dimecres, 4 de febrer del 2026

Diario inédito de Agustí Prió (VII): Designado expendedor de la Bula de la Santa Cruzada

Carlistas catalanes en la «Guerra dels Matiners» o Segunda Guerra Carlista

 

Diario inédito de Agustí Prió (VII): Designado expendedor de la Bula de la Santa Cruzada


Las contradicciones del Concordato de 1851 entre la Santa Sede y el régimen liberal español


No todos los tesoros se hallan en cofres de plata ni en archivos polvorientos de palacio. A veces, un simple legajo olvidado en un cajón de una vieja biblioteca de un carlista basta para iluminar un tiempo entero. Así ha sucedido con el reciente descubrimiento, en el archivo familiar, de los documentos de nombramiento de mi antepasado Agustí Prió, vecino de Àger (la Noguera, diócesis de Urgell), como expendedor de la Bula de la Santa Cruzada en los días inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Carlista, o Guerra dels Matiners.



Este hallazgo, humilde en apariencia, nos abre una ventana privilegiada para contemplar cómo se tejió la postguerra tras aquella contienda fratricida que desgarró Cataluña y otras provincias fieles al Rey legítimo. Y es a partir de estos papeles —firmados, sellados y rubricados con la solemnidad de la época— que nace el presente artículo.


Porque en aquellos años turbulentos, cuando aún resonaban los ecos de los trabucos en las montañas y las familias lloraban a sus muertos, la Iglesia y el Estado no eran mundos separados, ni tampoco unidos o confundidos, sino distintos: dos columnas que sostenían el edificio social y tenían un mismo fin trascendente, la salvación de las almas. La Bula de la Santa Cruzada, que muchos hoy juzgarían como un simple instrumento piadoso, era en realidad una pieza clave en la reconstrucción del orden espiritual y político.


Los documentos de Agustí Prió nos muestran cómo, tras la guerra, la Santa Sede y el Estado liberal —enemigos en tantos frentes— buscaron un entendimiento práctico. El Concordato de 1851 dio forma legal a esta nueva «convivencia», permitiendo reactivar instituciones como la Bula, que concedía indulgencias a cambio de limosnas y servía para financiar obras de la Iglesia y sostener la vida parroquial en tiempos de escasez.


Pero lo más revelador del nombramiento de Agustí Prió no es sólo su función recaudadora. La estrategia era más profunda: el Estado liberal, necesitado de pacificar los territorios que habían sostenido la causa carlista, buscó integrar a muchas de sus élites locales ofreciéndoles cargos, honores y responsabilidades. La Iglesia, con su autoridad moral y su arraigo en cada pueblo, actuó como puente en esta reconciliación.


Sin embargo, los registros también muestran que no todo fue armonía. En los años inmediatamente posteriores al nombramiento de Prió, la recaudación de la Bula sufrió una caída brusca y repentina. ¿Qué la causó? 


El carlismo fue muy crítico con el Concordato de 1851. En el Periódico La Esperanza, en un editorial titulado «El Concordato» publicado el martes 9 de septiembre de 1851 (Núm. 229, página 1 - columna 1), pocos días después de conocerse la firma del Acuerdo, leemos:

«Nosotros, que no vemos en el Concordato sino la consagración de todas nuestras desgracias, la sanción de la usurpación más inicua, y la sentencia de muerte de la monarquía católica española, no podemos celebrar lo que es para nosotros motivo de llanto y de duelo... El gobierno de la reina ha conseguido que Roma le dé un título que no tenía: el de gobierno católico; pero este título, adquirido a trueque de condescendencias que hieren el dogma, no hará más que cubrirle de ridículo ante la Europa verdaderamente católica.»


Esta cita condensa perfectamente la posición carlista: reconocimiento del Concordato como hecho consumado por la Santa Sede, pero rechazo absoluto de su legitimidad política y denuncia de que «sanctiona la usurpación».


También Melchor Ferrer, en su Historia del Tradicionalismo Español (Tomo XXVII, páginas 88-89, Ediciones Trajano, Sevilla, 1959), nos indica:

«Los carlistas, fieles a su doctrina, consideraron el Concordato como un mal gravísimo, pues equivalía a un reconocimiento tácito de la legitimidad del régimen liberal... Aunque respetando la autoridad del Romano Pontífice, no podían admitir que los principios revolucionarios quedasen amparados con un pacto que parecía darles carta de naturaleza católica... La desamortización, sacrilegio según la doctrina de la Iglesia, aparecía con el Concordato como hecho consumado y apenas remediado».


Así, gracias al hallazgo de estos papeles antiguos de Agustín Prió —tan modestos como reveladores— podemos comprender mejor cómo fue la postguerra carlista en la España de mediados del siglo XIX: con fe, con política, con dinero, y también con contradicciones. Y cómo, en medio de todo ello, hombres como Agustí Prio i Carme se convirtieron en engranajes discretos pero esenciales.


Francesc Sánchez i Parés
, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

 


 

dimarts, 3 de febrer del 2026

Crónica de la jornada sobre poesía religiosa en Barcelona, con Andrés García-Carro

Andrés García-Carro de la Colina

 

Crónica de la jornada sobre poesía religiosa en Barcelona, con Andrés García-Carro


«Muchas veces, la poesía explica mejor que la teología los misterios de la Fe»



Un sacerdote carlista, amigo nuestro, le comentó hace años al poeta Andrés García-Carro, correligionario y amigo, que «muchas veces, la poesía explica mejor que la teología los misterios de la Fe». Excelente reflexión que al poeta se le quedó marcada a hierro en su memoria e influyó en su obra poética.

Nacido en La Coruña, fue durante su larga residencia en Bruselas que García-Carro descubrió, a los cuarenta y cuatro años de edad, la Misa tradicional y la Tradición. Este descubrimiento transformó, al igual que su vida, su forma de escribir poesía; empezó a cultivar la temática religiosa, de producción cada vez más profusa hasta alcanzar la cifra de ciento cincuenta poemas religiosos. Estos poemas son los que ahora ha recogido en su nuevo libro, titulado Poesía religiosa, que, como los ciento cincuenta Avemarías del Rosario, hacen profesión de fe católica con sencillez, hondura y claridad.


 

Andrés García-Carro de la Colina reside en Palma de Mallorca desde 2017. Viste la elegancia como una segunda piel. Es un místico del buen vino, y en su copa funde lo sagrado con lo profano, de la forma radiante y profunda que sólo la luz del Mediterráneo es capaz de alumbrar. Su elegancia es de estilo carlista por naturaleza: su bisabuelo fue coronel del Rey Carlos VII, el caballero don Francisco de la Colina y de la Mora.

Así, vestido con su júbilo natural y cargado con el maletín rebosante de Poesía religiosa, aterrizó en Barcelona, procedente de Mallorca, nuestro seductor de rimas. Era domingo, 25 de enero, III domingo después de Epifanía y festividad de la Conversión de San Pablo.

Después de la Misa de once de la mañana, reunió a un buen grupo de correligionarios y amigos en un establecimiento de la calle Vallespir, de Barcelona. Explicó la génesis de su poemario y recitó tres poemas que en él se incluyen: La Virgen María al pie de la cruz, Cristo Rey, y Monseñor Lefebvre. El público pidió propina y García-Carro recitó más poemas: uno dedicado a la Conversión de San Pablo, festividad litúrgica del día, y otros dos dedicados a sacerdotes amigos.

Era un recital tan ameno y vivo, que continuó en un restaurante de la Plaza de Huesca, en el barrio de Sants, con un almuerzo como excusa. El autor se aplicó con esmero y cariño en dedicar cada uno de los ejemplares vendidos. Una de las asistentes, mejicana, volaría de vuelta a México la semana siguiente con la Poesía religiosa entre sus manos y la promesa de difundirla por Nueva España. Otro, comenzaba una nueva vida en Madrid como profesor de secundaria y el autor le dedicó su poemario para que llegara «a ser un nuevo San Juan Bosco en el ejercicio de la docencia». Otro, que celebraba aquel día su onomástica, escuchó de labios del autor un poema dedicado a la conversión de su santo patrón. Otro, hijo de un requeté del Tercio de Montserrat. Otra, confesó el agrado de su hija adolescente por sus poemas, lo cual no sorprendió a nuestro autor quien ya sabe que sus poemas enganchan más que los «reels»...

El momento rebosó de tal solaz y regocijo, tan embebido (que no bebido) se encontraba nuestro autor, que olvidó la hora de su vuelo de regreso a Mallorca. Consiguió un nuevo billete nocturno y pudo volver así a su isla a medianoche, con la maleta vacía de ejemplares de su libro y el pecho convertido en un altar humeante, donde el incienso de su gratitud subía en espiral hacia lo alto.




A continuación, se transcriben los tres poemas que el autor recitó al inicio de la sesión:



LA VIRGEN MARÍA AL PIE DE LA CRUZ

María al pie de la cruz
con ojos sufrientes mira
a su amado hijo Jesús
que se desangra ahí arriba.
Una espada de dolor
el alma le ha traspasado
como el viejo Simeón
tiempo atrás le había anunciado.
Porque es madre llora y llora,
pero aguanta su dolor
porque sabe que es la hora
en que Cristo Redentor
la quiere Corredentora.
Acompañándola están
María la Magdalena
y María de Cleofás
y sólo de la docena
el dilecto apóstol Juan.
Jesús muriente en la cruz
a Ella y a él se dirige
y son para todos luz
las palabras que les dice:
«Mujer, he ahí a tu hijo.
Hijo, he ahí a tu Madre».


CRISTO REY

Para que Cristo reine
en nuestras naciones
primero debe reinar
en nuestros corazones.
Abrámosle pues nuestras puertas
de par en par,
dejemos que se haga
en nosotros su voluntad.
Abrámosle las puertas
de nuestro hogar,
pongámoslo en el centro
de nuestra vida familiar.
Con honores recordemos
a los mártires que su sangre
derramaron por Él
gritando en su martirio
«¡Viva Cristo Rey!»
y que sea cada gota
de esa sangre derramada
semilla de la que brota
renovada nuestra Fe.
Cerremos por el contrario
nuestras puertas a cal y canto
a los hijos de Lucifer
que niegan o dan de lado
a Quien vino para ser Rey
y abrámonos camino
por la senda del bien
guiados por el divino
faro de su Ley.
¡Adelante, hermanos!
Valerosos soldados seamos
de Cristo Nuestro Rey,
sabiendo que si luchamos
con gallardía y con fe
la victoria tarde o temprano
Él nos habrá de obtener.


MONSEÑOR LEFEBVRE

¿Quién como santo varón
y como mártir incruento
ante Roma se inmoló
para que la Santa Misa
tridentina hoy se celebre?
Monseñor Lefebvre.

¿Quién con férrea oposición
al modernismo irredento
heroicamente evitó
que la correcta doctrina
de nuestra Iglesia se quiebre?
Monseñor Lefebvre.

¿Quién sin cejar defendió
en nuestro lóbrego tiempo
la reyecía de Aquél
que Rey de reyes nació
en Belén en un pesebre?
Monseñor Lefebvre.

Los fieles de todo el orbe
lo loen y lo celebren
a este egregio campeón
de la Fe y la Tradición
que se empeñó en transmitir
aquello que recibió.

Andrés García-Carro en la Abadía de Montserrat, durante el acto carlista del 29 de enero de 2022.


Y, como inesperado bis, el autor nos envía el siguiente poema a modo de autocrónica de su propia presentación barcelonesa:

POESÍA RELIGIOSA EN BARCELONA

Ayer en Barcelona presenté
mi «Poesía religiosa» en un Café
de la calle Vallespir
justo después de salir
de misa en nuestra capilla
de la Fraternidad.
Me acompañó una buena cuadrilla
de amigos y correligionarios,
a los cuales les expliqué
la génesis de mi poemario
y tres poemas les recité
—«La Virgen María al pie de la cruz»,
«Cristo Rey» y «Monseñor Lefebvre»—,
a los que dos más agregué,
accediendo a su pedido,
mientras tomábamos el aperitivo.
Amables y generosos,
me compraron todos el libro,
que muy agradecido les dediqué
hasta que el maletín en el que llevaba
los ejemplares vacié.
«Cuando me muera —les dije—
recordadme por este libro».
Después unos cuantos nos fuimos
a comer a un restaurante
y fue tan reconfortante
la conversación que allí tuvimos
que el tiempo voló y mi vuelo
de vuelta a Palma lo perdí,
pero ésta ya es otra historia.

—Andrés García-Carro


Pueden adquirir ejemplares del libro en la librería de El Corte Inglés. Para envíos a Hispanoamérica, pueden acceder a la plataforma BuscaLibre. O, en cualquier caso, pueden contactar con el autor.


Lo Mestre Titas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

dilluns, 2 de febrer del 2026

José Miguel Gambra en Barcelona presenta su nuevo libro «Escritos políticos»


 

José Miguel Gambra en Barcelona presenta su nuevo libro «Escritos políticos»


Recopilación de artículos y textos en los que aplica la doctrina perenne a la coyuntura pasajera, orientando así nuestra acción política concreta

 

El sábado 14 de febrero, a las 18:00h., en un hotel del centro de Barcelona



El profesor José Miguel Gambra, catedrático de filosofía en la Universidad Complutense y gran maestro del tradicionalismo, presentará en Barcelona su nuevo libro «Escritos políticos», publicado en verano de 2025.

Se trata de una recopilación de artículos, discursos y otros textos, que podíamos calificar «de circunstancia» pero de los que brotan las doctrinas y los principios permanentes desde los que fue escudriñada la coyuntura pasajera. Y precisamente, en esa aplicación a lo concreto de los principios perennes, recae una de las virtudes del libro. De esta forma, junto a los elementos más doctrinales o teoréticos, encontramos pautas prudenciales ordenadas directamente a orientar la acción política concreta.

De todas formas, la oportunidad de escuchar al profesor Gambra constituye, por sí sola, un motivo de gran interés. Es un maestro consumado de la tradición católica, que ha consagrado su vida y su prestigio a la restauración del orden político cristiano y a la difusión de los saberes clásicos. Ya tuvimos ocasión de verle y escucharle en Junio de 2023 en la Casa de la Seda de Barcelona y en Octubre de 2021 en la Casa Golferichs, en ambas ocasiones presentado por Helena Escolano.

En esta nueva cita, la presentación correrá a cargo de Daniel Deogracias Herrán, prologuista del libro, discípulo del autor y Jefe del Círculo Molle Lazo de Madrid.

Tendrá lugar, D.m., el sábado 14 de febrero —San Valentín, sacerdote y mártir—, a las seis de la tarde (18:00h.), en un hotel del centro de Barcelona.

Interesados en asistir, pueden enviar un correo electrónico a: carlismobarcelona@gmail.com

Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

diumenge, 1 de febrer del 2026

De Babilonia a Roma (XV): Un pequeño paréntesis

Duccio di Buoninsegna: Tentación en la montaña. 1308-1311, témpera sobre madera, 43 cm. x 46 cm.

 

De Babilonia a Roma (XV): Un pequeño paréntesis


La guerra está ganada, por más que el Enemigo te haga creer que estás solo, derrotado e indefenso.



Hoy quería escribir sobre los libros de autoayuda. Merecen su espacio especial en nuestra serie porque, a través de esta inofensiva literatura, el Enemigo se divierte como nunca. Parecen inocentes —¡ojo, como toda propuesta New Age!—, pero no lo son. Es más te digo, cuanto más inofensivo se presente algo, cuanto más bueno, más poder disolvente y destructor tiene. ¿Recuerdas lo apetecible que parecía el fruto prohibido?  Ya sabemos a estas alturas que el Enemigo es un agente disolvente más potente que el salfumán y destructor como la sosa cáustica.

Pero no, no voy a hablar de esta edulcorada literatura, todavía. Voy a volver a hablar en exclusiva del Enemigo, en otros términos, que todavía no he hecho. ¿Cómo actúa cuando estás en comunión con la Verdad? ¿Cuando te acercas a Ella? ¿Cuando la defiendes? Voy a hacer un salto en el tiempo y me planto en los días que empecé a llamar las cosas por su nombre. Cuando finalmente me estaba dando cuenta del engaño de la Nueva Era y sopesar muy seriamente cerrar definitivamente mi centro de Yoga. Porque sí, en la Nueva Era, todo lo hice a lo grande. Mi centro era exitoso, tenía mi pequeña fama, y no es un orgullo para mi decir que era buena profesora de yoga y demás cosas que te contaré. Esos días merecen un trato especial. Hoy sólo quiero hablar de cómo el Enemigo actúa cuando siente que está siendo desenmascarado. Como un animal herido de muerte, se vuelve agresivo, violento, descarado, rabioso. Su odio y furia lo ciegan y va matando mosquitos a cañonazos. Te quiere disuadir de tu empeño en la búsqueda de la verdad. Se propone asustarte para que abandones. En otras palabras, te ataca. Es necesario saber esto, porque de lo contrario es muy fácil abandonar, rendirse. Te llena de dudas y miedo, para disolver la certeza de la Verdad.

Quizá se ha despertado en ti la imagen del diablo con cuernos y rabo, su tridente amenazante al punto de herirte. Nada de eso. Recuerda, es inteligente y actúa a nivel espiritual. No esperes sentir el azufroso rastro de tan sigiloso Enemigo. Al menos no de forma clara y evidente. A pesar, de que con entreno, uno ya las ve a venir con más anticipación.

¿Cómo lo hace en mí? Y seguro que en ti, que me lees.  Pues bien, para empezar, me convertí definitivamente en el año 2020, en plena pandemia. Hoy es 21 de enero de 2026. Han pasado seis buenos años hasta que no he empezado a escribir sobre ello. ¿Por qué? ¿Porque no quería? ¿Porque se me acaba de ocurrir justo ahora? ¡Qué va! Mi intención siempre ha sido escribir sobre ello, difundirlo. Pues bien, el Enemigo se encarga de que no lo hagas. ¿Cómo? En mi caso, diciéndome que no vale la pena, que otros ya lo están haciendo, que lo que yo pueda aportar no tiene valor alguno. ¿Para qué dar la matraca sobre mi experiencia? ¡Cinco años en los que mi intención era escribir! ¡Cinco! Se dice rápido, pero los pensamientos intrusivos para que no lo hiciera eran una tortura. ¿Qué pasa? ¿Acaso soy floja? Sí y no. Sencillamente, siempre tenía otras cosas más urgentes que atender, como trabajar, descansar, estudiar… El Enemigo se encarga de dar credibilidad a los pensamientos que te inocula como si fueran veneno. ¡Ah, espera! Me dejo uno muy bueno: el perfeccionismo. Ése le encanta, no negaré que tener un propósito de hacer las cosas no solo bien, sino excelentes, es algo deseable. Pero cuando este perfeccionismo es paralizante, ¡ojo!, el Enemigo anda cerca. ¿Qué hacer con eso? Para empezar, identificar que no todo lo que pensamos y creemos es real. Para continuar, saber que puede ser obra de nuestro amiguito a fin de que algo que lo desenmascara lo ponga en modo ataque. Hay que entender, que no justificar su ira, además de perder mi alma, puede que con estos escritos evite que al menos no se pierda otra.

Y con este pensamiento llega el ataque: «¿Quién te has creído que eres tú?¿Qué patético me parece que pienses que puedes ayudar a nadie?»  Es cansino, tanto como previsible. En realidad es una guerra. Te proporciono dos imágenes: una, de cuando yo era niña y miraba dibujos animados, siempre había un momento en que el protagonista tenía dudas y aparecía un angelito susurrando cosas buenas y un diablo gritando lo malo. El pobre protagonista se debatía entre el bien y el mal. Lástima que nosotros no podemos ver tan nítidamente estos personajes. La otra imagen me da mucha fuerza. No sé si has visto La Pasión de Cristo de Mel Gibson. Si no lo has hecho hazlo, deja esta lectura y mírala. La primera escena es brutal, mucho más elocuente que lo que te estoy torpemente narrando. El Enemigo, con susurros magnéticos tienta al mismísimo Hijo de Dios: «¿Quién eres tú para creer que vas a poder con esto? ¿Acaso podrás? ¿A quién le importa? ¿Para qué servirá tanto sufrimiento? Déjalo ir…» Y el momento estrella es cuando Jesús se pone en pie y pisa la serpiente. Con energía, viril, sin complejos ni matices. Al Enemigo se lo pisa sin mayor contemplación. Sin pedir disculpas ni caer en una misericordia, que no merece. Una de sus estrategias letales es hacerse la víctima para que te compadezcas. ¡Ojo, está mintiendo! Tú, pisa su cabeza; espachúrrala sin contemplaciones ni misericordia.  A mí me sirve este momento, como un anclaje y recordatorio. Cuando los pensamientos son tan negativos y a la vez llevan aparejados la emoción tóxica, sé que es el momento de ponerme en pie y ¡zas! Pisar la cabeza del Enemigo. Este es nuestro poder. El que Dios, por la sangre derramada de su Hijo, nos regala.

¿Sabes por qué he sentido la necesidad de escribir sobre esto hoy? Básicamente porque desde el minuto cero en que empecé a escribir sobre la Nueva Era y sus patrones torticeros, el Enemigo no para de incordiar, aprovecha mi herida de inadecuación, auto invalidación, perfeccionismo, para decirme que lo que escribo no tiene calidad alguna. Que no sé escribir, que no sé juntar las palabras de forma correcta, que soy más mala que cualquier alumno de primero de la ESO. Mi tendencia a la comparación con los que sí son buenos es paralizante, me avergüenzo de mí misma, me hablo mal y realmente doy todo tipo de credibilidad a lo mal escritora que soy. Vivo con el pánico de que alguien me diga a la cara lo ridículos que son estos escritos. Me paraliza saber que en un momento u otro el director del periódico La Esperanza me escribirá para decirme que pare de publicar tanta bobada. Lamentablemente, podría seguir con el discurso del auto odio que me mantiene en la censura consentida por mí misma, desde que tengo uso de razón. Y sé que es el Enemigo dándome caña para que deje de escribir y me vaya a dar un paseo. No en vano, uno de sus nombres es el Acusador. Sé que le disgusta horrores que escriba sobre sus fechorías. Por eso, cada momento que me siento delante del ordenador, es un ponerse en pie y pisar con fuerza su cabeza. Y sí, puede que mi estilo no sea muy académico, ni perfecto, ni refinado, pero, ¡mira tú!, es mi forma, la única que sé, es genuino, sincero y sólo sé hacerlo así. El Enemigo quiere que no honremos nuestro ser, que es creación sagrada de Dios. A cada uno nos crea con sumo esmero y amor. Sabe cómo somos, nos ama y nos acepta tal cual nos ha creado. Sabe de nuestra herida, por eso nos adopta como hijos suyos, no a pesar de la caída, sino precisamente por ella. Sabe de nuestras luchas, agonías, desvíos, pifias y nos ama. Menudo acto de soberbia el nuestro que tiramos por la borda tal desborde de amor.

El Enemigo nos empuja a la comparación, el césped del vecino siempre es más verde que el nuestro. Quiere que nos odiemos, porque él nos odia y sabe que Dios nos ama. En fin, más vale que entendamos que estamos en guerra. De ahí, tanto empeño en la paz y el falso amor. Guerra a muerte con Él, desenmascararlo es el primer paso. Y acto seguido, encomendarse a Dios y todo su ejército para entrar en la batalla. La guerra está ganada, por más que el Enemigo te haga creer que estás solo, derrotado e indefenso.

Dios está al mando y no escoge a los más capacitados: a un simple pastor como Abraham, a un tartamudo como Moisés o a un enclenque David. Dios, en todo caso, nos capacita cuando nosotros correspondemos. Con lo cual, y dicho esto, victimismo incluido, voy a continuar, así me grite cada día lo mal que lo hago, lo ahogada que voy con mis estudios o desempeño en el Instituto. Así, a rastras, Dios me dará la fuerza para ponerme en pie y pisar la cabeza del gran acusador.
No te relato esto para hablar de mí, sino para mostrar un patrón que siempre funciona igual, en cualquier persona o circunstancia. Y ahora, voy a mandar este escrito, porque ya me lo conozco, nunca estará a la altura, ¿de quién?... Lo adivinaste. ¡Zas! Pisotón.

Eulàlia Casas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

dissabte, 31 de gener del 2026

31 de enero: festividad de San Juan Bosco. La donación del Tibidabo y los carlistas catalanes

Vista general del Templo del Tibidabo, en el punto más alto de Barcelona, y la ciudad a sus pies.
 

 

31 de enero: festividad de San Juan Bosco. La donación del Tibidabo y los carlistas catalanes



Donación del terreno del Tibidabo a Dom Bosco en 1886. Carlismo en la mayoría de los donantes. Traición del gobierno liberal de María Cristina.




En otras ocasiones, hemos comentado la visita que Don Bosco realizó a Barcelona en 1886, durante un mes, invitado por Doña Dorotea de Chopitea, y las relaciones del santo turinés con el carlismo.

Continuando con ello, a continuación nos centraremos en la donación de la montaña del Tibidabo a Don Bosco. Para ello, seguiremos al profesor Ramón Alberdi, SDB, en su obra Una ciudad para un santo.


La donación


El 5 de mayo de 1886, a las tres y media de la tarde, Don Bosco visitó la Basílica de la Merced para despedirse de la Virgen antes de regresar a Turín, al día siguiente, después de casi un mes de intensa y fructífera estancia en Barcelona.

«Una hora antes [de las 3:30 pm], esperaban junto a la puerta principal y laterales [de la Basílica de la Merced] muchas personas para tener el gusto de verle.

»Llegado que hubo el fundador de los Talleres Salesianos, pasó al presbiterio donde tomó asiento después de orar a la Santísima Virgen.

»La Escolanía, dirigida por don Buenaventura Frígola, ejecutó la Salve de violines. Concluida ésta, una comisión de propietarios del Tibidabo ofreció a Dom Bosco el terreno necesario para dedicar un santuario al Sagrado Corazón de Jesús, el cual aceptó gustoso impetrando bendiciones para los donantes y para cuantos contribuyan a tan santa obra. Pasó luego al centro del presbiterio, junto a la barandilla, desde donde dirigió su palabra al numeroso concurso.

»El reverendo cura párroco tradujo al castellano lo dicho en italiano por Dom Bosco, el cual dio la bendición especial que, por concesión del Papa, es extensiva a las familias de los presentes, enfermos, objetos piadosos, etc. Bendijo luego las medallas de Nuestra Señora de las Mercedes, y al poco rato salió saludando por numeroso gentío que llenaba la calle y plaza de la Merced». (Revista Popular, 13 de mayo, nº 805 (1886) 297-298).

A pesar del carácter privado de la visita, se congregó una gran cantidad de fieles y curiosos «desde una hora antes». Terminada la oración, tuvo lugar en la sacristía la mencionada donación que sería el punto central de la jornada. Con más detalle:

«Dom Bosco pasó a la sacristía y firmó la aceptación de la escritura de donación de unos terrenos situados en la montaña del Tibidabo hecha a su favor por los propietarios de dichos terrenos, para levantar allí un edificio dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, en el cual, además de haber culto diario, se construirá local suficiente par que puedan pasar terminadas de recreo o convalecencia los niños de los Talleres Salesianos.
»Y Dom Bosco dice haber prometido al Sumo Pontífice hacer todos los esfuerzos posibles para levantar, en una de las montañas que rodean nuestra capital, un monumento dedicado al Corazón de Jesús, como se ha hecho en Roma, París...» (Diario de Barcelona, jueves 6 de mayo de 1886, pág. 5235. Edición de la mañana).

La prensa liberal no evitó la ocasión para burlarse de la donación, como hizo durante todo el mes que duró la visita de Dom Bosco:

«Varios propietarios del Tibidabo ofrecieron a Dom Bosco unos terrenos para levantar en ellos un templo dedicado al Corazón de Jesús. Dom Bosco aceptó el donativo. El “santo” derramó lágrimas de agradecimiento, y los propietarios derramaron palmos de terreno». (El Diluvio, jueves 6 de mayo de 1886, pág. 3657. Edición de la tarde).


Barcelona, vista desde la cima del Tibidabo.



Desde algunos años atrás, se pensaba convertir la cumbre del Tibidabo en un lugar mundano, o acaso rematarla con una iglesia protestante. Para darle un destino más digno, un grupo de caballeros católicos compró la cumbre de la montaña barcelonesa. Les movía «su sentimiento cívico y su natural impulso religioso que, ciertamente, no deja de ser combativo y absolutamente íntegro: aquel lugar tan bello, tan privilegiado por su incomparable emplazamiento frente al mar, sobre la gran urbe mediterránea en plena expansión [...] debía quedar asegurado, no sólo para el presente sino para el futuro» (Alberdi). Levantaron una ermita y proyectaban construir un templo mayor, cuando llegó Dom Bosco a Barcelona y pensaron en él como impulsor del proyecto, pues Dom Bosco ya estaba construyendo en Roma una basílica dedicada al Sagrado Corazón de Jesús.

El impulsor de aquel grupo de caballeros católicos era Manuel María Pascual de Bofarull, casado con una hija de José María de Sentmenat, Jefe Regional de la Comunión Tradicionalista del Principado (1890-1896). Tanto los Bofarull como los Sentmenat provenían de una tradición antiliberal bien profunda.


Mosaico en la cúpula principal del Templo del Tibidabo, que recuerda el momento de la donación del terreno realizada en la Basílica de la Merced, el 5 de mayo de 1886.




Cúpula principal del Templo del Tibidabo.




Don Manuel María puso el documento de donación en manos de Dom Bosco y le dijo:

«Para perpetuar el recuerdo de vuestra visita a esta ciudad, se han reunido estos señores y, de común acuerdo, han determinado cederos la propiedad del monte Tibidabo, a fin de que en la cumbre del mismo, que amenazaba convertirse en un semillero de irreligión, se levante un santuario al Sagrado Corazón de Jesús para mantener firme e indestructible la religión, que con tanto celo y ejemplo nos habéis predicado y que es noble herencia de nuestro padres». (MB, XVIII, 113 — Memorie biografiche di Don Giovanni Bosco, raccolte dal sacerdote salesiano Giovanni Battista LeMoyne).

A lo cual, Dom Bosco respondió:

«Me hallo todo confuso por la inesperada y nueva prueba que me dais de vuestro sentimiento religioso y de vuestra piedad. Os lo agradezco, y sabed que en estos momentos sois instrumentos de la Divina Providencia porque cumplís sus inescrutables designios. Cuando salí de Turín, pensaba para mis adentros: “Ahora está casi terminada la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Roma; preciso es que estudie otra empresa para honrar y propagar esta salífera devoción”.

»Y una voz interior me dejaba tranquilo pensando que aquí podría satisfacer mi deseo; era una voz que me repetía: Tibi-dabo! Tibi-dabo! [Te-daré, Te-daré].

»Sí, señores: sois los instrumentos de la Divina Providencia; con vuestra ayuda muy pronto se levantará en ese monte un majestuoso santuario dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, en el cual todos podrán acercarse a los Santos Sacramentos y será un perpetuo recuerdo de vuestra caridad y de vuestro afecto a la Religión católica, de la que tantas y tan hermosas pruebas me habéis dado». (MB, XVIII, 113-114 — Memorie biografiche di Don Giovanni Bosco, raccolte dal sacerdote salesiano Giovanni Battista LeMoyne).

 

Los donantes

Alberdi nos facilita la lista de los propietarios donantes que figuran en el documento de donación: Delfín Artós, Álvaro M. Camín, Felipe Camps, Guillermo More y Bosch, Manuel M. Pascual, Mauricio Serrahima, Manuel Torrabadella, Felipe Vives, Álvaro Verdaguer, Carmen Garrigolas (Vda. de Torrent), Carmen Font (Vda. de Calafell), José Xiviyell.

Muchos de estos apellidos nos resultaban familiares, por lo que consultamos fuentes carlistas —fundamentalmente Jordi Canal Morell, El carlisme català dins l'Espanya de la Restauració, aunque también otras— y encontramos lo siguiente:

Maurici Sarrahima y Gatell (c. 1830 - 1900): Industrial textil y financiero barcelonés muy destacado, y dirigente carlista de primer nivel. Miembro de la Junta Superior Carlista de Cataluña, fue uno de los principales financiadores de la Causa, especialmente durante la Tercera Guerra Carlista (1872-1876). Su testamento y las actas notariales de préstamos al Rey Carlos VII son citados en estudios de historia económica.

Josep Xiviyell y Fargas (1823 - 1898): Industrial de Sabadell. Formó parte de las estructuras directivas de la Comunión Tradicionalista en Cataluña y fue un proveedor de fondos significativo. Su fábrica en Sabadell era un punto de referencia tradicionalista.

Manel Torrabadella y Llaurador (1841 - 1906): Industrial algodonero de Manresa. Figura clave del carlismo en la Cataluña interior. Fue diputado a Cortes por el Partido Integrista a finales del XIX. Su compromiso era político y activo.

Manel Maria Pascual y de Bofarull 1842 - 1913): Profundo vínculo familiar con el carlismo, tanto por familia materna (Bofarull) como por su esposa (hija del Jefe Regional de la Comunión Tradicionalista en el Principado de Cataluña quien, a su vez, también poseía una profunda tradición familiar antiliberal).

Felip Vives y de Ribot: Abogado y propietario agrícola de Igualada. Perteneció al entorno tradicionalista o carlista. Fuertes vínculos con el catolicismo político, aunque no llegó a ostentar cargos de responsabilidad.
 

Delfín Artós y de Roca (1825 - 1897): Empresario y mecenas católico. Miembro activo y benefactor de congregaciones y obras pías muy vinculadas al entorno tradicionalista. Apareció en la prensa carlista como patrocinador de publicaciones devocionales y antiliberales. Sin embargo, su carlismo era más cultural y religioso que político-militante.
 

Álvaro Verdaguer y de Durán: Comerciante de Barcelona. Figuró en directorios de comerciantes católicos y en actas de asociaciones como el Círculo de San José, un bastión del tradicionalismo barcelonés para la pequeña burguesía. Carlismo de base social en el pequeño comercio de Barcelona, menos visible que el de los grandes industriales.

Sin embargo, otros donantes no tenían relación con el carlismo o incluso eran opuestos,. Así, otras fuentes nos indican que Felip Camps i Soler, industrial de Sabadell, era liberal-progresista; Guillem More y Bosch, consignatario de indianos, pertenecía a una familia de la «aristocracia del dinero» barcelonesa, vinculado al Partido Conservador-liberal de Cánovas del Castillo; Álvaro Camín y Rodríguez, empresario asturiano-catalán, de la burguesía liberal... Sin embargo, la mayoría, como hemos visto, eran carlistas, ya fueran activos militantes o al menos vinculados a la Causa.


La traición de María Cristina


Después de la donación, Dorotea de Chopitea costeó los gastos de la pequeña ermita ubicada en la cumbre que, poco después de su consagración, quedaría solitaria y casi abandonada.

Pequeña ermita construida en la cima del Tibidabo poco después de la donación de 1886.

 




Con motivo de la Exposición Universal de Barcelona en 1888, el gobierno liberal quiso instalar un pabellón provisional en la cima del Tibidabo para que la usurpadora María Cristina contemplase, desde lo alto de la montaña, el panorama de la ciudad y sus contornos. A tal efecto, solicitó permito al P. Branda, superior salesiano en Barcelona, quien de buena fe se lo concedió.

Pero no se pueden hacer pactos con el diablo. Concluida la Exposición Universal, el gobierno liberal se negó a retirar el pabellón «provisional». Incluso una «Real» [sic] Orden declaró la cumbre del Tibidabo de «utilidad pública» para instalar un observatorio astronómico.

En 1889, llegó a Barcelona el P. Felipe Rinaldi, en sustitución del P. Branda. Al poco tiempo, se le exigió la firma de un documento de retrocesión de la donación realizada en 1886 a Dom Bosco... Después de aconsejarse, y poco amigo como era de pleitos con las autoridades, decidió firmar aunque con las debidas protestas y salvedades.

Se perdió así la donación de 1886 a Dom Bosco.

Pero la Providencia se abre paso también en medio de las tribulaciones. El arquitecto y astrónomo Emilio Font demostró que el Tibidabo no era el lugar oportuno para un observatorio astronómico, y en cambio sí lo era otra colina cercana. Su tesis fue admitida por el gobierno liberal, y el proyecto de la cima quedó arrinconado.

Aquel mismo año se fundó la Sociedad Anónima Tibidabo, que trató de adquirir todos los terrenos de la cumbre, incluso los inicialmente cedidos a Don Bosco. Ello, a pesar de la retrocesión forzada. Los PP. Hermida y Rinaldi se emplearon a fondo y consiguieron un acuerdo con la Sociedad Anónima, el 17 de septiembre de 1899, que estipulaba lo siguiente: la parte más importante de la cumbre quedaba en propiedad de Sociedad mercantil, a excepción de 6.000 metros cuadrados, que serían destinados a la construcción del Templo del Sagrado Corazón de Jesús. Por ese motivo, el Templo actualmente debe compartir la cumbre del Tibidabo con un parque de atracciones.


La construcción


La primera piedra de la Cripta se instaló el 28 de diciembre de 1902. En 1909, tras la Semana Trágica de Barcelona, se propuso convertir el Templo del Tibidado en expiatorio por los pecados de España. En 1911, se bendijo la Cripta solemnemente y se aprobó la declaración de Templo Nacional Expiatorio, atendiendo la propuesta de dos años atrás. En 1912, se instaló definitivamente la comunidad salesiana. En 1926, se consagraron los cinco altares de la Cripta. En 1936, los rojo-separatistas incendiaron y profanaron el Templo y martirizaron a algunos salesianos, mientras otros pudieron huir y esconderse. En 1939, tras la victoria de la Cruzada, se retomaron las obras. Y por fin, en 1952, el obispo Modrego bendijo el Templo.


El Templo del Tibidabo, iluminado en la noche, se eleva como el Sagrario de Barcelona.



En la actualidad, iluminado en la noche el punto más alto de la ciudad, el Templo del Tibidabo se eleva como el Sagrario de Barcelona. Desde las alturas, contempla el latido de la urbe entre la oscuridad y el mar, eternamente vigilante y eternamente acogido en el manto estrellado de su cielo. Y recuerda que incluso desde lo más bajo y oscuro, late un espacio para la esperanza y lo sagrado; basta con elevar la mirada a lo alto.

Josep de Losports, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

divendres, 30 de gener del 2026

Crónica de la visita al sepulcro de San Raimundo de Peñafort, en Barcelona, el día de su fiesta litúrgica

Oración ante el sepulcro de San Raimundo de Peñafort, Catedral de Barcelona
 

Crónica de la visita al sepulcro de San Raimundo de Peñafort, en Barcelona, el día de su fiesta litúrgica


Patrón de los abogados y juristas. Es «el Santo Tomás de Aquino» del Derecho. Destacó no sólo por su sabiduría, sino también por sus virtudes, especialmente la humildad.



El pasado viernes, 23 de enero de 2026, fiesta de San Raimundo de Peñafort (según el calendario litúrgico tradicional), el Círculo Tradicionalista de Barcelona organizó una visita y oración ante su sepulcro —ubicado en una capilla lateral de la Catedral barcelonesa— y una peregrinación por algunos lugares del Casco Antiguo vinculados a la vida del santo, tal como se había anunciado aquí, aquí y aquí.

La visita se inició a las cuatro de la tarde, ante la puerta principal de la Catedral. Allí, se recordó la importancia de San Raimundo de Peñafort como actor fundamental en la construcción del orden social cristiano, tanto espiritual como material: es el santo que durante más largo tiempo permaneció en la ciudad (como estudiante, como canónigo, como fraile) y que, durante sus casi 100 años de vida, más influyó en la vida religiosa y política de la Barcelona de su tiempo —como consejero del Rey Jaime I el Conquistador, como Inquisidor de la Corona, como impulsor de la Reconquista (Valencia, Mallorca, etc.)—.

Era una época de construcción de la Cristiandad y nuestro santo fue uno de sus principales arquitectos espirituales e incluso materiales. Así, San Raimundo brilló en el campo del Derecho Canónico con la misma altura que Santo Tomás de Aquino en Teología. Por encargo del Papa Gregorio IX, compiló las Decretales, un cuerpo jurídico que fue ley universal de la Iglesia desde 1234 hasta 1917, cuando el Papa San Pío X promulgó el Código de Derecho Canónico.

Pero su grandeza no estuvo sólo en su sabiduría, sino en su heroica humildad, virtud que demostró con tres renuncias cruciales: en 1222, renunció a una prestigiosa canonjía catedralicia; en 1235, rechazó el Arzobispado de Tarragona que le ofrecía el Papa; y en 1240, dimitió del generalato de la Orden de Predicadores para buscar una vida de recogimiento, oración y estudio.


1. Sepulcro en la Catedral de Barcelona: La morada eterna


A continuación, ingresamos en la Catedral. En primer lugar, rezamos la visita al Santísimo Sacramento en la capilla del Cristo de Lepanto donde reposan, entre otros, el cuerpo incorrupto de San Olegario (1060-1137) y los restos del obispo Manuel Irurita (1876-1936), mártir de la Cruzada.

Después, nos dirigimos a la capilla lateral donde actualmente se ubica el sepulcro de San Raimundo de Peñafort. 

 

Sepulcro de San Raimundo de Peñafort, Catedral de Barcelona.


 


Allí, de rodillas, uno de los dos sacerdotes diocesanos que nos acompañaban rezó la siguiente oración:


¡Oh, glorioso San Raimundo de Peñafort!
Luz de la Cristiandad y baluarte de la justicia verdadera.
Patrono de juristas y abogados,
maestro insigne de la recta razón sometida a la Verdad,
conocedor profundo de las leyes que gobiernan a los hombres:
la Ley Divina, que procede de Dios;
la Ley Natural, grabada en los corazones;
y la ley positiva, que sólo es justa cuando se inclina obediente ante las dos primeras.

Tú, que serviste incansablemente al Reino de Cristo
al lado de papas, obispos y príncipes cristianos,
no para adular al poder, sino para corregirlo,
no para someter la verdad al mundo, sino al mundo a la verdad,
escucha, hijo ilustre de Santo Domingo,
nuestros ruegos por tu patria terrena
y por las tierras y pueblos que un día se proclamaron de Cristo
y hoy se avergüenzan de su Nombre.

Raimundo amado,
el Principado que tú contribuiste a ennoblecer y engrandecer
agoniza y amenaza ruina.
La Patria, desgajada de sus raíces,
y la sociedad, entregada a ídolos mudos,
caminan hacia la disolución y el olvido de Dios.
Las leyes ya no reconocen a Dios ni a la ley natural;
la justicia se ha vuelto instrumento del capricho;
la autoridad ha renegado de su deber;
la tradición es despreciada como lastre,
y el orden cristiano, paciente y fecundo,
ha sido sustituido por el caos ideológico y la mentira legal.
Los pueblos, privados de memoria y de esperanza,
son gobernados por normas injustas
y educados en el desprecio de la verdad.

Incluso la Iglesia visible, en esta tierra catalana antaño tan fiel y fecunda,
también se halla herida:
Los pastores han cambiado el báculo por el aplauso del mundo;
entregados a intrigas, vicios, desidia y mundanidad,
han abandonado a los rebaños a merced de los lobos.
La grey, otrora numerosa y firme en la fe,
ha quedado reducida a un resto pequeño, disperso y huérfano:
muchos huyeron, otros fueron degollados en el alma,
y no pocos se infectaron de la sarna del error y la tibieza.
Las pocas ovejas que aún resisten,
temerosas y agazapadas,
esperan el regreso —que parece no llegar—
de los buenos ministros y de los pastores fieles a Cristo.

Por ello, San Raimundo,
te suplicamos que intercedas ante el Señor,
tú que fuiste tan influyente en el Cielo como lo fuiste en la Tierra.
Ruega para que la ley vuelva a ser reflejo de la justicia,
la autoridad servicio,
y la Patria hogar ordenado bajo el Reinado social de Cristo.
Que Dios levante pastores santos,
juristas rectos y gobernantes temerosos de Su juicio.

Que, mediante tus ruegos,
el Divino Pastor nos conforte y sosiegue
con su vara y su callado,
para que la ansiedad y la desazón no se apoderen de nuestros corazones,
y para que no desfallezcamos en la hora de la prueba.

Haz que, purificada por el sufrimiento,
nuestra Patria recobre su alma cristiana;
que la sociedad, cansada de mentiras,
regrese humilde a los pies de la Cruz;
y que la Iglesia en esta tierra catalana vuelva a brillar sin manchas.

 

¡Por Dios, la Patria, los Fueros y el Rey!
Así sea.
Amén.


2. El primer Convento Dominico en el Call barcelonés: La llamada divina


De la Catedral nos dirigimos al corazón del antiguo barrio judío o Call. En la calle de Santo Domingo del Call (hoy renombrada por el gobierno izquierdista, borrando otra huella cristiana), se alzaba el primer convento de la Orden de Predicadores en Barcelona. Fue fundado en persona por Santo Domingo de Guzmán en 1219, en unas casas donadas por el piadoso Pedro Gruny.

 

Primer convento dominico en Barcelona, fundado en persona por Santo Domingo de Guzmán en 1219, y donde San Raimundo tomó el hábito dominico el 1º de abril de 1222.


Calle de Sant Domènech del Call (hoy, Carrer de Salomó ben Adret): Edificio actual en cuyo solar se hallaba el primer convento dominico de Barcelona fundado por Santo Domingo de Guzmán en persona en 1219.


Fue en este lugar de recogimiento inicial donde, tras regresar de sus estudios en Bolonia, San Raimundo, renunciando a la canonjía y privilegios que le ofrecían los Canónigos de la Catedral, tomó el hábito dominico el 1º de abril, Viernes Santo, de 1222.

Aquí, el brillante jurista cambió las honras del mundo por el sayal del fraile, dando su primera gran muestra de desprendimiento y humildad. En efecto, en aquel momento (1222) la Orden de Predicadores era una orden mendicante, sin propiedades, recién fundada (en 1216), con un fundador fallecido el año anterior (en 1221) en Bolonia (durante la estancia de San Raimundo en la misma ciudad italiana), y con un futuro incierto.

Este convento, sin embargo, pronto se quedó pequeño ante el fervor que despertaban las prédicas de los dominicos y el rezo de una nueva oración: el Santo Rosario, recién entregado por la Virgen a Santo Domingo diez años antes (en 1212) y que muchos fieles aún desconocían. Lo que nos lleva al siguiente hito de nuestra ruta.


3. La antigua parroquia de San Jaime: la nueva oración del Rosario


A pocos pasos del convento, llegamos a la actual Plaza de San Jaime. Este espacio, abierto en 1823 tras el derribo liberal de templos, ocupa el solar donde se erigía la parroquia de San Jaime, la más antigua de Barcelona.

 

Plaça de Sant Jaume: ubicación donde se encontraba la Parroquia de Sant Jaume, de origen inmemorial y derribada por la furia liberal iconoclasta en 1823, que con la demolición material buscaba demoler el orden social y espiritual cristianos.

 

Grabado de la antigua parroquia de Sant Jaume, demolida en 1823 por la furia iconoclasta liberal.



Era en este templo, hoy desaparecido, donde los primeros dominicos —y con ellos, muy probablemente, San Raimundo— acudían con los fieles a rezar el Santo Rosario. Esta devoción, entonces recién conocida y difundida por la Iglesia, encontró en esta comunidad un ferviente foco de propagación. En este lugar, la piedad mariana y la predicación se unían para fortalecer la fe del pueblo, en un siglo XIII que veía renacer la vida espiritual.

4. El antiguo Convento de Santa Catalina: La casa y tumba original


Nuestra última etapa nos lleva extramuros, descendiendo por la calle Llibretería (el antiguo Cardo Maximus de los romanos) y la calle de la Bòria (la antigua Via Francisca de los romanos y antigua carretera de Francia medieval), hasta la Plaza de Santa Caterina, donde hoy encontramos el horrible y bullicioso Mercado de Santa Caterina. Bajo su estrambóteica cubierta yace la memoria de lo que fue el gran Convento de Santa Catalina, construido a partir de 1223 en unos terrenos cedidos por el Rey Jaime I el Conquistador.

Portal del Carrer de Llibreteria, una de las cuatro puertas de la antigua Barcelona.

Barrio de la Bòria, que atravesamos —siguiendo la antigua Via Francisca— hacia Santa Caterina.



Este imponente convento gótico de dos claustros, consagrado en 1268, fue la obra material y el hogar de San Raimundo. Aquí se retiró tras sus renuncias; aquí vivió sus últimos 35 años de estudio, oración y asesoramiento a reyes; y aquí murió el 6 de enero de 1275, a la venerable edad de unos 100 años.

Su cuerpo fue sepultado en una capilla lateral de este convento, donde permaneció hasta que la furia iconoclasta liberal de 1837 lo demolió, junto con otros grandes conventos barceloneses, en un intento por borrar la memoria cristiana de la ciudad. Su cuerpo, trasladado a la Catedral, fue el que hoy veneramos en la capilla lateral que lleva su nombre.


Superposición del plano del antiguo Convento de Santa Caterina (derribado en 1837 por la furia liberal) sobre el actual y esperpéntico Mercado de Santa Caterina.


Plano del antiguo Convento de Santa Caterina, derribado por los liberales en 1837. Con el derribo material, buscaban un derribo social, espiritual y moral.

Grabado del antiguo Convento de Santa Caterina, derribado por los liberales en 1837. Se aprecia lo esbelto y enorme de su construcción.



Conclusión: Un legado imperecedero


Este recorrido no es un simple paseo histórico; es un testimonio de dos modelos de sociedad. La Barcelona del siglo XIII, con San Raimundo, era una ciudad que construía: levantaba conventos, compilaba leyes universales basadas en la justicia divina, reconquistaba tierras para la Cruz y tejía un orden social cristiano. La Barcelona del siglo XIX, en cambio, fue una ciudad que demolió sistemáticamente esos símbolos, intentando derribar con piedras el alma de un pueblo.

San Raimundo de Peñafort, patrón de juristas, es hoy un símbolo de que la verdadera grandeza nace de la humildad y el servicio, y un recordatorio de que las piedras pueden ser derribadas, pero el legado de quienes construyeron la Cristiandad perdura en la eternidad y guía los pasos de los fieles que, como nosotros hoy, buscan sus huellas.

Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

dijous, 29 de gener del 2026

Reunión con el Prior de Montserrat sobre la cobarde retirada del monumento al Requeté

 

Reunión con el Prior de Montserrat sobre la cobarde retirada del monumento al Requeté


Publicamos, por primera vez, el contenido y los detalles de la reunión con el Prior de Montserrat durante el histórico acto del 29 de enero de 2022.


Fue una reunión improvisada, a petición del Prior. Duró más de una hora, en un clima correcto pero serio y grave.




El 29 de enero de 2022 tuvo lugar un histórico acto en Montserrat que reunió a medio millar de carlistas en protesta y desagravio por la cobarde retirada del monumento al Requeté, con la excusa de la Ley de (Des)memoria Democrática.

La crónica del acto publicada en su día ya informó que, tras la lectura del Manifiesto, éste fue «entregado en mano al Prior de la Abadía, P. Bernat Juliol, por parte de Helena Escolano y del presidente del Círculo Tradicionalista, J.L. Escobedo», pero no se dieron más detalles de este encuentro. Hoy, con ocasión del aniversario del acto, consideramos oportuno publicar, por primera vez, los detalles de la reunión.

Recordemos los antecedentes. La Abadía de Montserrat había retirado, sin aviso, el monumento al Requeté yacente que se emplazaba ante la Cripta-Mausoleo donde reposan para la eternidad los cuerpos de 319 requetés del Terç de la Mare de Déu de Montserrat. Poco después, el 15 de enero de 2022, el Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés, de la Comunión Tradicionalista, emitió un comunicado de repudio e impulsó el histórico acto de homenaje, protesta y desagravio, del 29 de enero de 2022. En este acto, nuestro capellán, mossèn Emmanuel Pujol, rezó el Vía Crucis ante la Cripta-Mausoleo; depositamos una ofrenda floral en el lugar donde se erigía el monumento retirado; a continuación, procesionamos en fila de a dos hasta la explanada de la Abadía, mientras entonábamos en gregoriano las Letanías de los santos; y, una vez en la explanada, nuestra margarita Helena Escolano leyó el manifiesto en el claustro gótico, junto a la entrada principal de la Abadía.



Habíamos previsto, tras la lectura del manifiesto, grapar en la puerta principal de la Abadía una copia del mismo en tamaño DIN A-3, a todo color y plastificada, que llevábamos preparada para tal efecto. Pero no fue necesario. Mientras se leían las últimas palabras del manifiesto, el jefe de seguridad de la Abadía y el comisario de los Mossos d’Esquadra en Montserrat informaron a José Luis Escobedo, jefe del Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés, que el Prior de Montserrat deseaba recibir a los responsables de acto, sin haber mediado petición por nuestra parte.

Así, José Luis Escobedo y Helena Escolano fuimos acompañados por el jefe de seguridad de la Abadía hasta una amplia sala de visitas donde nos esperaba el Prior de Montserrat, que en aquel momento era el P. Bernat Juliol i Galí. Esta sala se ubicaba en las plantas intermedias de la fachada principal, sobre la entrada a la Abadía, y contaba con unos ventanales que se asomaban a la explanada y al claustro gótico que, escasos minutos antes, había sido el escenario de nuestra lectura del manifiesto. De espaldas a los ventanales, un sofá de tres plazas, donde el P. Juliol invitó a sentarnos, y, en perpendicular, un sillón que él ocupó.

El Prior, P. Juliol, nos recibió con corrección pero, al mismo tiempo, con seriedad y gravedad. La reunión duró una hora larga y se desarrolló exclusivamente en catalán.

Tras los saludos de rigor, el P. Juliol nos comentó que, desde aquel mismo ventanal, había observado la llegada de nuestra procesión y había escuchado la lectura del manifiesto. Y nos trasladó su dolor por las contundentes palabras que había oído. «Contundentes, pero justas» —añadimos—, pues más nos había dolido a nosotros la cobarde retirada del monumento, como si su presencia fuera motivo de vergüenza.

El Prior justificó la retirada del monumento al Requeté por dos motivos. En primer lugar, para protegerlo de actos vandálicos: en diciembre anterior, unos desconocidos habían intentado decapitar con una radial la escultura en bronce del requeté yacente. Y, en segundo lugar, para anticiparse a la previsible retirada por parte de la Generalidad de Cataluña, tras la Resolución 154/XIV del Parlament de Catalunya aprobada en la Comisión de Justicia el 28 de octubre de 2021 (y publicada en el Butlletí Oficial del Parlament de Catalunya, BOPC, nº 151, de 9 de noviembre de 2021), que instaba a «retirar lo antes posible la escultura figurativa» del Requeté yacente de Montserrat por tratarse de un «monumento franquista» [sic]; era la culminación de las propuestas parlamentarias iniciadas en el año 2018 por los socialistas catalanes del PSC Eva Granados Galiano, y Ferran Pedret Santos (Butlletí Oficial del Parlament de Catalunya, BOPC, nº 126, de 16 de julio de 2018). Por estos motivos, la Abadía, de motu proprio, había retirado la escultura del requeté y la había depositado en sus almacenes, donde se «guardaba» en aquel momento.

Le respondimos que el monumento retirado homenajeaba a unos soldados catalanes heroicos que dieron su vida por defender la Fe. Estos soldados, los requetés, lucharon sin odio para defender la Tradición y la Religión porque amaban aquello que defendían: el orden social cristiano, que estaba siendo violentamente destruido por los revolucionarios sin Dios mediante todo tipo de persecuciones, atrocidades, crímenes y asesinatos contra los católicos, por odio a la Fe. Había requetés de toda condición social y edad: compartían trinchera padres e hijos, hermanos gemelos, e incluso hubo un caso de trillizos. Eran campesinos, obreros, estudiantes, profesionales, seminaristas, aristócratas o hijos de familias acomodadas. Muchos de ellos no hablaban castellano y los oficiales tenían que dar las órdenes en catalán para ser entendidos. Rezaban el Rosario en las trincheras y cada mañana, antes de la batalla, asistían a la Santa Misa y comulgaban.

Aquel odio antiguo de los revolucionarios sin Dios y contra Dios, es el mismo que resurge hoy día bajo la máscara de la «memoria democrática». Unido, esta vez, a una mal disimulada sed de venganza.

El Prior argumentó que debían cumplir las leyes civiles, entre ellas la de retirada del monumento. Le recordamos el ejemplo de Antígona, la protagonista de la tragedia griega de Sófocles. En efecto, Antígona, hija del fallecido Edipo, Rey de Tebas, desafió la ley del nuevo Rey Creonte que prohibía enterrar a su hermano Polinices —considerado «traidor»—, porque Antígona reconocía una ley más alta que la del poder humano: la Ley Divina, eterna y no escrita, que ordena dar sepultura a los muertos. Con plena conciencia del castigo, Antígona desobedeció el edicto real no por rebeldía política, sino por fidelidad religiosa y moral, aceptando la muerte antes que cometer impiedad. Su acto afirmó que la autoridad del Estado no es absoluta y que, cuando la ley de los hombres contradice la justicia sagrada, obedecer a Dios se convierte en un deber superior.

«Ay! Em poses en uns dilemes...», respondió el Prior.

Y continuamos. El acto de Antígona fue limitado, concreto y personal: no llamó a la rebelión, no cuestionó el trono ni la autoridad política... simplemente afirmó: «En esto, no obedezco». Así, su aparente desobediencia fue, en realidad, obediencia a una ley más alta; no fue anarquía. Antígona nos mostró cómo una pagana fue capaz de reconocer que la Ley divina está por encima de la ley humana.

El Prior, visiblemente incómodo y cambiando de tercio, nos animó a trasladar nuestras quejas «a los políticos» en general, y al Parlament en particular, así como a exponer nuestros argumentos públicamente en la prensa. Le respondimos que no participamos en las formas de poder partitocrático porque son parte del problema, ni colaboramos con la prensa liberal por su parcialidad y sesgo manipulador. Que fue la Abadía quien, de motu proprio, había retirado el monumento y por eso trasladábamos nuestra quejas a quienes habían actuado.

Nos recordó, de nuevo, que la Abadía había actuado para anticiparse a la ejecución de la resolución del Parlament que obligaba a retirar «monumentos franquistas» de Montserrat. Le corregimos: los requetés de 1936 no se alzaron «por Franco», sino a las órdenes del Rey Alfonso Carlos y en defensa del orden social tradicional que estaba siendo destruido violentamente por los revolucionarios ateos. Los desencuentros entre el carlismo y el régimen de Franco fueron profundos y constantes: incluso antes del 18 de julio, con las tensas negociaciones entre Fal Conde (Jefe Delegado del Rey Alfonso Carlos) y el general Mola (organizador del Alzamiento); tras el Alzamiento, en 1937, con el trágico Decreto de Unificación ordenado por Franco; y tras el término de la Cruzada, a causa del Estado centralizado, personalista y militar impuesto por el franquismo, que era totalmente opuesto a la sociedad tradicional, foral y orgánica basada en cuerpos intermedios, defendida siempre por el carlismo. Así, durante el régimen franquista, el carlismo fue marginado, vigilado y reprimido cuando intentó reorganizarse de forma independiente: Fal Conde, desterrado a Portugal en 1936; Don Javier de Borbón, expulsado de España; José María Valiente, marginado en la vida civil; Mauricio de Sivatte, encarcelado; entre muchísimos otros ejemplos.

La conversación devino circular: «Aneu al Parlament a exposar aquests arguments».

Tras una hora de conversación, el Prior se puso en pie. Le entregamos la copia del manifiesto en DIN A-3, a todo color y plastificada, que habíamos previsto grapar en la puerta principal de la Abadía, copia que fue recibida por el Prior. Y le invitamos a realizar una fotografía del encuentro, invitación que declinó. El jefe de seguridad de la Abadía, que esperaba en una sala adyacente, nos acompañó hasta la salida, en la explanada.

 


De aquellas jornadas, recordamos:

    •    Comunicado de la Comunión Tradicionalista del Principado de Cataluña con motivo de la retirada del monumento a los Requetés en Montserrat, publicado el 15 de enero de 2022.

    •    Video-reportaje completo del acto de protesta, publicado en el Canal de YouTube del Círculo de Barcelona.

    •    Video de avance.

    •    Mensaje de S.A.R. Don Sixto de Borbón.

    •    Introducción al rezo del Vía Crucis, por el Rvdo. P. D. Emmanuel Pujol.

    •    Lectura del Manifiesto en la explanada de Montserrat, por la margarita Helena Escolano.

    •    Canto del Oriamendi, al concluir el acto.

    •    La crónica del acto, publicada el mismo día en el diario La Esperanza.

    •    Un reportaje fotográfico publicado en el cuaderno de bitácora del Círculo barcelonés.

    •    El mensaje de agradecimiento del Círculo, publicado pocos días después.

 


 

Aquel día histórico, nuestros gritos resonaron en los peñascos de Montserrat:

Visca Crist Rei!

Visca l’Espanya Catòlica!

Visca Catalunya espanyola!   

Loor y glòria als màrtirs!



Helena Escolano, y
José Luis Escobedo,
Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau.