dijous, 23 de setembre de 2021

La Mercè: Quan la Verge baixà del Cel a Barcelona

Talla gótica S. XIV, Pedro Moragues. Basílica de la Merced (Barcelona)


 
(Traducción al castellano, al final) 
 
 

 La Mercè: Quan la Verge baixà del Cel a Barcelona



Dels catius mare i patrona,
puix del cel nos heu baixat:
Princesa de Barcelona,
protegiu vostra ciutat.


(Mossèn Cinto Verdaguer)


Mai a la història va succeir quelcom semblant i mai ha tornat a passar. La nit de l'u al dos d'agost de l'any 1218 de Nostre Senyor, la Verge Maria —Regna dels Àngels— baixà del Cel a Barcelona i s'aparegué amb rostre clar i seré a Pere Nolasc, un noble de sang i de pietat, que en aquell moment es trobava fent meditació. La Verge li digué que fóra del seu plaer i del seu Fill que s'instituís una congregació religiosa que es dediqués a alliberar els captius en poder dels mahometans.

Recordem que en aquell moment històric, la meitat de les Espanyes estava sota poder dels mahometans, i el nord d'Àfrica era la seu de poderosos clans àrabs que feien incursions a les costes de la Cristiandat per tal de segrestar i esclavitzar cristians. Desenes de milers de cristians agonitzaven a les presons nord-africanes o al servei dels musulmans en esclavatge inhumà, maltractaments i treballs formosos.

Tot just a la matinada del dia 2 d'agost, Nolasc va anar a trobar-se amb el seu confessor, Fra Raimon de Penyafort, i li explicà allò succeït a la nit, tot pensant que no li creuria. Ans al contrari: molt gran fou la seva sorpresa quan Fra Raimon li digué que aquella mateixa nit ell havia rebut la mateixa visita i el mateix mandat.

Però el més increïble encara havia d'arribar. Tots dos, en Nolasc i Fra Raimon, varen buscar al Rei Jaume I, qui els va rebre a la gran sala de Palau (que després seria la Capella Reial de Santa Clara, i avui dia és part del Museu d'Història de Barcelona, el MUHBA). Allà, el Rei els hi confessà que ell també: la mateixa nit va rebre la mateixa visita i el mateix mandat de la Verge.

 

Detalle del retablo de la Capilla de la Merced, ubicada en el ábside de la Catedral de Barcelona. Representa la fundación de la Orden de la Merced. Data de 1688. Obra de Joan Roig. Fotografía: propia.

Així doncs, avisaren el Bisbe de Barcelona, en Berenguer de Palou, i pocs dies després, el 10 d'agost de 1218, festa de Sant Llorenç, i a la Santa Església Catedral de Barcelona, es va fundar la Reial i Militar Ordre de la Mercè per a la Redempció dels Captius, per part d'un Rei, un capellà i un noble. Des d’aquell dia, més de 80.000 cristians varen ser rescatats de l'esclavatge mahometà gràcies als mercedaris.
 
Al segle XIII, quan les Espanyes patien sota el jou mahometà, Déu nostre Senyor ens va enviar a la seva Mare per tal d'establir nous redemptors que havien d'entregar-se a l'esclavitud, els turments i a la mort, per tal d'assolir la redempció o llibertat dels seus germans. Tot imitant a Crist, qui ens portà  —per la seva Passió i Mort— la redempció i la llibertat a tots els homes.
 
El dia 24 de setembre se celebra la festa de la Verge de la Mercè, fixada aquest dia pel Papa Innocenci XII, l'any 1696. I és co-patrona de Barcelona (juntament amb Santa Eulàlia) des de que el Papa Pius IX la proclamà oficialment el 1868.
 
Y á arrancar fills ajudaume
de entre'ls brassos de la mort.
Ves tu á l’ Àfrica y destrona
à qui’l mon te esclavisat.
 
 
Josep de Losports.
Círcol Tradicionalista Ramon Parés y Vilasau (Barcelona).




* * *


Traducción al castellano:


Cuando la Virgen bajó del Cielo a Barcelona



De los cautivos, madre y patrona,
ya que del cielo nos habéis bajado:
Princesa de Barcelona,
proteged vuestra ciudad.

(Jacinto Verdaguer, pbro.)



Nunca había sucedido nada igual en toda la historia, y nunca volvería a suceder otra vez. En la noche del 1 al 2 de agosto del año de Nuestro Señor de 1218, la Virgen María —Reina de los Ángeles— bajó del Cielo a Barcelona y se apareció con el rostro claro y sereno a Pedro Nolasco, un noble piadoso, que en aquel momento se hallaba en meditación. La Virgen le manifestó que sería del agrado suyo y de su Unigénito Hijo, si en su honor instituyera una Orden de Religiosos que se dedicasen a liberar a los cautivos del poder de los mahometanos. 

 

«La Virgen de la Merced y San José protegiendo a los santos mercedarios» (ca. 1700 — 1799), Anónimo, Museo de Navarra

Fotografía tomada de https://mercedariosdesevilla.blogspot.com/



Recordemos que a principios del siglo XIII, la mitad de las Españas se encontraba bajo el poder de los mahometanos, y que el norte de África albergaba  poderosos clanes árabes que incursionaban las costas de la Cristiandad para secuestrar y esclavizar a los cristianos. Decenas de miles de cristianos agonizaban en las cárceles del norte de África o servían a los musulmanes en esclavitud salvaje, abuso y trabajos forzados.
 
Apenas despuntó el alba del día 2 de agosto, Nolasco fue a encontrarse con su confesor, D. Raimundo de Peñafort, y le explicó lo sucedido la noche anterior. Temía  no ser creído, pero sucedió algo inesperado. Grande fue su sorpresa cuando D. Raimundo le manifestó que aquella misma noche él también había recibido la misma visita y el mismo mandato de la Virgen.
 
Sin embargo, lo más increíble estaba aún por llegar. Ambos, Nolasco y D. Raimundo, acudieron al Rey Jaime I, quien les recibió en la gran sala del Palacio Real (que más tarde sería la Capilla Real de Santa Clara, y que ahora es parte del Museo de Historia de Barcelona, MUHBA). Allí, ante el asombro de los dos visitantes, el Rey les manifestó que él también: la misma noche había recibido la misma visita y el mismo mandato de la Virgen que ellos dos.
 
Así, avisaron al Obispo de Barcelona, Berengario de Palou, y pocos días después, el 10 de agosto de 1218, festividad de San Lorenzo, y en la Santa Iglesia Catedral de Barcelona, fue fundada la Real y Militar Orden de la Merced para la Redención de los Cautivos, por parte de un Rey, un sacerdote y un noble. Desde aquel día, más de 80.000 cristianos han sido rescatados de la esclavitud mahometana gracias a los mercedarios.
 
En el siglo XIII, cuando los españoles sufrían bajo el yugo mahometano, Nuestro Señor nos envió a su Madre para establecer nuevos redentores que habían de entregarse a la esclavitud, el tormento y la muerte, para lograr la redención o libertad de sus hermanos. Imitaban así a Cristo, que nos trajo —por su Pasión y Muerte—  la redención y la libertad a todos los hombres.
 
El 24 de septiembre se celebra la fiesta de la Virgen de la Merced, fijada este día por el Papa Inocencio XII, en 1696. Y es co-patrona de Barcelona (juntamente con Santa Eulalia) desde que el Papa Pío IX la proclamó oficialmente en 1868.
 
 
Josep de Losports.
Círculo Tradicionalista Ramón Parés y Vilasau (Barcelona).

 

 

«Goigs de Nostra Senyora de la Mercè», del Archivo Josep Companys Plana, de Tarragona.

Tomada de https://algunsgoigs.blogspot.com


 

 

Retablo de la Capilla de la Merced, ubicada en el ábside de la Catedral de Barcelona. Representa la fundación de la Orden de la Merced. Data de 1688. Obra de Joan Roig. Fotografía: propia.


 

dimarts, 21 de setembre de 2021

Crónica del acto de homenaje a don Ramón Parés en el 85º aniversario de su martirio

Con motivo del 85º aniversario del martirio de don Ramón Parés y Vilasau, el Círculo Carlista de Barcelona, que lleva su nombre, realizó en su honor un acto de homenaje el pasado 4 de septiembre en la ciudad de Tarrasa, provincia de Barcelona.

A la hora del Ángelus, y en el lugar exacto donde don Ramón fue martirizado —esto es, en el camino de Can Viver de Torrebonica a la altura del cruce con la Carretera de Sabadell a Tarrasa—, nos reunimos una veintena de correligionarios, vistiendo todos la boina roja y enarbolando al viento las banderas de la Tradición, la cruz de Borgoña y la roja y gualda con el Sagrado Corazón de Jesucristo, Señor de los pueblos.



El historiador Antonio Peña pronunció un vibrante parlamento en el que subrayó los ideales de nuestro mártir don Ramón, que se sintetizan en sus últimas palabras antes de ser asesinado:

«¡Yo muero, pero la causa, el ideal religioso y patriótico por el que he ofrecido mi vida, no puede ser alcanzado por el plomo de vuestras balas! ¡La España católica es imperecedera! Mis hijos lucharán por ella y la verán triunfante». 

Antonio Peña había redactado una semblanza de don Ramón, publicada el pasado día 28 de agosto, aniversario de su martirio, en el periódico La Esperanza y en el cuaderno de bitácora de nuestro Círculo.

Seguidamente, el presidente del Círculo, José Escobedo, añadió algunos datos biográficos de nuestro mártir, recalcando la ejemplaridad con que vivió en todos los ámbitos (el religioso, familiar, social, laboral, político, etc.) y en especial la unidad de vida con que supo entrelazarlos, como los hilos que forman una sola cuerda.

Estas intervenciones se encuentran transcritas íntegramente al final de esta crónica, así como el resto de intervenciones de la jornada.



Al finalizar esta primera parte del homenaje, nos dirigimos hacia el Cementerio de Tarrasa, donde reposan los restos de nuestro mártir, que dista poco más de dos kilómetros del lugar de su martirio.

 


En contra de lo previsto inicialmente, no nos trasladamos hasta el Cementerio en coche sino que improvisamos una marcha —a modo de pequeña peregrinación a pie— por la Carretera de Sabadell a Tarrasa, una de las principales vías de acceso a la ciudad vallesana. Así, bajo el abrasador sol del mediodía de verano, los boinas rojas avanzamos con las banderas desplegadas y cantando «cálzame las alpargatas» y otros cánticos carlistas, entre la perplejidad y el aplauso de los numerosos conductores de la vía.
 


En el Cementerio, ante la sepultura de don Ramón, se desplegaron cuatro banderas, dos a cada lado, y se depositó solemnemente un ornamento floral con rosas rojas martiriales. El Reverendo Padre Don Emmanuel Pujol, presbítero diocesano y carlista veterano a pesar de su juventud, rezó un responso tradicional según el usus antiquor y dictó una homilía cuyo texto puede leerse íntegro en el anexo de esta crónica.

 

 

 

A continuación, nos trasladamos hasta el monumento a los mártires de la Cruzada de Tarrasa que se ubica en el interior del mismo Cementerio, a pocos metros de distancia de la sepultura de don Ramón. En el monumento, Roure nos regaló una magistral explicación histórica y artística del mismo, y Víctor Ibáñez leyó un soneto en honor a los mártires: «Rindámosles honores / a los hombres que han caído / el recuerdo nunca es muerte / no caeréis en el olvido…»




Finalmente, con el Toque de Oración de solemne corneta y con el canto del Oriamedi, plegamos las banderas y abandonamos el cementerio con recogimiento.
 
El almuerzo de hermandad tuvo lugar en una tradicional masía catalana donde se ubica un restaurante de carne a la brasa. Durante los cafés, se dictaron tres parlamentos.
 
En el primero, nuestra correligionaria Helena Escolano, filósofa, en continuación con el parlamento que ella ya dictó el pasado mes de marzo con motivo de nuestro acto por los Mártires de Tradición, hizo una analogía entre lo que en música se conoce como «acorde puente» (acorde común a dos tonalidades y que permite el deslizamiento armónico de una a otra sin que el oído perciba tal cambio) con las falacias del liberalismo. Ya publicó en La Esperanza dos artículos sobre el tema (aquí y aquí), y sus parlamentos en los actos del Círculo —tanto el de marzo como el presente— pueden leerse íntegros en el cuaderno de bitácora.



En el segundo, Víctor Ibáñez retomó el hilo de la exposición de Helena y lo llevó al terreno práctico con una perspectiva histórica: la falacia de cómo los defensores de los derechos, las libertades y la democracia, asesinaron a don Matías Vinuesa y López de Alfaro, el llamado cura de Tajamón, en el año 1821, es decir, hace justo 200 años, por su defensa de la Tradición. Esta intervención fue un aperitivo del artículo que, sobre esta cuestión, publicaría La Esperanza días después y cuya lectura recomendamos. 

 
Finalmente, José Escobedo agradeció la participación y la asistencia de los presentes y anunció el próximo acto del Círculo: la presentación del libro divulgativo sobre el carlismo más importante de las últimas décadas: La sociedad tradicional y sus enemigos, del profesor José Miguel Gambra, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista y catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense, quien Dios mediante nos acompañará personalmente en Barcelona el próximo día 2 de octubre, festividad de los Santos Ángeles Custodios y primer sábado de mes.
 
En conclusión, celebramos un digno y solemne homenaje a don Ramón Parés y Vilasau, el ilustre mártir carlista que da nombre a nuestro Círculo, cumpliendo así  con nuestro deber de piedad y, además, siendo un honor cumplirlo.
 
¡Viva Ntra. Sra. de Montserrat!
 
¡Viva Cristo Rey!
 
¡Viva España!
 
¡Viva Don Sixto Enrique de Borbón!
 
 
Círcol Tradicionalista Ramón Parés y Vilasau



* * *



Parlamentos pronunciados


A continuación, se transcriben íntegramente las intervenciones y parlamentos pronunciados de la jornada:



A) En el camino de Can Viver (donde Ramón Parés fue martirizado):

    I.  Antonio Peña, historiador.

   II. José Escobedo, jefe del Círcol.


B) En el cementerio de Tarrasa (donde reposan sus restos):

    III. Rvdo. P. D. Emmanuel Pujol, presbítero.

    IV. Roure Sánchez Folch.



C) En el restaurante, a los cafés, tras la comida:

    V. Helena Escolano, filósofa.

    VI. Víctor Ibáñez, licenciado en Derecho.

    VII. José Escobedo, jefe del Círcol.



* * *



Parlamento I. 

Antonio Peña, historiador


Hay individuos que se hacen ricos y famosos, pero sus vidas son sólo materia llena de impudicia y obscenidad. Y hay personas, hombres de una pieza, que trascienden su vida para ser instrumentos de Dios.

Así fueron Ramón Parés y su familia. Vivieron y murieron por y para el renacer y la santidad de España.

Las últimas palabras de Ramón Parés sintetizan nuestros ideales: Un testigo anónimo avisó a su familia y refirió las últimas palabras de D. Ramón: «¡Yo muero, pero la causa, el ideal religioso y patriótico por el que he ofrecido mi vida no puede ser alcanzados por el plomo de vuestras balas! ¡La España católica es imperecedera!, Mis hijos lucharán por ella y la verán triunfante».

Y así fue. España renació para Cristo mediante la sangre martirial de tantos esforzados católicos como Ramón Parés. Y es que la muerte del justo es el principio de la vida, y siembra para el copioso germinar de la patria. Porque aunque el trance parezca insoportable, Cristo nos lo da como camino de redención.

Dios ni abandona a sus fieles ni la Virgen María abandona nuestra patria. Por eso, no perdáis la esperanza.

¡Requetés! ¡Soldados de Cristo! Delante de Dios, Señor de los pueblos. ¡Firmes! Por Dios y por la patria ¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY!



* * *


Parlamento II. 

José Escobedo, jefe del Círcol


Nos encontramos en el lugar exacto donde Ramón Parés y Vilasau fue martirizado el 28 de agosto de 1936.

El día anterior, don Ramón había sido secuestrado por los milicianos en su domicilio de Barcelona. Le detuvieron por ser católico: por amar a Dios y a su patria. Ése fue su «delito». Y quienes lo detuvieron, actuaban por odio. Porque odiaban a Dios y a su patria, y deseaban destruir el objeto de tal odio. Odio que resuena como un eco, como un pavoroso alarido, en diferentes momentos de la historia —el 1917 bolchevique, el 1789 liberal, el 1717 masón, el 1517 luterano— y su rastro alcanza hasta el non serviam primigenio.

Tras su detención lo torturaron, y al día siguiente lo trasladaron a Tarrasa para un «juicio». No llegó a entrar en la ciudad. En la carretera de Sabadell a Tarrasa, en el cruce del camino que va a Can Viver de Torrebonica —justo en el punto donde estamos ahora mismo—, fue vilmente asesinado. Recibió la palma del martirio. Quienes le odiaban, paradójicamente le abrieron las puertas de la vida eterna.

Don Ramón fue ejemplar en todos los ámbitos de su vida: en el religioso, familiar, social, laboral, político… Casado con Francesca Sallent y Casanovas, con quien tuvo 13 hijos. Devoto del Sagrado Corazón de Jesús, en su hogar se vivía el amor y la caridad auténticos que sólo pueden proceder de la fuente de la Vida. Dirigía una empresa textil al tiempo que impartía catequesis en la parroquia del Espíritu Santo (hoy Catedral de Tarrasa), o fundaba la sección local de la Cruz Roja. Diputado provincial y concejal carlista, directivo del Somatén, a la vez que congregante de María Inmaculada, y voluntario en el Hospital de la calle Consejo de Ciento, de Barcelona.

En definitiva, vivía una unidad en todo. Cristo reinaba en él y en toda su vida personal, social y religiosa, que era una misma y única vida. Y murió tal como había vivido: con Dios y con España en sus labios, en su mente y en su corazón. Murió con las edificantes palabras que Antonio nos acaba de recordar.

Es nuestro deber —y un gran honor— honrar la memoria de nuestro mártir, rezar por su alma si fuera necesario, pedir su eventual intercesión si procede, y tomarlo como ejemplo porque se lo merece.

¡Viva Ntra. Sra. de Montserrat!
¡Viva Cristo Rey!
¡Viva España!
¡Viva Don Sixto Enrique de Borbón!


* * *


Parlamento III. 

Rvdo. P. D. Emmanuel Pujol, presbítero


No voy a volver sobre todas las cosas que hizo Ramón Parés y que de hecho hicieron de él un Cristiano ejemplar en todas las facetas de la vida, ya sea en la familia o en la sociedad, en el trabajo, en su parroquia o en su ciudad, que ya se han enumerado abundantemente.

En primer lugar diré que según tengo entendido el martirio de Ramón Parés no ha sido reconocido por la Iglesia, aunque nos sobran los motivos para pensar que muy pronto lo podremos venerar en los altares. El responso que realizaremos será por el alma de Ramón Parés, aun sabiendo que por ser mártir ya gozaría de la bienaventuranza, pero realizamos este acto de piedad subordinando nuestro parecer al juicio de la Santa Madre Iglesia Jerárquica, que todavía no se ha pronunciado sobre esta cuestión. Por tanto, teniendo en cuenta esto, cumpliremos con el deber cristiano de rezar por el alma de los fieles difuntos, encomendando a Dios su alma para que tenga misericordia de él y lo admita en el número de los bienaventurados.

Tenemos motivos muy fundados para pensar que Ramón Parés ya no necesita de nuestras oraciones. Es más: probablemente somos nosotros quienes necesitamos de su intercesión. Sin embargo, esperando el juicio de la Iglesia, rezamos por él, convencidos de que ninguna oración cae en saco roto. Dios distribuirá según su sabiduría el mérito de nuestras oraciones sobre los que más lo necesitan. Este responso se extiende de alguna forma a todos los caídos de nuestra Cruzada, especialmente los que lucharon y murieron por la Santa Causa que nos ha vuelto a convocar hoy aquí.

Es nuestro deber de piedad hacerlo así, y así lo hacemos, reconociendo a su vez que ellos han sido para nosotros un modelo de fidelidad a Cristo y a la Iglesia. Ellos supieron deponer generosamente su provecho personal en aras del deber de defender a Dios y a la Patria. Y por eso pedimos a Dios que tenga misericordia de ellos, y a la vez, estar como ellos dispuestos a arriesgarlo todo, e incluso la vida, en nombre de estos ideales que tienen el valor de las realidades eternas.

Y así, si pedimos estar dispuestos al heroísmo si llega la ocasión, no menos pediremos la constancia en la prosa monótona de cada día, donde se fraguan todas las grandes gestas. Que sepamos recoger dignamente el legado recibido de generaciones de héroes, conscientes de que se lo debemos a Dios, pero también se lo debemos a ellos. Que el recuerdo de Ramón Parés y de todos los mártires de la Tradición sean para nosotros un acicate para no hacer vanos sus sacrificios en aras de la auténtica España.

Las últimas palabras de Ramón Parés, «Yo muero, pero la causa, el ideal religioso y patriótico por el que he ofrecido mi vida no puede ser alcanzado por el plomo de vuestras balas! ¡La España católica es imperecedera! Mis hijos lucharán por ella y la verán triunfante», para nosotros son una profecía y un testamento: somos hijos espirituales de Ramón Parés y de tantos mártires que entregaron sus vidas por estos ideales imperecederos. Con la misma confianza en la victoria podemos asegurar que si no vemos nosotros el triunfo lo verán nuestros hijos.


* * *


Parlamento IV. 

Roure Sánchez Folch


El monumento a los Mártires de la Cruzada, de Tarrasa, fue inaugurado el 24 de enero de 1944 durante las Fiestas de la Liberación, y estaba ubicado en el centro de Tarrasa, en la Plaza de los Caídos, hoy denominada Plaza del Doctor Robert, justo en frente del actual Hospital Mutua de Tarrasa.

Diseñado por los egarenses Frederic Viñals y Jaume Bazin, arquitecto y escultor respectivamente. Su construcción duró 4 años y costó 300.000 pesetas, sufragadas íntegramente por suscripción popular. Se trata, pues, de una obra pagada por el pueblo.

Constaba de 3 pilares de piedra de Montjuich que se alzaban hasta los 15 metros de altura. El pilar central se coronaba con una cruz; el lateral derecho, con un soldado de las Cruzadas del medievo y el Águila de San Juan; y el lateral izquierdo, con un soldado de la Cruzada de Liberación de 1936 y el yugo y las flechas. Al pie, centrada, se encontraba la escultura de la Victoria sobre la inscripción «Caídos por Dios y por España ¡Presentes!». En la parte trasera se encontraba una pequeña cripta con tierra de los diversos lugares donde egarenses dieron su vida por Dios y por la patria.  El resto de la Plaza de los Caídos estaba rodeada de 4 pebeteros. En algún lugar del monumento se encontraba el antiguo escudo de Tarrasa, pero el autor de estas lineas desconoce el lugar donde se ubicaba en el monumento original.

En 1991, con la excusa de las obras del aparcamiento subterráneo de la Plaza, el monumento fue desmontado y abandonado en el cementerio de la localidad. Las piedras de los pilares se utilizaron en los muros de la ampliación del mismo, y varios elementos fueron rotos y tirados a un rincón. Con el tiempo, unos valientes que recordaban las heroicidades de unos y las tropelías de otros, levantaron las estatuas de los dos soldados cruzados, recuperaron dos de los pebeteros, alzaron de nuevo parte del escudo del águila y los restos del escudo de Tarrasa… así este autor conoció el monumento.

Con los años, ha sido vandalizado varias veces, pero jamás han faltado flores y pequeñas imágenes religiosas alrededor del mismo. Finalmente, el Ayuntamiento colocó una pequeña placa en recuerdo de todos los muertos de la «guerra civil», como en tantas otras localidades… aunque a escasos metros hay un enorme monumento a los «represaliados» por el franquismo…

También es de reseñar que la estatua de la Victoria, decapitada y sin brazo, se encuentra en el mismo Cementerio, unos metros más adelante, sin reseñar y sin gloria alguna.




* * *



Parlamento V. 

Helena Escolano, filósofa


Buenas tardes a todos, y gracias por su asistencia.

Al preparar este parlamento, había pensado continuar con el tema que expuse en el encuentro del Círculo de marzo pasado, con ocasión de la fiesta de los Mártires de la Tradición, hilándolo ahora con nuestro mártir Ramón Parés y Vilasau.

Él fue padre de trece hijos, ferviente católico, y no había escindido para nada su vida personal de su vida social y religiosa; había vivido, pues, una unidad en todo. Pensé, ¡qué modelo! Y luego morir así: a manos de unos milicianos que primero lo torturan para luego al día siguiente arrastrarlo hasta un camino, como en el que hemos estado esta mañana, para asesinarlo. Aquella situación de guerra me hacía pensar en las palabras de San Pablo a los Efesios cuando decía que las guerras verdaderas no las libramos con carne y sangre, sino con Principados, Virtudes y Potestades; o sea, con demonios que nos influencian a nosotros y, cuya estela podemos reseguir en la historia, en los años, hasta el momento en el que torturan y asesinan a Ramón Parés y Vilasau.

Pensando en esta guerra que los demás llaman «Guerra Civil» remarcamos que para nosotros es una Cruzada. Porque sabemos perfectamente que en realidad fue una persecución religiosa, y que lo que allí se dirimía no era solamente qué orden político se quería implantar, sino qué sociedad se quería: una sociedad que tuviera a Dios en el centro —una sociedad que estuviera vertebrada conforme a las leyes de Dios— o una sociedad que apartara a Dios incluso quemando sus Iglesias, como sucedió en Arenys de Mar, donde vivo. Allí, los frailes franciscanos fueron perseguidos, tuvieron que abandonar el convento, y los propios fieles del pueblo tuvieron que convertir, camuflar, la Iglesia en una aparente carpintería, para que cuando vinieran los milicianos no la incendiaran. Por eso, aún tenemos esa Iglesia. Por eso, es una Cruzada: porque en realidad lo que se dirimió es lo que San Agustín decía: la Ciudad de Dios o la ciudad de los hombres; un intento de hacer la Ciudad de Dios, o un intento de apartar a Dios de la ciudad, del todo.

Y pensando en esta idea me acordé también de Sun Tzu, que escribió El Arte de la Guerra, en tiempos de Platón, cinco siglos antes de Cristo, donde enseñaba que, para derrotar al enemigo, o para no dejarnos derrotar por él, hay que conocerlo.

Entonces, se trataría de conocer cómo nos influencian esas Virtudes y Potestades para desenmascararlas, porque siendo estas Virtudes y Potestades seguidoras del Príncipe de la Mentira, los ardides que tiene éste son sibilinos. Y siendo como son, mucho más inteligentes que nosotros, tienen unos engranajes y unas modulaciones impresionantes, de las cuales nosotros nos hacemos eco.

Por eso quise continuar también la idea que comenté en nuestro encuentro de marzo pasado: una analogía con lo que en música llamamos «acordes puente»: conglomerado de notas musicales que suenan juntas, en una vertical de notas —una encima de la otra— y que tienen componentes de dos tonalidades, la tonalidad que se deja y la tonalidad a la que se quiere llegar. Luego, por tener notas de esas dos tonalidades, permite que el oído perciba una especie de deslizamiento armónico y no se entere de lo que pasa, sino que se pasa de una tonalidad a otra sin que el oído lo perciba.

Eso es muy interesante musicalmente, pero también tiene su correlato en el mundo moral. Es decir, cuántas veces el mal no se presenta como mal —en cuyo caso sería fácilmente rechazable— sino que tiene muchos componentes de lo bueno, del bien, de manera que en el acorde moral nosotros no percibimos que nos estamos deslizando hacia otro terreno, azufroso. Hay muchos ejemplo de ello. Por ejemplo, podemos ver cómo lo hace el liberalismo, que es de lo que trataremos a continuación.

El liberalismo ha hecho este deslizamiento con respecto de las virtudes cristianas tradicionales, y el resultado de ese deslizamiento nos lo presenta como bueno. Así, uno de los principales divulgadores actuales del liberalismo, Juan Ramón Rallo, explica cuatro aspectos que son comúnmente aceptados como algo bueno, que serían como los adalides del liberalismo. En esos cuatros puntos se observa perfectamente cómo se introduce un acorde puente para que estemos en una tonalidad, y con ese acorde puente pasamos a otra tonalidad distante, en la que ya no estamos donde estábamos, pero nos sigue pareciendo igual de moral, bueno y digno que la posición anterior.

El primero de esos puntos es «colocar a la persona en el centro». Eso suena a pedagogía postmoderna, y se predica en todos institutos, colegios, y centros concertados, como los de jesuitas y demás. Siempre dicen: «ponemos al alumno en el centro. Esto muy liberal y muy propio de los actuales colegios pseudocatólicos o católicos modernistas. Puede sonar muy bien, pues ya hemos pasado el acorde, y sigue sonando bien pero, en realidad, ya estamos fuera del acorde puente. Porque, si ponemos al alumno en el centro, eso quiere implica que en ese centro ya no está Dios. Eso es evidente. Sólo hay un centro. Y, ¿qué se pone de la persona? Porque podría ponerse la profundidad de su alma, etc., pero no: son los deseos, los propios deseos lo que se ponen «en el centro». Por tanto, el liberalismo no busca imponer, porque la palabra imponer tiene muchas connotaciones negativas, no le va a decir a nadie cómo debe vivir su vida, ni ninguna concepción de lo que son las cosas, porque claro, estas personas – mejor dicho, sus deseos- están en el centro… Aquí se ve la resonancia del  bíblico «seréis como Dios»: uno mismo es «dios» y dice lo que está bien y lo que está mal, uno mismo está en el centro y los propios deseos deben ser venerados. En primer lugar porque ya se puso en el centro a la persona y a sus deseos, quitando a Dios de su lugar, de la sociedad, de toda institución, de todo aquello que fundamenta, que fermenta, que hibrida la vida colectiva, que es algo natural al ser humano. Si de allí ya se quitó a Dios, entonces, ¿en qué consiste esa libertad?. Porque aquí ya entra la falacia del lenguaje, siendo como es príncipe de la mentira; son como si fueran un Beethoven, pero de la mentira, elaborando unos procesos de modulación impresionantes.

¿Cómo se utiliza aquí la palabra libertad? No en el sentido de la tradición clásica, es decir, como la posibilidad que cada cual tiene, en virtud de sus capacidades y de la Gracia de Dios, para llegar a aquello que es conforme a su naturaleza. No, sino que es la «libertad» de realizar los propios deseos. Por tanto, aquí ya se ha cambiado, ya se ha modulado, aquí ya estamos en el imperio de los deseos. La tradición clásica, desde Platón, ya nos enseña que esto es un engaño, porque quien está sujeto a los deseos no es libre, sino que es un esclavo de ellos. Por tanto, ya nos están engañando, ya nos están diciendo que somos libres, cuando en realidad nos están haciendo esclavos de deseos. Esto es un fundamento de la doctrina liberal. Cuando se pone a los deseos en el centro de toda vida moderna, social, personal, se crea una especie de «imperio del deseo», mientras que Dios va quedando cada vez más recluido, más metido en lo privado.

Y al mismo tiempo se va haciendo esa escisión, entre lo que es social y lo que es personal (mientras que el hombre, en realidad, en su naturaleza, no tiene esa escisión. Aristóteles ya nos explicó, en la Política, que el ser humano tiene una naturaleza social, puesto que tiene lenguaje. El hombre el único animal que tiene lenguaje. Y, como con el lenguaje podemos designar lo que es justo e injusto, lo que es provechoso y nocivo, lo que es bueno y lo que es malo, es gracias al lenguaje, que es propio de nuestra naturaleza, que tenemos una condición moral y social. Por lo tanto, no podemos separar la naturaleza social de la naturaleza personal. No existe esa distinción en la realidad. Es un error liberal.

El hombre se desarrolla en sociedad. Es más, fuera de sociedad ni siquiera desarrolla lenguaje. Eso ya se ha probado empíricamente: niños que se han criado fuera de la sociedad no han desarrollado lenguaje. Y si más allá de los dos años un niño no desarrolla lenguaje, ese niño no accederá a los conceptos abstractos del bien y del mal. Esto se puede comprobar empíricamente.

Tenemos por un lado todas esas falacias, todas esas mentiras, tergiversaciones, que se nos dicen para que caigamos en el liberalismo, para que vayamos destronando a Dios. Este proceso se va haciendo de manera muy sibilina a través de las falacias del lenguaje. Esta es otra manera de mentirnos, de manera normalizada, sin que nos demos cuenta. El liberalismo nos lleva desde una posición hasta su terreno sin darnos cuenta. Y es más: aparentando moralidad.

Otra mentira: se nos dice que ésta (la liberal) es la única manera de que puedan coexistir, pacíficamente se supone, todas las creencias, que es la única manera de acabar con las guerras, con todo tipo de conflictos, que es la única manera de salvaguardar esta coexistencia pacífica entre todos los ciudadanos, tengan la procedencia que tengan. Esto puede sonar muy bonito pero ya se ve que aunque no pretenda sentar doctrina —sino que pretende ser la neutralidad— esto ya es doctrina en sí mismo. Ya se pasó el acorde puente. Y es que aquello no es cierto: no tenemos más que ver la historia del siglo del XX y los millones de muertos en las dos guerras mundiales provocadas por todas las ideologías liberales, con lo cual se refuta histórica y empíricamente tal creencia.

Por otra parte, están las falacias del lenguaje: cómo nos engañan mediante el lenguaje. Si hacemos como hacen los ingenieros —buscando los engranajes, cómo un engranaje mueve a otro y logra el resultado final— normalmente tales falacias proceden de la siguiente manera: se toma una de las acepciones de una palabra (o ya ni siquiera una acepción, sino una arista de la misma); se toma esta acepción o arista por el todo y luego se cambia su significado. Por ejemplo, la palabra “género” se ha usado tradicionalmente en dos sentidos: o la clasificación de las palabras en su ámbito lingüístico (el género masculino o femenino de las palabras y, en algunas lenguas como el alemán, el neutro), y también otra acepción metafísica (Aristóteles: los entes tienen género, etc.). Ahora bien, se toma una arista de una acepción, como es en la lingüística, y allá hacen una transmutación para asimilarla a la palabra «sexo», palabra de contenido biológico y que únicamente significa dos posibles combinaciones de cromosomas: XX o XY. Y punto. Pero ya han cambiado «género» por «sexo», a través de una falacia del lenguaje. Hasta tal punto se ha impuesto eso, que un profesor colega de Madrid ha tenido que ser defendido por Abogados Cristianos por haber explicado en clase que sólo hay dos sexos biológicos, correspondientes a dos únicas combinaciones cromosómicas. Eso es un efecto de una falacia del lenguaje que ya ha llegado a institucionalizarse a nivel legal, con la persecución correspondiente. No hablemos ya de palabras como «resignificación», que quiere decir cambiar el significado conforme al criterio que cada uno tenga del mismo. Y podíamos poner más ejemplos: «ideología de género», «memoria histórica» (a la «memoria» le quitamos toda la «historia» y solamente queda la parte por el todo).

Y ya para acabar, Quintín Racionero, profesor de de Filosofía (que en paz descanse), contaba que en un episodio de la segunda parte de Alicia en el país de las maravillas (Alicia a través del espejo) —escrita por Lewis Carrol, profesor de Lógica—, la niña Alicia se encuentra en un muro con un ser ovoide, un huevo antropomórfico llamado Humptty-Dumpty. Éste le pregunta a Alicia: «¿Cómo te llamas?», «cuál es tu profesión»… Ella va contestando y él va retorciendo el lenguaje de la manera más pedante y prepotente que uno pueda imaginar, para dejar a la niña como estúpida y conducir él la conversación por donde quiere, hacia los absurdos más grandes que se pueda decir.

Al final, él dice: «te has cubierto de gloria»; y Alicia responde: «gloria no significa eso». Él va pidiendo que vaya definiendo las palabras; Alicia va dando definiciones, pero él alega que cada definición que ella dice es errónea. Alicia, cansada, insiste;  lo que Humptty-Dumpty concluye: «No importa lo que signifiquen las cosas, sino quién manda aquí». Correlato perfecto de lo que está pasando actualmente. ¿Quién tiene el poder? Acordémonos de Humptty-Dumpty, el pedante del muro, la próxima vez que escuchemos una falacia del lenguaje.

Pero debemos aprender a desenmascararlas; es algo difuso, está muy implantado, por ejemplo en los colegios: a vuestros hijos les enseñan la educación afectivo-sexual, por ejemplo, y en estas doctrinas les enseñan que el bien es mal y el mal es bien.

Pero nos queda la unión entre nosotros —que deseo que sea creciente—, nos queda la ayuda de Dios, que no nos va a dejar, y nos queda la razón que Él nos dio para desenmascarar las mentiras del adversario, que son muchas y muy bien trabadas.

Muchas gracias.



* * *


Parlamento VI. 

Víctor Ibáñez, licenciado en Derecho


 

Mosen Pujol, autoridades de la C.T. en el Principado, estimados correligionarios:

Retomando el hilo de lo que magistralmente ha señalado la profesora Helena Escolano, voy a llevar dicho argumentario al terreno práctico con una perspectiva histórica.

Es evidente que todas las falacias que ha señalado, y que hoy día están presentes, operan destruyendo la ontología, la realidad y la objetividad. Éstas se sustituyen por la ideología, las emociones y por el subjetivismo. Y éste último enlaza con la sensiblería más ñoña («hoy de siento de esta manera o me siento de esta otra, hoy me siento deprimido»). Así, la realidad de las cosas ha sucumbido ante el imperio de lo emotivo. En definitiva, sufrimos el último eslabón de un proceso que se inició hace mucho tiempo.

Este año se conmemoran el 200 aniversario del asesinato de don Matías Vinuesa y López de Alfaro, el llamado cura de Tajamón, que fue uno de los primeros conspiradores, en el buen sentido de la palabra, por Don Carlos. Estamos en la época del Trienio Liberal, cuando los liberales dan el golpe de estado, cuando tienen al Rey Fernando VII cautivo, imponiendo la Constitución de 1812. Aquí encontramos las primeras falacias en su aplicación práctica sobre el orden social: aquella «constitución política de la monarquía española» con calculada ambigüedad pretendió embaucar al pueblo español con una confesionalidad católica «dura» pero afirmando asimismo la soberanía «nacional»… pese a que la misma jamás fue sometida al escrutinio de toda la nación a la que decía representar. ¿Y quién elegía a esos gobiernos liberales? En última instancia a través de un sistema de sufragio indirecto una minoría muy exigua de nuevos ricos. Cuando los verdaderos representantes de la nación, en el sentido tradicional, como este ilustre sacerdote don Matías Vinuesa, intentaron luchar para volver a la senda de la Tradición, aquellos mismos que defendían los derechos de libertad de imprenta y secreto de las comunicaciones los niegan a los tradicionalistas. Piden la pena de muerte para el sacerdote. Sólo lo salva de dicha aplicación sus hechos heroicos durante la guerra de la Independencia. Es condenado finalmente a diez años de prisión, pero curiosamente en ese momento los guardianes se ausentan, nadie le custodia, y una banda dirigida por la masonería, por los comuneros, entra y lo asesina a martillazos. Los que se supone que estaban en la cúspide de la defensa de los derechos, de las libertades, de la democracia, y de la libertad de cada uno.

Pues bien, traigo este ejemplo porque se cumple el 200 aniversario de este hecho poco conocido. La gente piensa que el carlismo empieza en 1833, pero realmente es un proceso que se inicia mucho antes: las primeras tentativas  fueron contra la Constitución de 1812, de la «extrema izquierda» de entonces. En nuestros días, parece que la reacción frente al progresismo actual, frente a la izquierda hodierna, es el liberalismo, cuando en realidad no es más que la continuación de ese nefasto proceso de ruptura del orden y la tradición.

Como se trata una cuestión de principios, simplemente querría concluir mi intervención con estas palabras: vayamos a los principios, fortalezcamos los principios a través de las actividades que organice el Círculo u otras organizaciones afines, siempre partiendo de los principios, y no claudiquemos por tacticismo o comodidad. Muchas gracias.
 

* * *



Parlamento VII. 

José Escobedo, jefe del Círcol


Muchas Gracias, mosén Emmanuel Pujol, por su asistencia a nuestro Círculo —la primera de una lista larga, si Dios quiere— y por su responso y homilía de esta mañana en el Cementerio.

Gracias, Víctor, por tu excelente intervención y por traer a nuestra memoria a don Matías Vinuesa, un personaje tan ejemplar como injustamente olvidado. Leeremos con atención el artículo sobre él que estás preparando para el periódico La Esperanza.

A nuestra correligionaria Helena Escolano, por tu parlamento anterior y por darnos las claves (también musicales) para ayudarnos a desenmascarar las falacias del liberalismo.

A Antonio Peña, por tu parlamento de esta mañana en el camino de Can Viver. Por la redacción de la Semblanza de nuestro mártir que hemos publicado el día 28 de agosto en el cuaderno de bitácora del Círculo y en el periódico La Esperanza. Y por todo tu empeño e ilusión en la organización del acto de hoy, sin los cuales no habría lucido con la solemnidad con que lo ha hecho.

A María, por llevar las flores, símbolo de nuestras oraciones, hasta la tumba de nuestro mártir.

A Roure, por tu improvisada y magistral intervención ante el monumento a los Mártires de Tarrasa.

A nuestros abanderados de hoy: Eduardo, Quim y los hermanos Peña-Eckart.

A los valientes que habéis marchado por la carretera con las boinas rojas y las banderas al viento, donde resonaban vuestros cánticos carlistas: Iván, Pablo, Juan, Roberto, Quim, Eduardo, Jordà, Roure, Víctor, Antonio.

A Teresa y María, por vuestra asistencia y paciencia.

Y a todos los demás asistentes, correligionarios y amigos, ¡muchas gracias!

Porque gracias a todos vosotros hemos realizado un muy digno y completo homenaje al ilustre mártir carlista que da nombre a nuestro Círculo del Principado de Cataluña. Un homenaje que es un deber pero también un honor. Nuestro Círculo es grande en honor y en deber, aunque sea joven en edad y en recursos. Pero el acto de hoy sirve también para consolidar nuestro Círculo y anunciar próximas actividades.

En efecto, como ya hemos anunciado durante el almuerzo, el próximo 2 de octubre tendrá lugar en Barcelona la presentación del libro divulgativo sobre el carlismo más importante de las últimas décadas: 
La sociedad tradicional y sus enemigos, del profesor José Miguel Gambra, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista y catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense, con la presencia del autor, D.m. 

La presentación en Barcelona correrá a cargo de Helena Escolano, discípula del autor y correligionaria nuestra. Estáis todos invitados y nos vemos, Dios mediante, el próximo 2 de octubre, fiesta de los Santos Ángeles Custodios y primer sábado de mes.


¡Viva Ntra. Sra. de Montserrat!
¡Viva Cristo Rey!
¡Viva España!
¡Viva Don Sixto Enrique de Borbón!

dimarts, 14 de setembre de 2021

Una Diada a pals i retrets


 Junqueras va ser rebut pels manifestants secessionistes amb crits de «traïdor», «fatxa», «botifler»...


(Traducción al castellano, al final)


Dues són les característiques de la Diada nacionalista d’enguany: la violenta divisió entre els mateixos secessionistes i la baixa participació de manifestants.

En efecte, aquest 2021, per primer cop a una Diada s’han cremat imatges del President de la Generalitat, Pere Aragonés, juntament amb la ja habitual crema d’imatges del Cap de l’Estat espanyol. La crema ha tingut lloc a la manifestació organitzada per la CUP (extrema esquerra secessionista), els diputats de la qual van investir en el seu moment al President que ara cremen en imatge, i a més a més el mantenen en el poder actualment.

 

Aquest 2021, per primer cop a una Diada s’han cremat imatges del President de la Generalitat.

El líder d’ERC, Oriol Junqueras —que va estar empresonat dos anys per sedició contra Espanya—, va ser rebut pels manifestants secessionistes amb crits i pancartes de «traïdor», «fatxa», «botifler», «fora Junqueras!», «pagueta i cadireta», «ens heu venut», etc., tant a l’ofrena floral al monument a Casanovas del dia 11 al matí com a l’homenatge al Fossar de les Moreres de la nit anterior.

I la violència va pujar de to quan una parada de la secessionista Aliança Catalana situada al Fossar de les Moreres va ser destruïda i els seus simpatitzants agredits violentament per altres secessionistes però d’extrema esquerra. Igualment, diversos membres de les «ultradretanes» i secessionistes Renaixença i del MIC (un d’ells de raça negra) van ser apallissats per «antifas» antiracistes blancs d’ «extrema esquerra».


Violència entre secessionistes.

I és que l’odi que els secessionistes senten per Espanya només el supera l’odi que els secessionistes es tenen entre ells. Aquest odi i divisió és conseqüència de l’abandonament de la recerca i defensa del bé comú, propi de la societat tradicional, per a passar a cercar cadascun fins particulars diferents, propi de les societats liberals i revolucionàries. Amb això, es cau en l’anarquia i en la contradicció de, per exemple, cremar fotografies d’un President que hom ha votat i està mantenint en el poder. O que «antiracistes» blancs secessionistes apallissin a un negre també secessionista perquè el consideren d’ «extrema dreta».

D’altra banda, la participació a les manifestacions de la Diada es va enfonsar enguany al no superar la xifra de cent mil manifestants, tot i que la Guàrdia Urbana d'Ada Colau intenti salvar els mobles en xifrar la participació en 108.000 persones, i els organitzadors secessionistes engreixin encara més la xifra, fins als 400.000. Sigui com sigui la xifra real, la punxada és evident: la Guàrdia Urbana va comptabilitzar 600.000 assistents en la Diada del 2019, l’última celebrada.

Aquestes dues característiques vistes —la violenta divisió entre els propis secessionistes i la baixa participació de manifestants— tenen un mateix origen: la frustració dels secessionistes per l’incompliment de les promeses dels líders del Procés.

Tal frustració es pot sintetitzar en la mirada d’un manifestant que aquest 11-S, davant el monument a Rafael Casanovas, duia una samarreta vella i descolorida amb l’eslògan «A punt, via lliure cap a la independència» propi de la Diada de l’any 2015. Sis anys després, la mirada d’aquesta ànima càndida i groga, amb samarreta descolorida del 2015, resumeix la frustració de no poder menjar gelat cada dia per a postres, com li van prometre els líders secessionistes en el seu moment.


Josep de Losports. Círcol Tradicionalista Ramon Parés y Vilasau (Barcelona)

   

Manifestante en 2021 con una camiseta de la Diada del 2015: «A punt! Via lliure per la independència».

 

* * *
 

 Traducción al castellano:

 
Una Diada a palos y reproches
 

Dos son las características de la Diada nacionalista en Cataluña de este año 2021: la violenta división entre los propios secesionistas y la baja participación de manifestantes. 

En efecto, este año, por primera vez en una Diada se han quemado imágenes del Presidente de la Generalidad, Pere Aragonés, junto a la ya habitual quema de imágenes del Jefe del Estado español. La quema ha tenido lugar en la manifestación organizada por la CUP (partido de extrema izquierda secesionista), cuyos diputados en el mal llamado Parlament invistieron en su día al Presidente cuya imagen ahora queman, y lo mantienen en el poder actualmente. 

El líder de ERC, Oriol Junqueras —que estuvo dos años en prisión por sedición contra España—, fue recibido por los manifestantes secesionistas con gritos y pancartas de «traidor», «facha», «botifler», «¡fuera Junqueras!», «paguita y sillita», «nos habéis vendido», etc., tanto en la ofrenda floral en el monumento a Casanovas del día 11 por la mañana como en el homenaje en el Fossar de les Moreres de la víspera.

Violencia entre ellos mismos: El odio que los secesionistas sienten por España solamente es superado por el odio que los secesionistas se tienen entre ellos.
 

Y la violencia subió de grado cuando una parada de la derechoide y secesionista Aliança Catalana situada en el Fossar de les Moreres fue destruida y sus simpatizantes agredidos violentamente por otros secesionistas, pero de extrema izquierda. Igualmente, varios miembros de las «ultraderechistas» y secesionistas Renaixença y del MIC (uno de ellos de raza negra) fueron apaleados por «antifas» antiracistas blancos de «extrema izquierda».

Y es que el odio que los secesionistas sienten por España solamente es superado por el odio que los secesionistas se tienen entre ellos. Este odio y división es consecuencia del abandono de la búsqueda y defensa del bien común, propio de la sociedad tradicional, para pasar a buscar cada uno intereses particulares distintos, propio de las sociedades liberales y revolucionarias. Con ello, se cae en la anarquía y en la contradicción de, por ejemplo, quemar fotografías de un Presidente que uno mismo ha votado y está manteniendo en el poder. O también de que «antiracistas» blancos secesionistas apaleen a un hombre negro también secesionista porque lo consideran de «extrema derecha».

Por otro lado, la participación en las manifestaciones de la Diada se hundió este año al no superar la cifra de cien mil manifestantes, aunque la Guardia Urbana de Ada Colau intente salvar los muebles al cifrar la participación en 108.000 personas, y los organizadores secesionistas engorden aún más la cifra, hasta los 400.000. Sea cual sea la cifra real, el pinchazo es evidente: la Guardia Urbana contabilizó 600.000 asistentes en la Diada del 2019, la última que se celebró.

Estas dos características vistas —la violenta división entre los propios secesionistas y la baja participación de manifestantes— tienen un mismo origen: la frustración de los secesionistas tras el incumplimiento de las promesas por parte de los líderes del Procés.

Tal frustración se puede sintetizar en la mirada de un manifestante que este 11-S, ante el monumento a Rafael Casanovas, vestía una camiseta vieja y descolorida con el eslogan «A punt, via lliure cap a la independència» propio de la Diada del año 2015. Seis años después, la mirada de esta alma cándida y amarilla, con camiseta descolorida del 2015, resume la frustración de no poder comer helado cada día de postre, como le prometieron los líderes secesionistas en su día.

 

Josep de Losports. Círcol Tradicionalista Ramon Parés y Vilasau (Barcelona)


Promesas incumplidas: ¿dónde están los helados de postre cada día que prometieron?



 
Publicado en el periódico La Esperanza:
[ https://periodicolaesperanza.com/archivos/7696 ]




divendres, 10 de setembre de 2021

11-S: la Diada separatista y la «contradiada» separadora

 


Un año más, llega la fecha del 11 de septiembre y en el Principado de Cataluña vuelven las celebraciones nacionalistas y secesionistas de la «Diada». Conmemoran la defensa heroica de Barcelona del año 1714 de Nuestro Señor, pero la presentan como lo contrario de lo que históricamente fue. Así, una guerra de sucesión al trono de las Españas se presenta como una guerra de secesión y conquista; y los independentistas republicanos laicistas de hoy día rinden homenaje en el Fossar de les Moreres a unos combatientes del siglo XVIII que en realidad fueron fervientes católicos, monárquicos e hispánicos.

En efecto, Francisco Canals Vidal (Cristiandad, núm 556. Junio 1977) observa que, «desde el Alzamiento de 1705, los combatientes del bando austracista en la Corona de Aragón luchaban no sólo por la sucesión de la Casa de Austria en el trono español, sino muy expresa y conscientemente por los ideales tradicionales, frente a la “modernidad europea” del absolutismo borbónico». Estos ideales serían paralelos con los que después fueron característicos del carlismo, y dan la razón en este punto a Rovira y Virgili (Història dels Moviments nacionalistes, 1914) cuando afirma que «los herederos de 1640 y 1714 son en realidad los carlistas de la montaña catalana».



En cambio, el nacionalismo catalán que padecemos actualmente en el Principado, tiene su origen en el romanticismo de raíz liberal y revolucionaria. No busca en la propia historia los principios de la Tradición que bebieron nuestros antepasados sino que, al contrario, moldea y manipula la historia —cual plastilina— para adaptarla a su ideología. Sus propios fundadores decimonónicos no pueden ocultar el desarraigo y extrinsecismo de sus actitudes y vivencias: así lo confesaba Rubió y Lluch cuando, hablando sobre Milà y Fontanals, afirmaba que de aquella escuela parecía ser «la negación de nuestra propia personalidad».

Así las cosas, el nacionalismo catalán actual, como «buen» liberalismo que es, endiosa la voluntad espontánea del hombre, y en consecuencia abandona la defensa del bien común temporal o inmanente —esto es, la posibilidad de una vida naturalmente virtuosa, que enseñaba Aristóteles— perfeccionado por el pensamiento cristiano —Santo Tomás— que encauza dicho bien inmanente hacia lo trascendente, esto es, la bienaventuranza eterna, asequible a todos por la mediación de la Iglesia.

Como consecuencia de lo anterior, cuando el nacionalismo catalán —de raíz liberal— deviene separatista, resulta ser sedicioso, ya que abandona aquel bien común inmanente y trascendente para perseguir únicamente bienes particulares: ya sea el afán de dominio de los partidos políticos o de la burguesía, ya sean las ventajas económicas («déficit fiscal», «Espanya ens roba»), o ya sea la simple soberbia de tenerse por una raza superior (recuérdense las humillantes palabras de Jordi Pujol hacia los andaluces). Y a colación, aquella campaña de la ANC según la cual con la independencia los catalanes «tendríamos helado de postre cada día». 


Al destruir así el bien común, se destruye también su principal componente que es la unidad y la armonía social.

En los últimos años, esta unidad y armonía social se ha intentado recomponer, pero no por la vía que hubiera sido la correcta y eficaz —es decir, volviendo a defender el bien común en una sociedad de principios tradicionales—, sino ahondando aún más en el problema, echando gasolina al fuego: mediante el constitucionalismo o mediante un patriotismo español sentimental, folclórico o identitario. Todos ellos de raíz igualmente liberal, como el nacionalismo catalán que pretenden combatir.

Así, el constitucionalismo español nunca podrá recomponer tal unidad que pretende, pues su propia naturaleza se lo impide. En efecto, y siguiendo a José Miguel Gambra (La sociedad tradicional y sus enemigos, 2019) el constitucionalismo dice fundarse sobre las cláusulas de un pacto libremente aceptado por los ciudadanos, en virtud del cual ceden unos derechos, que supuestamente todos poseen por naturaleza en igual medida, para constituir una sociedad política, o Estado. El fundamento ya no se halla en la conformidad con los fines naturales y sobrenaturales del hombre —que sería lo que podría recomponer la unidad y la armonía social, dirigiéndola hacia el bien común—, sino en las cláusulas del pacto que son adoptadas por convención, sin atenerse a criterio alguno de justicia, fuera de la libre voluntad de los individuos. Por tanto, ya no se caracteriza por su fin, sino por su causa eficiente (por su origen); porque tiene por justo lo que emana de la ley fundada en el pacto y de la mera voluntad de sus miembros. Voluntad que tanto puede ser la unidad como la secesión.

Además, cierto patriotismo facha defiende la unidad del Estado como un fin en sí mismo. Pero, como nos recuerda José Miguel Gambra, «de suyo la escisión puede ser necesaria para alcanzar el bien común en sentido clásico y católico (…) De igual manera, la formación de unidades superiores será conveniente cuando se trate de lograr mejor y más universalmente el fin natural y sobrenatural de la vida en común, pero serán rechazables cuando se trate de lograr otros fines contrarios a la religión: la Cristiandad era deseable, no la Unión Europea forjada bajo el signo del laicismo o de la laicidad».


En otras palabras, no se trata de combatir la secesión catalana per se, o de defender la unidad como un fin en sí mismo (eso también lo hacen los laicistas de la Unión Europea o los globalistas pro-gobierno mundial), sino de defender el bien común inmanente y trascendente, y los principios tradicionales en la sociedad.

Lamentablemente, la «contra-Diada» actual se basa en aquellas premisas equivocadas. En fundaciones que defienden la nación (no la patria) desde el constitucionalismo (liberalismo). En presidentes de fundación que siguen la filosofía de Gustavo Bueno —el materialismo filosófico— sobre el cual pretenden construir la unidad de la nación. En partidos políticos que niegan los fueros y el regionalismo constitutivo de las Españas, y en tal negación sólo conseguirán el efecto contrario al deseado. En profesores universitarios y de secundaria de ideología marxista que, aunque es de admirar su valiente oposición al régimen totalitario pujolista y postpujolista, nunca podrán aportar unidad y armonía social, debido a su ideología antinatural. Y en medio de tal magma de errores y herejías, la presencia de un tradicionalista sólo sirve como causa de confusión; y no procede como dispensa argumentar que tal presencia se explica como reacción ante el peligro separatista: ya decía Gómez Dávila, en uno de sus Escolios, que «nada más peligroso que resolver problemas transitorios con soluciones permanentes» (EI, 70a).

La unidad y la armonía social —que fue rota por el liberalismo tras su consecuente abandono del bien común— sólo podrá restablecerse volviendo al punto anterior a su ruptura, esto es, recuperando los principios existentes en el momento de unidad y armonía, y aplicándolos con prudencia en el momento actual. En otras palabras, solamente la vuelta de la sociedad a los principios tradicionales podrá recomponer la unidad anhelada.

Así lo creía también Torras y Bages (La Tradició Catalana, 1892) cuando escribió su conocida frase de que «Cataluña será cristiana o no será». Si Cataluña no es católica, no llevará sino a la construcción de una «Cataluña de papel», una fantasmagoría sólo real para intelectuales desconocedores de las cosas y de los pueblos.



Tanto el nacionalismo catalán por un lado, como su reacción constitucionalista, identitaria o sentimental españolista por otro lado, conducen al mismo abismo. De la misma forma que no cabe cooperación necesaria con ninguna de ellas, urge construir una alternativa auténtica, es decir, tradicional, para la Cataluña venidera.


Josep de Losports
Círcol Tradicionalista Ramon Parés y Vilasau, de Barcelona.

 

Publicado también en el periódico La Esperanza: https://periodicolaesperanza.com/archivos/7611