dimecres, 31 de desembre del 2025

El campo catalán se levanta contra la gestión ganadera del DesGovern


 

El campo catalán se levanta contra la gestión ganadera del DesGovern


Unos 400 tractores, convocados por Unió de Pagesos, colapsan el Eje Transversal de Cataluña para exigir el control de la fauna salvaje en Cataluña


Barcelona (Agencia FARO).— El 29 de diciembre de 2025, lunes de la Octava de Navidad, cuando muchos están aún pensando en roscones y brindis navideños, los guardianes de la tierra catalana —els pagesos— han vuelto a tomar las riendas, esta vez para colapsar con sus tractores el Eix Transversal, la carretera rápida que atraviesa el interior de Cataluña desde Lleida a Girona.


Desde primeras horas de la mañana, y bajo el lema «Colapsemos el Eix Transversal», alrededor de 400 tractores arrancaron desde diversos puntos —como Riudellots de la Selva (Girona), Manresa (Barcelona), Cervera y Lleida— rumbo a Gurb (Osona), y formaron una caravana lenta pero inexorable que terminó cortando las carreteras C-17 y C-25 en ambos sentidos y provocando retenciones de 7 kilómetros.


La Unió de Pagesos (UP), sindicato convocante, ha protestado contra la mala gestión de la fauna cinegética —que devasta campos y transmite enfermedades a los rebaños— por parte del DesGovern y su incompetencia para manejar las crisis sanitarias que esta fauna provoca. Sin campo no hay país, y sin control de la fauna y de la sanidad animal, no hay viabilidad para la ganadería catalana. 


Mientras la Generalitat, como buen gobierno burócrata, prometía «un trabajo continuado y más recursos» para controlar la fauna cinegética —así salió a decir el conseller Òscar Ordeig aquella misma tarde—, los tractores han hablado con hechos: retenciones, carreteras cortadas y un mensaje claro: ni plagas ni papeles arreglan de verdad el campo si no hay voluntad política. 


Esta movilización representa la continuación de la lucha del campo del viejo continente en pie de guerra contra la Europa política, que lleva librándose desde hace años.


El espíritu de esta movilización recuerda a esos antiguos fueros en los que el campesino no pedía migajas, sino justicia: control real del exceso de fauna salvaje, revisión de protocolos sanitarios y medidas que eviten sacrificios masivos injustificados, indemnizaciones dignas, y hasta permisos excepcionales de caza para los propios agricultores.

 
Porque al final, como bien murmuran entre el polvo de sus neumáticos y el aire frío de invierno, estos hombres y mujeres no protestan por gusto, sino porque cada jabalí suelto y cada brote de enfermedad es un ataque a su linaje, su oficio y su honra.


Agencia FARO
/ Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 


 

dimarts, 30 de desembre del 2025

Presentación en Barcelona del libro «La restauración de la política católica», escritos políticos de don Alberto Ruiz de Galarreta

 

Presentación en Barcelona del libro «La restauración de la política católica», escritos políticos de don Alberto Ruiz de Galarreta




Por el jefe del Círculo Alberto Ruiz de Galarreta (Valencia), Juan Oltra, y de su capellán, P. Retamar. Tendrá lugar, D.m., el sábado 17 de enero de 2026, a las 11:30h., en el Centro Cívico Pere Quart, de Barcelona




El sábado 17 de enero, festividad de San Antonio Abad, el jefe del Círculo Alberto Ruiz de Galarreta, de Valencia, D. Juan Oltra, y el capellán del Círculo, P. Juan Retamar, visitarán Barcelona (D.m.) para presentar «La restauración de la política católica», el primer volumen de las obras reunidas del gran maestro carlista que da nombre a su Círculo valenciano. La presentación está organizada por el Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau.

El volumen ya fue presentado en Valencia el 5 de octubre de 2025 y en Madrid el día 25 de aquel mismo mes. Sin embargo, la calidad del autor, de los textos, de la edición y de los ponentes, aconseja continuar con la presentación en otros Círculos de la Comunión Tradicionalista.

 

Alberto Ruiz de Galarreta con S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón a la entrada del Monasterio de Santa María la Real de La Oliva el 25 de julio de 2005


Don Alberto Ruiz de Galarreta y Mocoroa nació en San Sebastián en 1922 y falleció en Valencia en 2019. Militante carlista desde su juventud, perteneció a la Agrupación Escolar Tradicionalista (AET) desde antes de la guerra civil. Fue médico militar en el cuerpo médico de la Armada Española, donde alcanzó el grado de coronel y posteriormente obtuvo el doctorado en Medicina con una tesis sobre historia de la medicina.

Escribió más de 4.000 artículos, que firmó bajo varios pseudónimos («Manuel de Santa Cruz», «J. Ulibarri», «Aurelio de Gregorio», «Dr. Felipe Fernández Arqueo», entre otros) y que publicó en numerosas revistas (Verbo, El Pensamiento Navarro, ¿Qué Pasa?, Boina Roja, Siempre P’alante, Guías, Iglesia-Mundo, entre otras).

 

Este primer volumen de sus obras reunidas recoge únicamente sus artículos de naturaleza política más relevantes y se reparten en seis capítulos: «La política, oficio del alma», «La unidad católica», «Liberalismo y libertades de perdición», «España contra Europa», «El 18 de julio y su posteridad» y «La historia del Carlismo, maestra de prudencia política».

Además de su actividad como articulista, Ruiz de Galarreta es también autor de la monumental obra, en 33 volúmenes, de Apuntes y documentos para la historia del tradicionalismo español, 1939-1966, (1979-1991), que continúa la ingente obra de Melchor Ferrer la cual abarca hasta 1936.

En la presentación de Barcelona del próximo 17 de enero, tal vez los ponentes y editores anticipen en primicia alguna información relevante acerca de la publicación del segundo volumen, en ciernes, de las obras reunidas de don Alberto Ruiz de Galarreta.

La presentación barcelonesa tendrá lugar, como se ha indicado, el sábado 17 de enero de 2026, D.m., a las once y media de la mañana, en el Centro Cívico Pere Quart, de Barcelona (c/ Comandante Benítez, número 6). Estará a cargo de Juan Oltra, Jefe del Círculo Cultural Alberto Ruiz de Galarreta (Valencia) y de su capellán, el P. Juan Retamar.

Rogamos que los interesados confirmen su asistencia enviando un correo electrónico a: carlismobarcelona@gmail.com

Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 


 

dilluns, 29 de desembre del 2025

El peregrino de Àger: Agustí Prió y la gruta del misterio encarnado


 

El peregrino de Àger: Agustí Prió y la gruta del misterio encarnado


La lucha por la Tradición no es, en su esencia, una batalla política como las demás; es, también, una batalla espiritual donde la esperanza, fundada en la victoria de Cristo —el Niño del Pesebre que es Rey de Reyes—, nos asegura que las puertas del infierno no prevalecerán.



Se muestra la imagen de portada del libro «El Devoto Peregrino: Viaje de Tierra Santa», de 1656, conservado en la biblioteca de Agustí Prió, farmacéutico de Àger (localidad del prepirineo de Lérida) durante la Primera Guerra Carlista. Las láminas que acompañan el texto —el plano de la gruta de Belén y la descripción de los santuarios que la rodean— permiten imaginar cómo Agustí podía representarse el lugar del Nacimiento de Cristo: no como un concepto abstracto, sino como un espacio real, concreto, casi palpable. Este artículo quiere evocar precisamente esa mirada: la del creyente que contempla la gruta del Pesebre como el centro del mundo.

 

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En los años convulsos de la primera guerra carlista, mientras el estruendo de los cañones pretendía redefinir el alma de España, un farmacéutico de Àger, don Agustí Prió y Carme, encontraba refugio en las páginas de un Devocionario: El devoto peregrino de Tierra Santa. No era una huida del mundo, sino una inmersión más profunda en su verdad última. Desde su Àger natal, Agustí emprendió una peregrinación interior hacia el corazón geográfico de la fe, hacia Belén. En esa contemplación, Prió, hombre de ciencia y de fe, captó con singular claridad la esencia de lo que defendían, con las armas y con la vida, aquellos voluntarios realistas: no sólo una disputa dinástica, sino la defensa de un orden sagrado cuyo modelo eterno se revelaba en la humildad de una gruta.
 

La piedra de Belén: Dios en el tiempo y el espacio concretos

La primera lección que la gruta impartió a Agustí Prió fue la deslumbrante concreción de la Fe católica: un Dios que se encarna y nace en una cueva de Judea, en un tiempo concreto, en el año gobernado por César Augusto. Las láminas barrocas de su Devocionario, con sus detalles de columnas y lámparas, ilustraban un lugar real. Ésta es la piedra angular de la sensibilidad tradicionalista: la sacralidad se encarna en lo particular, en la tierra de los padres, en la costumbre inmemorial, en el rito heredado. Venerar una reliquia, custodiar un fuero o peregrinar a un santuario son actos que gritan contra el mundo moderno, empeñado en reducir al hombre a ciudadano abstracto y a la historia a un proceso material ciego. Para Prió, Belén era la prueba de que Dios había tocado la tierra, santificando para siempre lo local, lo histórico, lo tangible.



La Liturgia: la gruta que se hace altar

El espacio sagrado es el gran catequista. La descripción de la gruta en El devoto peregrino —con su altar sobre el pesebre, la columna de la Virgen, el sepulcro de los Inocentes— era para Prió una lección de liturgia viva. Cada elemento arquitectónico instruye, simboliza, eleva. La Santa Misa tradicional, que Prió sin duda vivió en su esplendor, es la cumbre de esta pedagogía divina. En su solemnidad hierática, en su latín sacro, hace presente aquí y ahora el único sacrificio de Cristo. Une en un único arco sagrado el Pesebre, la Cruz y la Gloria. Es el milagro perenne que convierte la parroquia más humilde en un santuario, y a la comunidad de fieles en piedras vivas de la Iglesia. Custodiar ese rito era, y es, custodiar la llave que abre la puerta del cielo en la tierra.
 

La Tradición: la unidad del orden creado

Esta vivencia de lo sagrado condujo a Prió a una visión integral, la que ofrece la Tradición católica. Ella nos da la llave para ver la unidad del designio divino, donde lo natural y lo sobrenatural, lo personal y lo social, forman un todo armónico. Nuestro lema «Dios, Patria, Rey» es la síntesis de este orden: Dios en el centro de todo; la Patria, no como construcción ideológica, sino como ámbito concreto de caridad, servicio y lealtad heredada; y el Rey legítimo, no como déspota, sino como padre y custodio del bien común, garante de las libertades concretas frente a la tiranía abstracta del estado revolucionario. La gruta de Belén, donde cielo y tierra se unen, es el modelo de este cosmos ordenado, antítesis radical de la fragmentación moderna que aísla al hombre de Dios, de su historia y de su prójimo.




Resistencia con esperanza

¿Qué impulsaba, pues, a un hombre como Agustí Prió a simpatizar con la causa carlista en tiempos de lucha y persecución? Era la misma fuerza que lo llevaba a meditar la gruta de Belén: la resistencia como custodia de lo sagrado. En una era que iniciaba su apostasía silenciosa, defender los símbolos, el rito, la autoridad legítima y la costumbre de los mayores se convertía en un acto de esperanza activa. La lucha por la Tradición no es, en su esencia, una batalla política como las demás; es, también, una batalla espiritual donde la esperanza, fundada en la victoria de Cristo —el Niño del Pesebre que es Rey de Reyes—, nos asegura que las puertas del infierno no prevalecerán. Agustí Prio, desde la quietud de su farmacia en Àger, armado con su devocionario y su fe, comprendió que la verdadera trinchera estaba en el corazón que sabe venerar, en el espíritu que reconoce, en el pesebre de piedra, el trono del universo.


Francesc Sánchez i Parés, Círcol Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau

diumenge, 28 de desembre del 2025

Crónica de la conferencia «Antoni Gaudí y la Tradición», en Barcelona el pasado 20 de diciembre

Vidrieras de la Sagrada Familia.
 

 

Crónica de la conferencia «Antoni Gaudí y la Tradición», en Barcelona el pasado 20 de diciembre



«La originalidad consiste en el retorno al origen, que es la naturaleza creada por Dios», solía repetir Antoni Gaudí




El pasado 20 de diciembre de 2025 —sábado de las Témporas de Adviento—,  tuvo lugar, en el Centro Cívico Pere Quart de Barcelona, la conferencia «Antoni Gaudí y la Tradición» a cargo de J. Escobedo, Jefe del Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau, tal como se había anunciado.

Tras el rezo del Ángelus por parte de un sacerdote diocesano, se inició la sesión, en la que se analizó la profunda imbricación entre la historia del catolicismo catalán y la obra del venerable Antoni Gaudí, situando a ésta como la culminación natural de un sustrato espiritual y cultural milenario. Así, el genio gaudiniano resulta ininteligible sin comprender la tradición católica catalana.

En efecto, el genio de Gaudí no brotó del vacío, sino de un humus espiritual fecundado por siglos —milenios— de Fe. La obra de Antoni Gaudí constituye una culminación material y simbólica de un sustrato católico catalán vivo y militante. Solamente adentrándonos en este sustrato, podemos comprender la concepción de Gaudí sobre el arte y la creación (en todos los sentidos del término).

En palabras de Joan Bassegoda: «Gaudí no se consideraba un inventor de formas, sino un intérprete de la naturaleza, que era para él el gran libro de la arquitectura. En una ocasión, dijo a un colaborador: "Yo no invento nada, me limito a copiar de la naturaleza. ¿Para qué inventar si ella tiene todas las respuestas?”».

La constante referencia al mundo natural como modelo es una de las claves de su obra. «Gaudí afirmaba que "el gran libro de la arquitectura es la naturaleza, y ese libro está siempre abierto ante nuestros ojos". De un simple árbol, explicaba, se puede aprender la estructura de una columna, el ángulo de las ramas y la resistencia de los materiales».

Y la conexión teológica entre la naturaleza y Dios es omnipresente en Gaudí. Esta cita de Bassegoda es particularmente reveladora: «Para Gaudí, la naturaleza era la obra de Dios y, por tanto, perfecta en sus formas y funciones. El arquitecto creía que su misión no era rivalizar con la creación, sino comprender su lógica divina y aplicarla. "La originalidad consiste en el retorno al origen, que es la naturaleza creada por Dios", solía repetir».

 

Antoni Gaudí visita las obras de la Sagrada Familia, rodeado de personalidades. (Ballell Maymí, Frederich, Arxiu Municipal de Barcelona).

 

Para comprender mejor aquel humus espiritual que culminó en la obra de Gaudí y en su concepción de arte y de la Creación, se repasó en primer lugar la historia del catolicismo en el territorio que hoy ocupa Cataluña y se dio especial atención a la vinculación inseparable entre Iglesia y Cataluña. A continuación, se detuvo en Gaudí como encarnación de la Cristiandad, tanto en su obra como en su vida. Y, finalmente, se observó la conexión de Gaudí con la Tradición, siendo el Templo de la Sagrada Familia un templo expiatorio contra la modernidad.

En cuanto al primer punto, el repaso de los orígenes apostólicos de la Iglesia en el territorio de la actual Cataluña sirvió para subrayar la vinculación inseparable entre Cataluña y la Iglesia. El origen histórico de Cataluña lo encontramos en el contexto de la Reconquista cristiana contra el Islam —específicamente en la Marca Hispánica, territorio de frontera y defensa de la Cristiandad— que se inició a partir del siglo IX por parte de los francos (Rey Ludovico Pío, hijo y sucesor de Carlomagno) y por parte de herederos de los visigodos e hispano-romanos que se habían refugiado al norte de los Pirineos tras la invasión musulmana de Hispania el siglo anterior. Por tanto, el elemento religioso es esencial para comprender la fundación de Cataluña, su naturaleza y su preservación. Así, referente al origen de Cataluña, el obispo Torras y Bages —maestro espiritual de Antoni Gaudí— consideraba el catolicismo como el principio sustancial y originario de la nacionalidad histórica catalana. Afirmaba que la libertad y la personalidad de Cataluña surgieron bajo el amparo y la guía de la Iglesia y mostraba cómo la Iglesia fue el marco esencial para el desarrollo de las instituciones y de la cultura catalanas: «Cataluña no se formó sino dentro de la Iglesia Católica y no tuvo, sino dentro de la Iglesia Católica, libertad y vida propia. La Iglesia fue su madre. Ella le dio la ley, la ciencia, las artes, la poesía; ella le dio su lengua, perfeccionando y haciendo de ella una lengua de cultura». Profundizando en ello, Torras y Bages subrayaba el carácter católico de la constitución histórica catalana: «Nuestras libertades públicas, nuestras libertades políticas, nuestras libertades sociales, son todas hijas de la Iglesia, son todas hijas del derecho cristiano». Sobre la unidad de la patria y la fe: «El principio de nuestra unidad es el principio católico. Lo que nos une, lo que nos da carácter propio y fuerza colectiva, es la fe que hemos recibido de nuestros padres». En definitiva, sin el impulso unificador y civilizador del cristianismo, Cataluña no hubiera nacido, no habría pasado de ser un pequeño grupo de condados establecido por el Imperio Carolingio como territorio de frontera y defensa, sin unidad, ni identidad, ni relevancia alguna. Además, la identificación entre Iglesia y Cataluña no se limita a su origen, sino también a su preservación: Torras y Bages estableció, sobre el porvenir de Cataluña, su conocida máxima de «Cataluña será cristiana o no será», tesis central de su principal obra La Tradició Catalana.

