dilluns, 26 d’octubre del 2026

Los carlistas, vasallos de Cristo Rey

Joaquín María Herrer y Rodríguez: Carlos V recibe en Yuste la visita de san Francisco de Borja. 1862. Óleo sobre lienzo, 150 x 250 cm. Museo del Prado, Madrid.

 

 

Los carlistas, vasallos de Cristo Rey


«Sin la Cruz de Cristo no hay Monarquía, no hay Españas, no hay Tradición, ni leyes ni soldados. Nosotros no servimos sólo a un Señor que no puede morir, sino a una Verdad que no puede morir»




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Reproducimos a continuación un parlamento preparado para la cena de Cristo Rey en Barcelona, el pasado 16 de octubre de 2026, que no pudo pronunciarse por causa mayor pero cuyo texto recogemos en estas páginas tal como se anunció en la crónica.

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Celebramos anticipadamente, por las ganas aceleradas que tenemos de servir a Nuestro Señor, la fiesta de la realeza de Cristo. En razón de lo cual hagamos memoria de lo que es la realeza y de lo que somos nosotros. Recordemos una historia ejemplar de un hombre que tomamos por ejemplo de vasallo de Cristo.

Nosotros debemos vivir y morir con aquel espíritu verdaderamente grande del insigne español San Francisco de Borja. Este ilustre caballero, flor de la nobleza de su mundo, vivió un desengaño tan auténtico que merece ser recordado todos los días, y el día de hoy con mayores razones.

Fue Francisco de Borja lo más granado de su tiempo, gentilhombre de la casa de Borgoña primero, gran privado del emperador don Carlos después, hasta ser nombrado por él Virrey de este Principado de Cataluña, y en tan alto grado fue colocado por su linaje y por sus virtudes, que cuando la emperatriz doña Isabel de Portugal falleció en Toledo en 1539, se le encomendó el honor de la comitiva fúnebre que habría de conducir su cuerpo desde la imperial ciudad del Tajo hasta su tumba en la Capilla Real de Granada, donde yacería con sus antepasados, nuestras Católicas majestades. Allá en Granada, descubierto por última vez el féretro de la emperatriz, fallecida en la flor de la vida, mujer de belleza celebérrima que ni con los pinceles de Tiziano se la hizo justicia, Francisco de Borja se dio cuenta del aparente patetismo de la vida de los hombres; visto el cuerpo sin vida de doña Isabel, totalmente abandonado a nuestros ojos de aquellas majestades, de aquellas posesiones, de los honores, de las hermosuras, de la realeza, provocó su visión que el caballero pronunciara las célebres palabras que cambiaron su vida: «Nunca volveré a servir a señor que se pueda morir».

Bien sirvió a nuestra patria y a nuestras majestades católicas muchos años, pero sin embargo su obra mayor fue la de santo varón de la Iglesia, sirviendo en los estandartes del Rey mayor a quien se puede servir, al rey de los reyes. Por amar la Monarquía sirvió primero a los reyes humanos, y después con ellos al Rey divino, que es quien da a la Monarquía su mejor y verdadera naturaleza.

Nosotros también queremos servir a tan alta majestad. Porque también queremos servir a lo que no se puede morir. Y por eso somos carlistas. Somos carlistas porque somos españoles y católicos, y es la Monarquía cristiana ese nuestro estandarte que nunca se muere. Es el mismo estandarte, emblema de la Cruz de Cristo, que trajo a nuestra tierra Santiago Apóstol, patrón de las Españas; fue el que portó el príncipe San Hermenegildo frente al arrianismo de su mundo; el que levantó contra la morisma en Covadonga la majestad de Pelayo; el que colocó de nuevo en Sevilla el rey San Fernando; el que devolvieron a Granada culminando la reconquista sus majestades los Católicos Isabel y Fernando; fue el mismo que el emperador don Carlos y la realeza de don Felipe pusieron en las leyes de sus miles de nuevos vasallos españoles al otro del mar; fue el mismo estandarte que brilló en Lepanto en las naves del príncipe don Juan, el mismo que esgrimieron nuestros soldados realistas frente a las miríadas de herejes; fue el que impreso en los corazones de nuestros proscritos monarcas luchó contra los revolucionarios liberales y sus socios napoleónicos; fue el que logró la victoria frente a las hordas rojas que lo odiaban en la misma medida en que odiaban a nuestra patria. Es el mismo que llevaron en el pecho quienes han querido, quieren y querrán servir al Rey de los Reyes, señor no ya sólo de la tierra, sino también de los mismos Cielos.

Esto que hacemos ahora parece una cosa muy modesta, la de reunirse unos pocos amigos, indignos de compartir el uniforme de batalla de tan ilustres antecesores. Sin embargo, Dios es Dios; ¿hay mejor Señor al que podamos servir? Aunque seamos un puñado, en lo mucho o en lo poco de nuestras vidas, obedecemos como soldados rasos siguiendo el ejemplo de los que fueron más que soldados. Vemos en estos días, donde la revolución se devora a sí misma, que hay algunos, quizás con honestos sentimientos, que pretenden combatirla supuestamente en el mismo espíritu que San Francisco de Borja y que nosotros con toda la Tradición, pero eso no es cierto. Sin la Cruz de Cristo no hay Monarquía, no hay Españas, no hay Tradición, ni leyes ni soldados. Nosotros no servimos sólo a un Señor que no puede morir, sino a una Verdad que no puede morir, y prueba de ello es que, antes de nosotros, muchos buenos hombres cayeron, pero el estandarte nunca cayó. Nosotros lo recibimos de manos de los que nos precedieron y proclamamos como ellos frente a los enemigos de la Cruz y de las Españas que Cristo vence, Cristo reina y Cristo impera.

Esta seña es la que de veras se enfrenta con la Revolución. Vendrán días en que seamos más que hoy, bajo la sombra de este real estandarte, porque el desengaño de nuestros paisanos va en aumento. Y quiera Dios que sea un desengaño auténtico, y tan tremendo como el de San Francisco de Borja, y volcando el alma, no acaben en medias tintas; que no acaben engañados sirviendo a la revolución disfrazada de conservadora de las cosas cristianas, con el uniforme de batalla que nos roban a los carlistas, sino que se unan a nuestra trinchera por la civilización española, por la Cristiandad, pues los únicos que lo hacen de veras portan boina colorada, mientras sirven a una mayúscula Monarquía.

Gabriel Sanz Señor, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

divendres, 23 d’octubre del 2026

El cardenal Cobo a Barcelona: sinodalitat de saló en les perifèries de Passeig de Gràcia

 

 (Traducción al castellano, a continuación)

 

El cardenal Cobo a Barcelona: sinodalitat de saló en les perifèries de Passeig de Gràcia


«Jo no tinc tota la veritat. L'Esperit i nosaltres decidim», Cobo dixit.




Dijous proppassat 15 d'octubre, el cardenal José Cobo, arquebisbe de Madrid, va visitar Barcelona per a predicar les bondats de la sinodalitat en el restaurant Pomarada, de Passeig de Gràcia, en un dinar-col·loqui convocat per la Tribuna Joan Carrera, que agrupa vint-i-set entitats eclesial-progressistes i que va reunir un centenar de comensals (tres comensals per entitat, de mitjana). Un requeté del Círcol Tradicionalista de Barcelona es va infiltrar en la sessió per a oferir-los la següent crònica.

Hi van assistir, entre altres, l'abat de Montserrat i dos bisbes auxiliars de Barcelona. Hi faltava el cardenal Omella, absent en oportú viatge per terres llunyanes. També hi va faltar la benedicció de la taula i l'acció de gràcies posterior a l’àpat.

El menú de 30€ per persona va incloure els ingredients habituals de la nova cuina eclesiàstica postconciliar i sinodal: corresponsabilitat, participació, diversitat, perifèries i revisió d'estructures. Tot això convenientment amanit amb referències a Pentecosta, Jonàs i els músics del Titanic, perquè no hi ha res com una bona metàfora per a presentar com a novetat el que, segons se'ns assegura, no canvia res d’essencial.

Cobo va explicar que la sinodalitat és una «vella novetat», encara que sembla que, per a redescobrir-la, fan falta nous coordinadors, formació específica, consells pastorals reforçats. I fins i tot va advocar per una revisió del Dret Canònic per a fer-lo més sinodal. Dos mil anys d'història eclesial no haurien acabat d'ensenyar-nos a «caminar junts»; per fortuna, els sinodals (o sinosaures) ens porten les llums necessàries per a, a partir d'ara, organitzar-ho tot mitjançant les seves noves estructures.

Especialment reveladora va ser la comparació amb els músics del Titanic, que continuaven tocant mentre el vaixell s'enfonsava. A més de preguntar-nos si ha quedar enrere la «primavera eclesial» que ens va portar El Concili, podem preguntar-nos també qui ha decidit que el naufragi present es deu a la (absent) partitura tradicional i no a haver deixat d'interpretar-la.

Cobo va comentar que «la sinodalitat no altera la naturalesa, només canvia l'enfocament». És com canviar-li l'angle a una fotografia perquè no es vegi el naufragi: el vaixell continua enfonsant-se, però ara ho fa de manera participativa.

Al menú, també va haver-hi diversitat, desacord legítim i perifèries, aquest vocabulari inesgotable amb el qual la progresia eclesiàstica aconsegueix dir molt sense que mai quedi clar què proposa exactament.

«Hem d'aprendre a viure la diversitat com a polifonia». Sobretot, quan cadascú canta una partitura diferent, ningú afina i el director d'orquestra ha decidit que corregir les notes seria atemptar contra la diversitat. L'important ja no és que l'Església canti la veritat, sinó que tots desafinin en comunió.

La caritat, per descomptat, «és i serà la que ens salvi». Cal preguntar-se si també ens salvaran la veritat revelada, la conversió i la gràcia sacramental, o si aquests assumptes pertanyen ja a un repertori massa antic.

En definitiva, una conferència per a explicar que l'Església postconciliar ha de canviar, però mantenint el mateix rumb. El cardenal va evocar el Titanic; potser la qüestió més urgent és esbrinar qui està fent aigua i per què. Encara que, si s'ha de jutjar pel remei proposat, sempre serà més senzill nomenar un coordinador per a l'orquestra que comprovar si encara queda algú disposat a escoltar la música.

Joan-Miquel Santandreu, Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau


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(Traducción al castellano):

El cardenal Cobo en Barcelona: sinodalidad de salón en las periferias de Paseo de Gracia



«Yo no tengo toda la verdad. El Espíritu y nosotros decidimos», Cobo dixit.




El pasado jueves 15 de octubre, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, visitó Barcelona para predicar las bondades de la sinodalidad en el restaurante Pomarada, de Paseo de Gracia, en un almuerzo-coloquio convocado por la Tribuna Joan Carrera, que agrupa a veintisiete entidades eclesial-progresistas y que reunió a un centenar de comensales (tres comensales por entidad, de promedio). Un requeté del Círculo Tradicionalista de Barcelona se infiltró en la sesión para ofrecerles la siguiente crónica.

Asistieron, entre otros, el abad de Montserrat y dos obispos auxiliares de Barcelona. Faltaba el cardenal Omella, ausente en oportuno viaje por tierras lejanas. También faltó la bendición de la mesa y la acción de gracias posterior al ágape.

El menú de 30€ por persona incluía los ingredientes habituales de la nueva cocina eclesiástica postconciliar y sinodal: corresponsabilidad, participación, diversidad, periferias y revisión de estructuras. Todo ello convenientemente aderezado con referencias a Pentecostés, Jonás y los músicos del Titanic, porque no hay nada como una buena metáfora para presentar como novedad lo que, según se nos asegura, no cambia nada esencial.

Cobo explicó que la sinodalidad es una «vieja novedad», aunque parece que, para redescubrirla, hacen falta nuevos coordinadores, formación específica, consejos pastorales reforzados. E incluso abogó por una revisión del Derecho Canónico para hacerlo más sinodal. Dos mil años de historia eclesial no habrían terminado de enseñarnos a «caminar juntos»; por fortuna, los sinodales (o sinosaurios) nos traen las luces necesarias para, a partir de ahora, organizarlo todo mediante sus nuevas estructuras.

Especialmente reveladora fue la comparación con los músicos del Titanic, que seguían tocando mientras el barco se hundía. Además de preguntarnos si quedó atrás la «primavera eclesial» que nos trajo El Concilio, podemos preguntarnos también quién ha decidido que el naufragio presente se debe a la (ausente) partitura tradicional y no a haber dejado de interpretarla.

Cobo comentó que «la sinodalidad no altera la naturaleza, sólo cambia el enfoque». Es como cambiarle el ángulo a una fotografía para que no se vea el naufragio: el barco sigue hundiéndose, pero ahora lo hace de forma participativa.

En el menú, también hubo diversidad, desacuerdo legítimo y periferias, ese vocabulario inagotable con el que la progresía eclesiástica consigue decir mucho sin que nunca quede claro qué propone exactamente.

«Debemos aprender a vivir la diversidad como polifonía». Sobre todo, cuando cada cual canta una partitura distinta, nadie afina y el director de orquesta ha decidido que corregir las notas sería atentar contra la diversidad. Lo importante ya no es que la Iglesia cante la verdad, sino que todos desafinen en comunión.

La caridad, por supuesto, «es y será la que nos salve». Cabe preguntarse si también nos salvarán la verdad revelada, la conversión y la gracia sacramental, o si esos asuntos pertenecen ya a un repertorio demasiado antiguo.

En definitiva, una conferencia para explicar que la Iglesia postconciliar debe cambiar, pero manteniendo el mismo rumbo. El cardenal evocó el Titanic; quizá la cuestión más urgente sea averiguar quién está haciendo agua y por qué. Aunque, a juzgar por el remedio propuesto, siempre será más sencillo nombrar un coordinador para la orquesta que comprobar si todavía queda alguien dispuesto a escuchar la música.

Joan-Miquel Santandreu, Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau

 

 

dijous, 22 d’octubre del 2026

Breve discurso barcelonés para la fiesta de Cristo Rey: Cristo Rey o la contradicción

Detalle de Políptico de Gante o La adoración del Cordero Místico, Jan van Eyck, 1432, óleo sobre tabla, 350 cm x 223 cm, Catedral de San Bavón, Gante, Reino de Bélgica.
 

Breve discurso barcelonés para la fiesta de Cristo Rey: Cristo Rey o la contradicción


«Solo caben dos vías posibles: defender el Reinado social de Cristo Rey o renunciar a la verdad cayendo en las miserables antinomias»


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Reproducimos a continuación el texto íntegro del parlamento pronunciado en la cena de Cristo Rey en Barcelona, el pasado 16 de octubre de 2026, tal como se anunció en la crónica.


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Estimado presidente del círculo carlista de Barcelona, estimados correligionarios y amigos todos. En la cena de hoy les voy a compartir y recordar una sencilla reflexión sobre el significado de la fiesta de Cristo Rey y sobre las antinomias que pueden surgir como resultado de la ignorancia o negatividad voluntaria del significado real de esta fiesta. El Papa Pío XI en su conocida encíclica Quas primas, tras analizar los males de nuestro tiempo, advierte que «nunca resplandecerá una esperanza cierta de paz verdadera entre los pueblos» sino es en la paz de Cristo, que se encuentra en el reino de Cristo.

Ahora bien, ¿por qué Cristo es rey? Y si es rey ¿en qué consiste este reino?

Primeramente, y como más obvio, Cristo es rey por ser la Persona Divina del Verbo, por tener la misma esencia divina. Es decir, como Dios que es, Cristo reina en las inteligencias, porque éstas participan de la Verdad; reina en las voluntades, porque influye con sus mociones e inspiraciones en las libertades; reina en los corazones, porque por su suprema caridad ha merecido ser el hombre más amado de la humanidad. Por otra parte, Cristo también reina en cuanto hombre, así lo dice el libro de Daniel refiriéndose solo a la humanidad de Cristo. En efecto, su humanidad recibió del Padre «la potestad, el honor y el reino» (Dan 7, 13-14). Así, y con otros textos del Antiguo y Nuevo Testamento, y con el testimonio de la Liturgia, el Papa reduce todas esas verdades de fe, sobre la realeza de Cristo, a un principio de la fe: la unión hipostática. Este principio es el fundamento del principado de Cristo sobre los hombres. Es decir, Cristo es rey por un derecho de naturaleza. Aunque no solo eso, pues sabemos que también es rey por derecho de conquista, ya que nos ha rescatado con su sangre (1 Pe. 1, 18-19).

De esta manera, siguiendo a Pío XI, hemos delimitado porqué Cristo es Rey. Pero aún no sabemos en qué consiste su reino, al menos como Cristo-hombre.

Cristo en tanto que Rey también tiene, como los poderes separados de este mundo, un poder legislativo, judicial y ejecutivo. De estos, quizás sean más aprobados en la teología actual el poder judicial y ejecutivo, pues sí se suele asentir el Reinado de Cristo en un sentido escatológico, ya que hay un juicio, premio y castigo finales. Puede que incluso se acepte el reinado de Cristo en sentido espiritual. Ya que reina por medio de la gracia que se confiere por la Iglesia, en sus sacramentos, por las acciones buenas meritorias y por la oración. Sin embargo, termina aquí para muchos el reinado de Cristo. Pues si su reino no es de este mundo parece que no haya que añadir nada más.  

Sin embargo, advierte el Papa Pío XI que esto no es así. Pues Cristo-hombre tiene también un poder temporal sobre las cosas creadas, y que, aunque en su vida no lo ejerciera, le pertenece. Esto quiere decir que los que gobiernan poseen el poder por permisión divina. Y aduce aquí un texto de Annum Sacrum de León XIII para decir que esta potestad recae sobre todo el género humano, incluso sobre herejes, cismáticos y no cristianos.

A partir de esta verdad, concluye, con el establecimiento de la fiesta de Cristo Rey, que hay una obligación en los magistrados y gobernantes de adorar y obedecer públicamente al imperio de Cristo Rey. En efecto, si la sociedad y la potestad política pertenecen a las cosas creadas, a las cosas naturales, es menester que estén bajo el reinado de Cristo. Pues ha querido que su poder regio se haga por los gobernantes, por ello no puede haber disensión entre estos y Cristo Rey. En este sentido, el Papa Pío XI en el núm. 33 declara con la amenaza y con la exigencia la responsabilidad de los gobernantes diciendo: «A éstos les traerá a la memoria el pensamiento del Juicio Final, cuando Cristo, no tanto por haber arrojado de la gobernación del Estado, cuanto también aun por sólo haber sido ignorado o menospreciado, vengará terriblemente todas estas injurias; pues su regia dignidad exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente al formar las almas de los jóvenes en la sana doctrina y en la rectitud de costumbres».

Queda así manifiesto en su especie en qué consiste el Reinado social de Cristo Rey. Un Reinado que el Carlismo lo ha defendido como parte-fundamento de la unidad católica de España.

Finalmente, quisiera señalar, de la mano de nuestros pensadores tradicionales, cuatro antinomias en las que pueden caer quienes niegan la conclusión teológica arriba esbozada. Una antinomia psicológica, una antinomia política, una antinomia jurídica y una antinomia metafísico-religiosa.
 

1. Una antinomia psicológica: Porque, siguiendo a Ruiz de Galarreta, si se niega que Cristo es Rey se acaba produciendo dentro del sujeto una contradicción interna, ya que lidia entre la defensa de un Estado laico “bueno” o neutro y una oposición a las leyes emanadas de ese mismo Estado: el divorcio, el aborto, la eutanasia, la pornografía etc. (1). Pues en buena lógica, si lo menos se sigue de lo más, cuando lo más contiene formalmente lo menos, negando lo más se niega también lo menos. Así es como aceptando la libertad pública de cultos, que es lo más, porque es la mayor transgresión política que niega la ley divina inmutable, se seguirá la transgresión de lo menos que son las leyes particulares de derecho natural, porque estas leyes reciben su firmeza e inmutabilidad de Dios y no de la voluntad arbitraria de nadie. Es, por tanto, una contradicción psicológica derivada de una verdad lógica, porque pone al mismo tiempo tronos a las premisas y cadalsos a las consecuencias.

2. Una antinomia política: Porque si se niega que Cristo es Rey se termina, como notó José María Petit Sullà, en la contradicción de un Estado laico no laicista. En efecto, José María Petit Sullà, afirmaba que «un Estado laico –totalitario o democrático– no puede legislar más que de acuerdo con el principio de que la sociedad, que él rige, ha de ser laica. Y esto implica que velará para que no se haga presente la religión y la Iglesia en esta sociedad civil [es decir, procurará un Estado laicista] … Una sociedad laica no es un terreno común a creyentes y no creyentes. El sofisma se reduce a algo tan sencillo como absurdo. Se quiere introducir la idea de que, puesto que la afirmación de la existencia de Dios es una “opción” no compartida por todos, el terreno común entre el decir “Dios existe” y la proposición “Dios no existe” es “organicemos la sociedad sobre la base común de que Dios no existe”. ¿Base común?… No existe una base común a dos proposiciones contradictorias. Y la que se ha elegido y se impone es “Dios no existe”. La propuesta de un Estado laico no laicista es un imposible lógico. Todo Estado laico es, por el solo hecho de serlo, un Estado laicista, esto es, que tiende sistemáticamente a producir una sociedad laica, esto es, a separar a los hombres de la religión y, en definitiva, de Dios» (2). Pero esto como no lo ven algunos, terminan cayendo en una contradicción, la de un supuesto Estado no laicista.

3. Una antinomia jurídica: Porque si se niega que Cristo es Rey se cae en la contradicción entre lo que manda el Estado y lo que manda cualquier religión. Pues como agudamente observó Rafael Gambra, «cuando se establece la democracia moderna como sistema y se acepta la “libertad religiosa” (y el consecuente laicismo de Estado) resulta ya imposible mandar o prohibir cosa alguna. ¿En nombre de qué se preservará en una tal sociedad el matrimonio monógamo e indisoluble? ¿Bajo qué título se prohibirá el aborto, la eutanasia o el suicidio? ¿Qué se podrá oponer al nudismo, a la objeción de conciencia militar, a las drogas o a la promiscuidad de las comunas? Bastará con que el afectado por el mandato o la prohibición apele a una religión cualquiera -incluso inventada o individual- que autorice tal práctica o la prohíba. ¿Qué límite podrá poner el Estado a esa libertad religiosa si se la supone basada en “el derecho de la persona”? Quien desee divorciarse o vivir en poligamia no tendrá sino declararse adepto a múltiples religiones orientales o al Islam o a los mormones. Quien desee practicar la eutanasia o inducir al suicidio, podrá declararse sintoísta. El que quiera practicar el nudismo público alegará su adscripción a la religión de los bantúes, y los objetores al servicio militar buscarán su apoyo en los Testigos de Jehová. En fin, los que vivan en promiscuidad o se droguen hallarán un recurso en los antiguos cultos dionisiacos o báquicos. La inviabilidad última de cualquier gobierno humano (que no recurra simplemente al voluntarismo y la fuerza) se hace así patente, la “libertad religiosa” es, por su misma esencia, la muerte de toda autoridad y gobierno» (3).

4. Una antinomia metafísico-religiosa: Porque si se niega que Cristo es Rey se caerá, como vio Francisco Canals, en un resultado contradictorio, pues en un Estado neutro, la libertad religiosa, donde todas las religiones tienen igualdad de derechos, se convierte a la postre en la negación fáctica de todos aquellos mismos derechos y en la afirmación del Estado como única y auténtica autoridad. En efecto, dice Canals, «León XIII insistió en que viene del ateísmo el que el Estado conceda a todas las religiones iguales derechos. Su juicio se corresponde plenamente con la intención profunda de la concesión, por el Estado liberal, del derecho que propugnaba Spinoza de dejar a cada uno pensar lo que quiera y decir lo que piensa como camino para que el poder político se constituya en única fuente de ideas morales» (4). Y es que en verdad si decimos que todas las religiones son iguales, decimos que todas las religiones son falsas, pues en un sistema donde se puede demostrar una cosa y su contradictoria es un sistema falso, justamente lo que ocurre en el sistema democrático laico, donde las religiones, en la realidad pública, son falsas y, el Estado, verdadero, por ser la fuente única de la moral y de la verdad.

En conclusión, solo caben dos vías posibles: defender el Reinado social de Cristo Rey o renunciar a la verdad cayendo en las miserables antinomias.

Muchas gracias, y ¡Viva Cristo Rey!

Montoya, un carlista egarenc, Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau


 

(1)  Cf. Alberto RUIZ DE GALARRETA, La restauración de la política católica, Ediciones Santa Cruz, Valencia 2025, pp. 72-73. 

(2) José Mª PETIT SULLÀ, ¿Existe un Estado laico no laicista? en Cristiandad, núm. 882, I-2005.

(3)  Rafael GAMBRA, La unidad religiosa, encrucijada de la teología y de la política, en Verbo, núm. 279-280 (1989), 1244-1245. 

(4)  Francisco CANALS VIDAL, Por qué descristianiza el liberalismo, en Verbo, núm. 439-440 (2005), 823.



Frederic Marès (original), Josep Miret (actual). Sagrado Corazón. 1935 (original), 1950 (actual). Dimensiones 732 cm. x 645 cm. x 350 cm. Templo Expiatorio del Sagrado Corazón, Tibidabo, Barcelona. 


dimecres, 21 d’octubre del 2026

Crònica del sopar de Crist Rei a Barcelona

Pantocrator. Àbside central de l'Església de Sant Climent de Taüll, Lleida. Segle XII. Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), Barcelona.
 

 

Crònica del sopar de Crist Rei a Barcelona

 

Amb parlaments sobre lo Regnat Social de Crist, per part de membres destacats del Círcol Tradicionalista de Barcelona



Lo proppassat divendres, 16 d’octubre, a dos quarts de deu del vespre (21:30 h.), va tenir lloc al Restaurant Lizarrán, dels Jardins de Can Ona (Barcelona), un sopar amb motiu de la solemnitat litúrgica de Crist Rei —que se celebrarà el diumenge 25 d'octubre—, organitzat pel Círcol Tradicionalista de Barcelona, tal com fou anunciat.

El sopar va reunir una vintena de correligionaris i amics, en acabar de la xerrada sobre racisme celebrada aquell mateix vespre al veí Centre Cívic Pere Quart. Va ser una magnífica ocasió per a estrènyer els llaços d'amistat entre els correligionaris, aprofundir en la nostra fe i reafirmar l’adhesió a Crist, Rei de les persones, de les famílies i de les societats.

En el moment de les postres i els cafès, es va pronunciar un parlament per part d’un jove carlí egarenc. L’orador va defensar el Regnat Social de Jesucrist, seguint la doctrina exposada per Pius XI a l’encíclica Quas primas, i va reivindicar l’obligació que les lleis i l’actuació dels governants s’ajustin als principis cristians. Així mateix, va exposar quatre contradiccions —psicològica, política, jurídica i metafisicoreligiosa— que es deriven de negar la reialesa social de Crist i pretendre, alhora, mantenir un Estat laic neutral. Va concloure reivindicant la defensa del Regnat de Crist com a principi fonamental de la tradició política catòlica i de la unitat catòlica de les Espanyes.

Els dies vinents, es publicarà el text íntegre d’aquest parlament. A més, hi havia preparades dues intervencions més que no es van poder pronunciar per causa major, però que, si a Déu plau, seran publicades pròximament en aquest mateix espai.

Visca Crist Rei!

Agència FARO / Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau


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Crónica de la cena de Cristo Rey en Barcelona


Con parlamentos sobre el Reinado Social de Cristo, por parte de destacados miembros del Círculo Tradicionalista de Barcelona


 

El pasado viernes, 16 de octubre, a las nueve y media de la noche (21:30 h), tuvo lugar en el Restaurante Lizarrán, de los Jardines de Can Ona (Barcelona), una cena con motivo de la solemnidad litúrgica de Cristo Rey —que se celebrará el domingo 25 de octubre—, organizada por el Círculo Tradicionalista de Barcelona, tal y como se anunció.

La cena reunió a una veintena de correligionarios y amigos, al terminar la charla sobre racismo celebrada esa misma tarde en el Centro Cívico Pere Quart. Fue una magnífica ocasión para estrechar los lazos de amistad entre los correligionarios, profundizar en nuestra fe y reafirmar la adhesión a Cristo, Rey de las personas, de las familias y de las sociedades.

En el momento de los postres y cafés, se pronunció un discurso por parte de un joven carlista egarense. El orador defendió el Reinado Social de Jesucristo, siguiendo la doctrina expuesta por Pío XI en la encíclica Quas primas, y reivindicó la obligación de que las leyes y la actuación de los gobernantes se ajusten a los principios cristianos. Asimismo, expuso cuatro contradicciones —psicológica, política, jurídica y metafísico-religiosa— que se derivan de negar la realeza social de Cristo y pretender, al mismo tiempo, mantener un Estado laico neutral. Concluyó reivindicando la defensa del Reinado de Cristo como principio fundamental de la tradición política católica y de la unidad católica de las Españas.

En los próximos días se publicará el texto íntegro de este parlamento. Además, había preparadas otras dos intervenciones que no se pudieron pronunciar por fuerza mayor, pero que, si Dios quiere, serán publicadas próximamente en este mismo espacio.

¡Viva Cristo Rey!

Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

 

 


diumenge, 18 d’octubre del 2026

Crónica de la conferencia sobre racismo celebrada en Barcelona


 

Crónica de la conferencia sobre racismo celebrada en Barcelona


Perspectivas histórica, filosófica y teológica



El viernes 16 de octubre, a las siete de la tarde, tuvo lugar en el Centre Cívic Pere Quart, en el distrito barcelonés de Les Corts, la conferencia «El racismo y su incompatibilidad con la fe católica y con el pensamiento tradicional hispánico», organizada por el Círculo Tradicionalista de Barcelona, de la Comunión Tradicionalista, tal como se había anunciado.

La conferencia se enmarcó en el ciclo «Problemas modernos y soluciones tradicionales», que ya ha abordado cuestiones de actualidad como las dificultades de acceso a la vivienda, el incremento de la delincuencia, entre otras. El ciclo pretende mostrar cómo muchos de los males de nuestro tiempo hunden sus raíces en la ruptura del orden social natural propiciada por el liberalismo y la Revolución, y cómo su remedio exige recuperar los principios perennes de la Tradición. Desde esta perspectiva, el tradicionalismo —encarnado en los países hispánicos en el carlismo— trasciende la mera reivindicación del pasado y la cuestión dinástica para ofrecer respuestas a los problemas del presente.


Una necesaria distinción: racismo e inmigración


La sesión comenzó con una precisión preliminar: el objeto de la conferencia era el racismo, no la inmigración masiva, como algunos habían entendido. Se trata de cuestiones distintas, aunque relacionadas; la segunda será objeto de otra conferencia dentro del mismo ciclo.

En este sentido, se señaló que algunos fundamentan su legítima preocupación por la inmigración masiva en argumentos racistas, cuando existen razones de mayor solidez doctrinal, como el derecho de una comunidad política a ordenar los flujos migratorios conforme al bien común, la consideración de la comunidad política como un bien que debe ser protegido o la virtud del patriotismo, entendida como una forma de la piedad y ordenada por la justicia. Asimismo, se advirtió de que otros instrumentalizan los problemas derivados de una inmigración masiva y desordenada para alimentar el racismo y difundir ideologías totalitarias.

Además de erróneo, el recurso al racismo resulta contraproducente para quienes pretenden defender la patria. Por una parte, proporciona argumentos a los globalistas que promueven una inmigración masiva; por otra, socava los propios fundamentos históricos, culturales y morales que se pretende preservar. En efecto, sustituye la defensa de la patria por la defensa de la raza, debilita los fundamentos históricos de la identidad española, convierte en enemigos a quienes no necesariamente lo son y facilita que se desacredite cualquier crítica a la inmigración masiva. Finalmente, contradice la concepción católica de la dignidad humana y de la evangelización.


El racismo antiespañol: algunos ejemplos históricos


Antes de entrar en el núcleo de la exposición, el ponente ofreció, a modo de exordio, diversos ejemplos históricos de prejuicios y discursos racistas contra los españoles.

Se recordó, en primer lugar, el tópico «África empieza en los Pirineos», atribuido popularmente al escritor francés Alexandre Dumas, y relacionado también con el prefacio de Les Orientales (1829), de Victor Hugo, en el que España aparece descrita como un país todavía oriental y parcialmente africano.

A continuación, se aludió a la propaganda antiespañola difundida por parte de la prensa estadounidense a mediados del siglo XIX, en el contexto de la expansión territorial de Estados Unidos al norte del Río Bravo a mediados del siglo XIX y, posteriormente, durante el arrebatamiento de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1848. En estos contextos circularon representaciones despectivas de los españoles que los presentaban como un pueblo inferior, atrasado e incapaz de gobernarse por sí mismo o de portar la luz de la civilización.

También se abordó la xenofobia laboral que padecieron los emigrantes españoles en Alemania y Suiza durante las décadas de 1960 y 1970. En Alemania, a los trabajadores españoles se les aplicaron calificativos despectivos, entre ellos Messerstecher —literalmente, «el que apuñala con un cuchillo»—, que contribuían a difundir una imagen de los españoles como personas violentas y peligrosas. En Suiza, algunos establecimientos llegaron a exhibir avisos de: «prohibida la entrada a italianos y españoles». Esta discriminación ha sido recogida, entre otros testimonios, en el documental Les Espagnols en Suisse, producido por la RTS (Radio Télévision Suisse).

Por último, se recordó la llamada leyenda negra, cuya difusión se remonta a la Edad Moderna y que contribuyó a presentar a España como una nación bárbara, intolerante y despótica. Entre sus manifestaciones se encuentran los escritos polémicos de autores protestantes ingleses, que recurrieron a caracterizaciones denigratorias de los españoles y de su historia.




Tres perspectivas: histórica, filosófica y teológica


La exposición se articuló en tres bloques —histórico, filosófico y teológico— que permitieron abordar el problema del racismo desde distintas perspectivas complementarias.


1. Perspectiva histórica: de la tribu a la comunidad política y a la Cristiandad


En el primer bloque se examinó la evolución de las formas de organización política desde la Antigüedad. Al tratar la polis griega, se destacó la importancia del logos y de la participación en una comunidad política organizada mediante instituciones, leyes y responsabilidades compartidas, sin reducir la pertenencia a ella a los vínculos de parentesco.

En el caso romano, se subrayó el papel del Derecho en la configuración de la romanidad y en la integración progresiva de individuos y pueblos de procedencias diversas. Para ilustrarlo, se aludió a la monarquía romana arcaica, a la organización familiar agnaticia y a la evolución de la ciudadanía romana.

Con la expansión del cristianismo, la fe pasó a desempeñar un papel fundamental en la articulación de la comunidad social y política. La conversión de Recaredo en el año 589 constituyó un hito decisivo en la historia de España: la unidad católica proporcionó un vínculo espiritual capaz de superar las divisiones entre hispanorromanos y visigodos y de contribuir a la configuración de una comunidad histórica que no podía explicarse exclusivamente por el territorio, la etnia, la lengua, el Derecho o el poder político.

Esta perspectiva permitió interpretar también la Reconquista como un proceso de recuperación territorial y de afirmación de la Cristiandad en España, cuyo sentido no se agotaba en consideraciones étnicas. Del mismo modo, se presentó la obra de España en América como una empresa civilizadora en la que confluyeron la herencia clásica, el Derecho romano y el cristianismo, siendo la fe uno de los principales vínculos de integración entre pueblos de distintos orígenes.

Finalmente, se abordó la ruptura de la unidad religiosa de la Cristiandad occidental, iniciada en la Edad Moderna y marcada decisivamente por la Reforma protestante. En ese proceso fueron adquiriendo protagonismo otros principios de articulación colectiva, como la lengua, la soberanía y determinadas concepciones de la nación y de la pertenencia étnica.


2. Perspectiva filosófica: del pensamiento clásico a las teorías raciales modernas


El segundo bloque examinó el tratamiento de las diferencias entre los pueblos en la filosofía clásica y medieval, así como el surgimiento de las modernas teorías raciales.

Se señaló que Aristóteles relacionó determinadas diferencias entre los pueblos con factores geográficos y climáticos, mientras que santo Tomás de Aquino situó la diversidad humana dentro de un orden creado que no destruye la unidad fundamental del género humano. Desde esta perspectiva, la filosofía realista clásica no convirtió la raza, entendida como principio determinante de las capacidades morales e intelectuales o del destino histórico de los pueblos, en la clave explicativa de la realidad humana.

Frente a esta tradición, la modernidad dio lugar a diversas teorías racialistas. Se examinaron las ideas de Arthur de Gobineau, que atribuyó a la raza un papel decisivo en el auge y la decadencia de las civilizaciones; las de Houston Stewart Chamberlain, que ensalzó el elemento germánico como fundamento de los grandes logros de la historia europea; y las de Francis Galton, cuya defensa de la eugenesia trasladó determinadas concepciones de la herencia biológica al terreno de los proyectos de selección y mejora de la población. En el siglo XX, algunas de estas ideas se transformaron en criterios de exclusión, discriminación y persecución.

Para precisar el alcance del problema, se distinguieron tres afirmaciones diferentes: que existen diferencias físicas entre individuos y poblaciones; que algunos rasgos presentan componentes hereditarios; y que la raza determina las virtudes morales, las capacidades intelectuales o el destino histórico de un pueblo. Las dos primeras afirmaciones no demuestran la tercera. El error de las doctrinas racistas consiste precisamente en convertir la observación de determinadas diferencias en una supuesta jerarquía entre grupos humanos y en atribuirles capacidades o destinos colectivos por razón de su ascendencia.

Frente a estas doctrinas, se reivindicó el pensamiento tradicional hispánico, enraizado en las fuentes paulinas y tomistas, que rechaza que la dignidad o la valía de los hombres y de las naciones dependan del color de la piel, de los ojos o del cabello, o de características como el tamaño del cráneo.

La conclusión filosófica fue clara: el racismo constituye un reduccionismo, pues toma un aspecto de la realidad humana y lo convierte en la clave explicativa de toda la historia. El pensamiento tradicional hispánico, por el contrario, permite comprender a los pueblos atendiendo a la riqueza de su tradición, sus instituciones, su religión, su Derecho y su trayectoria histórica. De este modo, es posible defender la identidad histórica de España sin hacer de la ascendencia biológica su fundamento último.


3. Perspectiva teológica: unidad del género humano y universalidad de la Redención


El tercer bloque abordó los principios católicos de la unidad del género humano y de la universalidad de la Redención. Para ello, se leyeron y comentaron pasajes de la encíclica Mit brennender Sorge (1937), de Pío XI, y de la encíclica Summi Pontificatus (1939), de Pío XII.

De esta exposición se desprendieron tres conclusiones fundamentales: la fe católica no obliga a negar la identidad propia de los pueblos; tampoco impone un único modelo de política migratoria; pero sí impide convertir la raza en criterio de superioridad humana o justificar la negación de derechos fundamentales por razón de la ascendencia.



Conclusiones


La conferencia concluyó recordando el fin trascendente del hombre, llamado a la salvación eterna, y la visión de san Juan en el Apocalipsis, donde se contempla la multitud de los redimidos:

«Después de esto miré, y he aquí una gran muchedumbre, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos» (Apocalipsis 7, 9).

Y, asimismo:

«Porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Apocalipsis 5, 9).

Ambos pasajes recuerdan que la universalidad de la Redención no anula la diversidad de los pueblos, sino que la comprende dentro de una misma vocación sobrenatural.

A continuación, se abrió un turno de preguntas que se alargó durante más de una hora. Fue acompañado por dulces y bizcochos traídos por un destacado correligionario.


Próximos artículos


El ponente, José Luis Escobedo, anunció la próxima publicación de un artículo que desarrollará las cuestiones tratadas durante la conferencia.

Tras el acto, los asistentes acudieron a un restaurante cercano para participar en la cena en honor a Cristo Rey, organizada por el mismo Círculo Tradicionalista de Barcelona con motivo de su festividad litúrgica el próximo domingo 25 de octubre.

En los próximos días se publicará una nueva crónica de la cena.

Así mismo, otros artículos con los parlamentos pronunciados durante la celebración.



Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 



 

dissabte, 10 d’octubre del 2026

Sopar de Crist Rei

 

Sopar de Crist Rei

Lo divendres 16 d'octubre, a les nou del vespre (21:00 hores), a un restaurant de Les Corts.

Amb parlaments sobre lo Regnat Social de Crist, per part de diversos membres destacats del Cercle Tradicionalista de Barcelona


Amb motiu de la festivitat litúrgica de Crist Rei, vos convidem a participar en un sopar de germanor en honor de Jesucrist, Rei de l'Univers, acompanyat d'uns breus parlaments sobre el significat d'aquesta solemnitat i la doctrina del Regnat Social del nostre Senyor Jesucrist.

Una ocasió per a estrènyer els llaços d'amistat entre els correligionaris, aprofundir a la nostra fe i reafirmar la nostra adhesió a Crist, Rei de les persones, de les famílies i de les societats.

Tindrà lloc, si a Déu plau, divendres vinent, 16 d'octubre, a les nou del vespre (21:00 hores), a un restaurant de Les Corts. Els interessats a assistir poden enviar un correu electrònic a: carlismobarcelona@gmail.com

Visca Crist Rei!

Agència FARO / Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau



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Cena de Cristo Rey


El viernes 16 de octubre, a las nueve de la noche (21:00 horas), en un restaurante de Les Corts.

Con parlamentos sobre el Reinado Social de Cristo, por parte de varios miembros destacados del Círculo Tradicionalista de Barcelona  


Con motivo de la festividad litúrgica de Cristo Rey, les invitamos a participar en una cena de hermandad en honor de Jesucristo, Rey del Universo, acompañada de unos breves parlamentos sobre el significado de esta solemnidad y la doctrina del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo. 

Una ocasión para estrechar los lazos de amistad entre los correligionarios, profundizar en nuestra fe y reafirmar nuestra adhesión a Cristo, Rey de las personas, de las familias y de las sociedades.

Tendrá lugar, D.m., el próximo viernes, 16 de octubre, a las nueve de la noche (21:00 horas), en un restaurante de Les Corts. Los interesados en asistir pueden enviar un correo electrónico a: carlismobarcelona@gmail.com


¡Viva Cristo Rey!

Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

divendres, 9 d’octubre del 2026

Conferencia «El racismo y su incompatibilidad con la Fe Católica y con el pensamiento tradicional hispánico»

 

Conferencia «El racismo y su incompatibilidad con la Fe Católica y con el pensamiento tradicional hispánico»


El viernes 16 de octubre, a las siete de la tarde (19:00 horas), en el Centre Cívic Pere Quart, de Barcelona, D.m.

 

Dentro del ciclo «problemas modernos y soluciones tradicionales»



El Círculo Tradicionalista de Barcelona ha organizado ya diversas conferencias dedicadas al análisis de algunos de los principales males que aquejan a nuestra sociedad, como el problema de la vivienda, la inseguridad ciudadana, etc.  


Bajo el título «problemas modernos y soluciones tradicionales», este ciclo pretende examinar las causas profundas de algunos de los principales males de nuestro tiempo y mostrar cómo muchos de ellos hunden sus raíces en la ruptura del orden social natural, perpetrada por el liberalismo y su concepción de la sociedad como una mera suma de individuos formalmente «libres e iguales».

Frente a esta disolución de los vínculos comunitarios y de los principios que tradicionalmente han vertebrado la sociedad, proponemos recuperar los principios de la Tradición: el bien común, la solidaridad orgánica, la subsidiariedad, el deber moral, etc.  Más allá de reformas parciales, es necesario volver a los fundamentos de un orden social conforme a la naturaleza humana. Es necesario volver a la Tradición.

El tradicionalismo, que en los países hispánicos se encarna en el carlismo, desborda la mera reivindicación del pasado y la cuestión exclusivamente dinástica, para devenir una doctrina capaz de ofrecer respuestas —y, en no pocos casos, la respuesta— a los males actuales, engendrados por la ruptura del orden natural que la modernidad ha provocado. Así, la tradición es más que una herencia que conservar pasivamente: es una fuente de principios perennes con los que comprender el presente y reconstruir el futuro.

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En el marco de este ciclo, abordaremos próximamente una nueva conferencia dedicada al racismo y su incompatibilidad con la fe católica y la tradición política hispánica.

Analizaremos la génesis y el desarrollo de algunas corrientes del pensamiento moderno que, desde la «Reforma» (en realidad, Ruptura) protestante hasta el ideal nietzscheano del superhombre y ciertas concepciones nacionalistas y racialistas del siglo XIX, contribuyeron a configurar un horizonte ideológico en el que el nazismo encontraría algunos de sus referentes.

Frente a esta concepción excluyente del hombre y de la comunidad política propia del protestantismo y del liberalismo, examinaremos la vocación universal de la Cristiandad, expresada históricamente en figuras como la Reina Isabel la Católica y en la obra de la Monarquía Católica, con sus principios de evangelización, incorporación de los pueblos a una comunidad política y reconocimiento de la dignidad humana, así como con las contradicciones y los límites de su aplicación histórica.

Una confrontación entre dos concepciones del hombre y de la sociedad: la que establece jerarquías humanas fundadas en la raza y la que, desde la universalidad de la Fe, afirma la común dignidad de todos los hombres ante Dios.

Será, Dios mediante, el próximo viernes, 16 de octubre, a las siete de la tarde (19:00h.), en el Centre Cívic Pere Quart, de Barcelona (calle Comandante Benítez, 6, Barcelona). Más información, en el correo electrónico: carlismobarcelona@gmail.com

Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau