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diumenge, 28 de desembre del 2025

Crónica de la conferencia «Antoni Gaudí y la Tradición», en Barcelona el pasado 20 de diciembre

Vidrieras de la Sagrada Familia.
 

 

Crónica de la conferencia «Antoni Gaudí y la Tradición», en Barcelona el pasado 20 de diciembre



«La originalidad consiste en el retorno al origen, que es la naturaleza creada por Dios», solía repetir Antoni Gaudí




El pasado 20 de diciembre de 2025 —sábado de las Témporas de Adviento—,  tuvo lugar, en el Centro Cívico Pere Quart de Barcelona, la conferencia «Antoni Gaudí y la Tradición» a cargo de J. Escobedo, Jefe del Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau, tal como se había anunciado.

Tras el rezo del Ángelus por parte de un sacerdote diocesano, se inició la sesión, en la que se analizó la profunda imbricación entre la historia del catolicismo catalán y la obra del venerable Antoni Gaudí, situando a ésta como la culminación natural de un sustrato espiritual y cultural milenario. Así, el genio gaudiniano resulta ininteligible sin comprender la tradición católica catalana.

En efecto, el genio de Gaudí no brotó del vacío, sino de un humus espiritual fecundado por siglos —milenios— de Fe. La obra de Antoni Gaudí constituye una culminación material y simbólica de un sustrato católico catalán vivo y militante. Solamente adentrándonos en este sustrato, podemos comprender la concepción de Gaudí sobre el arte y la creación (en todos los sentidos del término).

En palabras de Joan Bassegoda: «Gaudí no se consideraba un inventor de formas, sino un intérprete de la naturaleza, que era para él el gran libro de la arquitectura. En una ocasión, dijo a un colaborador: "Yo no invento nada, me limito a copiar de la naturaleza. ¿Para qué inventar si ella tiene todas las respuestas?”».

La constante referencia al mundo natural como modelo es una de las claves de su obra. «Gaudí afirmaba que "el gran libro de la arquitectura es la naturaleza, y ese libro está siempre abierto ante nuestros ojos". De un simple árbol, explicaba, se puede aprender la estructura de una columna, el ángulo de las ramas y la resistencia de los materiales».

Y la conexión teológica entre la naturaleza y Dios es omnipresente en Gaudí. Esta cita de Bassegoda es particularmente reveladora: «Para Gaudí, la naturaleza era la obra de Dios y, por tanto, perfecta en sus formas y funciones. El arquitecto creía que su misión no era rivalizar con la creación, sino comprender su lógica divina y aplicarla. "La originalidad consiste en el retorno al origen, que es la naturaleza creada por Dios", solía repetir».

 

Antoni Gaudí visita las obras de la Sagrada Familia, rodeado de personalidades. (Ballell Maymí, Frederich, Arxiu Municipal de Barcelona).

 

Para comprender mejor aquel humus espiritual que culminó en la obra de Gaudí y en su concepción de arte y de la Creación, se repasó en primer lugar la historia del catolicismo en el territorio que hoy ocupa Cataluña y se dio especial atención a la vinculación inseparable entre Iglesia y Cataluña. A continuación, se detuvo en Gaudí como encarnación de la Cristiandad, tanto en su obra como en su vida. Y, finalmente, se observó la conexión de Gaudí con la Tradición, siendo el Templo de la Sagrada Familia un templo expiatorio contra la modernidad.

En cuanto al primer punto, el repaso de los orígenes apostólicos de la Iglesia en el territorio de la actual Cataluña sirvió para subrayar la vinculación inseparable entre Cataluña y la Iglesia. El origen histórico de Cataluña lo encontramos en el contexto de la Reconquista cristiana contra el Islam —específicamente en la Marca Hispánica, territorio de frontera y defensa de la Cristiandad— que se inició a partir del siglo IX por parte de los francos (Rey Ludovico Pío, hijo y sucesor de Carlomagno) y por parte de herederos de los visigodos e hispano-romanos que se habían refugiado al norte de los Pirineos tras la invasión musulmana de Hispania el siglo anterior. Por tanto, el elemento religioso es esencial para comprender la fundación de Cataluña, su naturaleza y su preservación. Así, referente al origen de Cataluña, el obispo Torras y Bages —maestro espiritual de Antoni Gaudí— consideraba el catolicismo como el principio sustancial y originario de la nacionalidad histórica catalana. Afirmaba que la libertad y la personalidad de Cataluña surgieron bajo el amparo y la guía de la Iglesia y mostraba cómo la Iglesia fue el marco esencial para el desarrollo de las instituciones y de la cultura catalanas: «Cataluña no se formó sino dentro de la Iglesia Católica y no tuvo, sino dentro de la Iglesia Católica, libertad y vida propia. La Iglesia fue su madre. Ella le dio la ley, la ciencia, las artes, la poesía; ella le dio su lengua, perfeccionando y haciendo de ella una lengua de cultura». Profundizando en ello, Torras y Bages subrayaba el carácter católico de la constitución histórica catalana: «Nuestras libertades públicas, nuestras libertades políticas, nuestras libertades sociales, son todas hijas de la Iglesia, son todas hijas del derecho cristiano». Sobre la unidad de la patria y la fe: «El principio de nuestra unidad es el principio católico. Lo que nos une, lo que nos da carácter propio y fuerza colectiva, es la fe que hemos recibido de nuestros padres». En definitiva, sin el impulso unificador y civilizador del cristianismo, Cataluña no hubiera nacido, no habría pasado de ser un pequeño grupo de condados establecido por el Imperio Carolingio como territorio de frontera y defensa, sin unidad, ni identidad, ni relevancia alguna. Además, la identificación entre Iglesia y Cataluña no se limita a su origen, sino también a su preservación: Torras y Bages estableció, sobre el porvenir de Cataluña, su conocida máxima de «Cataluña será cristiana o no será», tesis central de su principal obra La Tradició Catalana.

En el siglo XVI, tras la ruptura de la Cristiandad a causa del heresiarca Lutero, la vieja Cristiandad milenaria se mantuvo viva dentro de la Monarquía católica (conocida como Hispánica). En palabras de Elías de Tejada: «La Monarquía católica es la Cristiandad menor, la reducción a la mínima expresión del orbe cristiano, el último resto de la Cristiandad grande de los tiempos medievales, el único ámbito donde perviven inalteradas las esencias de la vieja Europa católica, mientras fuera de sus fronteras triunfan los ídolos de la Modernidad». Así, «frente a la Europa protestante que ha roto con la tradición católica, y frente a la Europa galicana que ha sometido la Iglesia al Estado, sólo la Monarquía hispánica ha mantenido incólume el depósito de la fe y las instituciones tradicionales». Pues bien, dentro de la Monarquía hispánica, Cataluña se caracterizó entre los siglos XVI y XIX por su vehemente oposición a la Modernidad. Tanto, que Elías de Tejada describió ese periodo como «los doscientos cincuenta años en los que Cataluña pelea contra Europa». Esta perseverante continuidad de la Cataluña tradicional a partir de la Edad Moderna fue ejemplificada por el carlista catalán Francisco Canals Vidal con el protagonismo de los catalanes en la cruzada de Lepanto (1571); en la liberación de Viena y Budapest (1683 y 1686); en la defensa del Pontificado frente al galicanismo por fray Rocabertí; en la defensa del tomismo por fray Boixadors; la guerra antijacobina y antinapoleónica (1793-1795); la tenacidad antiliberal en la guerra de la regencia de Urgel (1822), de los agraviados (1827) y carlistas (1833-1840; 1846-1849; 1872-1876), etc.


Las columnas del interior la Sagrada Familia se asemejan a un bosque


Seguidamente, se abordó el segundo punto de la conferencia: se mostró a Gaudí como encarnación de la Cristiandad, tanto en su vida como en su obra. Se tomaron como ejemplo los tres días previos a su fallecimiento: Antoni Gaudí murió tal como vivió, de forma austera y piadosa, en la más estricta pobreza —confundido con un mendigo e ingresado en la sala de pobres del Hospital— tras sufrir un accidente mientras iba camino de su oración diaria del Vía Crucis y adoración eucarística en el Oratorio de San José, el 7 de junio de 1926. Al no llevar documentos, y por su aspecto descuidado, fue confundido con un mendigo y recibió únicamente los primeros auxilios. «Iba mal vestido, con alpargatas y un viejo abrigo. No llevaba documentación, y su aspecto era tan humilde que los transeúntes lo tomaron por un pobre de solemnidad». Sólo al día siguiente fue reconocido por el capellán de la Sagrada Familia, mosén Gil Parés y Vilasau —hermano del carlista Ramon Parés y Vilasau, que da nombre al Círculo de Barcelona—, pero su estado era ya irreversible aunque seguía consciente. Gil Parés le propuso el traslado a una clínica privada, cosa que Gaudí rechazó: «Mi lugar está aquí, con los pobres». El 8 de junio, recibió el sacramento de la Extrema unción con plena lucidez; repitió: «Dios mío, misericordia; Virgen María, refugio nuestro, ayudadme». El 9 de junio, empeoró, pero conservaba la serenidad; pidió que le acercaran un crucifijo. El 10 de junio, a las cinco y media de la tarde, fijó la vista en el crucifijo y murmuró: «Amén»; expiró en paz, sin agonía visible. Contaba con 73 años de edad. Fue enterrado dos días después en la cripta del templo que había dedicado su vida a construir. «Su entierro fue una manifestación de duelo popular. Media Barcelona acompañó al genio desde el Hospital de la Santa Cruz hasta la Sagrada Familia, comprendiendo que enterraban no solo a un arquitecto, sino a un santo».

Su fallecimiento virtuoso fue el culmen de una vida coherente con su fe. En 1910 ya no aceptó ningún encargo profesional y, hasta su fallecimiento en 1926, se dedicó en exclusiva a la construcción del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia en Barcelona. Durante esos dieciséis años, vivió en una habitación de la rectoría del templo con suma pobreza. El rector, Mosén Gil Parés, nos dio este testimonio, el más fidedigno, sobre la espiritualidad de Gaudí en su etapa de madurez: «La austeridad con que se trataba, sobre todo durante el último tercio de vida; era austerísimo en el vestir, en el comer, en el descanso. Oía la santa misa y comulgaba diariamente, y todos los días visitaba a Jesús sacramentado, y jamás faltaba en las grandes manifestaciones religiosas de la ciudad, o del templo. Las demás horas del día las pasaba en el trabajo y en la oración. Su esperanza en Dios le daba una completa paz y serenidad de espíritu en los momentos de adversidad “Dios lo quiere así —decía—; su Divina Providencia sabe lo que hace”».

Antoni Gaudí trascendió la figura romántica del «artista-genio» para erigirse en artífice al servicio de Dios. Para él, la arquitectura era un medio de santificación, no de autoexpresión. Su proceso creativo fue un acto de obediencia religiosa, donde la belleza arquitectónica surgía de la coherencia entre una vida ascética y la ortodoxia católica. Su pertenencia a asociaciones de espiritualidad josefinas (como la hoy desaparecida de la calle Caspe número 115, a donde se dirigía el día de su fatídico accidente) así como a círculos de artistas católicos (como el Circol de Sant Lluc, fundado por Torres y Bages), contribuyen a revelar en Gaudí una conciencia católica profunda y tradicional que se enraiza con los principios que dan origen a Cataluña en la Reconquista y que luego, en la edad moderna, combaten contra la Modernidad y la Revolución.
 

