dilluns, 3 de juny del 2024

Els pagesos espanyols i francesos tallen junts la frontera


En español, a continuación.


Els pagesos espanyols i francesos tallen junts la frontera


Contra l’Europa estatista que fa inviable el nostre camp, a causa del règim burocràtic «ecològic», dels acords de lliure comerç desiguals, i dels costos energètics inflats pels impostos.


 

LA JONQUERA.— Es tracta d’una protesta sense precedents. Els pagesos han tallat aquest dilluns 3 de juny els passos fronterers entre Espanya i França, durant unes concentracions fetes a ambdues bandes de la frontera i de forma coordinada entre agricultors francesos i espanyols.

Des d’Irun fins a la Jonquera, passant per Canfranc, Sallent de Gállego, la Seu d'Urgell, Puigcerdà i el Coll d’Ares... A banda i banda de la frontera, els pagesos de diferents països comparteixen les mateixes reivindicacions.

En efecte, el camp europeu reclama els eco-buròcrates de Brussel·les contra la seva política agrària (PAC), la qual fa inviable l’agricultura autòctona ja que la sotmet al nou  i costós model europeu de règims «ecològics» però, alhora, estableix acords de lliure comerç en desigualtat de condicions amb tercers països, extracomunitaris, els quals no es sotmeten a aquell règim «ecològic».

Això empitjora la seguretat alimentària dels consumidors europeus, perquè provoca l'entrada al mercat europeu d'aliments agrícoles que no s'han sotmès als controls ni als requisits de la normativa europea. I alhora arruïna els pagesos europeus, que pateixen uns costos de producció derivats del règim europeu i, també, uns costos de l'energia inflats pels impostos. Aquests dos costos no els han d'afrontar els productors extracomunitaris.

Les protestes d’avui són la continuació de les iniciades el febrer proppassat, i ara tenen lloc en plena campanya de les «eleccions» europees, on s’hi presenta la candidatura Soberanía Alimentaria Española al costat a d’altres candidatures similars a varius països europeus.

Però, sobretot, les protestes d'avui representen l'agonia de la forma natural i original del viure humà que es resisteix a morir engolit per l'home artificial de la modernitat.


AGÈNCIA FARO / Círcol Tradicionalista Ramon Parés y Vilasau (Barcelona)


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En español:


Los agricultores españoles y franceses cierran juntos la frontera


Contra la Europa estatista que hace inviable nuestro campo, a causa del régimen burocrático «ecológico», de los acuerdos de libre comercio desiguales, y de los costes energéticos inflados por los impuestos.



LA JUNQUERA.— Se trata de una protesta sin precedentes. Los agricultores han cerrado este lunes 3 de junio los pasos fronterizos entre España y Francia, durante unas protestas realizadas a ambos lados de la frontera y de forma coordinada entre agricultores franceses y españoles.

Desde Irún hasta la Junquera, pasando por Canfranc, Sallent de Gállego, la Seo de Urgel, Puigcerdá y el Puerto de Ares... En ambos lados de la frontera, los agricultores de diferentes países comparten las mismas reivindicaciones.

En efecto, el campo europeo protesta contra los eco-burócratas de Bruselas por su política agraria (PAC), la cual hace inviable la agricultura autóctona pues la somete al nuevo y costoso modelo europeo de regímenes «ecológicos» pero, al mismo tiempo, establece acuerdos de libre comercio en desigualdad de condiciones con terceros países, extracomunitarios, los cuales no se someten a aquel régimen «ecológico».

Esto perjudica la seguridad alimentaria de los consumidores europeos, porque provoca la entrada en el mercado europeo de alimentos agrícolas que no se han sometido a los controles ni a los requisitos de la normativa europea. Y, al mismo tiempo, arruina a los agricultores europeos quienes sufren unos costes de producción derivados del régimen europeo y, también, unos costes de la energía inflados por los impuestos. Costes, ambos, que no tienen que afrontar los productores extracomunitarios.

Las protestas de hoy son la continuación de las iniciadas en febrero pasado, y ahora tienen lugar en plena campaña de las «elecciones» europeas a las que se presenta la candidatura Soberanía Alimentaria Española junto con otras candidaturas similares de varios países europeos.

Pero, sobre todo, las protestas de hoy representan la agonía de la forma natural y original del vivir humano que se resiste a morir engullido por el hombre artificial de la modernidad.

AGENCIA FARO / Círculo Tradicionalista Ramón Parés y Vilasau (Barcelona)

 

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dissabte, 1 de juny del 2024

Carta de Barcelona. Mayo de 2024

Detalle de «La batalla de Lepanto», de Lucas Valdés (aprox. 1709-1715, Sevilla)
 


Carta de Barcelona. Mayo de 2024

 

Colaboraciones catalanas en el periódico LA ESPERANZA durante el mes de mayo de 2024




BOLETÍN POLÍTICO

Las «elecciones» del 12 de mayo han drenado, a modo de línea divisoria de aguas, la actualidad política del Principado durante el mes de mayo en dos cuencas informativas bien diferenciadas, habiendo recibido los lectores de LA ESPERANZA puntual noticia de ellas.

Así, antes del día 12, en la vertiente preelectoral, Pere Pau ya nos advertía de que «en el manicomio parlamentario, todos son idólatras del mal que aflige a nuestra menguada sociedad y aún más enferma nación», al tratar sobre los verdugos del nacionalismo y los comicios catalanes.

Igualmente, Lo Mestre Titas encontraba una de las causas de la actual demolición catalana en la «construcción» nacional impulsada por Jordi Pujol a partir de 1980, que ha terminado por devorar al Principado. Así, parafraseando al mismo Pujol pero durante el tardofranquismo, en la actualidad «Cataluña es hoy un país intensamente trabajado por 44 años de nacionalismo catalán: una fuerza de descomposición fruto de la mediocridad de unas generaciones que ha desembocado en el procés soberanista de 2012-2022, situación política hostil la cual ha hundido Cataluña en un pozo de frustración y la ha condenado al principio de su destrucción».

Después del 12 de mayo, en la vertiente postelectoral, el Círculo barcelonés subraya el triunfo electoral, una vez más, de la abstención: en efecto, con el 42% del censo electoral, la abstención ha representado la primera opción de los catalanes en estas elecciones, a mucha distancia de la segunda, el Partido Socialista, que ha obtenido el 28% de los votos del censo. También se destaca que, por primera vez desde 1980, los independentistas / nacionalistas no han logrado mayoría en el Parlament. Y se augura un gobierno de izquierdas, encabezado por el socialista Salvador Illa, y alejado del «proceso soberanista» que desde 2012 ha protagonizado la actualidad política cual vodevil tragicómico.

Además, tras las «elecciones» del 12 de mayo, Lo Mestre Titas afirma que Junqueras y Puigdemont han alcanzado su fecha de caducidad, aunque ellos no lo hayan percibido aún. Si Junqueras y Puigdemont fueran lectores de LA ESPERANZA, tendrían conocimiento de ello.



CRÓNICA DEL PRINCIPADO

La actualidad política liberal actúa muchas veces como «pan y circo» para distraer la atención de los profundos movimientos de tierra que acontecen bajo nuestros pies, como por ejemplo la «Ley Trans» de 2023 y su aplicación actual. El antropólogo Artur J. Llinares, denuncia este troquelar los sexos y observa que la citada Ley «se propone que los propios individuos —ya no hay personas, recordemos con o sin llantos— se erijan en una autonomía praetersocial —que en realidad se pretende praetermundana— sin sujeciones ya: nada te turbe, solo la identidad basta. Ni psicólogos, ni médicos, ni padres». 


La margarita Lina C. —que realiza un encomiable apostolado sobre la modestia femenina en Instagram, @ruah431— nos indica en esta ocasión que Tradición, valentía y modestia son inseparables: si en abril nos recordaba que la Santísima Virgen es el ejemplo de la modestia, este mes de mayo nos muestra que «también han sido ejemplo de todo aquello reinas santas, valientes y guerreras, como nuestra Isabel la Católica. Y las admirables Margaritas de la Tradición que, en tiempos de guerra y lucha por Dios y por España, dieron ejemplo de valentía y abnegación».

Tras las elecciones catalanas de mayo, sufriremos las europeas de junio. Josep de Losports observa la actual apostasía de Europa y denuncia la responsabilidad de los obispos en la misma quienes, como quinta columna de la Revolución, animan a los jóvenes a votar para defender el «proyecto europeo», proyecto que conduce a Europa a la apostasía, la islamización, la ideología de género y la ruina material y moral.

«La Europa actual ha apostatado de Cristo; convierte sus Iglesias en bares musicales y gimnasios; olvida el fin trascendente del hombre y el fin último de la sociedad; promueve sin control la inmigración islámica y su natalidad en Europa al tiempo que fomenta el aborto entre las mujeres europeas; arruina a los agricultores europeos; impone la ideología de género, la LGTBI y la feminista… En esta Europa postmoderna y anticristiana, los obispos europeos defienden públicamente ese «proyecto europeo» envilecido, satánico, y envenenan la mentalidad de los fieles para que lo acepten, lo defiendan y participen en ese sistema mediante la ficción de su voto». 



SECCIÓN RELIGIOSA

Con ocasión del mes de mayo, mes de la Virgen María, mossèn Emmanuel Pujol recuerda la devoción a María en la defensa de la Cristiandad: cómo en el Corazón Inmaculado de María, el orden social cristiano es un medio para que la Iglesia realice su misión, y su pérdida y suplantación por un orden opuesto, un motivo de pena por las desgracias que seguido a ello los hombres tendrán que padecer.

«Paréceme oportuno recordar a los que han querido imponerse la épica tarea de restaurar el orden cristiano en las filas de la legitimidad, la devoción sencilla y sincera en la que está asegurada la victoria. No lo recordaré para caer en la falacia de los quietistas, que piensan que la oración debe suplantar a la acción, sino para volver la atención sobre los medios más eficaces, que están en la verdadera devoción, la cual es fundamento, acicate y guía para ordenar la acción a la realización de la Esperanza». 




HISTORIA DEL CARLISMO

Francesc Sanchez i Parés presenta la tercera entrega del Diario inédito de Agustí Prió i Carme, que esta vez aborda las batallas de Huesca y de Barbastro, en 1835 y 1837. Fueron batallas decisivas y heroicas, que se saldaron con sendas victorias carlistas. «Batallas en las que la sangre de los jefes se mezcla con la de sus soldados, son siempre heroicas. Las de Huesca y Barbastro, lo fueron».

Agustí Prió, farmacéutico de Áger (la Noguera) y combatiente carlista en las tres guerras del s. XIX, relató en un Diario inédito sus vivencias durante este periodo, que ahora ven la luz gracias a su descendiente y correligionario de nuestro Círculo. 


Por otro lado, Pere Pau ha iniciado este mes de mayo una excepcional serie de artículos semanales sobre Salvador Dalí, la fe y la tradición, que ya va por su quinta entrega.

En el primer artículo, se narra la conversión de Salvador Dalí padre, notario de Figueras, quien toda su vida había sido «progresista y comecuras» y, llegada la vejez, al probar «los frutos amargos que sobre la propia vida, pero también sobre la sociedad, tienen las ideas demenciales de la modernidad, es la chispa que hace mudar el pensamiento en muchas ocasiones; siendo entonces cuando se ve claro y uno quiere o debe rectificar con prisas». 

En la segunda entrega, se nos muestra cómo a partir de la conversión de su padre, se produce una reconciliación final entre padre e hijo, rezando juntos en la primera fila de la parroquia que les vio bautizar: «A partir de ahora veremos cómo, a pesar de las discrepancias que tuvieron padre e hijo a lo largo de su grasa biografía, estos dos acabaron por encontrarse juntos rechazando las ensoñaciones del progreso y de la modernidad para abrazar la Fe que en cierto modo habían dejado los dos de lado cuando perseguían fantasmagóricas ilusiones por los modernos centros de la excentricidad europea. Buscando durante toda una vida la libertad, el progreso y la universalidad; resulta que se encontraron los dos, ya estrujados por la vejez, de vuelta a la casilla de salida, sentándose en la primera fila de la parroquia que les vio bautizar, en su pequeña región, y hablando de la fe y de la tradición».

La tercera entrega se centra en el pintor universal quien, «tal parece que, encerrado dentro de los quebraderos de cabeza que le transmitió su padre librepensador, con su obra busca poner remedio a las inquietudes de la vida, trazando y recorriendo los contornos de su difunta madre católica».

Y se reproduce un episodio de la infancia de Dalí, que él explicaría en su diario años más tarde, y que son de utilidad para comentar la aproximación de Dalí a la tradición. En sus años escolares, un religioso de San Juan Baptista de la Salle le enseñó de muy pequeño la ley del pintar.

Dalí lo explica así en su diario:

«Acuarelábamos unos simples elementos geométricos previamente delineados con tiralíneas. El profesor nos lo dijo: Pintad aquello bien; y en general, consistía en no pasar de la línea. […] ¡No sobrepasar la línea! Tenéis aquí una norma de conducta donde puede empezar toda una probidad y toda una ética de la pintura.

»Siempre han existido dos tipos de pintores: aquellos que pasaron de la línea, y aquellos que, pacientemente, supieron llegar a su límite con respetuosidad. Los primeros, a causa de su impaciencia, han sido calificados de apasionados y geniales. Los segundos, a causa de su humilde paciencia, han sido calificados de fríos, y, únicamente, buenos artesanos».

 

Este episodio de su niñez, narrado por el mismo Dalí en su diario, se comenta profundamente en la cuarta entrega de esta serie de geniales artículos. En efecto, esta lección de pintura del religioso le acompañaría a Dalí toda su vida y le serviría para, años después, rechazar la revolución y a abrazar la tradición: «Queriendo ser “libres”, los pintores que rechazan la tradición, que la quieren derrumbar, según Dalí, se pierden porque, queriéndose pasar de la línea, no encuentran frontera y, sin restricción, no hay forma, no hay obra».

Pero la llegada a este puerto de la tradición será lenta y difícil. En su travesía, Dalí se sumerge en el movimiento surrealista, como indica la quinta entrega de esta serie de artículos, pero a pesar de la la evolución que hace Dalí dentro de los movimientos artísticos, queda la base sobre la cual él construirá su pensar sobre la tradición y toda su concepción artística y estética. «Dalí valora aquellos maestros que rehuyen de las ilusiones con que la modernidad quiere confundir y comprar la conciencia de los más pequeños y empieza en aquella temprana edad a desarrollar —nos atreveríamos a decir— una protodoctrina de la tradición; asentada entonces la base de la visión que, posteriormente, superada ya la ruptura de los surrealistas, se hará definitiva en su pensamiento y en su obra».


Círculo Tradicionalista Ramón Parés y Vilasau (Barcelona)







divendres, 31 de maig del 2024

Diario inédito de Agustí Prió (III): Las batallas de Huesca y de Barbastro

Batalla de Huesca. Grabado, en: Luis Bordas, «Hechos históricos y memorables acaecidos en España...», página 269.


 

Diario inédito de Agustí Prió (III): Las batallas de Huesca y de Barbastro


«Batallas en las que la sangre de los jefes se mezcla con la de sus soldados, son siempre heroicas. Las de Huesca y Barbastro, lo fueron».



En artículos anteriores, hacíamos referencia al Diario manuscrito de Agustí Prió i Carme, farmacéutico de la villa de Áger (Lérida), donde nos relataba cómo, en 1835, la población fue liberada por el general Guergué durante la primera guerra carlista. 

Para situarnos geográficamente, vamos a usar el mapa del propio Agustí:

 

Mapa de España de Agustí Prió i Carme, editado en París.


Este mapa de España fue editado en París, lo que ya nos da una idea de lo predominante que era entonces la cultura liberal francesa.
Alrededor del mapa se encuentran imágenes de todos los reyes de España, desde Ataulfo a la «vigente», en el año 1833, María Cristina como «regente» y su hija Isabel.


Detalle del mapa de España de Agustí Prió.

 

Don Carlos, tras el fallecimiento de su hermano el Rey Fernando VII, no reconoció la sucesión a la Corona por abrazar ésta la revolución liberal. Carlos V lideró la oposición tradicionalista, por lo que en un primer momento sufrió exilió en Gran Bretaña, pero posteriormente consiguió cruzar Francia y entrar en España a través de Navarra, en 1834, desde donde lideró a los generales que le apoyaban.

Hacia mediados de agosto de 1835, el General Guergué, al mando de una expedición Navarra, atravesó rápidamente y sin apenas oposición el Alto Aragón, por Huesca y Benabarre, y se adentró en Lérida, como nos relata Agustí en su Diario desde Áger:


«19 de agosto de 1835, después de un largo sufrimiento y angustia, los cristinos abandonaron las población, después de la llegada de un ejército Navarro que, por la noche, derribó las murallas».

Expedición del General Guergué, 1835.


 
Tras dos años de incursiones y tomas de la villa de Áger por uno y otro bando, nos situamos ahora en 1837, cuando Agustí escribe:

«6 de junio de 1837. Hoy han entrado en Áger, de forma continua, heridos de las acciones de Huesca y Barbastro. Que, a esta hora, las diez de la noche, ya son más de mil, de modo que es muy difícil vivir aquí».

Recordemos que en Áger se ubicaba el hospital, el único en muchos kilómetros a la redonda, y Agustí Prió era el farmacéutico elaborador y proveedor de la región.

¿Qué estaba sucediendo?

Don Carlos había emprendido su expedición hacia Madrid. Su intención era atravesar los territorios que le eran más favorables y donde se le iba uniendo la población, favorable a su causa como había apreciado Guergué con su incursión. El objetivo principal de Don Carlos era unirse al grueso del ejercito contrarrevolucionario del General Cabrera en el Maestrazgo y continuar hasta Madrid, donde pensaba que sus partidarios le brindarían una rendición de la Ciudad prácticamente sin luchar.

Partió Don Carlos desde Estella el 15 de mayo y lo hizo manifestando que había llegado el momento de salvar la Patria de la revolución usurpadora e impía. Y expuso con claridad la visión de esta guerra civil como apéndice de la contrarrevolución europea: «vuestra conducta os granjeará el amor de los pueblos que venís a librar; ellos os apellidarán sus libertadores, y la Europa toda os admirará».



LA BATALLA DE HUESCA

Antonio Pirala, en su libro Historia de la guerra civil y los partidos liberal y carlista, Madrid, 1869, nos relata los hechos acaecidos en Huesca el día 24 de mayo de 1837:

«A este campo, que iba a serlo de sangrienta lucha, se adelantó muy de mañana, desde Almudévar, el coronel [liberal] Mendivil con veinte caballos, observando que los carlistas estaban más descuidados de lo que debían. Estos, en efecto, llegaron a Huesca a las doce de la mañana del 24 y fueron revistados por Don Carlos, quien salió de Lupiñán a las seis de la misma, pasó por Alerre y Cilla, cuyos habitantes se esmeraron en proclamarle, y se halló aquí con el coche del Obispo de Huesca, que no quiso aceptar para entrar en la ciudad».

Poco después, y tras una primera embestida del bando liberal, los carlistas toman la iniciativa:

«Pero se rehacen los defensores de Don Carlos, se generaliza la acción, crece su encarnizamiento, son constantes las repetidas cargas de caballería y a la bayoneta, ahogan los ayes de los heridos el chocar de los hierros, se olvida todo sentimiento de humanidad, y enrojécese el campo con la sangre de tanto valiente».

Sigue Pirala relatando la crudeza de la batalla, y la victoria final carlista:
«La pérdida de esta corta pero sangrienta batalla se ha calculado en cerca de dos mil hombres, entre muertos, heridos y prisioneros. Fue grande la saña con que se peleó: jefes y soldados que habían perdido sus caballos, cargaron a pie con espada o lanza en mano e hicieron proezas. Entre los heridos, lo fue de gravedad Iribarren que murió al día siguiente en Almudévar, con dolor de todo el ejército, que admiraba su heroísmo; con sentimiento de la patria, que contaba para su salvación con su patriotismo. Los carlistas, si bien no dejaron sobre el campo de batalla ningún jefe superior muerto, contaron entre sus heridos al general Sopelana, al brigadier don Pascual Real, al coronel don Manuel García Segovia, que murió días después en el hospital de Áger (Cataluña) a donde fue trasladado, al coronel Puértoles que falleció de resultas de la amputación de un muslo, al de la misma clase don José Hermosilla, muerto sin querer por sus mismos soldados; los capitanes, Puente, Prada y Salazar y no pocos extranjeros. La victoria de Huesca fue anunciada con una proclama, y una condecoración premió a los vencedores».

Veamos los comentarios de Agustí del día 7 de junio de 1837:

«Han muerto cuatro heridos ingresados ayer.
Día 11 de junio. Han partido hacia Peramola 200 de los heridos más leves.
Día 12 de junio: Hoy ha muerto un coronel y tres de la clase de tropa».

Podemos entonces deducir que el coronel fallecido, como nos relata Pirala, fue Manuel García Segovia.

Animados por la victoria, la expedición avanza hacia Barbastro. El Príncipe Félix Lichnowsky, general austriaco que acompañó a Don Carlos en su expedición, lo relata así:

«El 27 salimos de Huesca. Todos los asnos de la ciudad y de los contornos fueron requisados para el transporte de los heridos y colocados en el centro de la columna. Si la contemplación de los que sufren no fuera cosa tan triste, nos hubiéramos reído de buena gana de las escenas cómicas que ofrecía este cortejo. Sobre todo los granaderos presentaban un aspecto singular, encaramados en aquellas miserables monturas y arrastrando las piernas por el suelo.

Era de notar que la mayoría de los soldados navarros heridos lo estaban en el torso y los alaveses en las piernas. Los primeros habían defendido la ermita, que estaba rodeada de una tapia, mientras que los segundos lucharon a campo abierto.

Habíamos salido de Huesca a las cinco de la mañana; a las nueve atravesamos eI Alcanadre y, después de una fatigosa marcha, llegamos por la noche a Barbastro».

Desde Áger, partieron hacia Barbastro para unirse a Don Carlos, las tropas populares que se habían formado desde la entrada del general Guergue en 1835. Lichnowsky lo relata así:

«El 29, a mediodía, mientras que en el balcón del palacio del Marqués de Altasona, habitado por el Rey, fumábamos unos cigarros, se detuvieron en la plaza una docena de jinetes vestidos de una manera extraña, montados unos en hermosos caballos y otros en jacos miserables.

Iban seguidos por 30 ó 40 hombres a pie, cubiertos por grandes mantas en forma de toga romana; una especie de gorro frigio encarnado, cuyo extremo colgaba hacía atrás, cubría su cabeza;

Todos llevaban sobre los hombros buenos fusiles. El jefe de esta tropa era un hombre como de cincuenta años, de cabellos rojos, de cara bonachona y flemática, y más bien parecía un cervecero bávaro que un jefe de partida español. A pesar del mucho calor, llevaba un sobretodo pardo con pieles y las mangas bordadas como los uniformes de brigadier. Una colección de cintas y de cruces adornaba su pecho y pialaban este extraño atavío una montera de nutria en forma de melón, un ancho sable y un bastón con puño de oro.

Sobre la silla de su gran caballo negro llevaba una piel de oso adornada de una banda escarlata.

Cuando este singular personaje hizo su aparición en la sala de espera, no pudimos contener la risa.

Él se presentó con mucha gravedad, dando el nombre de Don Bartolomé Porredón, llamado el Ros de Eroles (el pelirrojo de Eroles), Brigadier del Rey y jefe de la primera División del ejército de Cataluña.

Cuando supo que se aproximaba nuestra expedición, había dejado los valles de Urgel para venir a nuestro encuentro.

A pesar de esta pomposa presentación, toda su división se reducía a cuatro batallones indisciplinados que apenas contaban 500 hombres cada uno.

Su vestimenta era la de los hombres que hablamos visto en la plaza. Porredón traía cartas de la Junta de Cataluña que contenían quejas contra el comandante general Royo y una brillante relación de fuerzas. Se había anunciado que esperaban al Rey en esta extensa y rica provincia 23 batallones y que el pueblo se sublevaría en masa a su presencia. Se había designado a Solsona, capital de uno de los distritos carlistas, como punto de reunión de todos los jefes catalanes que rehusaban obedecer a Royo pero que, a la voz del Rey, se apresurarían a unir sus fuerzas al grueso de la expedición.

Con este refuerzo, y siendo ya nuestro ejército superior al del enemigo, se podía pensar en amenazar las fértiles zonas de la costa o en marchar victoriosamente sobre el Ebro. Con la unión de Cabrera, sería posible transportar a Castilla el teatro de la guerra, llevándola al corazón de la Monarquía y amenazando Madrid».

Aunque estos brillantes planes fuesen reproducidos a diario por los catalanes y en ellos tuvieran puesta su confianza, se comenzó a vislumbrar la posibilidad de una excursión a Cataluña.

El General Oráa, al mando de la tropa liberal, consiguió llegar a Barbastro antes de que la expedición partiera.

Pero el enfrentamiento con ella se saldó con una nueva victoria para las tropas carlistas. El ejército expedicionario carlista salía de Aragón sin haber sufrido ningún contratiempo importante, «se ha escurrido como una serpiente —se decía— y ha repasado el Cinca como un pato; verdad es que llevan gran procesión de heridos, acémilas, obispos, canónigos y frailes y demás zarandajas que debían embarazarla mucho, pero lo ha realizado con tanto silencio que no ha podido percibirse».



LA BATALLA DE BARBASTRO

 

Expedición Real de Don Carlos, 1837.



El combate de Barbastro se tuvo como la más brillante victoria de esta expedición. Habían maniobrado grandes masas de una manera regular; y los dos viejos generales que se hallaron frente a frente parecían adivinarse, de modo que, apenas iniciados algunos movimientos en uno de los campos, surgía la respuesta en el otro.

Los dos bandos combatieron con gran encarnizamiento; fue horrible el momento en que las dos legiones extranjeras se atacaron a la bayoneta entre los olivos. Muchos de ellos se reconocieron, se llamaron en alemán o en francés y, antiguos camaradas, se desgarraban las entrañas.

Los españoles veían con una alegría feroz cómo los extranjeros se destrozaban mutuamente.

Por mi parte, confieso que este espectáculo me causó una sensación penosísima.

Esta victoria tuvo una gran importancia para el ejército real.

Una derrota, cuya primera consecuencia hubiera sido nuestra salida de Barbastro, Io habría aniquilado y, perseguidos por el enemigo, la corriente impetuosa del Cima hubiera sido nuestra tumba. Todas las probabilidades estaban contra nosotros; se había cometido una imprudencia al aceptar la batalla en posición tan desventajosa.

El resultado superó a todas las esperanzas y entonces, más que nunca, era el momento de acercarnos a Zaragoza o, cuando menos, al Ebro.

Desgraciadamente, esta victoria no hizo más que acentuar la obcecación y se persistió en ir a Cataluña. Muchos predijeron entonces un resultado funesto, predicción que no tardó mucho tiempo en ser una realidad.

Días más tarde, Agustí nos da esta nota, algo más positiva:

«20 de junio de 1837: Han muerto algunos heridos y se han ido otros ya curados.

29 de junio: Estos días han partido muchos soldados ya curados, y en Áger sólo quedan ya 400».

Tal fue la crueldad de esta batalla, que se impulsó el denominado «Covenio de Elliot» para tratar de mitigar el inhumano encarnizamiento, como hemos podido constatar en éste y en peores episodios.

Antonio Pirala nos deja este colofón de ambas batallas:

«Poco nos aclararía el examen de todas las causas que contribuyeron a la pérdida [para los liberales] de la batalla de Barbastro, después de la detenida narración que de ella dejamos hecha; pero no dejaremos de consignar que en todas las acometidas de los liberales se encontraron al frente con enemigos tan decididos a no perder un palmo de terreno, como a ganarle los que embestían. El valor entró en esta batalla por mucho, y negar el que emplearon los carlistas, seria parcialidad. Peleas en las que la sangre de los jefes se mezcla con la de sus soldados, son siempre heroicas. Las de Huesca y Barbastro, lo fueron».


Francesc Sánchez Parés
Círculo Tradicionalista Ramón Parés y Vilasau (Barcelona)

dijous, 30 de maig del 2024

Salvador Dalí, la fe i la tradició (V)

Salvador Dalí de joven, con su hermana Anna María.

 

 

 (Traducción al castellano, a continuación)


Salvador Dalí, la fe i la tradició (V)


El blau de l’atzur, el blau dels somnis —que diria l’altre desorientat de Joan Miró—, el blau del cel —direm nosaltres—, és allò que sempre va cercar Dalí; i no el trobarà fins que, transcorreguts pràcticament quaranta anys, es decideix a esmenar el seu passat i es confessa com a catòlic, esbalaint el món amb la seva conversió.




Per ordenar, en el cap del lector, els esdeveniments que procurem d’exposar, més o menys cronològicament, afegim que, la majoria de les cites, sempre que no sigui dit el contrari, són extretes de les mateixes autobiografies que fa Dalí cap a mitjans de la seva vida, de tal manera que moltes són reflexions a posteriori sobre esdeveniments passats; d’aquí que es pugui generar certa confusió respecte d’aquesta aparent contradicció entre el Dalí que hem exposat, bescantant la revolució en defensa de la tradició, i el mateix Dalí, que més endavant presentarem, introduint-se en el moviment surrealista.

Abans, però, volem referir-nos una mica més a l’evolució que fa Dalí dins dels moviments artístics perquè, tal com vam presentar en l’article anterior, és la base sobre la qual ell construirà el seu pensar sobre la tradició i tota la seva concepció artística i estètica.

Com ja havíem esmentat, de ben petit, Dalí valora aquells mestres que defugen de les il·lusions amb què la modernitat vol confondre i comprar la consciència dels més petits i, comença en aquella temprana edat, a desenvolupar —ens atreviríem a dir— una protodoctrina de la tradició; assentat llavors la base de la visió que, posteriorment, superada ja la ruptura dels surrealistes, es farà definitiva en el seu pensament i en la seva obra.

En el catàleg de la primera exposició que Salvador Dalí fa a Barcelona, en la famosa Galeria Dalmau, l’any 1925, encara amb vint-i-un anys, ja hi trobem, de forma clara, la defensa de l’originalitat de la tradició enfront del servil lament que és la innovació moderna —idea que ja vam procurar de descabdellar en l’article anterior—.

«Aquel que no quiera poner a contribución más talento que el suyo, pronto se encontrará reducido a la más miserable de todas las imitaciones, a la de sus propias obras».

Havíem mostrat com el petit Dalí, molt d’aviat, ja va destacar a l’escola per la seva traça com a dibuixant així com pel seu interès per l’art i la religió. La seva introducció dins dels moviments artístics del moment no triga a fer-se arribar i, amb tan sols dotze anys i de la mà del seu pare, descobreix l’impressionisme francès —que serà el seu primer estil artístic— a la masia del Molí de la Torre, propietat de la família Pichot.

El primogènit dels Dalí troba, en la figura de Ramon Pichot, l’accés a l’impressionisme francès, relacionat en aquell moment amb notables com els mestres Casas, Rusiñol i Mir; i sortirà del seu estudi amb matèria i forma per a les seves primeres obres d’infància i joventut, centrades sobretot a representar el paisatge del Cap de Creus, amb el moviment de les llums i el variar dels seus tons.  

«Enyoro molt l’hermosa Cadaqués... ¿Te’n recordes d’aquelles quietes i dolces tardes d’estiu, passades vora la cançó de les ones? ¿D’aquelles argentades nits de lluna? ¿D’aquells matins xardorosos i assolellats que, ajaguts sota la roentor del sol, practicàvem el llangardaix a tall de sacerdot?».

Les primeres mostres del catàleg d’obres de Salvador Dalí, datades d’entre 1910 i 1914, es poden abrigallar totes dins d’aquesta influència impressionista i realista; són les primeres obres que, entre els sis i els dotze anys, confecciona ja amb molta habilitat, el petit Dalí.

«Continuo admirant els grans impressionistes francesos en Monet, Degas, Renoir. Siguen aquests els que orientin amb més fermesa el meu camí.»

En les notes del diari d’Anna Maria Dalí i Domènech —germana de l’artista i fervent catòlica—, dedicades a explicar els seus records sobre aquests jorns transcorreguts amb el seu germà, rememora —quasi melangiosament— uns anys de tranquil·litat i de serenor dins de l’ànima del qui ja creia un artista.  

«A l’arribar a casa hem trobat el meu germà encara enfeinat. És infatigable. La llum, la forma i el detall tenen ara la platina del classicisme. Els seus quadres han arribat a una bellesa que sembla continuar la de les obres incomparables que hem vist als museus.»

Explica que, durant els estius que passaven plegats en aquell poble ideal i somniador de Cadaqués —en paraules del mateix Dalí—, aquest mai deixava el seu estudi i sempre se’l trobava feinejant.

«Molts dies, en sortir el sol, és ja disposat per a marxar a pintar; altres es queda a taller, però treballa sempre des de l’alba fins que el sol es pon, i quan, al caure la tarda, anem a passeig pels camins que envolten Cadaqués —cadascun d’ells tan diferent, tot i que sense apartar-se del clàssic ambient que els caracteritza— el meu germà treballa també. Ni un sol instant deixa de contemplar intensament les llums i els núvols, el mar i les platges, captant fins els detalls més petits. La calma blanca d’aquelles tardes, que reflecteix en el mar les estructures de les roques, es fixa ja per sempre a la seva ànima.»

La mateixa autora d’aquestes paraules ens ratifica com, fins i tot de jove, Dalí ja defensava una idea —que ens resulta encara més agradosa d’estampar, sobretot per la seva semblança amb les del mestre Antoni Gaudí— que guarda molta relació amb el veritable sentit de l’art, que s’embranca amb el de la tradició.

En la Galeria Parés, l’any 1927, explica la següent conversa de Dalí amb els crítics de l’art que visitaven la seva exposició:

«En una controvèrsia sobre art, al ser preguntat, en Salvador, respecte de per què pintava coses tan estranyes, va contestar que en això no feia més que imitar la Naturalesa, que no pot ser més estranya en si. És el costum el que fa que ens sembli normal allò que és extraordinari i sorprenent.»

Ja havia abandonat, en aquells moments, les primeres influències impressionistes i la seva creativitat jugava llavors amb les tendències del moment, el dadaisme i el cubisme.

Malgrat que en aquesta primera etapa, Dalí ja es trobava entabanat per les melodies de la revolució, plana damunt de la seva vida una certa serenor i, alhora, com ja hem repetit, es comencen a gestar idees que recuperarà una mica més tard, quan declararà, davant de tothom, que jo sóc catòlic, apostòlic i romà.

En el seu diari de joventut, trobem cites que posen clara la seva militància revolucionària. Alhora que avança en els moviments de l’avantguarda i s’allunya del realisme paisatgístic dels primers anys, també accelera la seva passió per les protestes obreres, l’anarquisme i la causa de la Revolució Russa.

«Com més va més s’accentua i més palpable es fa la revolució mundial que s’apropa. Jo l’espero amb els braços oberts, ben oberts, i amb el crit a flor de llavis de: visca la república dels soviets! I si per arribar a una vera democràcia i a una vera república social, és necessària, abans, una tirania: visca la tirania!»

«És molt probable que la pau de debò, la pau per sempre, vingui també de terres llunyanes i melangioses, de terres d’orient.»

Per acabar d’adobar-ho tot, aquestes idees, que ja havien perjudicat el seu cap, es veuen excitades, encara més, quan el geni empordanès es posa en contacte amb els francesos de la revolució surrealista —la pesada revolució de sempre, que encara els durava als beixamel dels francesos—.

Clourem l’article en aquest moment, tot deixant el jove Dalí ja dins de les avantguardes, amb el cap tot revoltat i desordenat, ja lluny d’aquelles amables idees de la seva primera adolescència, i a tocar de caure en el pou dels surrealistes francesos.

Ja de més gran, quan és expulsat d’aquest grup i, Salvador Dalí, retorna a casa —podríem dir que en sentit figurat, però també literal—, és llavors que reprèn el fil conductor d’aquesta filosofia, que ja apuntava de menut, per a elevar-la fins al cim del seu pensament, en la seva etapa definitiva, de la mística nuclear. Tanmateix, els seus anys de gresca, seran cobrats car; aquesta immersió en la modernitat i en la revolució, que més tard no va plànyer a criticar severament, l’allunyen durant una bona temporada d’aquell cel amb el qual —segons hem llegit— s’embadalia durant les jornades estiuenques de Cadaqués.

El blau de l’atzur, el blau dels somnis —que diria l’altre desorientat de Joan Miró—, el blau del cel —direm nosaltres—, és allò que sempre va cercar Dalí; i no el trobarà fins que, transcorreguts pràcticament quaranta anys, es decideix a esmenar el seu passat i es confessa com a catòlic, esbalaint el món amb la seva conversió. 

 

El cel de Cadaqués, a: «Cadaqués», Salvador Dalí, pintura a l'oli, 1921, colecció Masaveu (Oviedo).



Després de tota una vida lliurat a les passions, es troba llavors constret per elles; i, la gelosia amb què aquestes guarden la seva ànima, el fa témer que, a malgrat d’haver trobat, d’haver tornat a veure el cel, morirà sense aquest.

 «I què és el cel? On és? El cel es troba, ni a dalt ni a baix, ni a la dreta ni a l’esquerra, el cel es troba exactament al centre del pit de l’home que té fe!»


Pere Pau
Círcol Tradicionalista Ramon Parés y Vilasau (Barcelona)



* * *



(Traducción al castellano:)


Salvador Dalí, la fe i la tradició (V)


El azul cielo, el azul de los sueños —que diría el otro desorientado de Joan Miró—, el azul del cielo —diremos nosotros—, es eso lo que siempre buscó Dalí; y no lo hallará hasta que, transcurridos prácticamente cuarenta años, se decide a enmendar su pasado y se confiesa como católico, anonadando al mundo con su conversión.




Para ordenar, en la cabeza del lector, los acontecimientos que procuramos exponer, más o menos cronológicamente, añadimos que, la mayoría de las citas, siempre que no sea dicho lo contrario, son extraídas de las propias autobiografías de Dalí hechas a mediados de su vida, de tal manera que muchas son reflexiones a posteriori sobre acontecimientos pasados; de ahí que se pueda generar cierta confusión al respecto de esta aparente contradicción entre el Dalí que hemos expuesto, difamando la revolución en defensa de la tradición, y el mismo Dalí, que más adelante presentaremos, introduciéndose en el movimiento surrealista.

Sin embargo, antes de ello queremos referirnos algo más a la evolución que hace Dalí dentro de los movimientos artísticos porque, tal y como presentamos en el artículo anterior, es la base sobre la cual él construirá su pensar sobre la tradición y toda su concepción artística y estética.

Como ya habíamos mencionado, de muy pequeño, Dalí valora aquellos maestros que rehuyen de las ilusiones con que la modernidad quiere confundir y comprar la conciencia de los más pequeños y empieza en aquella temprana edad a desarrollar —nos atreveríamos a decir— una protodoctrina de la tradición; asentada entonces la base de la visión que, posteriormente, superada ya la ruptura de los surrealistas, se hará definitiva en su pensamiento y en su obra.

En el catálogo de la primera exposición que Salvador Dalí hace en Barcelona, en la famosa Galería Dalmau, en 1925, todavía con veintiún años, ya encontramos, de forma clara, la defensa de la originalidad de la tradición en frente del servil lamento que es la innovación moderna —idea que ya procuramos de desenredar en el artículo anterior—.

«Aquel que no quiera poner a contribución más talento que el suyo, pronto se encontrará reducido a la más miserable de todas las imitaciones, a la de sus propias obras».

Habíamos mostrado cómo el pequeño Dalí, muy pronto, ya destacó en la escuela por su traza como dibujante, así como por su interés por el arte y la religión. Su introducción en los movimientos artísticos del momento no tarda en llegar y, con sólo doce años y de la mano de su padre, descubre el impresionismo francés —que será su primer estilo artístico— en la masía del Molí de la Torre, propiedad de la familia Pichot.

El primogénito de los Dalí encuentra, en la figura de Ramon Pichot, el acceso al impresionismo francés, relacionado en aquel momento con notables como los maestros Casas, Rusiñol y Mir; y saldrá de su estudio con materia y forma para sus primeras obras de infancia y juventud, centradas sobre todo en representar el paisaje del Cap de Creus, con el movimiento de las luces y el variar de sus tonos.

«Añoro mucho la hermosa Cadaqués... ¿Te acuerdas de aquellas quietas y dulces tardes de verano, pasadas junto la canción de las olas? ¿De aquellas argentinas noches de luna? ¿De aquellas mañanas ardorosas y soleados que, estirados debajo la ardencia del sol, practicábamos el lagarto a guisa de sacerdote?».

Las primeras muestras del catálogo de obras de Salvador Dalí, datadas de entre 1910 y 1914, se pueden arropar todas dentro de esta influencia impresionista y realista; son las primeras obras que, entre los seis y los doce años, confecciona ya con mucha habilidad, el pequeño Dalí.

«Continúo admirando los grandes impresionistas franceses Monet, Degas, Renoir. Sean estos los que orienten con más firmeza mi camino.»

En las notas del diario de Anna Maria Dalí i Domènech —hermana del artista y ferviente católica—, dedicadas a explicar sus recuerdos sobre estas jornadas transcurridos con su hermano, rememora —casi melancólicamente— unos años de tranquilidad y de serenidad dentro del alma de quien ya creía un artista.

«Al llegar a casa hemos encontrado a mi hermano todavía atareado. Es infatigable. La luz, la forma y el detalle tienen ahora la platina del clasicismo. Sus cuadros han llegado a una belleza que parece continuar la de las obras incomparables que hemos visto a los museos.»

Explica que, durante los veranos que pasaban juntos en aquel pueblo ideal y soñador de Cadaqués —en palabras del mismo Dalí—, este nunca dejaba su estudio y siempre se lo encontraba faenando.

«Muchos días, al salir el sol, está ya dispuesto para marchar a pintar; otros, se queda en el taller, pero trabaja siempre desde el alba hasta que el sol se pone, y cuando, al caer la tarde, vamos a paseo por los caminos que rodean Cadaqués —cada uno de ellos tan diferente, a pesar de no apartarse del clásico ambiente que los caracteriza— mi hermano trabaja también. Ni un solo instante deja de contemplar intensamente las luces y las nubes, el mar y las playas, captando hasta los detalles más pequeños. La calma blanca de aquellas tardes, que refleja en el mar las estructuras de las rocas, se fija ya por siempre jamás a su alma.»

La misma autora de estas palabras nos ratifica como, incluso de joven, Dalí ya defendía una idea —que nos resulta todavía más agradable de estampar, sobre todo por su parecido con las del maestro Antoni Gaudí— que guarda mucha relación con el verdadero sentido del arte, que se enrama con el de la tradición.

En la Galería Parés, en 1927, explica la siguiente conversación de Dalí con los críticos del arte que visitaban su exposición:

«En una controversia sobre arte, al ser preguntado, Salvador, al respecto de por qué pintaba cosas tan extrañas, contestó que en esto no hacía más que imitar la Naturaleza, que no puede ser más extraña en sí. “Es la costumbre el que hace que nos parezca normal aquello que es extraordinario y sorprendente”.»

Ya había abandonado, por aquellos momentos, las primeras influencias impresionistas y su creatividad jugaba entonces con las tendencias del momento, el dadaísmo y el cubismo.

A pesar de que, en esta primera etapa, Dalí ya se encontraba engatusado por las melodías de la revolución, plana sobre su vida cierta serenidad y, a la vez, como ya hemos repetido, se empiezan a gestar ideas que recuperará algo más tarde, cuando declarará, ante todo el mundo, que yo soy católico, apostólico y romano.

En su diario de juventud, encontramos citas que exponen claramente su militancia revolucionaria. A la vez que avanza en los movimientos de la vanguardia y se aleja del realismo paisajístico de los primeros años, también acelera su pasión por las protestas obreras, el anarquismo y la causa de la revolución rusa.

«Cuanto más va más se acentúa y más palpable se hace la revolución mundial que se acerca. Yo la espero con los brazos abiertos, muy abiertos, y con el grito a flor de labios de: ¡viva la república de los sóviets! Y si para llegar a una viera democracia y a una viera república social, es necesaria, antes, una tiranía: ¡viva la tiranía!»

«Es muy probable que la paz de verdad, la paz para siempre jamás, venga también de tierras lejanas y melancólicas, de tierras de oriente.»


Para acabar de ajustarlo todo, estas ideas, que ya habían mellado su cabeza, se ven excitadas, todavía más, cuando el genio ampurdanés se pone en contacto con los franceses de la revolución surrealista —la pesada revolución de siempre, que todavía les duraba a los bechamel de los franceses—.

Cerraremos el artículo en este momento, dejando al joven Dalí ya dentro de las vanguardias, con la cabeza sublevada y desordenada, ya lejos de aquellas amables ideas de su primera adolescencia, y a un paso de caer en el pozo de los surrealistas franceses.

Ya de mayor, cuando es expulsado de este grupo, y Salvador Dalí vuelve a casa —podríamos decir que en sentido figurado, pero también literal—, es entonces cuando retoma el hilo conductor de esta filosofía, que ya apuntaba de niño, para elevarla hasta la cumbre de su pensamiento, en su etapa definitiva, de la mística nuclear. Aun así, sus años de gresca, pasarán una factura cara; esta inmersión en la modernidad y en la revolución, que más tarde no va a retenerse de criticar severamente, lo alejan durante una buena temporada de aquel cielo con el que —según hemos leído— se embelesaba durante las jornadas veraniegas de Cadaqués.

El azul cielo, el azul de los sueños —que diría el otro desorientado de Joan Miró—, el azul del cielo —diremos nosotros—, es eso lo que siempre buscó Dalí; y no lo hallará hasta que, transcurridos prácticamente cuarenta años, se decide a enmendar su pasado y se confiesa como católico, anonadando al mundo con su conversión.

Después de toda una vida librado a las pasiones, se encuentra entonces constreñido por ellas; y, el celo con que estas guardan su alma le hace temer que, a pesar de haber hallado, de haber vuelto a ver el cielo, morirá sin éste.

 «¿Y qué es el cielo? ¿Dónde se halla? El cielo se halla, ni arriba ni abajo, ni a la derecha ni a la izquierda, ¡el cielo se encuentra exactamente en el centro del pecho del hombre que tiene fe!»


Pere Pau

Círcol Tradicionalista Ramon Parés y Vilasau (Barcelona)




diumenge, 26 de maig del 2024

La devoción a María en la defensa de la Cristiandad

 

Detalle de «La batalla de Lepanto», de Lucas Valdés (aprox. 1709-1715, Sevilla)


 

La devoción a María en la defensa de la Cristiandad


En el Corazón Inmaculado de María, el orden social cristiano es un medio para que la Iglesia realice su misión, y su pérdida y suplantación por un orden opuesto, un motivo de pena por las desgracias que seguido a ello los hombres tendrán que padecer.

 

Hace un tiempo — mucho tiempo en realidad— recibí una invitación del P. García Gallardo, nuestro Capellán, a realizar alguna colaboración en la Esperanza con motivo del mes de Cristo Rey. La verdad es que preparé algo, pero no me quedó muy bien y no me atreví a enviarlo. En otras ocasiones, José Escobedo, presidente del círculo Ramón Parés de Barcelona, ha hecho otro tanto, y considerando lo que debo a esta Santa Causa, vale la pena el atrevimiento, siempre y cuando no se le aplique a uno aquello de que más vale parecer ignorante que hablar y confirmarlo.



Me ha parecido bien, y lo considero un honor, responder al tema sobre el que se me ha solicitado tratar para dar comienzo a esta colaboración: la devoción a la Virgen María. Nada extraño en un periódico católico. La devoción mariana no es algo propio ni del carlista ni del español, aunque tal devoción pueda revestir un carácter genuinamente entrañable en ambos casos y revestirse de manifestaciones singulares de afecto popular. La devoción mariana es propia de los fieles católicos y consiste en tributar a María el honor de madre. Madre de Dios y madre nuestra, de quién el Verbo tomó carne para unirse a nosotros en la humanidad y cuya maternidad se extiende a todos los que en Cristo son redimidos.
 


En este breve artículo, en el que me propongo a la vez ensalzar a nuestra Madre del cielo e inspirar aliento a los correligionarios de esta Santa Causa, quisiera llamar la atención en concreto sobre la solicitud maternal de María en la historia de los pueblos. Si contemplamos históricamente cómo entra el cristianismo en contacto con los hombres, la misteriosa presencia de María se manifiesta siempre asociada a la evangelización y la conversión de los pueblos y a la implantación y defensa de la Cristiandad.



Confesaré que, dentro de mi ministerio, siempre he anhelado la misión ad gentes. Por ello, quizás, siento una gran atracción hacia la historia que la devoción mariana va tomando en cada nación, etnia, cultura... Como es natural, siento un particular afecto hacia las devociones más propias de mi terruño, en especial la Moreneta, como los catalanes llamamos a la Virgen de Montserrat. Diríase que María, con su habilidad femenina, al servicio de Dios, ha sabido deslizarse hasta llegar al corazón de cada pueblo para guiarlo maternalmente a Jesucristo. Ella, como la Iglesia, ha sabido hacerse con la idiosincrasia, el temple, los valores, las virtudes y la belleza de cada pueblo para intervenir en su historia y alumbrar de nuevo a Jesús. Como contraparte, los pueblos le alzan tronos, la visten de majestad, le entonan cantos jubilosos y acuden ante su imagen en sus necesidades. Es, tal vez, una de las características más singulares de los pueblos hispanos, cuyo monumento de devoción sobrecoge por la variedad, viveza y armonía de todas sus expresiones. El corazón del devoto encuentra la mano amable de su madre en las angustias de la vida y también las asociaciones y comunidades se consagran a ella e imploran su intercesión.



En el pasado, María fue invocada contra los moros en Covadonga, conservando el alma del pueblo español en aquel épico reducto de las montañas de Asturias y guiando el corazón de Don Pelayo sobre la reconquista de España entera. María llega al corazón de la impresionante civilización mexica con un mensaje estampado de forma milagrosa en la tilma de un indio que había abrazado la fe. Los misioneros, desconocedores del profundo lenguaje simbólico que la imagen encerraba, quedaban desconcertados de la enorme repercusión que esta tenía en los indios mesoamericanos y del inmenso número de conversiones que siguieron a su visita y que reparó, en cierto modo, la defección de aquellos hijos que en Europa le arrebataba la perfidia luterana. Por las mismas épocas, San Pío V convocaba al rezo del Santo Rosario a toda la Cristiandad para obtener de la Virgen la victoria en la batalla de Lepanto contra los turcos que amenazaban Europa por tierra y por mar. Días antes de que la noticia de la ansiada victoria llegara a Roma, el santo Papa, persuadido por una revelación privada, hizo sonar las campanas de todas las Iglesias de la ciudad eterna. Tal es la convicción de los fieles de que María favorece la consolidación de la sociedad cristiana e interviene decisivamente en su defensa, que la invocan con el título de Auxilio de los Cristianos.



Más cercano en el tiempo a nosotros, las apariciones de María revelan una profunda preocupación de madre por el camino trazado en occidente que transita a los pueblos lejos de su Corazón Inmaculado. La secularización, la revolución, el nuevo orden social sin religión, está en las lágrimas de la Sallete y está en los avisos de Fátima y en tantas otras apariciones aprobadas. La infiltración del espíritu revolucionario en la Iglesia, y el aparente colapso de esta, está significado en el Papa que los pobres pastorcillos vieron abatir por un pelotón de soldados en la visión que la Virgen les mostró en el tercer secreto. En el Corazón Inmaculado de María, el orden social cristiano es un medio para que la Iglesia realice su misión, y su pérdida y suplantación por un orden opuesto, un motivo de pena por las desgracias que seguido a ello los hombres tendrán que padecer: ¡Qué solícitos son los avisos sobre el mal de Rusia y sobre los sufrimientos que han de venir sobre el mundo y la Iglesia! Pero al final, a modo de consuelo recuerda: ¡Mi Corazón Inmaculado triunfará! Y el medio pobre y sencillo de esperar la realización de tan gran promesa: rezad constantes el Santo Rosario, haced penitencia y oración.



Paréceme oportuno recordar a los que han querido imponerse la épica tarea de restaurar el orden cristiano en las filas de la legitimidad, la devoción sencilla y sincera en la que está asegurada la victoria. No lo recordaré para caer en la falacia de los quietistas, que piensan que la oración debe suplantar a la acción, sino para volver la atención sobre los medios más eficaces, que están en la verdadera devoción, la cual es fundamento, acicate y guía para ordenar la acción a la realización de la Esperanza.


Mossèn Emmanuel Pujol
Círculo Tradicionalista Ramón Parés y Vilasau (Barcelona)

dissabte, 25 de maig del 2024

Francisco Canals y su síntesis del nacionalismo catalán

Francisco Canals Vidal

 

Francisco Canals y su síntesis del nacionalismo catalán


Francisco Canals sintetizó a la perfección el fenómeno del nacionalismo catalán, síntesis que se puede extrapolar, en lo esencial, a cualquier otro nacionalismo, como el español.



Fue en la revista Verbo, en 1996, y no nos resistimos a presentar un extracto  del artículo sin más comentario por nuestra parte:

«El nacionalismo es al amor patrio lo que es un egocentrismo desordenado en lo afectivo, y pretendidamente auto justificado por una falsa filosofía, a aquel recto amor de sí mismo que se presupone incluso en el deseo de felicidad y en la esperanza teologal por la que nos orientamos a la bienaventuranza sobrenatural. Pero el amor propio desordenado puede llevar, como afirmó San Agustín a la rebeldía y al odio contra Dios. El nacionalismo, amor desordenado y soberbio de la “nación”, que se apoya con frecuencia en una proyección ficticia de su vida y de su historia, tiende a suplantar la tradición religiosa auténtica, y sustituirla por una mentalidad que conduce por su propio dinamismo a una “idolatría” inmanentista, contradictoria intrínsecamente con la aceptación de la trascendencia divina y del sentido y orientación sobrenatural de la vida cristiana. La filosofía nacionalista se nutre de fuentes surgidas en el idealismo alemán, y ejerce su influencia máximamente por medio de las deletéreas confusiones en que se mueve, a modo de sublimación del resentimiento, el romanticismo en todas sus dimensiones. Desde este idealismo y sentimentalismo romántico, la historia real de los pueblos es encubierta, y suplantada por perspectivas que imponen la nebulosa abstracción de un falso “deber ser”, a la realidad de los hechos y a los principios del derecho natural cristiano. Para Rovira y Virgili, y para Ferrán Soldevila, la “Cataluña nacional” que se habían forjado desde sus presupuestos filosóficos, “debía ser” revolucionaria y desde luego antiespañola».

Francisco Canals, «La Cataluña que pelea contra Europa», Verbo (Madrid), n. 347-348 (1996), p. 733.


Círculo Tradicionalista Ramón Parés y Vilasau (Barcelona)

divendres, 24 de maig del 2024

Junqueras i Puigdemont, dos polítics caducats del que encara no s’han assabentat

Oriol Junqueras y Carles Puigdemont. Dos políticos caducados, de lo que nadie les ha avisado aún.

 

 (Traducción al castellano, a continuación)


Junqueras i Puigdemont, dos polítics caducats del que encara no s’han assabentat

 

El processisme s’ha desballestat per la mateixa naturalesa del Procés: una bombolla de sabó que havia d’esclatar en topar-se amb la realitat.




El vodevil polític català continua amb més força després de les «eleccions» del 12 de maig proppassat, on els nacionalistes / separatistes han perdut la majoria absoluta que gaudien des de 1984.

El president de la mal anomenada Generalitat, l’Aragonès de Pineda de Mar, va anunciar l’endemà mateix de la jornada electoral que abandonava la política i tornava als negocis familiars aixecats pel seu avi franquista. Ni tant sols agafaria l’acta de diputat. També la Secretària General del seu partit, ERC, Marta Rovira, feia un pas enrere.

No obstant això, el president d’ERC, Oriol Junqueras, no ho va voler veure: en un primer moment, va declarar que es trobava «amb forces» de continuar al capdavant del partit, però pocs dies després va mirar cap a l’altra banda i va anunciar un congrés extraordinari, aquest novembre, per tal de renovar el lideratge del partit. No sabem si el lideratge renovat serà ell mateix, però tenint en compte la capacitat de Junqueras de mirar a dos llocs diferents alhora, no descartem pas que ho intenti. Històricament, ERC ha navegat entre el republicanisme (Rufián, Tardà, Junqueras) i el nacionalisme contrari al PSC (Rovira, etc.). Però la qüestió és més pragmàtica i senzilla: resulta molt dur abandonar les mels del poder quan ja s’estan tastant.

Pel que fa al «president» Puigdemont, volia fer una entrada triomfal a Barcelona tot emulant a Tarradellas i el seu «ja sóc aquí!», però les urnes l’han deixat «allà», molt enllà. Plus ultra. Fins i tot, en Puigdemont ja havia tornat el lloguer de la «Casa de la República» a Waterloo, anticipant la seva mudança al Palau de Sant Jaume, però el que haurà d’anticipar serà el lloc a on pasar la seva jubilació sobrevinguda. Tot i això, Puigdemont no perd l’esperança —una esperança tornada en fugida de la realitat— i intenta la seva investidura tot fent xantatge a Pedro Sánchez amb la seva caiguda de la Moncloa. Cosa que als amos de Sánchez i Illa no els importa gens… Al contrari! Puigdemont els hi faria un favor.

Veiem, doncs, que tant Junqueras com Puigdemont s’aferren per ambició personal a un Procés que ja no existeix.

D’aquestes reaccions viscudes des de les eleccions passades fins ara, en podem treure dues conclusions:

Primera, que el processisme s’ha desballestat, no per l’alta abstenció electoral (perquè hi havia altres opcions, inclús unilateralistes, com: Alhora, Aliança Anticatalana, o el FNC) si no per la mateixa naturalesa del Procés Sobiranista: una bombolla de sabó que havia d’esclatar en topar-se amb la realitat.

Segona, Junqueras i Puigdemont només es mouen per les seves respectives ambicions personals, sense acceptar que fins i tot aquestes ambicions personals també han caducat, com el Procés mateix.


Lo Mestre Titas
Círcol Tradicionalista Ramon Parés y Vilasau (Barcelona)



* * *


(En castellano:)


Junqueras y Puigdemont: dos políticos caducados, nomás no les han avisado


El «Procés» ha sido desguazado por su propia naturaleza: una pompa de jabón que debía estallar al toparse con la realidad.



El vodevil político catalán arremete con más fuerza después de las «elecciones» del 12 de mayo pasado, en que los nacionalistas / separatistas han perdido la mayoría absoluta que disfrutaban desde 1984.

El presidente de la mal llamada Generalidad, el Aragonés de Pineda de Mar, anunció el día siguiente a la jornada electoral que abandonaba la política y volvía a los negocios familiares levantados por su abuelo franquista. Ni siquiera recogería el acta de diputado. También la Secretaria General de su partido, ERC, Marta Rovira, daba un paso atrás.

Sin embargo, el presidente de ERC, Oriol Junqueras, no lo ha querido ver: en un primer momento, declaró que se encontraba «con fuerzas» para continuar al frente del partido, pero pocos días después miró hacia el otro lado y anunció la convocatoria de un congreso extraordinario de su partido, para el próximo mes de noviembre, con el objeto de renovar el liderazgo de ERC. No sabemos si la renovación del partido será él mismo, pero teniendo en cuenta la capacidad de Junqueras para mirar a dos lugares diferentes al mismo tiempo, no descartamos que lo intente. Históricamente, ERC ha navegado entre el republicanismo (Rufián, Tardà, Junqueras) y el nacionalismo contrario al PSC (Rovira, etc.). Pero la cuestión es más pragmática y sencilla: resulta muy duro abandonar las mieles del poder cuando ya se están disfrutando.

En cuanto al «presidente» Puigdemont, quería hacer una entrada triunfal en Barcelona emulando a Tarradellas y su «ja soc aquí!», pero las urnas lo han dejado «allá», en el más allá. Plus ultra. Incluso, Puigdemont ya había devuelto el alquiler de la «Casa de la República» en Waterloo, anticipando su mudanza al Palacio de San Jaime, pero lo que finalmente tendrá que anticipar será el lugar donde pasar su jubilación sobrevenida. A pesar de todo, Puigdemont no pierde la esperanza —una esperanza huida de la realidad— e intenta su investidura chantajeando a Pedro Sánchez con su caída de la Moncloa. Cosa que a los amos de Sánchez e Illa no les importa en absoluto… ¡Al contrario! Puigdemont les haría un favor.

Vemos, pues, que tanto Junqueras como Puigdemont se aferran por ambición personal a un Proceso secesionista que ya no existe.

De estas reacciones observadas desde las elecciones pasadas hasta ahora, se pueden extraer dos conclusiones:

Primera, que el Proceso separatista ha sido desguazado, no por la alta abstención electoral (pues había otras opciones, incluso unilateralistas, como: Alhora, Aliança Anticatalana, o el FNC) si no por la propia naturaleza del Proceso: una pompa de jabón que debía estallar al toparse con la realidad.

Segunda, Junqueras y Puigdemont sólo se interesan por sus respectivas ambiciones personales, sin aceptar que incluso estas ambiciones personales también han caducado, como el Proceso mismo.

Lo Mestre Titas
Círcol Tradicionalista Ramon Parés y Vilasau (Barcelona)