En el siglo XVI, tras la ruptura de la Cristiandad a causa del heresiarca Lutero, la vieja Cristiandad milenaria se mantuvo viva dentro de la Monarquía católica (conocida como Hispánica). En palabras de Elías de Tejada: «La Monarquía católica es la Cristiandad menor, la reducción a la mínima expresión del orbe cristiano, el último resto de la Cristiandad grande de los tiempos medievales, el único ámbito donde perviven inalteradas las esencias de la vieja Europa católica, mientras fuera de sus fronteras triunfan los ídolos de la Modernidad». Así, «frente a la Europa protestante que ha roto con la tradición católica, y frente a la Europa galicana que ha sometido la Iglesia al Estado, sólo la Monarquía hispánica ha mantenido incólume el depósito de la fe y las instituciones tradicionales». Pues bien, dentro de la Monarquía hispánica, Cataluña se caracterizó entre los siglos XVI y XIX por su vehemente oposición a la Modernidad. Tanto, que Elías de Tejada describió ese periodo como «los doscientos cincuenta años en los que Cataluña pelea contra Europa». Esta perseverante continuidad de la Cataluña tradicional a partir de la Edad Moderna fue ejemplificada por el carlista catalán Francisco Canals Vidal con el protagonismo de los catalanes en la cruzada de Lepanto (1571); en la liberación de Viena y Budapest (1683 y 1686); en la defensa del Pontificado frente al galicanismo por fray Rocabertí; en la defensa del tomismo por fray Boixadors; la guerra antijacobina y antinapoleónica (1793-1795); la tenacidad antiliberal en la guerra de la regencia de Urgel (1822), de los agraviados (1827) y carlistas (1833-1840; 1846-1849; 1872-1876), etc.


Las columnas del interior la Sagrada Familia se asemejan a un bosque


Seguidamente, se abordó el segundo punto de la conferencia: se mostró a Gaudí como encarnación de la Cristiandad, tanto en su vida como en su obra. Se tomaron como ejemplo los tres días previos a su fallecimiento: Antoni Gaudí murió tal como vivió, de forma austera y piadosa, en la más estricta pobreza —confundido con un mendigo e ingresado en la sala de pobres del Hospital— tras sufrir un accidente mientras iba camino de su oración diaria del Vía Crucis y adoración eucarística en el Oratorio de San José, el 7 de junio de 1926. Al no llevar documentos, y por su aspecto descuidado, fue confundido con un mendigo y recibió únicamente los primeros auxilios. «Iba mal vestido, con alpargatas y un viejo abrigo. No llevaba documentación, y su aspecto era tan humilde que los transeúntes lo tomaron por un pobre de solemnidad». Sólo al día siguiente fue reconocido por el capellán de la Sagrada Familia, mosén Gil Parés y Vilasau —hermano del carlista Ramon Parés y Vilasau, que da nombre al Círculo de Barcelona—, pero su estado era ya irreversible aunque seguía consciente. Gil Parés le propuso el traslado a una clínica privada, cosa que Gaudí rechazó: «Mi lugar está aquí, con los pobres». El 8 de junio, recibió el sacramento de la Extrema unción con plena lucidez; repitió: «Dios mío, misericordia; Virgen María, refugio nuestro, ayudadme». El 9 de junio, empeoró, pero conservaba la serenidad; pidió que le acercaran un crucifijo. El 10 de junio, a las cinco y media de la tarde, fijó la vista en el crucifijo y murmuró: «Amén»; expiró en paz, sin agonía visible. Contaba con 73 años de edad. Fue enterrado dos días después en la cripta del templo que había dedicado su vida a construir. «Su entierro fue una manifestación de duelo popular. Media Barcelona acompañó al genio desde el Hospital de la Santa Cruz hasta la Sagrada Familia, comprendiendo que enterraban no solo a un arquitecto, sino a un santo».

Su fallecimiento virtuoso fue el culmen de una vida coherente con su fe. En 1910 ya no aceptó ningún encargo profesional y, hasta su fallecimiento en 1926, se dedicó en exclusiva a la construcción del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia en Barcelona. Durante esos dieciséis años, vivió en una habitación de la rectoría del templo con suma pobreza. El rector, Mosén Gil Parés, nos dio este testimonio, el más fidedigno, sobre la espiritualidad de Gaudí en su etapa de madurez: «La austeridad con que se trataba, sobre todo durante el último tercio de vida; era austerísimo en el vestir, en el comer, en el descanso. Oía la santa misa y comulgaba diariamente, y todos los días visitaba a Jesús sacramentado, y jamás faltaba en las grandes manifestaciones religiosas de la ciudad, o del templo. Las demás horas del día las pasaba en el trabajo y en la oración. Su esperanza en Dios le daba una completa paz y serenidad de espíritu en los momentos de adversidad “Dios lo quiere así —decía—; su Divina Providencia sabe lo que hace”».

Antoni Gaudí trascendió la figura romántica del «artista-genio» para erigirse en artífice al servicio de Dios. Para él, la arquitectura era un medio de santificación, no de autoexpresión. Su proceso creativo fue un acto de obediencia religiosa, donde la belleza arquitectónica surgía de la coherencia entre una vida ascética y la ortodoxia católica. Su pertenencia a asociaciones de espiritualidad josefinas (como la hoy desaparecida de la calle Caspe número 115, a donde se dirigía el día de su fatídico accidente) así como a círculos de artistas católicos (como el Circol de Sant Lluc, fundado por Torres y Bages), contribuyen a revelar en Gaudí una conciencia católica profunda y tradicional que se enraiza con los principios que dan origen a Cataluña en la Reconquista y que luego, en la edad moderna, combaten contra la Modernidad y la Revolución.
 

Antoni Gaudí, en la procesión de Corpus Christi, ante la Catedral de Barcelona


Finalmente, en tercer lugar, se mostró la Sagrada Familia como un Templo Expiatorio de la Modernidad. En efecto, este templo constituye una síntesis teológica en piedra. Su estructura orgánica —columnas arborescentes, bóvedas hiperboloides— refleja el Liber Naturae como revelación divina, mientras su iconografía narra la historia de la salvación desde la Creación hasta el Juicio Final. Gaudí erigió una contrarrevolución arquitectónica frente al racionalismo ilustrado y el laicismo moderno, rechazando las líneas rectas —«propias del hombre imperfecto»— por formas naturales que expresan la armonía de la Creación. Su método de trabajo, basado en gremios artesanales y financiado por donaciones populares, fue un rechazo explícito al modelo industrial proletarizado, encarnando un ideal social y político tradicional. Cada detalle —desde un pináculo hasta un mosaico— manifiesta la unidad entre lo natural y lo sobrenatural, y restituye así, en plena era moderna, el ideal de la Cristiandad encarnada.

En conclusión, la obra de Antoni Gaudí representa la culminación artística de una verdad metahistórica: Cataluña, desde su origen histórico en la Reconquista hasta su resistencia frente a la modernidad secularizante —«la Cataluña que pelea contra Europa», en palabras de Francisco Elías de Tejada y de Francisco Canals Vidal—, forjó una identidad espiritual donde fe y cultura eran indisociables. Gaudí, discípulo de Torras y Bages y devoto fiel de la Virgen de Montserrat, tradujo este sustrato en un lenguaje arquitectónico nuevo para expresar lo tradicional. Así, La Sagrada Familia es un proyecto expiatorio que responde al laicismo ilustrado con el lenguaje de la Creación, y al individualismo con la cosmovisión orgánica de la Cristiandad.

Gaudí demostró que la tradición, más allá de la mera repetición, es fidelidad en lo original, en el origen, en la naturaleza creada por Dios, en el orden  social y natural creado por Dios. Su legado perdura, ajeno a la nostalgia, como interrogante permanente: ¿es vigente la tradición? ¿Puede el hombre actual construir, como él hizo, «escuelas de oración» donde lo material sea transfigurado por lo eterno? La respuesta late en las bóvedas hiperboloides de su obra, donde cada piedra grita que la belleza salvará al mundo porque conduce al Autor de toda hermosura.

Terminada la exposición, se inició un turno de preguntas que, alcanzada la hora de cierre del Centro Cívico que nos acogía, continuó en un restaurante cercano con un almuerzo de hermandad y de celebración navideña entre los correligionarios catalanes. La jornada continuó, para aquellos que lo desearon, con el rezo del Rosario y la asistencia a Misa Tradicional en la capilla de la calle Vallespir, de Barcelona.

Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

Casa Batlló (Barcelona)

 

dimecres, 24 de desembre del 2025

Bon Nadal us desitja lo Circol Tradicionalista de Barcelona!

 

Bon Nadal us desitja lo Circol Tradicionalista de Barcelona!

Les dotze van tocant, ja és nat lo rey infant fill de Maria...
A Betlem me’n vull anar, vols venir tu rabadà?
El desembre congelat confús es retira.
El vint-i-cinc de desembre, fum, fum, fum, ha nascut un minyonet ros i blanquet, fill de la Verge Maria, n’és nat en una establia...

 



 

De Babilonia a Roma (XIII): Curso de Milagros

La resurrección de Lázaro: un milagro de verdad.

 

De Babilonia a Roma (XIII): Curso de Milagros



Valga esta jocosa o vergonzosa anécdota para darnos cuenta del patrón, la tomadura de pelo colosal, la fallida salvación.



Una vez el Enemigo pone el pie en la puerta entornada, todo va muy rápido. La entrada ya es libre y expedita. El entendimiento empieza a desvincularse de la fe, la Verdad, Dios y Jesús. El pensamiento se vuelve autónomo, independiente, autosuficiente, en una palabra, soberbio. Se basta y se sobra. Y, mejor dicho, le sobra todo aquello que venga de la religión institucionalizada y carca. En consecuencia, el pensamiento se vuelve irracional. Sin discernimiento ni capacidad de decidir cabalmente.

El Enemigo activa unos resortes del todo emocionales, de un sentimentalismo muy cursi, desequilibrado, al que los adeptos llamamos intuición. En la Nueva Era, uno se mueve impulsado por este tipo de radar estropeado; el Enemigo le hace creer que el Universo manda señales en el camino a seguir. Todo es mágico, sincrónico, maravilloso, magnético y patético. Satánico, las cosas por su nombre.

En el mismo centro donde recibí mis primeras sesiones de reiki, ¡oh, sorpresa! ¡qué casualidad!, el Universo mandó una mágica señal; en breve se iniciaría un «Curso de Milagros», así tal cual. ¿Cómo te quedas? Como si los milagros fueran objeto de cursos de fin de semana. Y allí que fui, con todo el entusiasmo. Porque diría que todavía no te lo he mencionado: la Nueva Era podría concretarse en una elocuente imagen, la del asno con una zanahoria colgando delante de sus morros. Camina con la ilusión de comerse la bendita zanahoria; cada paso parece que le podrá hincar el diente pero, ¡ay!, cuanto más camina, más lejos se encuentra la maldita zanahoria. En la Nueva Era, se pasa de la bendición a la maldición a una velocidad de espanto y, lo más dramático, es que uno no se da cuenta. Imagino que no es necesario que diga que la zanahoria es el Reino de los Cielos. El mesianismo new age.

Más adelante te hablaré de la culpa en que uno se enreda porque algo no funciona. Nunca funciona. La salvación siempre se aleja, a cada torpe paso. Pobre asno y pobre yo y todos los incautos que caen en la trampa. Pues bien, este sugerente curso era la zanahoria definitiva, la que me libraría del sufrimiento, el dolor, el desasosiego y el vacío. La salvación. Sin Cristo, según San Yo. La nueva religión y el nuevo testamento, definitivo, a la medida de cada cual. Un pedacito de aquí, otro de allá y, si no funciona, elaboramos otro.

Como ya te avancé cuando te hablé del reiki, toda disciplina lleva consigo una alucinante historia y, ¿cómo no?, un «Curso de Milagros» tiene la suya propia, como estrategia de marketing. Recuerda: la Verdad no necesita nada para venderse; se impone sola. Las farsas del Enemigo necesitan publicidad, marketing y mucha propaganda. Pues bien, entre los años 1965 y 1972, dos psicólogos de la Universidad de Columbia —ojo con eso, que da una pátina de autoridad y solvencia profesional que vende mucho— se preguntaban cómo hacer para encontrar nuevas formas de relacionarse, para la resolución de conflictos internos y la paz. ¡Pedid y se os dará! Dicen que Jesucristo en persona les dictó el material. ¿Te das cuenta de qué forma tan chapucera y a la vez eficaz se disfraza el Enemigo?

Un libro para el Maestro, encuadernado como una Biblia, y un cuadernillo de ejercicios para los 365 días del año. Cuando te digo que el libro parece una Biblia, créeme, es el mismo formato de tapa dura y página de papel de fumar. Cualquier despistado podría confundirse. Y de esto se trata. El propósito del supuesto curso es el perdón y la expiación; utiliza palabras y frases bíblicas, habla de Jesús y el Espíritu Santo. En definitiva, suplanta la Biblia no solo en su aspecto.

Yo acudía una vez por semana, donde con los demás alumnos comentábamos qué tal iba la cosa. El terapeuta —la reikista, en este caso— dinamizaba los encuentros. Confieso que el curso me parecía una absoluta chorrada. Cada día debía focalizarse en una frase y meditar sobre ella: «Nada, excepto mis pensamientos, me puede hacer daño… Nada de lo que veo significa nada… Eres libre de creer lo que quieras y tus actos dan testimonio de lo que crees… Nada real puede ser amenazado, nada irreal existe; en esto radica la paz de Dios…» Los tres primeros meses consisten en una deconstrucción del Ego para así purificarse y poderse fundir con el Todo y experimentar la Paz. En fin. Lo que vendría a ser una programación mental, ingeniería social monda y lironda.

Pequeños resquicios de sentido común gritaban: «¡Lárgate de aquí, menuda tontería!», pero el Enemigo lo tiene todo previsto: «Vais a experimentar todo tipo de resistencias, motivos para no venir, incluso pueden surgir obstáculos muy reales; no hagáis caso, es el Ego que se resiste a morir». ¿Recuerdas? La vieja confiable, nunca falla. Pues listo, mira tú qué fácil. Hay que dar muerte al ego; si hace falta, me presento al curso con la pata rota, a 40 de fiebre y se cae el mundo, p’allá que voy. En definitiva, el Enemigo te hace creer que la voz del verdadero Dios no es más que el Ego que no quiere desaparecer y, si eres un débil espiritual, abandonarás.

Para no dar más vueltas al «Curso de Milagros», su propaganda funciona. Un montón de gurús, de los que te hablaré, escriben y hablan sobre las glorias y grandezas, de seguir este curso. En definitiva, para hacerlo corto y rápido, si lo sigues obediente te conviertes en un psicópata espiritual. Nada importa, todo te atraviesa; nada que no es real puede tener un impacto, nada te afecta; se anula el deseo, el apego, en definitiva la vida. Nada te importa porque nada es real, ni tan siquiera tú. La nada más absoluta, tú, el Universo, Dios. Nada de Nada. En definitiva, es gnosticismo del duro. Un curso que te vomita al mismísmo infierno.

Recuerdo que, acabada de llegar a este mundillo, apareció la reikista como por arte de magia para comentarme que unos pocos elegidos estaban siguiendo la versión actualizada del «Curso de Milagros». La buena. Lo mezclaban con la kábala, incluso viajaban a Safed, Israel, reputado centro cabalístico. Me comentaba, entusiasta, que este curso transmitía las verdaderas enseñanzas de Jesús, las que permanecían ocultas a los no elegidos. ¿Te das cuenta de qué forma el Enemigo pone todo patas arriba? Las enseñanzas de Jesús son públicas, accesibles, para todos, universales, para los pequeños y sencillos.

En fin. Te voy a regalar la guinda de este episodio. En el centro de reiki y del «Curso de Milagros» se presentó un presunto maestro que movió literalmente masas en el pueblo. Afortunadamente, no caí en eso. Decía que era la reencarnación de San Pedro, o Juan, ya no me acuerdo, porque su mujer era otra reencarnación y su hijo de cinco años, al cual no dejaban pisar el suelo, también era otro santo. Pues bien, hacían sesiones —previo pago, porque a estos santos sí les gustaba el dinero—; se movía energía y la gente se curaba, vete tú a saber de qué. El presunto San Juan y su estrafalaria «sagrada familia» se hicieron con el coche de la reikista y desaparecieron.

Me llamó un día desesperada para que la ayudara como abogada. Abochornada, avergonzada, me pidió que guardara silencio. Como abogada hice lo que tocaba: interceptamos el coche gracias a la Guardia Civil, ¡en Albacete! El día del juicio, acudieron muy dignos y santos. Yo, muy profesional, alucinaba. Éste es el nivel. Así actúa el Enemigo, al punto de llevarte al culmen de la indignidad, el bochorno, la vergüenza, la culpa y el ridículo. Todo, menos hincar rodilla y clamar ayuda a Dios. En su delirio demente, es capaz de conseguir que alguien se crea la mismísima reencarnación de un santo, involucrar a su hijo menor, arrogarse la legitimidad para delinquir sin un pestañeo de culpa. Conseguir que alguien, apelando a su bondad innata, se crea tal esperpento, se deje arrebatar el vehículo para luego, claro está, perdonar a los supuestos santos y retirar cargos. Las carcajadas del Enemigo en situaciones como estas —y espera que tengo algunas más— retumban hasta el mismísimo averno.

Valga esta jocosa o vergonzosa anécdota para darnos cuenta del patrón, la tomadura de pelo colosal, la fallida salvación.

El «Curso de Milagros» estuvo presente en mi vida escasos meses. De vez en cuando, en momentos duros, desafiantes, en los que todo fallaba —¿cómo no?— intentaba acudir al «Curso de Milagros» y sus lecciones, a la espera de un verdadero prodigio que me sacara del hoyo. Nunca pasé de la primera semana. Abandonaba aburrida. A pesar de los entusiastas estudiosos de esta Biblia de oro chapado, el «Curso de Milagros» no es más que un producto más de la nutrida biblioteca neo gnóstica, en la que se habla del Jesús desencarnado, abstracto y falso. Fake.

Eulàlia Casas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau












diumenge, 21 de desembre del 2025

Las misiones catalanas, peripecias de una profesora de religión (VII): ¡Que no nos roben la Navidad!


 

Las misiones catalanas, peripecias de una profesora de religión (VII): ¡Que no nos roben la Navidad!


Todas las canciones de Navidad del Instituto, en inglés: Mariah Carey, Georges Michael y John Lennon, que no falten. Y el organizador dijo: «Quería incluir alguna en catalán, pero claro, es que todas hablan del Niño Jesús»


Aviso al lector, las dos primeras frases de esta entrega, tiene dos rombos. Para los antiguos como yo, no se necesita explicación extra. Para los jóvenes, sepáis que hay un elemento de soez ordinariez y vulgar marranada sólo empezar. Disculpad, ésta es la realidad que manejo en mi día a día en los institutos. Vamos a ello.

Ante la imagen de la figura del rey negro practicando —lo siento por lo que voy a decir— una felación a la figura del pastor, hay dos posibles respuestas: una, «son adolescentes, ¿qué le vamos a hacer? Van como una moto. Todos hemos sido jóvenes…» La otra, que es la opción que tomé: «la clase termina aquí. Lo que acaba de pasar es grave». Fue más que una inocente o simple gamberrada. Hay líneas que no deben traspasarse. Ni cruzamos los que nos educamos bajo los dos rombos. Gamberros fuimos un rato, pero ciertas fronteras fueron respetadas. Faltaría más.

Las respuestas de los alumnos suelen ser: «¿pero, qué he hecho?» El cansino y diabólico mantra de quien no tiene claro lo que está bien y lo que está mal. Como era de esperar, este mantra fue la atónita —léase la ironía— queja de mi alumno, con cara de perpleja inocencia. Siempre respondo lo mismo: «No sé si me parece más grave lo que has hecho o que me preguntes qué has hecho». ¿Inocente hasta que se demuestre lo contrario? Para nada: mis ojos vieron todo el proceso, las risas y el cachondeo. Veredicto: culpable. Culpable y víctima juntos, cabe decir. Víctimas del sistema laicizante, desacralizado, adocenado, sin Dios, sin razón, sin raíz, sin sentido del bien y del mal. Cuando el hombre se convierte en masa, no tiene más guía que el luciferino enemigo. Borreguismo sin Dios. La deshumanización salvaje bajo la apariencia de poner al hombre en el centro del universo. La dictadura del relativismo operando con su fachada de progreso y bondad. Un cascarón vacío. Apariencias sin contenido. Decorados del escatológico teatro que se vive en los institutos a todo volumen.  Sin ley ni orden. ¡Todo vale! Mis deseos, mis derechos, mis privilegios. El caramelo envenenado que está estropeando a estos adolescentes. El dulzor, tarde o temprano, se vuelve amargo. Indigesto, insostenible incluso para el más progre.

Por cierto, te ubico; he aterrizado en esta pantalla en blanco sin contextualizar. Ésta fue mi última clase de religión antes del puente de la Inmaculada. Hace cuatro días, vamos. Con un grupo de segundo de la ESO complicado, por decirlo suavemente.

Durante el tiempo de Adviento explico todo lo que puedo —y me dejan— sobre la Navidad: la Virgen, San José, Jesús, los pastores, Herodes, los Reyes Magos, los inocentes, el ángel. Lo hago con las figuras del Belén; creamos escenas, diálogos. La única teología y religión viable de los postmodernos chavales.  Ellos participan, como si fueran unos improvisados «Pastorets». La clase se hace más amena, pedagógica y el mensaje llega. Pero con estos de segundo de la ESO, la cosa no fue bien. Apenas va ningún día. De manera que así terminé la clase. Sin más. Fin.

Hay que decir que, previamente, leímos juntos el fragmento del Evangelio en el que Jesús nos dice que, allí donde no se nos reciba o quiera escuchar, nos demos la vuelta y sacudamos el polvo de las sandalias. «¿Habéis entendido? Si no queréis escuchar, me callaré, sacudiré el polvo de mis sandalias y tan a gusto». De momento, considero que éste es el mejor Evangelio que pueden experimentar. Permitir la denigración y la indignidad de mi persona por cuatro adolescentes maleducados no es un ejemplo muy cristiano.

Y me pregunto entre triste y frustrada: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? No solo a la escena marrana y sacrílega: ¿cómo hemos llegado al punto de tener un callo tan grueso que nada nos escandaliza? Voy a hilvanar algún cabo suelto a ver si logro llegar a algún tipo de conclusión. La madeja está tan enredada que apenas se vislumbra el hilo del cual tirar.  Escribo ni que sea para obtener un breve consuelo. Aunque no quisiera que estas letras fueran un desahogo estéril.

Para empezar, en el Instituto —y creo que en muchos en Catalunya— en el calendario no figuran las vacaciones de Navidad ni Semana Santa. Somos tolerantes y modernos, y aquí se hacen vacaciones de invierno y primavera. ¡Di que sí! Uno podría pensar y decir: «No seas quisquillosa, ¿qué más da?»; otros podrían ir más lejos: «Bueno, me parece una buena fórmula; así no se ofende a quien practica otra religión o no cree en Dios». Por cierto, el otro día un alumno musulmán me dijo que la Navidad es haram. Vaya por Dios. Mira tú qué cosas. El nivel de claudicación y cobardía cristiana seguro que ruboriza en tiempo presente a los valientes mártires de todos los tiempos. Menudo bochorno.

El tiempo es cosa de Dios, su creador; de manera que el calendario tiene sus fiestas religiosas. Tenía, porque ahora van desapareciendo poco a poco. El hombre se está apropiando de todo. También del tiempo de Dios y sus fiestas sagradas. El nuevo soberano: el hombre. Entronizado en su cátedra de oro chapado. Es el que legisla, ejecuta y juzga. Bien, se cree que lo hace, porque es movido por unos dedos invisibles. Un simple títere, sin más poder que el que el Enemigo le confiere. Pero no lo sabe. La ignorancia y la soberbia suelen darse la mano.

La Navidad, pues, en los Institutos se ha desacralizado. Como todo. Menos el alumno, sagrado, intocable, hacedor de su proceso de nulo aprendizaje.     

Recuerdo que el año pasado acudí a una convocatoria para que los profesores ensayaran canciones navideñas. Como toco flauta, pensé que sería divertido. El maestro de ceremonia, con su guitarra, dirigía el cotarro. Todas las canciones en inglés: Mariah Carey, Georges Michael y John Lennon, que no falten. En un momento dado dijo: «Quería incluir alguna en catalán, pero claro, es que todas hablan del Niño Jesús». Mientras lo escribo me parto de la risa. El sentido del humor, como mecanismo de defensa, me resulta lastimosamente útil en situaciones así.

Levanté el brazo, como alumna obediente: «Perdona, hasta donde yo sé, la Navidad celebra precisamente el nacimiento del Niño Jesús. Por eso lo encontramos en los villancicos». La obviedad fue tan aplastante que uno de los profesores autodenominado ateo me dio la razón. En fin, no soy una persona que guste de tener la razón; los que me conocen lo saben. Soy más bien del «team verdad», usando la jerga de mis alumnos.
 

Saturnales

 

¡Ah! que no se me olvide. Hace un par de años, el último día lectivo antes de las vacaciones de Navidad —que no de invierno— los chavales tuvieron una jornada festiva especial. Adivina: no había ninguna actividad navideña, menuda «antigualla». En esta ocasión se superaron con las Saturnales, como si estuviéramos en el Imperio romano precristiano. Saturno por aquí, Saturno por allí, tablillas con inscripciones paganas y demás. En fin, pilarín… Los paganos del siglo IV entendieron quién era el verdadero Logos —sangre, sudor y lágrimas mediante— para que en pleno siglo XXI volvamos a las Saturnales.

Sigo tejiendo los cabos enredados para que emerja algo coherente y con sentido. Hablando de las Saturnales y de la mano de alguien a quien admiro, Chesterton, cabe remarcar, recordar y recalcar lo que hizo el cristianismo temprano: «El cristianismo purificó el paganismo: quitó los demonios, pero conservó la alegría (o el encanto, o la magia)». Si volvemos de nuevo al paganismo sin entender que ya no es más que una reliquia del pasado, una antigualla real, nos vamos a hacer un lío descomunal. En ello estamos, de hecho.

Los primeros cristianos ordenaron esa alegría, el sentido del misterio y la adoración. Lo dirigieron hacia arriba, a Dios. Siguiendo a Chesterton de nuevo: con los pies en la tierra como los paganos, pero la cabeza en el cielo como los cristianos. Esas semillas de verdad —los sperma lógos— esparcidas por aquí y por allá, fueron reconocidas, honradas y alineadas a Dios. Único y verdadero.


¡Pongamos al alumno en el centro!


Y me pregunto: ¿qué semillas de verdad podemos ordenar ahora? ¿Cuál es la adoración? ¿A qué?  A uno mismo. ¡Pongamos al alumno en el centro de su proceso de aprendizaje! El resultado es nefasto. No sólo para mi ya perjudicado sistema nervioso, sino para la dignidad de estos alumnos. ¿Cuál va a ser la verdad de la que echar mano? La del caos, la del pecado, el mal. Y para eso no es necesaria prueba alguna. El patrón del mal operando a cara descubierta sin que nadie lo reconozca. La normalización de lo feo, falso, vacío. El infierno terrenal. Pocas pruebas necesita, el mal, se demuestra solo. Y pocos nos damos cuenta. Luchando heroicamente contra los que nos llaman pesimistas o profetas de calamidades. Católicos sonrientes y abrazadores emocionados nos señalan, «hay que ser optimistas, el pesimismo viene del enemigo». En fin…

Estoy viendo que hasta que no se toque fondo no habrá manera de volver a Dios: al orden, la razón y el sentido común. Hace unos minutos, una maestra de mates me decía: «Si al final no importa si crees en Dios o no, pero antes, incluso el más ateo sabía que ciertas cosas no estaban bien y merecían arrepentimiento y reparación. Ahora todo vale, y así nos va». Tocar con la punta de los dedos del pie el fondo permite hacer ciertas reflexiones. Atinadas. Mientras, la bandeja de entrada del correo arde con mails anunciando la enésima expulsión.

Desacralizando la realidad a través de detalles como los que he narrado, se está corriendo una peligrosa carrera cada vez más veloz. Si ya nada es sagrado, nosotros tampoco. ¿Dónde queda la dignidad? El hombre ya no tiene una misión trascendente, ordenada a Dios, sino inmanente, desordenada, en un carpe diem muy mal entendido. Un hedonismo que ha anestesiado a estos adolescentes, adormecido en su sensibilidad e intelecto. Vulnerables, manipulables, legisladores de su propio bien y mal. En una huida hacia adelante en pos del placer y su santo ombligo.

No hablar del niño Jesús en Navidad es demente, un disparate. Y no lo digo en plan «mira esta ultracatólica quejándose de estas tonterías. Déjanos ser libres. Son mis derechos. Yo decido, hago lo que quiero». Por cierto, algún día alguien debería explicarme qué quiere decir eso de «ultracatólico». No hablar de Jesús, María, José, el buey, la mula o los reyes en Navidad trae sus consecuencias. Amargas y amargantes.

En fin, desde que Eva mordió el  atractivo fruto que le prometió ser como Dios, vamos como pollos sin cabeza: dando círculos sobre nosotros mismos. Sin dirección. Sin rumbo. Sin dignidad. Sin cabeza, “sinrazón”. Pero Dios, tozudo, decide nacer cada año para poner orden y ponernos esa cabeza que nos permite recalcular la ruta, como un GPS. Trazar el itinerario con una dirección clara, en la noche más cerrada. Un destello de luz que rompe las tinieblas.

Dios ha nacido de una Virgen. ¡Menudo escándalo! Solo quien es capaz de agacharse para besar la tierna y divina mejilla del Niño puede recuperar la razón. Agacharse, arrodillarse, hacerse pequeño, humilde. Como los pastores. Como ellos. Mientras los estómagos agradecidos de los sabios y entendidos dormían plácidamente en sus mullidas camas.

El alma es sagrada, tanto como el cuerpo. No son azarosas, no caminan en círculos, sino que se encaminan decididas, siguiendo las huellas de los pastores de Belén. Al portal. A nosotros nos toca decidir qué huellas seguir. Esta es la verdadera libertad.

Quiero dejarte con buen sabor de boca: una alumna nueva de tercero quedó maravillada del relato de la Virgen y la Navidad. Su mirada recuperó el brillo de una verdad dormida que esperaba ser despertada. «Nadie me había contado todo esto...», me decía con ternura. Quizá el ángel también le ha susurrado y su corazón ha abierto la puerta a la Sagrada Familia y al Divino Hijo. Sólo Dios sabe…

Gloria in altissimis Deo, et in terra pax hominibus bonae voluntatis!

Eulàlia Casas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

divendres, 19 de desembre del 2025

La policía registra un centro de investigación público por su posible vinculación con el brote de peste porcina


La policía registra un centro de investigación pública por su posible vinculación con el brote de peste porcina


El registro contrasta con las declaraciones públicas de apoyo al centro investigado por parte del Presidente de la Generalitat apenas 24 horas antes


Agencia FARO (Barcelona).– Agentes de los Mossos d'Esquadra y de la Guardia Civil registraron, el pasado jueves 18 de diciembre, el Centre d’Investigació en Sanitat Animal (IRTA-CReSA) de Bellaterra, por orden del Juzgado de Instrucción nº 2 de Cerdanyola.
 

La actuación policial tiene como objeto esclarecer si este centro de investigación, dependiente de la Conselleria de Agricultura de la Generalitat, es el origen del foco de peste porcina africana (PPA) detectado en jabalíes de la sierra de Collserola a finales de noviembre, tal y como informó Agencia Faro en su día y comentó el Círculo Tradicionalista de Barcelona recientemente.
 

La investigación, declarada secreta por la autoridad judicial, se inició tras la recepción de un atestado policial relacionado con el brote. La entrada y registro en las instalaciones se ha llevado a cabo siguiendo estrictamente los protocolos de seguridad que requieren este tipo de centros científicos.
 

La noticia se produce apenas un día después de que el President de la Generalitat, Salvador Illa, compareciera en el Parlament para abordar la crisis sanitaria. En dicha intervención, y ante las especulaciones sobre la implicación del CReSA, Illa defendió la labor del centro, afirmando que toda la información disponible apuntaba a que «ha hecho todo bien» y que no había datos que indicaran lo contrario. Asimismo, destacó que el centro ya había sido inspeccionado por técnicos europeos y del Ministerio de Agricultura.
 

La intervención conjunta de las fuerzas de seguridad estatales y autonómicas por mandato de un juzgado pone de manifiesto la gravedad de la investigación en curso, que busca determinar con certeza el origen de un brote que afecta a la cabaña porcina y a la fauna silvestre. La noticia contrasta con las declaraciones de apoyo público ofrecidas por la máxima institución catalana al centro investigado apenas 24 horas antes del registro.
 

Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

dijous, 11 de desembre del 2025

La peste porcina africana como ejemplo de la crisis liberal

 

La peste porcina africana como ejemplo de la crisis liberal



La declaración de emergencia sanitaria por la Peste Porcina Africana (PPA) el 9 de diciembre de 2025 en Cataluña trasciende el ámbito veterinario: es un ejemplo de las contradicciones del régimen liberal, tanto en su versión centralista como en su derivación nacionalista-autonómica. Más concretamente, este episodio revela el fracaso de tres pilares del orden revolucionario liberal: la soberanía nacional abstracta, el centralismo administrativo, y la economía liberal desarraigada.

Crítica a la concepción liberal de la soberanía


La respuesta del Govern ha sido normativista, abstracta y despersonalizada. Ha dictado leyes y restricciones que proceden verticalmente de la Administración, ignorando las costumbres y la prudencia práctica de las comunidades afectadas. Así, se aplica el mismo protocolo a la macro-explotación industrial que a la granja familiar, violando el principio de justicia conmutativa. Y es que la «Cataluña» a la que protegen estas normas es una entidad jurídico-administrativa, no la red orgánica de personas, familias y corporaciones (gremios, cofradías, municipios) que constituyen la nación real.

Contraste carlista: En cambio, el carlismo propone considerar en los cuerpos intermedios naturales. Así, la competencia sanitaria animal debería residir primariamente en Juntas de Sanidad Locales de composición mixta (autoridad municipal, veterinarios prácticos, representantes gremiales), sometidas sólo a principios generales de salus populi desde instancias superiores (Reino, Corona). La eficacia nace del conocimiento directo y la responsabilidad vecinal, no de la planificación burocrática.

Crisis de la Autonomía


El Estatuto de Autonomía del Régimen del 78, lejos de realizar el ideal foral, ha creado un mini-Estado centralista que reproduce los vicios liberales «de Madrid» a escala reducida. La crisis de la PPA demuestra que el autonomismo es centralismo de segundo grado: La gestión se ha centralizado en «Barcelona», repitiendo el error que el foralismo históricamente combatió: la sustitución de la libertad concreta por la administración lejana. Los payeses de Segrià están hoy tan lejos de los consellers barceloneses como lo estaban de los ministros madrileños.

Contraste carlista: La verdadera autonomía es la foral. Es decir, el reconocimiento de la personalidad histórica y jurídica de cada Reino o territorio, con sus propias leyes, instituciones y competencias originarias, no transferidas por un Estado.

Crítica del modelo económico


La rápida propagación del virus tiene una causa estructural: el modelo de macro-explotación porcina intensiva, promovido por el capitalismo agrario y subvencionado por políticas comunitarias. Este modelo:

    1.    Rompe el vínculo tierra-animal-hombre, concentrando miles de cabezas en espacios reducidos, facilitando la propagación de patógenos.

 

    2.    Destruye la pequeña propiedad familiar y la ganadería de traspatio, pilares de la sociedad orgánica y garantes de la diversidad genética y la resiliencia sanitaria.

 

    3.    Convierte al campesino en empresario agroindustrial, sujeto a los vaivenes de un mercado global que hoy, con la prohibición de exportaciones, lo aniquila.



Contraste carlista: Frente a esto, el carlismo defiende la propiedad privada familiar ligada a la función social, el uso frugal de los recursos y la preeminencia del mercado local sobre el global. La crisis sanitaria es, en el fondo, una crisis del orden económico anti-natural. La solución no pasa sólo por controles, sino por un retorno a una economía agraria distribuida y a escala humana, protegida por aranceles comunitarios y regulada por gremios modernos que fijen estándares de calidad y densidad ganadera sostenibles.

Hacia una restauración orgánica


La Peste Porcina Africana evidencia que los sistemas basados en la soberanía de la voluntad individual o nacional abstracta terminan generando administraciones ineficaces, ideologizadas y alejadas de la realidad social concreta.

El carlismo, como doctrina restauradora del orden natural cristiano, propone un camino distinto:

    1.    Restitución de la soberanía social a los cuerpos intermedios naturales: familia, municipio, gremio, región histórica.


    2.    Gobierno prudencial ejercido por autoridades surgidas de (y vinculadas a) esas comunidades, no por una clase política profesional.


    3.    Economía al servicio del hombre, basada en la propiedad familiar y la cooperación corporativa, no en la especulación capitalista o la planificación estatal.



Solamente un orden político que reconozca la naturaleza social y comunitaria del hombre, y que estructure el poder de acuerdo con el principio de subsidiariedad, podrá gestionar crisis como la actual con eficacia, justicia y respeto a la dignidad de las personas y las comunidades que, hoy, sufren en silencio el fracaso de la modernidad.

Josep de Losports, Cercle Tradicionalista Ramon Parés y Vilasau

dimecres, 10 de desembre del 2025

La Generalidad declara el estado de emergencia por la peste porcina africana en Cataluña

 

La Generalidad declara el estado de emergencia por la peste porcina africana en Cataluña



Se crea una linea de Ayudas de 10 millones de euros, ampliable a otros 10, y se incluyen a las empresas afectadas por la Peste Porcina como posibles beneficiarias de préstamos del Institut Català de Finances




Barcelona (Agencia FARO).— Este martes, 9 de diciembre, el Desgobierno de Cataluña ha aprobado una serie de medidas de actuación inmediata para hacer frente al impacto económico y sanitario derivado de la Declaración oficial de la peste porcina africana (PPA) en Cataluña, Declaración que fue emitida el pasado 29 de noviembre. Además, este martes se ha declarado también la emergencia para todas las actuaciones destinadas a contener, prevenir y paliar los efectos y contagios de esta enfermedad.

La Peste Porcina Africana es una enfermedad vírica hemorrágica que afecta exclusivamente a cerdos domésticos y jabalíes. No es transmisible a humanos ni a otras especies, pero es altamente contagiosa entre la población porcina y provoca una elevada mortalidad. No existe vacuna ni tratamiento.

Se detectó a finales de noviembre entre jabalíes salvajes del Parque Natural de la Sierra de Collserola, específicamente en el sector ubicado en el municipio de Cerdanyola del Vallés.

Además de su gravedad animal, el impacto de la PPA es especialmente grave por las importantes pérdidas económicas que puede generar, tanto por la mortalidad de los animales como por las afectaciones al comercio porcino.

Para paliar este aspecto económico, se han tomado las medidas de este martes 9 de diciembre, que se concretan en la emisión de una línea de ayudas y subvenciones de 10 millones de euros, ampliable con 10 millones más, para mitigar el impacto económico que pueda provocar la enfermedad en los ganaderos. También se amplía la línea de préstamos del Instituto Catalán de Finanzas, destinada a empresas y entidades afectadas por emergencias climáticas, para incluir como posibles beneficiarios emprendidas afectadas por la PPA. Además de estas medidas económicas directas, se ha declarado la  emergencia en determinadas actuaciones de contratación pública, de acuerdo con el que prevé la Ley de contratos del sector público.

Por otro lado, se han aumentado y fortalecido las medidas de control, prevención y bioseguridad para evitar su propagación, que fueron tomadas el pasado 29 de noviembre.

Así, las medidas reforzadas el 9 de diciembre dictan lo siguiente:

Se establece una zona de contención conformada por la zona infectada de alto riesgo (un radio de 6 km. en torno a la zona donde se han confirmado los casos positivos) y la zona infectada de bajo riesgo (a partir del límite de la zona infectada de alto riesgo hasta 20 km.).

La primera zona incluye los 12 municipios siguientes: Badía del Vallés, Barberá del Vallés, Cerdanyola del Vallés, Montcada i Reixac, Polinyà, Ripollet, Rubí, Sabadell, San Cugat del Vallés, San Quirze del Vallés, Santa Perpetua de Mogoda y Terrassa.

La segunda zona incluye 79 municipios de las comarcas de Alt Penedès, L’Anoia, Bages, Baix Llobregat, Barcelonés, Maresme, Vallès Occidental, y Vallès Oriental.

Se prohibe el acceso a la totalidad del Parque Natural de Collserola, Sant Llorenç de Munt i l’Obac, Cordillera de Marina, Parque Fluvial del Besòs, Cordillera Litoral, San Miguel del Fai. Zonas boscosas. Cauces de ríos y rieras. Prados. Campos de cultivo. Parques y caminos fuera del casco urbano. 

Esta prohibición no afecta al acceso a las viviendas, las actividades económicas en espacios cerrados ni a la restauración e instalaciones deportivas.

Se establecen otras medidas y restricciones:
    • Extremar las medidas de bioseguridad en las granjas.
   • No está permitido cazar (excepto la actividad necesaria para contener la enfermedad).
    • Los rebaños no pueden sacarse de las zonas de riesgo.
    • Tampoco se puede quitar ni entrar porcino doméstico ni transportar productos y subproductos de origen porcino.


Agencia FARO
/ Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

De Babilonia a Roma (XII): el Reiki

Rafael: La Transfiguración.

 

De Babilonia a Roma (XII): el Reiki


Uno se convierte en cliente y gurú al unísono. Con resultados disonantes, porque la música del Enemigo es estridente, sin orden ni concierto.

 

En los cursos de Reiki te enseñan a comunicarte con el diablo. Simple y llanamente.
 


En la entrega anterior, aparte de hablarte del Universo creado como si fuera Dios mismo, te comenté, así de pasada, la cita que mi amiga me concertó para hacerme Reiki. ¡Vamos de lleno al tema! En aquellos tiempos estaba sumida en una bonita revoltura espiritual, una ensalada compuesta por los libros de espiritualidad gnóstica, la Biblia, las distintas propuestas de los jesuses del hipermercado del Enemigo, mis primeros pinitos por el sincretismo e indiferentismo religioso y, por si fuera poco, mi total maravilla ante la transubstanciación, sin olvidar la misa semanal. Una variante de esquizofrenia espiritual que, vista a la distancia, me da vergüenza. ¿Cómo pude ser tan mema? Cuando el intelecto se desconecta de Dios, la razón se diluye como un helado al sol y la irracionalidad campa a sus anchas. Y en ese escenario, el Enemigo también. Añadir la herida en la ecuación es necesario. Es la puerta de entrada por la que el Enemigo entra a hurtadillas. Una rendija muy real. Un dolor que tiene muchas máscaras, como la vergüenza, la ira, la no pertenencia, la traición, la humillación. La lista es larga y variada. Todos tenemos algo de este doloroso listado que espera ser sanado. Sólo Dios puede curarlo. Pero eso no siempre lo sabemos. Y en esta ignorancia el Enemigo aprovecha para colarse. En su odio, se anticipa con todo tipo de remedios más rápidos, sofisticados, eficaces que los que Dios, en su ternura y respeto, proporciona. La herida sangra para que Dios, con su sangre, la cure. Pero esto pasa desapercibido tras el estridente brillo de Satanás. El Enemigo aparece con sus ridículas y milagrosas tiritas. Lejos de curar, perpetúa la herida para su mayor gloria. Y descalabro.

Mi herida era una brecha en carne viva, junto al duelo por mi madre y hermana, y un divorcio en ciernes. El Enemigo se frotaba las manos. No te cuento mi vida por narcisismo o egolatría, sino porque en el relato se encuentra el patrón de cualquier otra historia. De hecho, me repito mucho y no paro de insistir en lo mismo. Los patrones del engaño siempre son los mismos. El Enemigo no es creativo, es un imitador, y su gasolina es el odio. Aprovecha nuestra debilidad. En su cinismo y odio, precisamente cuanto peor estamos, más se ceba.

Mi madre murió, como ya te dije, y a los dos años lo hizo mi hermana menor. Tenía 33 años, una vida por delante, tres hijos muy pequeños. Justo cuando me recuperaba del duelo de la muerte de mi madre, en menos de un mes, mi hermana murió de un cáncer muy agresivo. Imagina, pues, mi estado. El Enemigo, como león rugiente, merodeaba para devorarme. Junto a la muerte, vino también el divorcio, que merece varias entregas aparte.

Y con todo este pitote, ahora te quiero hablar del Reiki. Mi estado deplorable buscaba consuelo y, en mi miseria, el Enemigo acudió con la solución: ¡el Reiki! Por cierto, no pararé de recordarte que todo lo que tiene que ver con la Nueva Era es mesiánico. De hecho, el Enemigo elimina a Jesús de la ecuación para proponerte soluciones salvíficas, las cuales lideras tú, para mayor gloria de tu soberbia.

De nuevo al Reiki: puede que te preguntes qué es eso. Pues bien, es una técnica de origen japonés que apareció en el siglo XIX. Como todas las propuestas de la Nueva Era, tiene siempre una historia detrás, un maestro prodigioso —en este caso, Usui— que, con la imposición de sus manos y la invocación de los guías espirituales y ciertos símbolos japoneses, obraba milagros. Sanaciones físicas, mentales, espirituales de todo tipo. ¿Te suena? La salvación.

Pues nada, en mi deplorable estado, allí que fui, con la ingenuidad que mi escasa formación y dolor alimentaban. ¿Qué había de malo en eso? En palabras de mi amiga, Dios estaba presente, pero con otro nombre: Universo. Y, ¿acaso Jesús no sanaba imponiendo sus manos? Gracias a mis delirantes e irracionales lecturas, estaba aprendiendo que a Dios se accedía por infinitas sendas. Si te soy sincera, en esa primera sesión de Reiki no sentí nada de nada, ni bueno ni malo. Sí recuerdo a la terapeuta, al finalizar, pegada a la pared, con cara circunspecta, tiritando exageradamente de frío. Eso es lo que me dijo. Por lo visto, no se sabía qué energía de muerte pululaba a mi alrededor.

Ese tipo de aseveraciones gratuitas son muy comunes entre practicantes de Reiki: aprovechan tu vulnerabilidad y confianza para colarte todo tipo de goles. De hecho, toda la Nueva Era bebe de la vulnerabilidad de los clientes y voraces consumidores. Como puedes imaginar, después de una primera sesión, siguieron muchas más. Empezaba a enredarme en la telaraña con entusiasmo.

Al final de las sesiones, la terapeuta compartía sus sensaciones, visiones y todo tipo de fenómenos y percepciones espirituales que, no te voy a engañar, me fascinaban. Todo este universo fenomenológico me magnetizaba. Yo deseaba penetrar en esa nebulosa espiritual, de almas que comunican mensajes o guías con nombres exóticos. Y, claro, una cosa lleva a la otra y la Nueva Era siempre te vende que el poder está dentro de ti, con lo cual te proponen las formaciones para que tú mismo te conviertas en tu sanador y en el de los demás. El mesías salvador en un cursillo de fin de semana. ¡Menudo chollo!

¿A quién, con un mínimo de espíritu de servicio, no le apetece poder ayudar? Y allí que fui con todo. Obviamente, yo quería ayudar, para mayor gloria de mi vanidad, porque, seamos claros, en el fondo eso es lo que impulsa los movimientos de la Nueva Era. La macedonia espiritual, la herida y la misión de servicio.

Esto último, los consumidores nuevaerísticos lo tenemos exacerbado. Una pulsión por ayudar, ser útiles. Una estrafalaria misericordia que nos empuja a salvar al prójimo. Ahora sé que lo que hay que hacer es amarlo, que, para salvarlo, Jesús se basta y se sobra.

¿Te acuerdas de que te hablé de la curiosidad como un ingrediente fundamental en la Nueva Era? Pues ahora, como ves, he introducido otro indispensable: la misión de servicio. Y en la subversión del orden luciferina, neognóstica, no es más que la salvación en manos del hombre hecho dios. En mis manos de sanadora, por obra de un taller de fin de semana, se encontraba el «reino de los cielos». Así todo.

Pues bien, así funciona por esos lares: uno se convierte en cliente y gurú al unísono. Con resultados disonantes, porque la música del Enemigo es estridente, sin orden ni concierto.

Me apunté, pues, a una formación de fin de semana de Reiki, para poder administrar yo misma la sanación a otros. Ciegos guiando a ciegos. Para mayor regocijo satánico.

Mi maestra de Reiki, en un fin de semana, me dio la formación a mí y a cuatro despistados más. Pobres ovejas perdidas. Fue muy impactante el primer día en que la maestra impuso las manos a una de las discípulas y ésta tuvo una reacción tremenda: gritos, alaridos, llantos. Nos quedamos petrificados. La maestra, con aires de suficiencia y un halo de bruja buena que sabe lo que se hace, nos dijo: «Esto es el ego que no quiere ser sanado y se resiste».

Lo del ego y sus resistencias es del todo recurrente en la Nueva Era; como dirían mis hijos, «la vieja confiable», nunca falla. Cualquier cosa que te pasa —ya sea un catarro, un llanto desconsolado o que pinches la rueda del coche— es el ego que no quiere que avances. Así las gasta el Enemigo: siempre tiene una excusa u otra.

Visto a la distancia, esa pobre chica, tan confundida como yo y la maestra, no tuvo otra cosa que una manifestación demoníaca. Qué ego ni qué niño muerto, como diría mi madre.

Por si alguien de raíces cristianas tuviera alguna justificada duda al respecto del Reiki, ¡todo bajo control!, ¿acaso Jesús no imponía las manos para sanar? Todo solucionado. Las dudas no son más que el ego que no quiere que sanes. De nuevo el mantra luciferino que pone la tirita para que no veas la herida. La anestesia que todo lo cubre. Pero el dolor sigue gritando silenciosamente, y el Enemigo acude solícito a la llamada.

Así, de esta forma, en la Nueva Era se va tejiendo una red de sanadores y necesitados de sanación, a cual más herido.

En aquella época, el Reiki fue una puerta de entrada que me hacía sentir importante, con poder de sanación, a pesar de que yo seguía tan triste y dañada como siempre. El Espíritu Santo me protegía e impidió que recordara los enrevesados símbolos japoneses que se supone que todo practicante de Reiki debe dibujar sobre el cuerpo energético de la pobre víctima de nuestros servicios sanadores.

Cho Ku Rei, Sei He Ki, Dai Ko Myo, cada uno con su ideograma, por supuesto. ¿Cómo te quedas? Mira que son feos y raros. Realmente me parecían una bobada. Me negué a aprenderlos. Me acostumbré a desobedecer lo que me chirriaba, a pesar de que mi umbral era más bien muy bajo.

Cabe mencionar que el Reiki te enseña a ponerte en contacto con los guías espirituales para que te muestren cómo sanar. ¡Guías espirituales! Adivina: el Enemigo, con sus luminosos disfraces. En los cursos de Reiki te enseñan a comunicarte con el diablo. Simple y llanamente.

Aquí lo dejo, de momento, porque, conforme escribo, tomo conciencia de cómo se va tejiendo la telaraña, de qué manera se va enredando como un ovillo olvidado en un oscuro desván. Y más allá del lío, siempre el mismo patrón: el odio del Enemigo, la herida, la confusión y, sobre todo, el orden divino patas arriba. Solo subrayar: allí donde te prometan salvación y el reino de los cielos por algo o alguien que no sea Jesús, ¡huye!: Dios aguarda y quiere recibirte para sanarte. De verdad.

Eulàlia Casas, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau