Crónica de la conferencia sobre racismo celebrada en Barcelona
Perspectivas histórica, filosófica y teológica
El viernes 16 de octubre, a las siete de la tarde, tuvo lugar en el Centre Cívic Pere Quart, en el distrito barcelonés de Les Corts, la conferencia «El racismo y su incompatibilidad con la fe católica y con el pensamiento tradicional hispánico», organizada por el Círculo Tradicionalista de Barcelona, de la Comunión Tradicionalista, tal como se había anunciado.
La conferencia se enmarcó en el ciclo «Problemas modernos y soluciones tradicionales», que ya ha abordado cuestiones de actualidad como las dificultades de acceso a la vivienda, el incremento de la delincuencia, entre otras. El ciclo pretende mostrar cómo muchos de los males de nuestro tiempo hunden sus raíces en la ruptura del orden social natural propiciada por el liberalismo y la Revolución, y cómo su remedio exige recuperar los principios perennes de la Tradición. Desde esta perspectiva, el tradicionalismo —encarnado en los países hispánicos en el carlismo— trasciende la mera reivindicación del pasado y la cuestión dinástica para ofrecer respuestas a los problemas del presente.
Una necesaria distinción: racismo e inmigración
La sesión comenzó con una precisión preliminar: el objeto de la conferencia era el racismo, no la inmigración masiva, como algunos habían entendido. Se trata de cuestiones distintas, aunque relacionadas; la segunda será objeto de otra conferencia dentro del mismo ciclo.
En este sentido, se señaló que algunos fundamentan su legítima preocupación por la inmigración masiva en argumentos racistas, cuando existen razones de mayor solidez doctrinal, como el derecho de una comunidad política a ordenar los flujos migratorios conforme al bien común, la consideración de la comunidad política como un bien que debe ser protegido o la virtud del patriotismo, entendida como una forma de la piedad y ordenada por la justicia. Asimismo, se advirtió de que otros instrumentalizan los problemas derivados de una inmigración masiva y desordenada para alimentar el racismo y difundir ideologías totalitarias.
Además de erróneo, el recurso al racismo resulta contraproducente para quienes pretenden defender la patria. Por una parte, proporciona argumentos a los globalistas que promueven una inmigración masiva; por otra, socava los propios fundamentos históricos, culturales y morales que se pretende preservar. En efecto, sustituye la defensa de la patria por la defensa de la raza, debilita los fundamentos históricos de la identidad española, convierte en enemigos a quienes no necesariamente lo son y facilita que se desacredite cualquier crítica a la inmigración masiva. Finalmente, contradice la concepción católica de la dignidad humana y de la evangelización.
El racismo antiespañol: algunos ejemplos históricos
Antes de entrar en el núcleo de la exposición, el ponente ofreció, a modo de exordio, diversos ejemplos históricos de prejuicios y discursos racistas contra los españoles.
Se recordó, en primer lugar, el tópico «África empieza en los Pirineos», atribuido popularmente al escritor francés Alexandre Dumas, y relacionado también con el prefacio de Les Orientales (1829), de Victor Hugo, en el que España aparece descrita como un país todavía oriental y parcialmente africano.
A continuación, se aludió a la propaganda antiespañola difundida por parte de la prensa estadounidense a mediados del siglo XIX, en el contexto de la expansión territorial de Estados Unidos al norte del Río Bravo a mediados del siglo XIX y, posteriormente, durante el arrebatamiento de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1848. En estos contextos circularon representaciones despectivas de los españoles que los presentaban como un pueblo inferior, atrasado e incapaz de gobernarse por sí mismo o de portar la luz de la civilización.
También se abordó la xenofobia laboral que padecieron los emigrantes españoles en Alemania y Suiza durante las décadas de 1960 y 1970. En Alemania, a los trabajadores españoles se les aplicaron calificativos despectivos, entre ellos Messerstecher —literalmente, «el que apuñala con un cuchillo»—, que contribuían a difundir una imagen de los españoles como personas violentas y peligrosas. En Suiza, algunos establecimientos llegaron a exhibir avisos de: «prohibida la entrada a italianos y españoles». Esta discriminación ha sido recogida, entre otros testimonios, en el documental Les Espagnols en Suisse, producido por la RTS (Radio Télévision Suisse).
Por último, se recordó la llamada leyenda negra, cuya difusión se remonta a la Edad Moderna y que contribuyó a presentar a España como una nación bárbara, intolerante y despótica. Entre sus manifestaciones se encuentran los escritos polémicos de autores protestantes ingleses, que recurrieron a caracterizaciones denigratorias de los españoles y de su historia.
Tres perspectivas: histórica, filosófica y teológica
La exposición se articuló en tres bloques —histórico, filosófico y teológico— que permitieron abordar el problema del racismo desde distintas perspectivas complementarias.
1. Perspectiva histórica: de la tribu a la comunidad política y a la Cristiandad
En el primer bloque se examinó la evolución de las formas de organización política desde la Antigüedad. Al tratar la polis griega, se destacó la importancia del logos y de la participación en una comunidad política organizada mediante instituciones, leyes y responsabilidades compartidas, sin reducir la pertenencia a ella a los vínculos de parentesco.
En el caso romano, se subrayó el papel del Derecho en la configuración de la romanidad y en la integración progresiva de individuos y pueblos de procedencias diversas. Para ilustrarlo, se aludió a la monarquía romana arcaica, a la organización familiar agnaticia y a la evolución de la ciudadanía romana.
Con la expansión del cristianismo, la fe pasó a desempeñar un papel fundamental en la articulación de la comunidad social y política. La conversión de Recaredo en el año 589 constituyó un hito decisivo en la historia de España: la unidad católica proporcionó un vínculo espiritual capaz de superar las divisiones entre hispanorromanos y visigodos y de contribuir a la configuración de una comunidad histórica que no podía explicarse exclusivamente por el territorio, la etnia, la lengua, el Derecho o el poder político.
Esta perspectiva permitió interpretar también la Reconquista como un proceso de recuperación territorial y de afirmación de la Cristiandad en España, cuyo sentido no se agotaba en consideraciones étnicas. Del mismo modo, se presentó la obra de España en América como una empresa civilizadora en la que confluyeron la herencia clásica, el Derecho romano y el cristianismo, siendo la fe uno de los principales vínculos de integración entre pueblos de distintos orígenes.
Finalmente, se abordó la ruptura de la unidad religiosa de la Cristiandad occidental, iniciada en la Edad Moderna y marcada decisivamente por la Reforma protestante. En ese proceso fueron adquiriendo protagonismo otros principios de articulación colectiva, como la lengua, la soberanía y determinadas concepciones de la nación y de la pertenencia étnica.
2. Perspectiva filosófica: del pensamiento clásico a las teorías raciales modernas
El segundo bloque examinó el tratamiento de las diferencias entre los pueblos en la filosofía clásica y medieval, así como el surgimiento de las modernas teorías raciales.
Se señaló que Aristóteles relacionó determinadas diferencias entre los pueblos con factores geográficos y climáticos, mientras que santo Tomás de Aquino situó la diversidad humana dentro de un orden creado que no destruye la unidad fundamental del género humano. Desde esta perspectiva, la filosofía realista clásica no convirtió la raza, entendida como principio determinante de las capacidades morales e intelectuales o del destino histórico de los pueblos, en la clave explicativa de la realidad humana.
Frente a esta tradición, la modernidad dio lugar a diversas teorías racialistas. Se examinaron las ideas de Arthur de Gobineau, que atribuyó a la raza un papel decisivo en el auge y la decadencia de las civilizaciones; las de Houston Stewart Chamberlain, que ensalzó el elemento germánico como fundamento de los grandes logros de la historia europea; y las de Francis Galton, cuya defensa de la eugenesia trasladó determinadas concepciones de la herencia biológica al terreno de los proyectos de selección y mejora de la población. En el siglo XX, algunas de estas ideas se transformaron en criterios de exclusión, discriminación y persecución.
Para precisar el alcance del problema, se distinguieron tres afirmaciones diferentes: que existen diferencias físicas entre individuos y poblaciones; que algunos rasgos presentan componentes hereditarios; y que la raza determina las virtudes morales, las capacidades intelectuales o el destino histórico de un pueblo. Las dos primeras afirmaciones no demuestran la tercera. El error de las doctrinas racistas consiste precisamente en convertir la observación de determinadas diferencias en una supuesta jerarquía entre grupos humanos y en atribuirles capacidades o destinos colectivos por razón de su ascendencia.
Frente a estas doctrinas, se reivindicó el pensamiento tradicional hispánico, enraizado en las fuentes paulinas y tomistas, que rechaza que la dignidad o la valía de los hombres y de las naciones dependan del color de la piel, de los ojos o del cabello, o de características como el tamaño del cráneo.
La conclusión filosófica fue clara: el racismo constituye un reduccionismo, pues toma un aspecto de la realidad humana y lo convierte en la clave explicativa de toda la historia. El pensamiento tradicional hispánico, por el contrario, permite comprender a los pueblos atendiendo a la riqueza de su tradición, sus instituciones, su religión, su Derecho y su trayectoria histórica. De este modo, es posible defender la identidad histórica de España sin hacer de la ascendencia biológica su fundamento último.
3. Perspectiva teológica: unidad del género humano y universalidad de la Redención
El tercer bloque abordó los principios católicos de la unidad del género humano y de la universalidad de la Redención. Para ello, se leyeron y comentaron pasajes de la encíclica Mit brennender Sorge (1937), de Pío XI, y de la encíclica Summi Pontificatus (1939), de Pío XII.
De esta exposición se desprendieron tres conclusiones fundamentales: la fe católica no obliga a negar la identidad propia de los pueblos; tampoco impone un único modelo de política migratoria; pero sí impide convertir la raza en criterio de superioridad humana o justificar la negación de derechos fundamentales por razón de la ascendencia.
Conclusiones
La conferencia concluyó recordando el fin trascendente del hombre, llamado a la salvación eterna, y la visión de san Juan en el Apocalipsis, donde se contempla la multitud de los redimidos:
«Después de esto miré, y he aquí una gran muchedumbre, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos» (Apocalipsis 7, 9).
Y, asimismo:
«Porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Apocalipsis 5, 9).
Ambos pasajes recuerdan que la universalidad de la Redención no anula la diversidad de los pueblos, sino que la comprende dentro de una misma vocación sobrenatural.
A continuación, se abrió un turno de preguntas que se alargó durante más de una hora. Fue acompañado por dulces y bizcochos traídos por un destacado correligionario.
Próximos artículos
El ponente, José Luis Escobedo, anunció la próxima publicación de un artículo que desarrollará las cuestiones tratadas durante la conferencia.
Tras el acto, los asistentes acudieron a un restaurante cercano para participar en la cena en honor a Cristo Rey, organizada por el mismo Círculo Tradicionalista de Barcelona con motivo de su festividad litúrgica el próximo domingo 25 de octubre.
En los próximos días se publicará una nueva crónica de la cena.
Así mismo, otros artículos con los parlamentos pronunciados durante la celebración.
Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau




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