divendres, 6 de febrer del 2026

Crisis ferroviaria en Cataluña: huelga de maquinistas para los días 9, 10 y 11 de febrero

Accidente del tren de cercanías de la linea R4 en Gelida, el pasado 20 de enero de 2026.
 

Crisis ferroviaria en Cataluña: huelga de maquinistas para los días 9, 10 y 11 de febrero


Centralismo y secesionismo, dos gestiones ideológicas y fallidas, han desmantelado el servicio público y atrapado al ciudadano en su disputa por el poder.



La red de cercanías ferroviarias de Cataluña, Rodalies, continúa sumida en una crisis prolongada que ya supera las tres semanas y que combina fallos técnicos, accidentes, interrupciones del servicio y ahora una huelga general de maquinistas prevista para los próximos 9, 10 y 11 de febrero.

Desde el accidente del tren de Alta Velocidad en Adamuz (Córdoba), ocurrido el 18 de enero y en el que fallecieron 46 personas, y desde el siniestro de Cercanías registrado dos días después en la línea R4, entre Gelida y Sant Sadurní d’Anoia —donde un tren descarriló a causa de un desprendimiento de tierras y murió un maquinista en prácticas—, el servicio de Rodalies no ha logrado recuperar la normalidad.

La situación es particularmente grave en líneas críticas como la R2 Sur, que conecta el aeropuerto de El Prat con Barcelona y que ha sufrido cortes recurrentes por obras mal planificadas, y la R4, cuya antigüedad y saturación son ya crónicas. Renfe y Adif, empresas públicas bajo la órbita del Ministerio de Transportes, alegan falta de recursos y un envejecido patrimonio ferroviario. Por su parte, la Generalitat, con competencias transferidas en materia de transporte pero no sobre las vías, exige más control y acusa a Madrid de estrangular el servicio para socavar la autonomía catalana.

Mientras tanto, el ciudadano de a pie, el obrero que va a su fábrica, la estudiante que acude a la universidad o el comerciante que se desplaza a la capital, paga el pato con retrasos diarios, cancelaciones sin aviso y un hacinamiento que vuelve el viaje en una pesadilla.

Además del transporte de viajeros, el caos se ha extendido al transporte de mercancías, con un desplome del 80% del tráfico de trenes de carga a través del túnel del Pertús, afectando al puerto de Barcelona y provocando un aumento del tráfico de camiones en la AP-7 y pérdidas económicas considerables.

La gravedad de la situación ha llevado incluso al secretario de Transportes del Gobierno a trasladarse a Barcelona para coordinar con la Generalitat las acciones destinadas a restablecer Rodalies. Por su parte, la consellera de Territori mantiene que la normalización del servicio está en marcha, aunque sin una fecha clara en firme.

A este panorama se suma ahora la convocatoria de huelga de maquinistas para los días 9, 10 y 11 de febrero. Los sindicatos ferroviarios exigen mejoras urgentes en la seguridad y en las infraestructuras del sistema ferroviario español, en respuesta al aumento de incidencias y accidentes que, según ellos, ponen en riesgo tanto a trabajadores como a viajeros. La protesta afecta al conjunto del sector, incluyendo Renfe, operadores privados y servicios de mercancías.


La vía del carlismo


La presente crisis del ferrocarril en Cataluña es la consecuencia lógica y terminal de dos modelos políticos igualmente fallidos y antinaturales, que han desguazado el servicio público y han convertido al ciudadano en rehén de su lucha por el poder. Es consecuencia de una gestión ideologizada donde la pugna entre el Gobierno central y la Generalitat ha primado sobre la necesidad básica de que los trenes funcionen, degradando un servicio esencial hasta el colapso.

Por un lado, opera el centralismo jacobino y liberal emanado de Madrid, que trata a Cataluña como una simple «Comunidad Autónoma» [sic] en un tablero homogéneo. Este centralismo invierte desde la lógica del favor político o la grandilocuencia propagandística —obsesionado con megaproyectos faraónicos–, nunca desde el respeto a las peculiaridades forales y la subsidiariedad. La red ferroviaria es su metáfora perfecta: todo debe converger y depender de un centro único, creando nodos de poder y puntos únicos de fallo. Cuando ese centro, sumido en la desidia endémica y la burocracia ineficiente, descuida, todo el sistema se paraliza. Es el mismo abandono que ha llevado a tener el parque de trenes más viejo de Europa, un símbolo de la España desvertebrada en su decadencia.

Por otro lado, el nacionalismo secesionista de la Generalitat, en su ansia por forjar una state-building confrontativa, ha completado el círculo del desastre. Ha convertido un servicio público esencial en un campo de batalla simbólico y un arma arrojadiza. Su objetivo no ha sido la eficiencia y el bienestar de los usuarios, sino la acumulación de competencias como trofeos políticos, aunque ello signifique ahondar en la confrontación y el perjuicio real de los ciudadanos a los que dicen servir. Así, el viajero se convierte en el damnificado permanente de una lucha donde lo único que se construye es relato, nunca calidad de servicio.

Frente a este doble fracaso —el centralismo abstracto y el nacionalismo disgregador—, el carlismo siempre ha defendido una vía distinta, hoy más vigente que nunca: la de los fueros. La solución no está en que «Madrid» controle más con su lógica homogenizadora, ni en que «Barcelona» la imite en su liberalismo y construya una miniaturización del mismo error. La solución, la única sensata, radica en reconocer a Cataluña (y al resto de territorios de España) su autonomía orgánica y real en la gestión de sus asuntos cotidianos —como el transporte—, en una unión basada en la lealtad, la subsidiariedad y la corona tradicional. Un modelo foral garantizaría que los recursos generados se invirtieran localmente con eficacia y transparencia, lejos de la rapiña y de la ineficacia de unos y otros. Sería la gestión próxima y responsable: la que sabe que un tren que no llega a tiempo a Valls o a Manresa es un fracaso cotidiano que no se puede esconder la política ideologizada.

Mientras el viajero maldice entre la muchedumbre, dos ideologías modernas —el centralismo liberal y el nacionalismo secesionista— han provocando la actual descomposición social. Quizás sea hora de recordar que España no es ni una uniforme ni múltiplemente enfrentada, sino una y diversa, unida por el respeto a sus tradiciones y libertades concretas.

Ese tren, el de la España foral y tradicional, tampoco debería haber descarrilado. Restaurar sus vías, frente al desmantelamiento social que practican ambas ideologías, es nuestro desafío.

Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

dijous, 5 de febrer del 2026

Video de la presentación en Barcelona de «La restauración de la política católica» de Ruiz de Galarreta, por los carlistas valencianos Juan Oltra y P. Retamar


 

Video de la presentación en Barcelona de «La restauración de la política católica» de Ruiz de Galarreta, por los carlistas valencianos Juan Oltra y P. Retamar


En el canal de YouTube @CarlismoBarcelona

 

El Canal de YouTube del Círculo Tradicionalista de Barcelona ha publicado el audio de la presentación de «La restauración de la política católica», de Alberto Ruiz de Galarreta, que realizaron los carlistas valencianos D. Juan Oltra y el P. Juan Retamar el pasado 17 de enero en su visita a la Ciudad Condal.

Pueden acceder al contenido en el siguiente enlace.

También pueden leer la crónica, publicada en su día en el periódico La Esperanza, aquí.

Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

 

dimecres, 4 de febrer del 2026

Diario inédito de Agustí Prió (VII): Designado expendedor de la Bula de la Santa Cruzada

Carlistas catalanes en la «Guerra dels Matiners» o Segunda Guerra Carlista

 

Diario inédito de Agustí Prió (VII): Designado expendedor de la Bula de la Santa Cruzada


Las contradicciones del Concordato de 1851 entre la Santa Sede y el régimen liberal español


No todos los tesoros se hallan en cofres de plata ni en archivos polvorientos de palacio. A veces, un simple legajo olvidado en un cajón de una vieja biblioteca de un carlista basta para iluminar un tiempo entero. Así ha sucedido con el reciente descubrimiento, en el archivo familiar, de los documentos de nombramiento de mi antepasado Agustí Prió, vecino de Àger (la Noguera, diócesis de Urgell), como expendedor de la Bula de la Santa Cruzada en los días inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Carlista, o Guerra dels Matiners.



Este hallazgo, humilde en apariencia, nos abre una ventana privilegiada para contemplar cómo se tejió la postguerra tras aquella contienda fratricida que desgarró Cataluña y otras provincias fieles al Rey legítimo. Y es a partir de estos papeles —firmados, sellados y rubricados con la solemnidad de la época— que nace el presente artículo.


Porque en aquellos años turbulentos, cuando aún resonaban los ecos de los trabucos en las montañas y las familias lloraban a sus muertos, la Iglesia y el Estado no eran mundos separados, ni tampoco unidos o confundidos, sino distintos: dos columnas que sostenían el edificio social y tenían un mismo fin trascendente, la salvación de las almas. La Bula de la Santa Cruzada, que muchos hoy juzgarían como un simple instrumento piadoso, era en realidad una pieza clave en la reconstrucción del orden espiritual y político.


Los documentos de Agustí Prió nos muestran cómo, tras la guerra, la Santa Sede y el Estado liberal —enemigos en tantos frentes— buscaron un entendimiento práctico. El Concordato de 1851 dio forma legal a esta nueva «convivencia», permitiendo reactivar instituciones como la Bula, que concedía indulgencias a cambio de limosnas y servía para financiar obras de la Iglesia y sostener la vida parroquial en tiempos de escasez.


Pero lo más revelador del nombramiento de Agustí Prió no es sólo su función recaudadora. La estrategia era más profunda: el Estado liberal, necesitado de pacificar los territorios que habían sostenido la causa carlista, buscó integrar a muchas de sus élites locales ofreciéndoles cargos, honores y responsabilidades. La Iglesia, con su autoridad moral y su arraigo en cada pueblo, actuó como puente en esta reconciliación.


Sin embargo, los registros también muestran que no todo fue armonía. En los años inmediatamente posteriores al nombramiento de Prió, la recaudación de la Bula sufrió una caída brusca y repentina. ¿Qué la causó? 


El carlismo fue muy crítico con el Concordato de 1851. En el Periódico La Esperanza, en un editorial titulado «El Concordato» publicado el martes 9 de septiembre de 1851 (Núm. 229, página 1 - columna 1), pocos días después de conocerse la firma del Acuerdo, leemos:

«Nosotros, que no vemos en el Concordato sino la consagración de todas nuestras desgracias, la sanción de la usurpación más inicua, y la sentencia de muerte de la monarquía católica española, no podemos celebrar lo que es para nosotros motivo de llanto y de duelo... El gobierno de la reina ha conseguido que Roma le dé un título que no tenía: el de gobierno católico; pero este título, adquirido a trueque de condescendencias que hieren el dogma, no hará más que cubrirle de ridículo ante la Europa verdaderamente católica.»


Esta cita condensa perfectamente la posición carlista: reconocimiento del Concordato como hecho consumado por la Santa Sede, pero rechazo absoluto de su legitimidad política y denuncia de que «sanctiona la usurpación».


También Melchor Ferrer, en su Historia del Tradicionalismo Español (Tomo XXVII, páginas 88-89, Ediciones Trajano, Sevilla, 1959), nos indica:

«Los carlistas, fieles a su doctrina, consideraron el Concordato como un mal gravísimo, pues equivalía a un reconocimiento tácito de la legitimidad del régimen liberal... Aunque respetando la autoridad del Romano Pontífice, no podían admitir que los principios revolucionarios quedasen amparados con un pacto que parecía darles carta de naturaleza católica... La desamortización, sacrilegio según la doctrina de la Iglesia, aparecía con el Concordato como hecho consumado y apenas remediado».


Así, gracias al hallazgo de estos papeles antiguos de Agustín Prió —tan modestos como reveladores— podemos comprender mejor cómo fue la postguerra carlista en la España de mediados del siglo XIX: con fe, con política, con dinero, y también con contradicciones. Y cómo, en medio de todo ello, hombres como Agustí Prio i Carme se convirtieron en engranajes discretos pero esenciales.


Francesc Sánchez i Parés
, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

 


 

dimarts, 3 de febrer del 2026

Crónica de la jornada sobre poesía religiosa en Barcelona, con Andrés García-Carro

Andrés García-Carro de la Colina

 

Crónica de la jornada sobre poesía religiosa en Barcelona, con Andrés García-Carro


«Muchas veces, la poesía explica mejor que la teología los misterios de la Fe»



Un sacerdote carlista, amigo nuestro, le comentó hace años al poeta Andrés García-Carro, correligionario y amigo, que «muchas veces, la poesía explica mejor que la teología los misterios de la Fe». Excelente reflexión que al poeta se le quedó marcada a hierro en su memoria e influyó en su obra poética.

Nacido en La Coruña, fue durante su larga residencia en Bruselas que García-Carro descubrió, a los cuarenta y cuatro años de edad, la Misa tradicional y la Tradición. Este descubrimiento transformó, al igual que su vida, su forma de escribir poesía; empezó a cultivar la temática religiosa, de producción cada vez más profusa hasta alcanzar la cifra de ciento cincuenta poemas religiosos. Estos poemas son los que ahora ha recogido en su nuevo libro, titulado Poesía religiosa, que, como los ciento cincuenta Avemarías del Rosario, hacen profesión de fe católica con sencillez, hondura y claridad.


 

Andrés García-Carro de la Colina reside en Palma de Mallorca desde 2017. Viste la elegancia como una segunda piel. Es un místico del buen vino, y en su copa funde lo sagrado con lo profano, de la forma radiante y profunda que sólo la luz del Mediterráneo es capaz de alumbrar. Su elegancia es de estilo carlista por naturaleza: su bisabuelo fue coronel del Rey Carlos VII, el caballero don Francisco de la Colina y de la Mora.

Así, vestido con su júbilo natural y cargado con el maletín rebosante de Poesía religiosa, aterrizó en Barcelona, procedente de Mallorca, nuestro seductor de rimas. Era domingo, 25 de enero, III domingo después de Epifanía y festividad de la Conversión de San Pablo.

Después de la Misa de once de la mañana, reunió a un buen grupo de correligionarios y amigos en un establecimiento de la calle Vallespir, de Barcelona. Explicó la génesis de su poemario y recitó tres poemas que en él se incluyen: La Virgen María al pie de la cruz, Cristo Rey, y Monseñor Lefebvre. El público pidió propina y García-Carro recitó más poemas: uno dedicado a la Conversión de San Pablo, festividad litúrgica del día, y otros dos dedicados a sacerdotes amigos.

Era un recital tan ameno y vivo, que continuó en un restaurante de la Plaza de Huesca, en el barrio de Sants, con un almuerzo como excusa. El autor se aplicó con esmero y cariño en dedicar cada uno de los ejemplares vendidos. Una de las asistentes, mejicana, volaría de vuelta a México la semana siguiente con la Poesía religiosa entre sus manos y la promesa de difundirla por Nueva España. Otro, comenzaba una nueva vida en Madrid como profesor de secundaria y el autor le dedicó su poemario para que llegara «a ser un nuevo San Juan Bosco en el ejercicio de la docencia». Otro, que celebraba aquel día su onomástica, escuchó de labios del autor un poema dedicado a la conversión de su santo patrón. Otro, hijo de un requeté del Tercio de Montserrat. Otra, confesó el agrado de su hija adolescente por sus poemas, lo cual no sorprendió a nuestro autor quien ya sabe que sus poemas enganchan más que los «reels»...

El momento rebosó de tal solaz y regocijo, tan embebido (que no bebido) se encontraba nuestro autor, que olvidó la hora de su vuelo de regreso a Mallorca. Consiguió un nuevo billete nocturno y pudo volver así a su isla a medianoche, con la maleta vacía de ejemplares de su libro y el pecho convertido en un altar humeante, donde el incienso de su gratitud subía en espiral hacia lo alto.




A continuación, se transcriben los tres poemas que el autor recitó al inicio de la sesión:



LA VIRGEN MARÍA AL PIE DE LA CRUZ

María al pie de la cruz
con ojos sufrientes mira
a su amado hijo Jesús
que se desangra ahí arriba.
Una espada de dolor
el alma le ha traspasado
como el viejo Simeón
tiempo atrás le había anunciado.
Porque es madre llora y llora,
pero aguanta su dolor
porque sabe que es la hora
en que Cristo Redentor
la quiere Corredentora.
Acompañándola están
María la Magdalena
y María de Cleofás
y sólo de la docena
el dilecto apóstol Juan.
Jesús muriente en la cruz
a Ella y a él se dirige
y son para todos luz
las palabras que les dice:
«Mujer, he ahí a tu hijo.
Hijo, he ahí a tu Madre».


CRISTO REY

Para que Cristo reine
en nuestras naciones
primero debe reinar
en nuestros corazones.
Abrámosle pues nuestras puertas
de par en par,
dejemos que se haga
en nosotros su voluntad.
Abrámosle las puertas
de nuestro hogar,
pongámoslo en el centro
de nuestra vida familiar.
Con honores recordemos
a los mártires que su sangre
derramaron por Él
gritando en su martirio
«¡Viva Cristo Rey!»
y que sea cada gota
de esa sangre derramada
semilla de la que brota
renovada nuestra Fe.
Cerremos por el contrario
nuestras puertas a cal y canto
a los hijos de Lucifer
que niegan o dan de lado
a Quien vino para ser Rey
y abrámonos camino
por la senda del bien
guiados por el divino
faro de su Ley.
¡Adelante, hermanos!
Valerosos soldados seamos
de Cristo Nuestro Rey,
sabiendo que si luchamos
con gallardía y con fe
la victoria tarde o temprano
Él nos habrá de obtener.


MONSEÑOR LEFEBVRE

¿Quién como santo varón
y como mártir incruento
ante Roma se inmoló
para que la Santa Misa
tridentina hoy se celebre?
Monseñor Lefebvre.

¿Quién con férrea oposición
al modernismo irredento
heroicamente evitó
que la correcta doctrina
de nuestra Iglesia se quiebre?
Monseñor Lefebvre.

¿Quién sin cejar defendió
en nuestro lóbrego tiempo
la reyecía de Aquél
que Rey de reyes nació
en Belén en un pesebre?
Monseñor Lefebvre.

Los fieles de todo el orbe
lo loen y lo celebren
a este egregio campeón
de la Fe y la Tradición
que se empeñó en transmitir
aquello que recibió.

Andrés García-Carro en la Abadía de Montserrat, durante el acto carlista del 29 de enero de 2022.


Y, como inesperado bis, el autor nos envía el siguiente poema a modo de autocrónica de su propia presentación barcelonesa:

POESÍA RELIGIOSA EN BARCELONA

Ayer en Barcelona presenté
mi «Poesía religiosa» en un Café
de la calle Vallespir
justo después de salir
de misa en nuestra capilla
de la Fraternidad.
Me acompañó una buena cuadrilla
de amigos y correligionarios,
a los cuales les expliqué
la génesis de mi poemario
y tres poemas les recité
—«La Virgen María al pie de la cruz»,
«Cristo Rey» y «Monseñor Lefebvre»—,
a los que dos más agregué,
accediendo a su pedido,
mientras tomábamos el aperitivo.
Amables y generosos,
me compraron todos el libro,
que muy agradecido les dediqué
hasta que el maletín en el que llevaba
los ejemplares vacié.
«Cuando me muera —les dije—
recordadme por este libro».
Después unos cuantos nos fuimos
a comer a un restaurante
y fue tan reconfortante
la conversación que allí tuvimos
que el tiempo voló y mi vuelo
de vuelta a Palma lo perdí,
pero ésta ya es otra historia.

—Andrés García-Carro


Pueden adquirir ejemplares del libro en la librería de El Corte Inglés. Para envíos a Hispanoamérica, pueden acceder a la plataforma BuscaLibre. O, en cualquier caso, pueden contactar con el autor.


Lo Mestre Titas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

dilluns, 2 de febrer del 2026

José Miguel Gambra en Barcelona presenta su nuevo libro «Escritos políticos»


 

José Miguel Gambra en Barcelona presenta su nuevo libro «Escritos políticos»


Recopilación de artículos y textos en los que aplica la doctrina perenne a la coyuntura pasajera, orientando así nuestra acción política concreta

 

El sábado 14 de febrero, a las 18:00h., en un hotel del centro de Barcelona



El profesor José Miguel Gambra, catedrático de filosofía en la Universidad Complutense y gran maestro del tradicionalismo, presentará en Barcelona su nuevo libro «Escritos políticos», publicado en verano de 2025.

Se trata de una recopilación de artículos, discursos y otros textos, que podíamos calificar «de circunstancia» pero de los que brotan las doctrinas y los principios permanentes desde los que fue escudriñada la coyuntura pasajera. Y precisamente, en esa aplicación a lo concreto de los principios perennes, recae una de las virtudes del libro. De esta forma, junto a los elementos más doctrinales o teoréticos, encontramos pautas prudenciales ordenadas directamente a orientar la acción política concreta.

De todas formas, la oportunidad de escuchar al profesor Gambra constituye, por sí sola, un motivo de gran interés. Es un maestro consumado de la tradición católica, que ha consagrado su vida y su prestigio a la restauración del orden político cristiano y a la difusión de los saberes clásicos. Ya tuvimos ocasión de verle y escucharle en Junio de 2023 en la Casa de la Seda de Barcelona y en Octubre de 2021 en la Casa Golferichs, en ambas ocasiones presentado por Helena Escolano.

En esta nueva cita, la presentación correrá a cargo de Daniel Deogracias Herrán, prologuista del libro, discípulo del autor y Jefe del Círculo Molle Lazo de Madrid.

Tendrá lugar, D.m., el sábado 14 de febrero —San Valentín, sacerdote y mártir—, a las seis de la tarde (18:00h.), en un hotel del centro de Barcelona.

Interesados en asistir, pueden enviar un correo electrónico a: carlismobarcelona@gmail.com

Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

diumenge, 1 de febrer del 2026

De Babilonia a Roma (XV): Un pequeño paréntesis

Duccio di Buoninsegna: Tentación en la montaña. 1308-1311, témpera sobre madera, 43 cm. x 46 cm.

 

De Babilonia a Roma (XV): Un pequeño paréntesis


La guerra está ganada, por más que el Enemigo te haga creer que estás solo, derrotado e indefenso.



Hoy quería escribir sobre los libros de autoayuda. Merecen su espacio especial en nuestra serie porque, a través de esta inofensiva literatura, el Enemigo se divierte como nunca. Parecen inocentes —¡ojo, como toda propuesta New Age!—, pero no lo son. Es más te digo, cuanto más inofensivo se presente algo, cuanto más bueno, más poder disolvente y destructor tiene. ¿Recuerdas lo apetecible que parecía el fruto prohibido?  Ya sabemos a estas alturas que el Enemigo es un agente disolvente más potente que el salfumán y destructor como la sosa cáustica.

Pero no, no voy a hablar de esta edulcorada literatura, todavía. Voy a volver a hablar en exclusiva del Enemigo, en otros términos, que todavía no he hecho. ¿Cómo actúa cuando estás en comunión con la Verdad? ¿Cuando te acercas a Ella? ¿Cuando la defiendes? Voy a hacer un salto en el tiempo y me planto en los días que empecé a llamar las cosas por su nombre. Cuando finalmente me estaba dando cuenta del engaño de la Nueva Era y sopesar muy seriamente cerrar definitivamente mi centro de Yoga. Porque sí, en la Nueva Era, todo lo hice a lo grande. Mi centro era exitoso, tenía mi pequeña fama, y no es un orgullo para mi decir que era buena profesora de yoga y demás cosas que te contaré. Esos días merecen un trato especial. Hoy sólo quiero hablar de cómo el Enemigo actúa cuando siente que está siendo desenmascarado. Como un animal herido de muerte, se vuelve agresivo, violento, descarado, rabioso. Su odio y furia lo ciegan y va matando mosquitos a cañonazos. Te quiere disuadir de tu empeño en la búsqueda de la verdad. Se propone asustarte para que abandones. En otras palabras, te ataca. Es necesario saber esto, porque de lo contrario es muy fácil abandonar, rendirse. Te llena de dudas y miedo, para disolver la certeza de la Verdad.

Quizá se ha despertado en ti la imagen del diablo con cuernos y rabo, su tridente amenazante al punto de herirte. Nada de eso. Recuerda, es inteligente y actúa a nivel espiritual. No esperes sentir el azufroso rastro de tan sigiloso Enemigo. Al menos no de forma clara y evidente. A pesar, de que con entreno, uno ya las ve a venir con más anticipación.

¿Cómo lo hace en mí? Y seguro que en ti, que me lees.  Pues bien, para empezar, me convertí definitivamente en el año 2020, en plena pandemia. Hoy es 21 de enero de 2026. Han pasado seis buenos años hasta que no he empezado a escribir sobre ello. ¿Por qué? ¿Porque no quería? ¿Porque se me acaba de ocurrir justo ahora? ¡Qué va! Mi intención siempre ha sido escribir sobre ello, difundirlo. Pues bien, el Enemigo se encarga de que no lo hagas. ¿Cómo? En mi caso, diciéndome que no vale la pena, que otros ya lo están haciendo, que lo que yo pueda aportar no tiene valor alguno. ¿Para qué dar la matraca sobre mi experiencia? ¡Cinco años en los que mi intención era escribir! ¡Cinco! Se dice rápido, pero los pensamientos intrusivos para que no lo hiciera eran una tortura. ¿Qué pasa? ¿Acaso soy floja? Sí y no. Sencillamente, siempre tenía otras cosas más urgentes que atender, como trabajar, descansar, estudiar… El Enemigo se encarga de dar credibilidad a los pensamientos que te inocula como si fueran veneno. ¡Ah, espera! Me dejo uno muy bueno: el perfeccionismo. Ése le encanta, no negaré que tener un propósito de hacer las cosas no solo bien, sino excelentes, es algo deseable. Pero cuando este perfeccionismo es paralizante, ¡ojo!, el Enemigo anda cerca. ¿Qué hacer con eso? Para empezar, identificar que no todo lo que pensamos y creemos es real. Para continuar, saber que puede ser obra de nuestro amiguito a fin de que algo que lo desenmascara lo ponga en modo ataque. Hay que entender, que no justificar su ira, además de perder mi alma, puede que con estos escritos evite que al menos no se pierda otra.

Y con este pensamiento llega el ataque: «¿Quién te has creído que eres tú?¿Qué patético me parece que pienses que puedes ayudar a nadie?»  Es cansino, tanto como previsible. En realidad es una guerra. Te proporciono dos imágenes: una, de cuando yo era niña y miraba dibujos animados, siempre había un momento en que el protagonista tenía dudas y aparecía un angelito susurrando cosas buenas y un diablo gritando lo malo. El pobre protagonista se debatía entre el bien y el mal. Lástima que nosotros no podemos ver tan nítidamente estos personajes. La otra imagen me da mucha fuerza. No sé si has visto La Pasión de Cristo de Mel Gibson. Si no lo has hecho hazlo, deja esta lectura y mírala. La primera escena es brutal, mucho más elocuente que lo que te estoy torpemente narrando. El Enemigo, con susurros magnéticos tienta al mismísimo Hijo de Dios: «¿Quién eres tú para creer que vas a poder con esto? ¿Acaso podrás? ¿A quién le importa? ¿Para qué servirá tanto sufrimiento? Déjalo ir…» Y el momento estrella es cuando Jesús se pone en pie y pisa la serpiente. Con energía, viril, sin complejos ni matices. Al Enemigo se lo pisa sin mayor contemplación. Sin pedir disculpas ni caer en una misericordia, que no merece. Una de sus estrategias letales es hacerse la víctima para que te compadezcas. ¡Ojo, está mintiendo! Tú, pisa su cabeza; espachúrrala sin contemplaciones ni misericordia.  A mí me sirve este momento, como un anclaje y recordatorio. Cuando los pensamientos son tan negativos y a la vez llevan aparejados la emoción tóxica, sé que es el momento de ponerme en pie y ¡zas! Pisar la cabeza del Enemigo. Este es nuestro poder. El que Dios, por la sangre derramada de su Hijo, nos regala.

¿Sabes por qué he sentido la necesidad de escribir sobre esto hoy? Básicamente porque desde el minuto cero en que empecé a escribir sobre la Nueva Era y sus patrones torticeros, el Enemigo no para de incordiar, aprovecha mi herida de inadecuación, auto invalidación, perfeccionismo, para decirme que lo que escribo no tiene calidad alguna. Que no sé escribir, que no sé juntar las palabras de forma correcta, que soy más mala que cualquier alumno de primero de la ESO. Mi tendencia a la comparación con los que sí son buenos es paralizante, me avergüenzo de mí misma, me hablo mal y realmente doy todo tipo de credibilidad a lo mal escritora que soy. Vivo con el pánico de que alguien me diga a la cara lo ridículos que son estos escritos. Me paraliza saber que en un momento u otro el director del periódico La Esperanza me escribirá para decirme que pare de publicar tanta bobada. Lamentablemente, podría seguir con el discurso del auto odio que me mantiene en la censura consentida por mí misma, desde que tengo uso de razón. Y sé que es el Enemigo dándome caña para que deje de escribir y me vaya a dar un paseo. No en vano, uno de sus nombres es el Acusador. Sé que le disgusta horrores que escriba sobre sus fechorías. Por eso, cada momento que me siento delante del ordenador, es un ponerse en pie y pisar con fuerza su cabeza. Y sí, puede que mi estilo no sea muy académico, ni perfecto, ni refinado, pero, ¡mira tú!, es mi forma, la única que sé, es genuino, sincero y sólo sé hacerlo así. El Enemigo quiere que no honremos nuestro ser, que es creación sagrada de Dios. A cada uno nos crea con sumo esmero y amor. Sabe cómo somos, nos ama y nos acepta tal cual nos ha creado. Sabe de nuestra herida, por eso nos adopta como hijos suyos, no a pesar de la caída, sino precisamente por ella. Sabe de nuestras luchas, agonías, desvíos, pifias y nos ama. Menudo acto de soberbia el nuestro que tiramos por la borda tal desborde de amor.

El Enemigo nos empuja a la comparación, el césped del vecino siempre es más verde que el nuestro. Quiere que nos odiemos, porque él nos odia y sabe que Dios nos ama. En fin, más vale que entendamos que estamos en guerra. De ahí, tanto empeño en la paz y el falso amor. Guerra a muerte con Él, desenmascararlo es el primer paso. Y acto seguido, encomendarse a Dios y todo su ejército para entrar en la batalla. La guerra está ganada, por más que el Enemigo te haga creer que estás solo, derrotado e indefenso.

Dios está al mando y no escoge a los más capacitados: a un simple pastor como Abraham, a un tartamudo como Moisés o a un enclenque David. Dios, en todo caso, nos capacita cuando nosotros correspondemos. Con lo cual, y dicho esto, victimismo incluido, voy a continuar, así me grite cada día lo mal que lo hago, lo ahogada que voy con mis estudios o desempeño en el Instituto. Así, a rastras, Dios me dará la fuerza para ponerme en pie y pisar la cabeza del gran acusador.
No te relato esto para hablar de mí, sino para mostrar un patrón que siempre funciona igual, en cualquier persona o circunstancia. Y ahora, voy a mandar este escrito, porque ya me lo conozco, nunca estará a la altura, ¿de quién?... Lo adivinaste. ¡Zas! Pisotón.

Eulàlia Casas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

dissabte, 31 de gener del 2026

31 de enero: festividad de San Juan Bosco. La donación del Tibidabo y los carlistas catalanes

Vista general del Templo del Tibidabo, en el punto más alto de Barcelona, y la ciudad a sus pies.
 

 

31 de enero: festividad de San Juan Bosco. La donación del Tibidabo y los carlistas catalanes



Donación del terreno del Tibidabo a Dom Bosco en 1886. Carlismo en la mayoría de los donantes. Traición del gobierno liberal de María Cristina.




En otras ocasiones, hemos comentado la visita que Don Bosco realizó a Barcelona en 1886, durante un mes, invitado por Doña Dorotea de Chopitea, y las relaciones del santo turinés con el carlismo.

Continuando con ello, a continuación nos centraremos en la donación de la montaña del Tibidabo a Don Bosco. Para ello, seguiremos al profesor Ramón Alberdi, SDB, en su obra Una ciudad para un santo.


La donación


El 5 de mayo de 1886, a las tres y media de la tarde, Don Bosco visitó la Basílica de la Merced para despedirse de la Virgen antes de regresar a Turín, al día siguiente, después de casi un mes de intensa y fructífera estancia en Barcelona.

«Una hora antes [de las 3:30 pm], esperaban junto a la puerta principal y laterales [de la Basílica de la Merced] muchas personas para tener el gusto de verle.

»Llegado que hubo el fundador de los Talleres Salesianos, pasó al presbiterio donde tomó asiento después de orar a la Santísima Virgen.

»La Escolanía, dirigida por don Buenaventura Frígola, ejecutó la Salve de violines. Concluida ésta, una comisión de propietarios del Tibidabo ofreció a Dom Bosco el terreno necesario para dedicar un santuario al Sagrado Corazón de Jesús, el cual aceptó gustoso impetrando bendiciones para los donantes y para cuantos contribuyan a tan santa obra. Pasó luego al centro del presbiterio, junto a la barandilla, desde donde dirigió su palabra al numeroso concurso.

»El reverendo cura párroco tradujo al castellano lo dicho en italiano por Dom Bosco, el cual dio la bendición especial que, por concesión del Papa, es extensiva a las familias de los presentes, enfermos, objetos piadosos, etc. Bendijo luego las medallas de Nuestra Señora de las Mercedes, y al poco rato salió saludando por numeroso gentío que llenaba la calle y plaza de la Merced». (Revista Popular, 13 de mayo, nº 805 (1886) 297-298).

A pesar del carácter privado de la visita, se congregó una gran cantidad de fieles y curiosos «desde una hora antes». Terminada la oración, tuvo lugar en la sacristía la mencionada donación que sería el punto central de la jornada. Con más detalle:

«Dom Bosco pasó a la sacristía y firmó la aceptación de la escritura de donación de unos terrenos situados en la montaña del Tibidabo hecha a su favor por los propietarios de dichos terrenos, para levantar allí un edificio dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, en el cual, además de haber culto diario, se construirá local suficiente par que puedan pasar terminadas de recreo o convalecencia los niños de los Talleres Salesianos.
»Y Dom Bosco dice haber prometido al Sumo Pontífice hacer todos los esfuerzos posibles para levantar, en una de las montañas que rodean nuestra capital, un monumento dedicado al Corazón de Jesús, como se ha hecho en Roma, París...» (Diario de Barcelona, jueves 6 de mayo de 1886, pág. 5235. Edición de la mañana).

La prensa liberal no evitó la ocasión para burlarse de la donación, como hizo durante todo el mes que duró la visita de Dom Bosco:

«Varios propietarios del Tibidabo ofrecieron a Dom Bosco unos terrenos para levantar en ellos un templo dedicado al Corazón de Jesús. Dom Bosco aceptó el donativo. El “santo” derramó lágrimas de agradecimiento, y los propietarios derramaron palmos de terreno». (El Diluvio, jueves 6 de mayo de 1886, pág. 3657. Edición de la tarde).


Barcelona, vista desde la cima del Tibidabo.



Desde algunos años atrás, se pensaba convertir la cumbre del Tibidabo en un lugar mundano, o acaso rematarla con una iglesia protestante. Para darle un destino más digno, un grupo de caballeros católicos compró la cumbre de la montaña barcelonesa. Les movía «su sentimiento cívico y su natural impulso religioso que, ciertamente, no deja de ser combativo y absolutamente íntegro: aquel lugar tan bello, tan privilegiado por su incomparable emplazamiento frente al mar, sobre la gran urbe mediterránea en plena expansión [...] debía quedar asegurado, no sólo para el presente sino para el futuro» (Alberdi). Levantaron una ermita y proyectaban construir un templo mayor, cuando llegó Dom Bosco a Barcelona y pensaron en él como impulsor del proyecto, pues Dom Bosco ya estaba construyendo en Roma una basílica dedicada al Sagrado Corazón de Jesús.

El impulsor de aquel grupo de caballeros católicos era Manuel María Pascual de Bofarull, casado con una hija de José María de Sentmenat, Jefe Regional de la Comunión Tradicionalista del Principado (1890-1896). Tanto los Bofarull como los Sentmenat provenían de una tradición antiliberal bien profunda.


Mosaico en la cúpula principal del Templo del Tibidabo, que recuerda el momento de la donación del terreno realizada en la Basílica de la Merced, el 5 de mayo de 1886.




Cúpula principal del Templo del Tibidabo.




Don Manuel María puso el documento de donación en manos de Dom Bosco y le dijo:

«Para perpetuar el recuerdo de vuestra visita a esta ciudad, se han reunido estos señores y, de común acuerdo, han determinado cederos la propiedad del monte Tibidabo, a fin de que en la cumbre del mismo, que amenazaba convertirse en un semillero de irreligión, se levante un santuario al Sagrado Corazón de Jesús para mantener firme e indestructible la religión, que con tanto celo y ejemplo nos habéis predicado y que es noble herencia de nuestro padres». (MB, XVIII, 113 — Memorie biografiche di Don Giovanni Bosco, raccolte dal sacerdote salesiano Giovanni Battista LeMoyne).

A lo cual, Dom Bosco respondió:

«Me hallo todo confuso por la inesperada y nueva prueba que me dais de vuestro sentimiento religioso y de vuestra piedad. Os lo agradezco, y sabed que en estos momentos sois instrumentos de la Divina Providencia porque cumplís sus inescrutables designios. Cuando salí de Turín, pensaba para mis adentros: “Ahora está casi terminada la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Roma; preciso es que estudie otra empresa para honrar y propagar esta salífera devoción”.

»Y una voz interior me dejaba tranquilo pensando que aquí podría satisfacer mi deseo; era una voz que me repetía: Tibi-dabo! Tibi-dabo! [Te-daré, Te-daré].

»Sí, señores: sois los instrumentos de la Divina Providencia; con vuestra ayuda muy pronto se levantará en ese monte un majestuoso santuario dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, en el cual todos podrán acercarse a los Santos Sacramentos y será un perpetuo recuerdo de vuestra caridad y de vuestro afecto a la Religión católica, de la que tantas y tan hermosas pruebas me habéis dado». (MB, XVIII, 113-114 — Memorie biografiche di Don Giovanni Bosco, raccolte dal sacerdote salesiano Giovanni Battista LeMoyne).

 

Los donantes

Alberdi nos facilita la lista de los propietarios donantes que figuran en el documento de donación: Delfín Artós, Álvaro M. Camín, Felipe Camps, Guillermo More y Bosch, Manuel M. Pascual, Mauricio Serrahima, Manuel Torrabadella, Felipe Vives, Álvaro Verdaguer, Carmen Garrigolas (Vda. de Torrent), Carmen Font (Vda. de Calafell), José Xiviyell.

Muchos de estos apellidos nos resultaban familiares, por lo que consultamos fuentes carlistas —fundamentalmente Jordi Canal Morell, El carlisme català dins l'Espanya de la Restauració, aunque también otras— y encontramos lo siguiente:

Maurici Sarrahima y Gatell (c. 1830 - 1900): Industrial textil y financiero barcelonés muy destacado, y dirigente carlista de primer nivel. Miembro de la Junta Superior Carlista de Cataluña, fue uno de los principales financiadores de la Causa, especialmente durante la Tercera Guerra Carlista (1872-1876). Su testamento y las actas notariales de préstamos al Rey Carlos VII son citados en estudios de historia económica.

Josep Xiviyell y Fargas (1823 - 1898): Industrial de Sabadell. Formó parte de las estructuras directivas de la Comunión Tradicionalista en Cataluña y fue un proveedor de fondos significativo. Su fábrica en Sabadell era un punto de referencia tradicionalista.

Manel Torrabadella y Llaurador (1841 - 1906): Industrial algodonero de Manresa. Figura clave del carlismo en la Cataluña interior. Fue diputado a Cortes por el Partido Integrista a finales del XIX. Su compromiso era político y activo.

Manel Maria Pascual y de Bofarull 1842 - 1913): Profundo vínculo familiar con el carlismo, tanto por familia materna (Bofarull) como por su esposa (hija del Jefe Regional de la Comunión Tradicionalista en el Principado de Cataluña quien, a su vez, también poseía una profunda tradición familiar antiliberal).

Felip Vives y de Ribot: Abogado y propietario agrícola de Igualada. Perteneció al entorno tradicionalista o carlista. Fuertes vínculos con el catolicismo político, aunque no llegó a ostentar cargos de responsabilidad.
 

Delfín Artós y de Roca (1825 - 1897): Empresario y mecenas católico. Miembro activo y benefactor de congregaciones y obras pías muy vinculadas al entorno tradicionalista. Apareció en la prensa carlista como patrocinador de publicaciones devocionales y antiliberales. Sin embargo, su carlismo era más cultural y religioso que político-militante.
 

Álvaro Verdaguer y de Durán: Comerciante de Barcelona. Figuró en directorios de comerciantes católicos y en actas de asociaciones como el Círculo de San José, un bastión del tradicionalismo barcelonés para la pequeña burguesía. Carlismo de base social en el pequeño comercio de Barcelona, menos visible que el de los grandes industriales.

Sin embargo, otros donantes no tenían relación con el carlismo o incluso eran opuestos,. Así, otras fuentes nos indican que Felip Camps i Soler, industrial de Sabadell, era liberal-progresista; Guillem More y Bosch, consignatario de indianos, pertenecía a una familia de la «aristocracia del dinero» barcelonesa, vinculado al Partido Conservador-liberal de Cánovas del Castillo; Álvaro Camín y Rodríguez, empresario asturiano-catalán, de la burguesía liberal... Sin embargo, la mayoría, como hemos visto, eran carlistas, ya fueran activos militantes o al menos vinculados a la Causa.


La traición de María Cristina


Después de la donación, Dorotea de Chopitea costeó los gastos de la pequeña ermita ubicada en la cumbre que, poco después de su consagración, quedaría solitaria y casi abandonada.

Pequeña ermita construida en la cima del Tibidabo poco después de la donación de 1886.

 




Con motivo de la Exposición Universal de Barcelona en 1888, el gobierno liberal quiso instalar un pabellón provisional en la cima del Tibidabo para que la usurpadora María Cristina contemplase, desde lo alto de la montaña, el panorama de la ciudad y sus contornos. A tal efecto, solicitó permito al P. Branda, superior salesiano en Barcelona, quien de buena fe se lo concedió.

Pero no se pueden hacer pactos con el diablo. Concluida la Exposición Universal, el gobierno liberal se negó a retirar el pabellón «provisional». Incluso una «Real» [sic] Orden declaró la cumbre del Tibidabo de «utilidad pública» para instalar un observatorio astronómico.

En 1889, llegó a Barcelona el P. Felipe Rinaldi, en sustitución del P. Branda. Al poco tiempo, se le exigió la firma de un documento de retrocesión de la donación realizada en 1886 a Dom Bosco... Después de aconsejarse, y poco amigo como era de pleitos con las autoridades, decidió firmar aunque con las debidas protestas y salvedades.

Se perdió así la donación de 1886 a Dom Bosco.

Pero la Providencia se abre paso también en medio de las tribulaciones. El arquitecto y astrónomo Emilio Font demostró que el Tibidabo no era el lugar oportuno para un observatorio astronómico, y en cambio sí lo era otra colina cercana. Su tesis fue admitida por el gobierno liberal, y el proyecto de la cima quedó arrinconado.

Aquel mismo año se fundó la Sociedad Anónima Tibidabo, que trató de adquirir todos los terrenos de la cumbre, incluso los inicialmente cedidos a Don Bosco. Ello, a pesar de la retrocesión forzada. Los PP. Hermida y Rinaldi se emplearon a fondo y consiguieron un acuerdo con la Sociedad Anónima, el 17 de septiembre de 1899, que estipulaba lo siguiente: la parte más importante de la cumbre quedaba en propiedad de Sociedad mercantil, a excepción de 6.000 metros cuadrados, que serían destinados a la construcción del Templo del Sagrado Corazón de Jesús. Por ese motivo, el Templo actualmente debe compartir la cumbre del Tibidabo con un parque de atracciones.


La construcción


La primera piedra de la Cripta se instaló el 28 de diciembre de 1902. En 1909, tras la Semana Trágica de Barcelona, se propuso convertir el Templo del Tibidado en expiatorio por los pecados de España. En 1911, se bendijo la Cripta solemnemente y se aprobó la declaración de Templo Nacional Expiatorio, atendiendo la propuesta de dos años atrás. En 1912, se instaló definitivamente la comunidad salesiana. En 1926, se consagraron los cinco altares de la Cripta. En 1936, los rojo-separatistas incendiaron y profanaron el Templo y martirizaron a algunos salesianos, mientras otros pudieron huir y esconderse. En 1939, tras la victoria de la Cruzada, se retomaron las obras. Y por fin, en 1952, el obispo Modrego bendijo el Templo.


El Templo del Tibidabo, iluminado en la noche, se eleva como el Sagrario de Barcelona.



En la actualidad, iluminado en la noche el punto más alto de la ciudad, el Templo del Tibidabo se eleva como el Sagrario de Barcelona. Desde las alturas, contempla el latido de la urbe entre la oscuridad y el mar, eternamente vigilante y eternamente acogido en el manto estrellado de su cielo. Y recuerda que incluso desde lo más bajo y oscuro, late un espacio para la esperanza y lo sagrado; basta con elevar la mirada a lo alto.

Josep de Losports, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau