divendres, 13 de febrer del 2026

De Babilonia a Roma (XVI): Los libros de autoayuda y la dictadura de la felicidad


 

De Babilonia a Roma (XVI): Los libros de autoayuda y la dictadura de la felicidad


Al conseguir que creas que contigo te bastas y sobras y que no necesitas salvación, te hace sentir un falso poderío que te embauca con una falaz suerte de superpoder que no es más que tu triste ego intentando salir de la jaula



¿Te acuerdas del fruto que colgaba del árbol en el Edén? A Eva le pareció muy bueno y, claro, ante lo apetecible, uno no razona; actúa movido por cualquier impulso, menos por la razón sosegada y ponderada. Ante lo apetecible y agradable, la prudencia se difumina hasta desaparecer. La promesa de un atisbo de paraíso terrenal en formato placer a corto plazo es una tentación irresistible. Ese merecimiento que bautiza toda tentación. «Tus deseos son órdenes», nos susurra la serpiente. Y lo que se nos escapa es que el deseo lo inoculó ella. Veneno.

Pues eso es lo que pasa con este tipo de literatura, que no sin un poco de vergüenza confieso haber devorado, como quien se hincha a comer donuts. Son buenos, pero lejos de nutrir, destruyen y arrasan con la salud. Después de la literatura gnóstica y cristiana heterodoxa, apareció este tipo de literatura: la autoayuda.

En la Nueva Era todo se mezcla en un pomposo y arrogante sincretismo, como si de un buffet libre se tratara. Cada cual mete en su ensalada aquello que le parece más apetitoso; todo está permitido. ¿Te has fijado en los buffets de los hoteles? Veo con horror platos que rebosan comida imposible: langostinos, un filete, huevos rellenos, patatas fritas, paella, torreznos de Soria, sushi aderezado con salsa rosa, teriyaki y alioli. Vomitivo solo verlo. Indigesto. No se me ocurre una imagen más elocuente para el sincretismo nuevaerístico. No fue difícil encontrar en las estanterías de las librerías, junto a un evangelio apócrifo, El Curso de Milagros o Tus zonas erróneas de Dyer. Apetitosas. La enésima zanahoria que me iba a sacar del hoyo. La Nueva Era es mesiánica, no lo olvidemos. Las promesas falaces de un reino que se aleja conforme avanzamos. Lo dramático es que, de seguir caminando la ancha senda, hasta el verdadero paraíso cerrará sus puertas ante nuestra obstinación en el error. Éste es el verdadero drama.

Mira el fruto colgado del árbol y juzga tú si es o no apetecible: «El poder está dentro de ti… Eres más fuerte de lo que crees… Persigue tus sueños… La felicidad no es el destino, es el camino… Sonríe y la vida te sonreirá… Sé la mejor versión de ti mismo… La vida es un regalo, disfrútala al máximo… No hay fracaso, sólo experiencia… Todo lo que necesitas está dentro de ti…». ¿Te dan, o no, ganas de hincar el diente a tan suculento fruto? «Cómeme, cómeme», parece que susurran.

¿Quién no quiere sentir el poder en su interior? ¿O que la vida le sonría? ¿O ser la mejor versión de sí mismo? ¿Quién no quiere ser excelente? Y sí, me lo zampé entero. Por un lado, mi sufrimiento no encontraba consuelo. Por otro, mi lastimada mirada hacia mí misma, la inadecuación de mi ser, teñía cada espacio. Y por otro, la necesidad de ser mejor, no sólo eso, excelente. La indigestión, profecía que sí se iba a cumplir en mí, con el andar del tiempo, claro. Hasta que Jesús no sólo me ayudó, sino que me salvó. Él, no yo.

Una nueva zanahoria delante de mis morros que, conforme avanzaba como buena discípula en todas las recomendaciones, instrucciones y protocolos de los libros, paradójicamente se alejaba, con consecuencias desastrosas. Culpa y frustración a cada intento fallido. Me seguía sintiendo miserable, el dolor no desaparecía, la inadecuación crecía; en fin, nada mejoraba, salvo la culpa de no hacerlo bien, ¡con lo claras y concisas que son las consignas de estos libros! Te garantizan el resultado. ¿Cómo es posible que no funcionaran en mí? La demolición de la escasa autoestima. La culpa y frustración por ser tan lerda de no experimentar el gozo, poder y excelencia que los libros prometían. Los libros salvíficos y mesiánicos. Libros testimoniales, donde el hagiógrafo del enemigo relata su antes y después. Testimonio vivo del poder de su palabra. ¿Por qué le funcionaba al autor del libro y a mí no? Misterios…

Vamos por pasos. Recuerda: el Enemigo quiere que creas que eres como Juan Palomo, el de yo me lo guiso, yo me lo como. Es decir, tú te autoayudas, y donde hay un tú, hay un yo. La vida según «San Yo» es lo que quiere el Enemigo: que te sientas con el poder suficiente para ayudarte, que no salvarte. ¿Te acuerdas? Salvarse es de pringados, y salvarse requiere un a priori de humildad, un sentido de la contingencia y adhesión a Dios. ¡Non serviam! El Enemigo quiere que lo sirvas a él solo, que vayas caminito a la condenación, como la jaca a Jerez, cortando el aire; cuanto más veloz, mejor. Al conseguir que creas que contigo te bastas y sobras y que no necesitas salvación, te hace sentir un falso poderío que te embauca con una falaz suerte de superpoder que no es más que tu triste ego intentando salir de la jaula, de la que no tiene las llaves. Es más ridículo si cabe: la jaula tiene la puerta abierta. Jesús la mantiene abierta, gratuitamente, sin condiciones. La soberbia impide que la veas.

Los libros de autoayuda son mesiánicos; en ellos se contiene la salvación futura y el conocimiento que desata tu verdadero yo. Te permiten encender la chispa divina que mora en tu interior, activar tu divinidad interna, eliminar el dolor, erradicar el sufrimiento, que no es más que una muestra elocuente de tu escasa espiritualidad. Te prometen la excelencia como por arte de ensalmo. Sufrir es tan de pringados como necesitar salvación. ¡Manda narices! El mismísimo libro mesiánico que se arroga la misión salvífica te dice que no necesitas salvación, que tú puedes solo. Jesús, si por alguna extraña razón aparece —porque hay literatura de autoayuda muy espiritual—, no es más que un maestro ascendido que comparte panteón con Buda, Lao Tse, Confucio o la Pachamama. La ensalada de la que te hablé.

El tema de la culpa merece mención aparte. El Enemigo te quiere hacer creer que la culpa es una anomalía, y en realidad lo es. ¿Cuál es el tema aquí? Él pretende que no sientas la punzada de dolor en la conciencia de lo que está objetivamente mal. Te quiere flotando en el universo del relativismo, en el que no hay ni bien ni mal, de manera que todo está permitido: tú decides. Si sufres, es que no lo estás haciendo bien; eres mal alumno; te debes esforzar más, pulir tu ego hasta deconstruirlo. O dicho claramente, que pierdas la conciencia del mal. Simple y llanamente. Esto es perverso, porque el alma, que solo pertenece a Dios, por más atrapada e indigesta que esté con tanto fruto podrido, sigue sintiendo, y aparece la culpa: «Algo no hago bien, todavía vibro bajo, no soy suficientemente espiritual, no soy feliz…» Pero ésta es la culpa en la que te quiere sumido el Enemigo, el acusador, el que día y noche te recuerda lo malo y chungo que eres. ¿Se ve la perversión? El Enemigo te quiere en su dictadura de la «felicidad», la que promete como salvación todo libro de autoayuda.

Y claro, te preguntarás: ¿qué tiene de malo la felicidad? Nada, si está ordenada a Dios. ¿Te acuerdas? Todo radica en el orden o el desorden. La felicidad de Dios no es la del mundo, ni mucho menos. Es más, el mundo ni reconoce ni aprecia la felicidad de Dios. El mundo y Dios son antagonistas, desde el non serviam, no por maniqueísmo, sino por soberbia del Enemigo.

Junto a la dictadura de la felicidad está la brújula del corazón: «sigue a tu corazón, haz lo que el corazón te diga…» Sólo hay que recordar qué dice Jesús acerca de eso. A quien hay que seguir es a Dios, no al corazón. Pero claro, en la Nueva Era eso de Dios es complicado de identificar. ¿Cómo se sigue a una masa de energía y luz informe llamada Universo? ¿Cómo encender una latente chispa divina en el interior? ¿Dónde y quién tiene las cerillas? Sólo un Dios personal, con el que me puedo relacionar; un Dios que me ha creado a su imagen y semejanza y cuida de mí como una madre cuida a su hijo; un Dios que, por si no fuera suficiente, se ha hecho hombre y me muestra de forma muy concreta, no abstracta, cuál es el camino, la verdad y la vida. La puerta estrecha que me libera de la jaula dorada.

«Si esto te hace feliz, es lo que importa», me decía la gente bien intencionada cuando se enteraban de que había bajado la persiana de mi centro para siempre. «Eso hace feliz a Dios», contestaba yo; y, por las caras, sé que no entendían. El gozo de Dios es desbordante cuando lo escogemos a Él. Júbilo por un alma salvada es una fiesta en el cielo.

Me estuve «auto ayudando» durante casi una década. No encontré el poder dentro de mí, ni la chispa se encendió, ni vibré más alto, ni fluí ligera en mi experiencia terrenal, ni nada de nada. Y sí, confieso que en estos libros hay pequeñas verdades, pautas, patrones que son realmente sólidos. Pero quedan del todo invalidados al mezclarse con la mentira. Uno no puede estar con un pie en la verdad y el otro en la mentira. No por mucho tiempo. O con Dios o contra Él. Así nos anunció Jesús. La tibieza produce el vómito de Dios.

No fueron los libros de autoayuda ni su tiránica felicidad ni la brújula estropeada de mi maltrecho corazón. No. Fue Jesús mismo quien me tiró de los pelos para sacarme del fango. Cuando impartía una clase de yoga, precisamente. Pero eso ya llegará. A su debido tiempo.

Eulàlia Casas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau


dijous, 12 de febrer del 2026

Santa Eulalia de Barcelona: símbolo de martirio, espejo de la tradición


 

Santa Eulalia de Barcelona: símbolo de martirio, espejo de la tradición


No es sólo una mártir antigua, sino un modelo perenne de coherencia entre fe y vida pública para nuestros días



Hoy, 12 de febrero, la Iglesia celebra la fiesta de Santa Eulàlia de Barcelona (siglos III-IV), una joven cristiana de Barcelona de 13 años de edad que, durante la persecución del emperador Diocleciano, se negó a renunciar a la fe. Tras ser sometida a crueles tormentos de los que milagrosamente salía indemne (fue expuesta desnuda a la intemperie, torturada con garfios,  quemada, etc.), murió mártir. Su cuerpo fue sepultado en las Arenas de Barcelona (donde posteriormente se construiría la iglesia de Santa María de las Arenas, actual basílica de Santa María del Mar) y trasladado en el siglo IX a la Catedral paleocristiana de Barcelona, hoy integrada en la actual Catedral gótica.

Santa Eulalia se erige como un símbolo poderoso y arquetípico. Su martirio constituye la defensa inquebrantable de la tradición católica frente a un poder estatal pagano y opresor, un ejemplo del que los carlistas podemos aprender. En efecto, la joven mártir encarna la resistencia civil y religiosa contra un orden anticristiano. Su martirio afirma la primacía de la fe frente al absolutismo del Estado. Ella encarna el derecho —y el deber— a no observar la ley civil cuando ésta exige traicionar los mandatos de la ley moral y divina. Su fortaleza ante el tormento evidencia la virtud de la fortaleza como testimonio público indispensable para la transformación cristiana de la sociedad. Este testimonio subraya que la fe tiene una dimensión pública y comunitaria, y que los cristianos están llamados a ser levadura en el mundo, incluso en contextos hostiles.

Además, al ser una santa profundamente local pero de culto universal, Eulalia refuerza el principio tradicional hispánico de la unidad católica, respetuosa con las identidades forales y regionales (como Cataluña), pero unida bajo una misma fe y un mismo trono legítimo. Se ilustra así la complementariedad entre lo local y lo universal: es una santa arraigada en Barcelona, pero su mensaje trasciende fronteras. Esto refleja el principio de subsidiaridad, que valora y fortalece las identidades particulares dentro de la unidad del cuerpo social, siempre ordenado al bien común.

Para ilustrar estos puntos, ofrecemos un fragmento de la narración de Fábrega Grau, basado en la «Passio Sancte Eulaliae», que recoge el diálogo en el que la joven santa increpa al pretor Daciano por perseguir a los cristianos:

—Juez inicuo —dijo Eulalia—, ¿de esta manera tan soberbia te atreves a sentarte para juzgar a los cristianos? ¿Es que no temes al Dios altísimo y verdadero que está por encima de todos tus emperadores y de ti mismo, el cual ha ordenado que todos los hombres que Él, con su poder, creó a imagen y semejanza, le adoren y sirvan a Él solamente? Ya sé que tú por obra del demonio tienes en tus manos el poder de la vida y de la muerte; pero eso poco importa.

Daciano, pasmado ante aquella intrepidez, mirándola fijamente le respondió desconcertado:

—Y —dijo Daciano—, ¿quién eres tú que de una manera tan temeraria te has atrevido, no sólo a presentarte espontáneamente ante el tribunal, sino que, además, engreída con una arrogancia inaudita, osas echar en cara del juez estas cosas contrarias a las decisiones imperiales?

Mas ella, con mayor firmeza de ánimo, y levantando la voz, dijo:

—Yo soy Eulalia, sierva de mi Señor Jesucristo, que es el Rey de los reyes y el Señor de los que dominan: por esto, porque tengo puesta en Él toda mi confianza, no dudé siquiera un momento en ir voluntariamente y sin demora a reprochar tu necia conducta, al posponer el verdadero Dios, a quien todo pertenece, cielos y tierra, mar e infiernos y cuanto hay en ellos, al diablo; y lo que es peor, que quieres obligar a hacer lo mismo a aquellos hombres que adoran al Dios verdadero y esperan conseguir así la vida eterna. Tú les obligas inicuamente, bajo la amenaza de muchos tormentos, a sacrificar a unos dioses que jamás existieron, que son el mismo demonio, con el cual todos vosotros que le adoráis, vais a arder otro día en el fuego eterno.


Invitamos a leer dos textos más, ya publicados en La Esperanza en años anteriores:

Un fragmento de la «Passio Sancte Eulaliae», en versión de Mn. Jaume Armengol, publicado el 2025 con motivo del día de su festividad.

Y la crónica extensa de la «ruta de Santa Eulalia de Barcelona», publicada el 2024 y correspondiente a la visita guiada por la ciudad romana y medieval siguiendo los pasos de la patrona de la ciudad con motivo del día de su festividad, organizada por el Círculo Tradicionalista de Barcelona aquel año.

Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau

 

 


 




dimecres, 11 de febrer del 2026

Huelga de profesores en Cataluña por mejoras salariales, reducción de ratios y estabilidad laboral


 

Huelga de profesores en Cataluña por mejoras salariales, reducción de ratios y estabilidad laboral



Resulta preocupante que la protesta no cuestione el marco ideológico de la actual ley educativa



Barcelona (Agencia FARO).— Hoy, 11 de febrero, fiesta de las Apariciones de Nuestra Señora de Lourdes, los docentes de los centros educativos públicos de Cataluña están secundando una huelga general de profesorado, convocada por las principales organizaciones sindicales del sector ante lo que califican de falta de avances significativos en las negociaciones con la Conselleria d’Educació de la Generalitat.

La protesta, que afecta a escuelas infantiles, centros de primaria y secundaria de todo el Principado, se produce después de varias semanas de movilizaciones y una manifestación unitaria en Barcelona el pasado 24 de enero, en la que miles de docentes reclamaron mejoras salariales y condiciones laborales más dignas.

Reivindicaciones de los convocantes


Los sindicatos que han impulsado la huelga —entre ellos USTEC·STEs, Aspepc·Sps, CC.OO., UGT y CGT— detallan varias demandas centrales:

  • Mejoras salariales para el profesorado, entre ellas el restablecimiento de una cláusula que actualice los salarios en función de la inflación y un incremento de los complementos retributivos, que según los sindicatos compensaría la pérdida de poder adquisitivo acumulada en los últimos años.   
  • Reducción de las ratios de alumnado por aula, consideradas actualmente «insostenibles» por parte de los docentes, que señalan que afectan negativamente tanto a la calidad educativa como a la carga de trabajo.
  • Aumento de plantillas para garantizar una atención adecuada al alumnado y disminuir la precariedad y la sobrecarga de labores no docentes.
  • Menos burocracia y trámites administrativos, que, según los sindicatos, desvían tiempo y recursos de la labor educativa.


Durante la jornada hay convocadas cinco manifestaciones. Una partirá de los Jardinets de Gràcia a las 12.20. A las 11.30 se convoca a los docentes de Tarragona en la Plaça Imperial Tarraco, a las 12 en el Pont del Dimoni de Girona, a las 12.30 en la Plaça Barcelona de Tortosa y a las 18 horas en la Plaça Ricard Vinyes de Lleida.

En defensa de la escuela catalana según la Tradición


Estas reivindicaciones del profesorado en Cataluña —salarios dignos, reducción de ratios y estabilidad laboral— son justas y merecen respaldo. La Tradición política catalana, profundamente municipalista y social, siempre reconoció la función del maestro como pilar del país real, no como simple ejecutor de consignas administrativas.

Pero resulta preocupante que la protesta no cuestione el marco ideológico de la actual ley educativa, impuesta desde instancias políticas y técnicas alejadas de la realidad de los centros. Ninguna mejora material corregirá un sistema que ha roto con la tradición pedagógica catalana, basada en la transmisión del saber, el esfuerzo, la autoridad del docente y el arraigo comunitario.

La llamada «inclusión» responde a una homogeneización forzada que rebaja niveles, desdibuja responsabilidades y vacía de contenido la enseñanza. En nombre de una igualdad abstracta, se debilita la cultura del mérito y se sacrifica la excelencia, perjudicando especialmente a los alumnos de entornos populares.

Igualmente errónea es la obligatoriedad de la escolarización prolongada en adolescentes, que impide a muchos jóvenes catalanes incorporarse tempranamente al aprendizaje de oficios, rompiendo la continuidad histórica entre familia, taller, municipio y gremio. Cataluña fue tierra de menestrales, artesanos y aprendices, donde el saber práctico y el saber intelectual convivían sin desprecio mutuo.

El actual sistema contribuye además al desmantelamiento del conocimiento: menos contenidos, menos memoria, menos exigencia. La escuela deja de ser espacio de transmisión cultural para convertirse en aparato de reeducación ideológica, desconectado de la lengua, la historia y las formas de vida del país real.

Frente a este modelo, es imprescindible una dignificación plena de la Formación Profesional, entendida como vía noble y central de formación humana y social. La FP responde al principio de subsidiariedad, fortalece los cuerpos intermedios y recupera la dignidad del trabajo bien hecho, tan propia de la tradición catalana.

Sin una revisión doctrinal profunda —sin volver a una escuela arraigada en la Tradición, en el municipio y en los cuerpos intermedios—, las huelgas docentes quedarán en meras reivindicaciones salariales. Y un país que olvida cómo educa, acaba olvidando quién es.

Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau





dimarts, 10 de febrer del 2026

La hora de la magnanimidad - Sobre el anuncio de consagraciones episcopales de la FSSPX en 2026

Consagraciones episcopales en Ecône, 1988.


 

La hora de la magnanimidad

 

Gobernar no es tolerar indefinidamente una anomalía ni limitarse a condenarla cada vez que reaparece, sino remover la causa que la hace plausible.


El anuncio de nuevas ordenaciones episcopales por parte de la Fraternidad San Pío X ha reactivado, una vez más, el reflejo condicionado: hablar de desobediencia, de desafío a la autoridad, de un problema que habría que sofocar. Sin embargo, convendría hacerse una pregunta más incómoda: ¿por qué, después de más de treinta años, seguimos exactamente en el mismo punto?

La doctrina común y el derecho de la Iglesia reconocen el estado de necesidad. No se trata de una invención moderna ni de una coartada para espíritus indóciles, sino del reconocimiento de que puede llegar un momento en que los medios ordinarios de gobierno dejan de proteger de modo suficiente bienes espirituales esenciales. Conviene recordar esta obviedad antes de despachar el problema con fórmulas automáticas que, a fuerza de repetirse, ya no explican nada.

La situación que ha conducido a este nuevo anuncio no nace de un capricho reciente. Es el resultado de décadas de ambigüedad doctrinal, de reformas litúrgicas incesantes que han roto de hecho la continuidad del uso recibido, y de una inestabilidad disciplinar que hace difícil confiar en la palabra de la autoridad cuando lo concedido hoy puede ser revocado mañana. No se trata de negar la validez del magisterio ni de la liturgia reformada, sino de admitir honestamente que ambos han sido gestionados de tal modo que han generado una confusión objetiva y persistente, suficiente para que la postura de la SSPX no pueda ser despachada como infundada, caprichosa o carente de base jurídica y moral.

En este contexto, puede discutirse —y debe hacerse— si la reacción de la SSPX ha sido la más prudente o la más adecuada en sus formas concretas. Pero lo que ya no resulta razonable es fingir que se trata de una excentricidad gratuita, surgida en el vacío y sin fundamento alguno. Pero, cuando una excepción se prolonga durante treinta años, puede que el problema ya no sea sólo la excepción sino que no hay voluntad en quien debe remover sus causas.

Llegados aquí, la responsabilidad recae principalmente en la autoridad. Gobernar no es tolerar indefinidamente una anomalía ni limitarse a condenarla cada vez que reaparece, sino remover la causa que la hace plausible. Permitir las ordenaciones —o proponer una solución equivalente, estable y no revocable— no sería una capitulación ni un premio a la desobediencia, sino un acto de gobierno magnánimo.

La cuestión, por tanto, no es si habrá nuevas ordenaciones. Eso, a estas alturas, es casi un dato. La cuestión es si la Iglesia aprovechará este momento para actuar con verdadera magnanimidad.

¿Estará la Iglesia preparada, o tendremos que esperar treinta años más?

Lo sentenciós, Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau

 

Peregrinación de la FSSPX a Roma, agosto de 2025.

 

dilluns, 9 de febrer del 2026

Records de l’avi, estones a pagès



Records de l’avi, estones a pagès


«Fonedissos com els pensaments que no es pronuncien»


En una estona de repòs a l'ombra de la parra, asseguts cadascun en una soca escapçada, la dolça mossada d’una nespra madura. L’estiu. L’avi, enllà, a les feixes, el cruixit de la terra esberlada a cop de tràmec; i l’àvia, enfront, a l’era, que sosté de cap per avall, espaordit, un conill de color de plom.

···

Nosaltres, d’esquitllentes, coberts de silenci, ens endinsem al garatge. La fosca del cobert, l’olor de garrofes; de pressa, ajusto la porta, dansen, damunt nostre, els forcs d’all i les tires de ceba. A tentines, amb l’escassa llum del món que s’aprima dessota la porta, entre volves de palla, escorcollem el cofre de les eines, el llustre de la destral, l’aixada amb rivet de fang. El cobert de les gallines, la fusta corcada i l’olor de ploma vella, un lloc on les hores s’hi amaguen, com ous entre farcells de palla.  

La bassa bruta, d’aigua abandonada pels núvols; els capgrossos que hi suren com les noies joves a la mar, i que es fan fonedissos com els pensaments que no es pronuncien. L’aigua humiteja la terra, fa riure les flors. L’estona lenta de passeig, les converses rogalloses dels vells; la tebior i l’ombra del vespre, el somrís amable de la nit.

···

La primera claror apunta sobre l’estesa del camp, les mans assarmentades de l’àvia espremen les taronges; a la cambra de bany, els petons del cosmètic, la fragància del perfum. L’hivern. L’avi es cobreix d’abrigalls, una exhalació profunda que fumeja, la gebror que dorm sobre els herbeis.

Tintures de vespre, cel roent. L’àvia s’amoïna. Una sotragada estrident recorre el pany de tres punts, que grinyola en un crit de rovell. El món conté la respiració, un silenci rigorós, a punt de trencar-se en un clam desesperat. La veu de la vella, tremorosa —feu-se tard, l’avi no torna. Una corrent violenta d’aire irromp, la porta espetega; nosaltres quedem allí, sobre la fredor de les lloses, abocats a les vidrieres, amatents, escorcollant la immensitat de l’espai.

Els reclams de l’àvia, carregats d’angoixa, es fan llunyans; els vidres perden nitidesa, es carreguen de boira, la claror s’apaga i comença a fer fred. La melodia del telèfon distreu la seva atenció, ella em mira —truquen els pares—, però jo rebutjo amb la mirada, aguardem la tornada de l’àvia. Ella, espantada, tornada a abocar l’esguard sobre el bosc —hi veig ningú.

Se sent trontollar la clau dins del pany, tombar el pom i, segons després, el refregar a terra de la porta principal; m’alço, ella emperò, l’ordre abans rebuda, es mou gens de puesto. L’avi sembla que sosté el costat sobre l’àvia; a la butaca de braços, a tocar del braser i del crepitar violent de les flames abrandades, el cos moribund, la santa figura, de l’avi estimbat.

···

La carícia del vent que s'escorre entre els pàmpols, la flaira humida de la terra oberta, el llustre de la navalla, una convulsió agònica, degotalls de sang, i la mort. Ella que amaga la vista i, ambdós, sense dir-nos un mot, decidim d’anar-nos-en, bo i sentint, d'esquena, com s’estripa la pell del conill.


Dr. Pere Pau, Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau

«Els camps tenen el nom que els donaren els vells.»
Josep Pla









diumenge, 8 de febrer del 2026

Las misiones catalanas, peripecias de una profesora de religión (X): La invertebración satánica y la caballería cristiana

 

Las misiones catalanas, peripecias de una profesora de religión (X): La invertebración satánica y la caballería cristiana



En clase, los alumnos de secundaria no tienen columna vertebral. Bueno, sí, pero ya no les sostiene. No están sentados, sino derrumbados encima de sus pupitres. Sin forma. Derruidos, inermes. Laxos. Cansados. Aburridos, totalmente desparramados. (...) Su postura muestra su estado interior. Sin estructura, ni dirección. Sin verticalidad. El desparrame. Sin principios. Sólo emociones que se mueven como las olas del mar.




¿Te ha pasado alguna vez que algo que habías leído en numerosas ocasiones, de repente adquiere un significado relevante y profundo que se había escabullido de tu atención?  Eso experimenté el otro día. Mientras me duchaba, concretamente. El Espíritu Santo sopla cuando considera que es el momento más adecuado. No siempre es como pensamos, con las narices metidas en la Biblia, intentando escudriñar las palabras. ¡Qué va! Como la brisa que acarició el rostro de Elías en el Horeb, así acude el espíritu de Dios. Cuando camino por la calle, o estoy atrapada en la Autopista o me estoy duchando. Ni fuego, trueno, ni vendaval. Una suave caricia casi imperceptible. Así habla, dulce y con la fuerza que sólo la verdad revelada tiene. Hay que velar, siempre. Porque nunca se sabe. Sólo Él.

Pues bien, mientras sentía el agua caliente deslizarse agradablemente, ¡zas!, tuve un mayor entendimiento de un pasaje del Antiguo Testamento que nunca me llamó la atención especialmente. Es más, ni caso le hacía. No creía que tuviera mayor relevancia, dada la obviedad. Te explico. En estos últimos tiempos, estoy fascinada por Génesis 3, 1-7. A menudo, los cristianos pasamos demasiado rápido a los evangelios o el Nuevo testamento. Como si el Antiguo Testamento no fuera necesario, salvo por cierta cultura. Cuando me convertí, descubrí Génesis 3 y confieso que podría meditar en este pasaje toda mi vida. Entender la magnitud de la tragedia, el insondable horror de la caída. El significado profundo del pecado es la base para entender, comprender, celebrar el valor incalculable de la Cruz. Sin pecado, no hay salvación; y sin ésta, la Cruz si que es una absurda, no ya locura, sino ironía. Una tontería, sin ton ni son. La escena de Génesis es rica en la descripción del pecado y sus consecuencias, y a la vez muestra la impresionante misericordia de Dios, que lejos de humillar al desobediente, lo quiere salvar. El protoevangelio que se contiene en Génesis es de una extrema belleza. Y esperanza. Me encanta la promesa de aplastar la cabeza de la serpiente. Una y otra vez puedo recrear de mil formas este momento épico. Aplastar la cabeza de la serpiente como quien pisa una cucaracha. En cambio, siempre he pasado de largo por la condena a la serpiente, «te arrastrarás sobre tu vientre». Obvio, las serpientes se arrastran, siempre a toda prisa, el by pass a pisar la cabeza de este ser escurridizo, símbolo del Enemigo de Dios, por ende nuestro. Y en las prisas, obviar la condena: arrastrarse.

 


Pero el otro día, bajo la ducha entendí —bueno, el Espíritu Santo me hizo entender— la envergadura de este arrastrarse. No implica un mero castigo, el morder polvo, por chunga, mala, mentirosa, manipuladora y así en bucle. Entendí lo que significa arrastrarse, ¿por qué lo hace? ¿porque no tiene ni piernas ni pies? En realidad, no. Se arrastra porque es invertebrada. No tiene columna vertebral. De hecho, la semana pasada, los de primer curso tenían examen sobre los invertebrados. ¿Quizá aquí se abrió una ventanita a lo que iba a entender más tarde?

La serpiente se arrastra invertebrada, sin forma estructurada. Se cuela por cualquier rendija que encuentra. Y quien dice rendija, dice herida. «¡Ahora lo entiendo!», me decía fascinada. Mi mente, relacionando conceptos a una velocidad vertiginosa. «Claro, el enemigo es invertebrado, sinuoso, esto es obvio. Todo lo que produce, porque crear sólo lo hace Dios, es del todo invertebrado. Los frutos del enemigo no tienen estructura. Las rompe, las derriba, las liquida. El territorio del enemigo no tiene forma, porque no tiene esqueleto, ni nada que lo sujete. Es líquido, hasta el punto de evaporarse. Y llegado este momento, la nada. Ahí lo tenemos, los frutos malos del árbol malo».

Y entendí algo que me llama la atención desde que estoy de profe de reli. En clase, los alumnos de secundaria no tienen columna vertebral. Bueno, sí, pero ya no les sostiene. No están sentados, sino derrumbados encima de sus pupitres. Sin forma. Derruidos, inermes. Laxos. Cansados. Aburridos, totalmente desparramados. Qué más da que sean las ocho de la mañana y tengan sueño, o acaben de llegar del recreo y estén cansados, o sea lunes o viernes. Su postura es el desparrame, invertebración no solo física, sino mental. «¿Quieres sentarte bien por favor? ¡Levanta la cabeza!», ni se sabe cuántas veces tengo que repetir esta orden, tan obvia. «Estamos en un Instituto de secundaria, no en el sofá de casa». Y te miran con esa cara de cansancio infinito, incapaz de sostenerse por sí mismos. Invertebrados. Su postura muestra su estado interior. Sin estructura, ni dirección. Sin verticalidad. El desparrame. Sin principios. Sólo emociones que se mueven como las olas del mar. Agua sin nada que la contenga.  La invertebración disolvente del enemigo.

¡Cómo son las cosas! De qué forma el Espíritu Santo es creativo y pertinente. Estoy escribiendo este texto en el despacho del Instituto. Al otro lado de la mesa, tengo a los dos filósofos del Instituto hablando de la programación de la materia que los alumnos hacen en lugar de religión. Adivina el título del nuevo tema: «la vida sin géneros». Decía el profesor: «los alumnos se están volviendo muy  machistas. Esto es muy preocupante, hay que vigilar las violencias machistas». Vamos a ver y por orden. Este paréntesis, en tiempo real, me ha parecido muy elocuente. Sigo con el relato.

Quitaron el crucifijo de las aulas. Los alumnos tenían, encima de la pizarra, el recordatorio de quién legisla y gobierna. Quién ordena. Cristo en la Cruz, muriendo para dar vida. El dedo que señala el camino al cielo. Nuestro hogar, por cierto. El camino al cielo, las alturas. Sólo levantando la mirada, por ende la cabeza y, en consecuencia, en posición vertical vertebrada, se eleva la mirada al cielo. Y mirar arriba, es contemplar la Verdad, aunque no lo sepas. Pero ahí está.

Retirando de un soberbio manotazo al crucifijo, se ha producido el acto más tiránico que el acto promete evitar. La democracia de los muertos, en palabras de Chesterton. Se silenció la voz de nuestros antepasados. Su voz ya no es relevante. «¡A callar!» Las abuelas y las abuelas de las bisabuelas, y tatarabuelas de las madres, y la cadena que remonta al pasado, o mejor dicho, el origen. «¡A callar!» Romper con la Tradición, la verticalidad, la soberanía de Dios. Ya no es necesaria la Cruz, porque la salvación ya no es necesaria, hemos eliminado el pecado. Y la serpiente invertebrada, sinuosa se mueve impune entre los pupitres. Los chavales ya no miran a las alturas, y se desparramaron inertes hasta el mismísimo suelo. Sin crucifijo, desaparece el orden, el cielo y el infierno, el bien y el mal, «todo depende, todos tenemos nuestra verdad y hay que respetarlas», aunque sean absolutas barrabasadas. «¡Hay que respetar!»

Cayeron los pilares y los cimientos. La total invertebración propia del enemigo. La liquidación de las estructuras que nos fueron entregadas. «¡A callar abuelas; vosotras y vuestros ridículos rosarios y letanías!» El fin de la democracia de los muertos. Menudo reduccionismo, cuanta ignorancia en un solo gesto. Más allá de las proyecciones y clichés de los sesudos postmodernos, intelectuales sin intelecto, más allá del meme y la caricatura del católico nietzscheano, borrego dócil, sin poder ni fuerza, más allá de la ignorancia y la soberbia, Dios se levanta y nos levanta. De borregos nada, leones que sabemos rugir, con el grito que viene de Dios mismo. Fíjate tú, ahora, ¿quién es el débil?

Y así están los chavales, sin columna vertebral, emasculados, sin verticalidad, con miedo de su propia fuerza y virilidad. ¿Y las chicas? Más de lo mismo, guerra de sexos, que no de géneros, como el eminente filósofo que tengo enfrente, afirma orondo. Invertebración satánica que nos conduce al nihilismo, a la nada. El infierno terrenal, donde toda esperanza se queda en el umbral para no entrar jamás. Y en las aulas, el caos, la mala educación y el lamento quejumbroso del docente, que mira las consecuencias sin identificar las causas. «Ay si dejaras hablar a tu abuela, bisabuela, tu tatarabuelo…otro gallo nos cantaría!» ¡Cuántas voces contenía este humilde crucifijo retirado de las aulas!


Y, ¿yo? Con todo eso, ¿Qué hago? He decidido tomar cartas en el asunto. Me niego, como no podía de ser de otra forma, a validar el relato del invertebrado enemigo. Estoy creando una escuela de caballería cristiana. Les he dicho a los chavales de segundo curso que todo este trimestre vamos a trabajar duro. Como caballeros, como damas. Les he dicho que nuestro propósito no es la deconstrucción (bien, no con estas palabras), sino la santificación. Eso es lo que nos proponemos. ¡Ser santos! Me miran con cara de sorpresa, porque nunca se les había ocurrido tamaño emprendimiento. Ser tolerantes, eco-resilientes, sostenibles, pero... ¿santos? «Sí, señores, porque nuestro Dios es Santo». Les suena a chino y, a la vez, pulsa un resorte interno que estaba aletargado y saben reconocer como bueno. Porque, dicho de otra forma, están hartos de tanta ideología cursi. Porque ya no pueden más.

Vamos a trabajar con las virtudes. Y no el cliché ñoño de los valores cristianos pronunciados con sorna y la boca torcida. La virtud que viene de vir, fuerza. Sí, aquello que nos hace fuertes. No sólo físicamente, sino espiritualmente. Lo que nos permite con la ayuda de Dios, salir de la invertebración satánica, a nuestra dignidad que viene de lo alto. «Espalda recta, pecho enfrente, mirada clara, y acción». Porque, más temprano que tarde, necesitarán la fuerza para defender que el prado es verde. Chesterton, qué lúcido fuiste. Y qué profético.

Eulàlia Casas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

 

dissabte, 7 de febrer del 2026

7 de febrero, aniversario del fallecimiento de Francisco Canals Vidal: maestro fundamental del tradicionalismo hispánico


 

7 de febrero, aniversario del fallecimiento de Francisco Canals Vidal: maestro fundamental del tradicionalismo hispánico


Con motivo de esta  efeméride y para honrar la vigencia de su magisterio, se divulga un extracto de un artículo suyo donde realiza una crítica radical a la Modernidad al tiempo que señala la alternativa católica: la esperanza en el Reinado Social de Jesucristo



El 7 de febrero se cumple el aniversario del fallecimiento del profesor Francisco Canals Vidal (1922-2009), maestro fundamental del tradicionalismo hispánico. Con motivo de esta efeméride y para honrar la vigencia de su magisterio, se divulga a continuación un extracto de su artículo «El reino mesiánico» (Revista Verbo, núm. 71-72, 1969).

En este texto, Canals se revela como teólogo de la historia y apologeta de la Cristiandad. Con motivo de una hermeneusis católica de las profecías del Antiguo Testamento, Canals realiza una crítica radical a la Modernidad, a la que diagnostica como una síntesis gnóstico-ebionita. Este error, secularizado en la idea mágica del Progreso, pervierte conceptos cristianos —como la redención o el bien y el mal— y genera un conflicto dialéctico destructivo en la historia.

Frente a esta falsa esperanza inmanentista, Canals señala la alternativa católica: la esperanza en el Reinado Social de Jesucristo. No se trata de una nostalgia, sino de la aplicación de un principio teológico permanente —cuya expresión litúrgica es la Fiesta de Cristo Rey— que debe orientar la vida civil. Es una esperanza a la vez social y escatológica, vivida con paciencia activa y que constituye el centro de su proyecto intelectual contrarrevolucionario.

Josep de Losports
, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau


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En la "modernidad anticristiana” una síntesis gnóstico-ebionita pone en movimiento el dinamismo del error y deforma de raíz la mágica de la idea del Progreso. Es esta una idea “anticristiana” en el sentido más profundo y propio de la palabra; la concreción en el dinamismo histórico de aquel misterio de iniquidad del que San Pablo dice: que ya actúa y que prepara la manifestación del hombre del pecado, que se enfrenta a todo lo que se llama Dios o recibe culto.

El carácter anticristiano de esta idea del progreso radica precisamente en que escinde y desorienta conceptos e ideales presentes en la historia como herencia de Israel y de la revelación bíblica. Nos habla de redención, pero no es la redención del hombre por la gracia divina; es una redención según elementos del mundo y que obra diríamos mágicamente: por el proceso irreversible de la Historia, por las exigencias del nivel de nuestro tiempo, somos redimidos del pasado, constitutivamente malo. Esta redención progresista presenta los caracteres de inmanencia secular e intramundana del ebionismo, pero a la vez revela aquel dualismo de las gnosis. Por esto, más que un proceso lineal de maduración en el tiempo, se concibe el Progreso como una serie de choques dialécticos redentores: a fines del siglo XVIII la burguesía redimía de la nobleza; más tarde el proletariado redime de la burguesía; en nuestro tiempo la juventud redime de los “padres podridos".

Oímos frecuentemente afirmaciones universales de este tipo: Los jóvenes de hoy son justos, puros, exigentes y quieren un mundo mejor, porque las generaciones anteriores lo habían construido injusto y opresor. En consecuencia, ya no tenemos que considerar el bien y el mal en su verdadera línea: el bien como integridad y el mal como privación y desorden. El bien como algo a agradecer últimamente a la bondad y poder de Dios, y el mal y el pecado como consistentes en la cerrazón de la soberbia. El bien es para el progresismo algo arrojado a mar de la existencia por la generación, y que va a causar el mundo nuevo, fecundo y creador, al nivel de nuestro tiempo.

Dualismo maniqueo, y también ebionismo; ya que en todas las polaridades, y por satánico modo, también lo que "no es” confunde a lo que "es". Por satánico modo: porque lo que ‘'no es" tiene el privilegio de la soberbia y del desprecio hacia lo que, precisamente por ser, es ya anquilosado, superado y destinado a la destrucción. Estamos ante redenciones inmanentes, mágicas, maniqueas. Se ha escindido la divinidad misma en el dios del poder y de la justicia, legislador y señor, y el dios de la libertad y de la renovación. Se ha escindido la espiritualidad; se ha fragmentado la fe; se lanza una parte de misterio contra el otro, y se obtiene así la tensión en la que está la vida y el proceso del movimiento dialéctico redentor.

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Dice Santo Tomás que la fe católica se presenta cual una vía media entre errores opuestos. El movimiento dialéctico del error sintetiza, como hemos visto, tales oposiciones en el confuso agregado de una concepción en la que se desintegra el sentido cristiano de la historia.

Si no seguimos ni el error judío del humanismo ebionita, presente en nuestro tiempo en las diversas corrientes del Evangelio social, ni el error herético, que desprecia el orden natural y no acepta la esperanza de su integración en el Reino de Cristo, deberemos profesar la esperanza que la Iglesia vino a institucionalizar litúrgicamente en la fiesta de Cristo Rey.

No es erróneo milenarismo vivir, en estos tiempos de misterio de iniquidad, en el consuelo y la esperanza a que nos invita el Evangelio: alzar los ojos y levantar la cabeza porque se acerca nuestra redención.

De esta esperanza vivimos los cristianos; a ella nos invita la Escritura, que nos alienta a esperar y nos invita a suplicar con ardiente plegaria la humillación de los poderes anticristianos. No porque así vengamos a tener nosotros la oportunidad de llegar a ser poderosos al modo como lo son los enemigos de Cristo: sería esto envidiar la prosperidad de los malos y tener celos de quienes obran la iniquidad.

"La altivez de los ojos del hombre será abatida; la soberbia de los hombres será humillada, y sólo Yahveh será ensalzado aquel día." Si al leer esto en la Escritura esperamos que humillara a "nuestros" enemigos y que nosotros "los fieles" triunfaremos, seríamos puritanos o fariseos. Porque: "el día de Yahveh de los ejércitos vendrá sobre todo lo soberbio y altivo y sobre todo lo ensalzado y sobre todos los cedros del Líbano altos y sublimes; sobre los alcornoques de Basan; sobre todos los montes altos y sobre todos los collados levantados; sobre torre alta y sobre todo muro fuerte; sobre todas las naves de Tarsis y sobre toda las pinturas preciosas".

"La altivez del hombre será abatida y la soberbia de los hombres será humillada, y sólo Yahveh será ensalzado aquel día."

"Aquel día arrojará el hombre sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que se hicieron para que fueran adorados, y se entrarán en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de las peñas, por la presencia temible de Yahveh y por el resplandor de su majestad, cuando se levantare para herir a la tierra. Dejaos estar del hombre, cuyo hálito está en su nariz, pues ¿por qué tiene que ser él estimado?

Oremos con el salmista: ''Te alabaré Yahveh con todo mi corazón; cantaré tus maravillas; me alegraré y regocijaré en Ti; cantaré tu nombre altísimo porque mis enemigos han sido echados para atrás. Caerán y perecerán ante Ti porque has hecho juicio de mi causa, Te has sentado en tu silla y has juzgado justicia. Has reprendido a las naciones y has destruido al perverso. Raíste el nombre de ellos par.a siempre jamás. ¡Oh enemigo!, acabados son para siempre los asolamientos y las ciudades que elevaste; su memoria pereció con ellas; mas Yahveh permanecerá para siempre. Ha dispuesto su trono para juicio, y juzgará al mundo con justicia y al los pueblos con rectitud. Y será Yahveh refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia, y en Ti confiarán cuantos conocen tu Nombre, por cuanto no desamparaste a los que te buscaron. Cantad a Yahveh que habita en Sión. Dad a conocer a los pueblos sus obras: porque, demandando su sangre, no se olvidó del clamor de los pobres."

"Hundiéronse las naciones en la fosa que hicieron; en la red que escondieron fue tomado su pie. Yahveh fue conocido por el juicio que hizo: el perverso fue enlazado en la obra de sus propias manos. Serán los malos trasladados al infierno, y todas las gentes que se olvidaron de Dios: porque no será para siempre olvidado el pobre, ni la esperanza de los pobres perecerá para siempre. Levántate, ¡oh Yahveh!, no sea que prevalezca el hombre. Sean ante Ti juzgadas las naciones. Pon, ¡oh Yahveh!, temor en ellas: conozcan las naciones que no son más que hombres."

Para terminar esta confidencia alentémonos a la plegaria con la que roguemos a Dios que no tarde ya, que no calle por más tiempo.

En las profecías se nos habla del silencio de Dios, y estamos en este misterioso momento. Pero leemos en Isaías:

"Callé por largo tiempo fui como sordo y me contuve. Como la que da a luz ahora grito y suspiro y respiro jadeante.”

"Desvastaré montañas y collados y secaré la lozanía de las plantas. En erial convertiré los ríos y dejaré en seco los estanques."

"Haré marchar los ciegos por un camino ignoto y les haré pisar senderos ignorados. Ante su faz haré de las tinieblas luz, de lo escarpado llano; todo cuanto Yo digo así lo cumpliré y no les dejaré." Que así sea. ¡Ven, Señor Jesús!

Francisco Canals Vidal: «El Reino Mesiánico», Revista Verbo, núm. 71-72, 1969, págs. 85-98. Enlace: https://fundacionspeiro.org/revista-verbo/1969/71-72/documento-4565