaciones del profesorado en Cataluña —salarios dignos, reducción de ratios y estabilidad laboral— son justas y merecen respaldo. La Tradición política catalana, profundamente municipalista y social, siempre reconoció la función del maestro como pilar del país real, no como simple ejecutor de consignas administrativas.

Pero resulta preocupante que la protesta no cuestione el marco ideológico de la actual ley educativa, impuesta desde instancias políticas y técnicas alejadas de la realidad de los centros. Ninguna mejora material corregirá un sistema que ha roto con la tradición pedagógica catalana, basada en la transmisión del saber, el esfuerzo, la autoridad del docente y el arraigo comunitario.

La llamada «inclusión» responde a una homogeneización forzada que rebaja niveles, desdibuja responsabilidades y vacía de contenido la enseñanza. En nombre de una igualdad abstracta, se debilita la cultura del mérito y se sacrifica la excelencia, perjudicando especialmente a los alumnos de entornos populares.

Igualmente errónea es la obligatoriedad de la escolarización prolongada en adolescentes, que impide a muchos jóvenes catalanes incorporarse tempranamente al aprendizaje de oficios, rompiendo la continuidad histórica entre familia, taller, municipio y gremio. Cataluña fue tierra de menestrales, artesanos y aprendices, donde el saber práctico y el saber intelectual convivían sin desprecio mutuo.

El actual sistema contribuye además al desmantelamiento del conocimiento: menos contenidos, menos memoria, menos exigencia. La escuela deja de ser espacio de transmisión cultural para convertirse en aparato de reeducación ideológica, desconectado de la lengua, la historia y las formas de vida del país real.

Frente a este modelo, es imprescindible una dignificación plena de la Formación Profesional, entendida como vía noble y central de formación humana y social. La FP responde al principio de subsidiariedad, fortalece los cuerpos intermedios y recupera la dignidad del trabajo bien hecho, tan propia de la tradición catalana.

Sin una revisión doctrinal profunda —sin volver a una escuela arraigada en la Tradición, en el municipio y en los cuerpos intermedios—, las huelgas docentes quedarán en meras reivindicaciones salariales. Y un país que olvida cómo educa, acaba olvidando quién es.

Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau





dimarts, 10 de febrer del 2026

La hora de la magnanimidad - Sobre el anuncio de consagraciones episcopales de la FSSPX en 2026

Consagraciones episcopales en Ecône, 1988.


 

La hora de la magnanimidad

 

Gobernar no es tolerar indefinidamente una anomalía ni limitarse a condenarla cada vez que reaparece, sino remover la causa que la hace plausible.


El anuncio de nuevas ordenaciones episcopales por parte de la Fraternidad San Pío X ha reactivado, una vez más, el reflejo condicionado: hablar de desobediencia, de desafío a la autoridad, de un problema que habría que sofocar. Sin embargo, convendría hacerse una pregunta más incómoda: ¿por qué, después de más de treinta años, seguimos exactamente en el mismo punto?

La doctrina común y el derecho de la Iglesia reconocen el estado de necesidad. No se trata de una invención moderna ni de una coartada para espíritus indóciles, sino del reconocimiento de que puede llegar un momento en que los medios ordinarios de gobierno dejan de proteger de modo suficiente bienes espirituales esenciales. Conviene recordar esta obviedad antes de despachar el problema con fórmulas automáticas que, a fuerza de repetirse, ya no explican nada.

La situación que ha conducido a este nuevo anuncio no nace de un capricho reciente. Es el resultado de décadas de ambigüedad doctrinal, de reformas litúrgicas incesantes que han roto de hecho la continuidad del uso recibido, y de una inestabilidad disciplinar que hace difícil confiar en la palabra de la autoridad cuando lo concedido hoy puede ser revocado mañana. No se trata de negar la validez del magisterio ni de la liturgia reformada, sino de admitir honestamente que ambos han sido gestionados de tal modo que han generado una confusión objetiva y persistente, suficiente para que la postura de la SSPX no pueda ser despachada como infundada, caprichosa o carente de base jurídica y moral.

En este contexto, puede discutirse —y debe hacerse— si la reacción de la SSPX ha sido la más prudente o la más adecuada en sus formas concretas. Pero lo que ya no resulta razonable es fingir que se trata de una excentricidad gratuita, surgida en el vacío y sin fundamento alguno. Pero, cuando una excepción se prolonga durante treinta años, puede que el problema ya no sea sólo la excepción sino que no hay voluntad en quien debe remover sus causas.

Llegados aquí, la responsabilidad recae principalmente en la autoridad. Gobernar no es tolerar indefinidamente una anomalía ni limitarse a condenarla cada vez que reaparece, sino remover la causa que la hace plausible. Permitir las ordenaciones —o proponer una solución equivalente, estable y no revocable— no sería una capitulación ni un premio a la desobediencia, sino un acto de gobierno magnánimo.

La cuestión, por tanto, no es si habrá nuevas ordenaciones. Eso, a estas alturas, es casi un dato. La cuestión es si la Iglesia aprovechará este momento para actuar con verdadera magnanimidad.

¿Estará la Iglesia preparada, o tendremos que esperar treinta años más?

Lo sentenciós, Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau

 

Peregrinación de la FSSPX a Roma, agosto de 2025.

 

dilluns, 9 de febrer del 2026

Records de l’avi, estones a pagès



Records de l’avi, estones a pagès


«Fonedissos com els pensaments que no es pronuncien»


En una estona de repòs a l'ombra de la parra, asseguts cadascun en una soca escapçada, la dolça mossada d’una nespra madura. L’estiu. L’avi, enllà, a les feixes, el cruixit de la terra esberlada a cop de tràmec; i l’àvia, enfront, a l’era, que sosté de cap per avall, espaordit, un conill de color de plom.

···

Nosaltres, d’esquitllentes, coberts de silenci, ens endinsem al garatge. La fosca del cobert, l’olor de garrofes; de pressa, ajusto la porta, dansen, damunt nostre, els forcs d’all i les tires de ceba. A tentines, amb l’escassa llum del món que s’aprima dessota la porta, entre volves de palla, escorcollem el cofre de les eines, el llustre de la destral, l’aixada amb rivet de fang. El cobert de les gallines, la fusta corcada i l’olor de ploma vella, un lloc on les hores s’hi amaguen, com ous entre farcells de palla.  

La bassa bruta, d’aigua abandonada pels núvols; els capgrossos que hi suren com les noies joves a la mar, i que es fan fonedissos com els pensaments que no es pronuncien. L’aigua humiteja la terra, fa riure les flors. L’estona lenta de passeig, les converses rogalloses dels vells; la tebior i l’ombra del vespre, el somrís amable de la nit.

···

La primera claror apunta sobre l’estesa del camp, les mans assarmentades de l’àvia espremen les taronges; a la cambra de bany, els petons del cosmètic, la fragància del perfum. L’hivern. L’avi es cobreix d’abrigalls, una exhalació profunda que fumeja, la gebror que dorm sobre els herbeis.

Tintures de vespre, cel roent. L’àvia s’amoïna. Una sotragada estrident recorre el pany de tres punts, que grinyola en un crit de rovell. El món conté la respiració, un silenci rigorós, a punt de trencar-se en un clam desesperat. La veu de la vella, tremorosa —feu-se tard, l’avi no torna. Una corrent violenta d’aire irromp, la porta espetega; nosaltres quedem allí, sobre la fredor de les lloses, abocats a les vidrieres, amatents, escorcollant la immensitat de l’espai.

Els reclams de l’àvia, carregats d’angoixa, es fan llunyans; els vidres perden nitidesa, es carreguen de boira, la claror s’apaga i comença a fer fred. La melodia del telèfon distreu la seva atenció, ella em mira —truquen els pares—, però jo rebutjo amb la mirada, aguardem la tornada de l’àvia. Ella, espantada, tornada a abocar l’esguard sobre el bosc —hi veig ningú.

Se sent trontollar la clau dins del pany, tombar el pom i, segons després, el refregar a terra de la porta principal; m’alço, ella emperò, l’ordre abans rebuda, es mou gens de puesto. L’avi sembla que sosté el costat sobre l’àvia; a la butaca de braços, a tocar del braser i del crepitar violent de les flames abrandades, el cos moribund, la santa figura, de l’avi estimbat.

···

La carícia del vent que s'escorre entre els pàmpols, la flaira humida de la terra oberta, el llustre de la navalla, una convulsió agònica, degotalls de sang, i la mort. Ella que amaga la vista i, ambdós, sense dir-nos un mot, decidim d’anar-nos-en, bo i sentint, d'esquena, com s’estripa la pell del conill.


Dr. Pere Pau, Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau

«Els camps tenen el nom que els donaren els vells.»
Josep Pla