Antoni Gaudí, en la procesión de Corpus Christi, ante la Catedral de Barcelona


Finalmente, en tercer lugar, se mostró la Sagrada Familia como un Templo Expiatorio de la Modernidad. En efecto, este templo constituye una síntesis teológica en piedra. Su estructura orgánica —columnas arborescentes, bóvedas hiperboloides— refleja el Liber Naturae como revelación divina, mientras su iconografía narra la historia de la salvación desde la Creación hasta el Juicio Final. Gaudí erigió una contrarrevolución arquitectónica frente al racionalismo ilustrado y el laicismo moderno, rechazando las líneas rectas —«propias del hombre imperfecto»— por formas naturales que expresan la armonía de la Creación. Su método de trabajo, basado en gremios artesanales y financiado por donaciones populares, fue un rechazo explícito al modelo industrial proletarizado, encarnando un ideal social y político tradicional. Cada detalle —desde un pináculo hasta un mosaico— manifiesta la unidad entre lo natural y lo sobrenatural, y restituye así, en plena era moderna, el ideal de la Cristiandad encarnada.

En conclusión, la obra de Antoni Gaudí representa la culminación artística de una verdad metahistórica: Cataluña, desde su origen histórico en la Reconquista hasta su resistencia frente a la modernidad secularizante —«la Cataluña que pelea contra Europa», en palabras de Francisco Elías de Tejada y de Francisco Canals Vidal—, forjó una identidad espiritual donde fe y cultura eran indisociables. Gaudí, discípulo de Torras y Bages y devoto fiel de la Virgen de Montserrat, tradujo este sustrato en un lenguaje arquitectónico nuevo para expresar lo tradicional. Así, La Sagrada Familia es un proyecto expiatorio que responde al laicismo ilustrado con el lenguaje de la Creación, y al individualismo con la cosmovisión orgánica de la Cristiandad.

Gaudí demostró que la tradición, más allá de la mera repetición, es fidelidad en lo original, en el origen, en la naturaleza creada por Dios, en el orden  social y natural creado por Dios. Su legado perdura, ajeno a la nostalgia, como interrogante permanente: ¿es vigente la tradición? ¿Puede el hombre actual construir, como él hizo, «escuelas de oración» donde lo material sea transfigurado por lo eterno? La respuesta late en las bóvedas hiperboloides de su obra, donde cada piedra grita que la belleza salvará al mundo porque conduce al Autor de toda hermosura.

Terminada la exposición, se inició un turno de preguntas que, alcanzada la hora de cierre del Centro Cívico que nos acogía, continuó en un restaurante cercano con un almuerzo de hermandad y de celebración navideña entre los correligionarios catalanes. La jornada continuó, para aquellos que lo desearon, con el rezo del Rosario y la asistencia a Misa Tradicional en la capilla de la calle Vallespir, de Barcelona.

Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

Casa Batlló (Barcelona)

 

dissabte, 6 de desembre del 2025

Crónica de la conferencia «El trilema “Dios, Patria, Rey” y la Modernidad. Ontología en los tiempos modernos», por el Dr. Antonio Peña, en Barcelona

 

Crónica de la conferencia «El trilema “Dios, Patria, Rey” y la Modernidad. Ontología en los tiempos modernos», por el Dr. Antonio Peña, en Barcelona


Celebrada el 22 de noviembre en el Centro Cívico Pere Quart de la Ciudad Condal


 

El pasado 22 de noviembre, en el Centro Cívico Pere Quart de Barcelona, se llevó a cabo la conferencia realizada por el Dr. Antonio R. Peña bajo el título «El trilema “Dios, Patria, Rey” y la Modernidad. Ontología en los tiempos modernos», organizada por el Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau, tal como se había anunciado.

 




En esta conferencia, el Dr. Peña nos habló de qué somos y cuál es nuestro ser. Así, la Modernidad se ha encargado de destruir nuestro ser y, por lo tanto, la cuestión es clara: ¿qué podemos hacer para recuperarlo?

La Cristiandad se configuró entre el siglo I al V y se desarrolló entre el siglo V al XVIII. En la base se situaba la familia, encabezada por el marido-padre junto a la esposa-madre, como consejera.

El conjunto de familias constituían la comunidad política y estaba encabezada por el rey-padre, con su consejo. Las familias se insertaban y se desarrollaban dentro de los órganos naturales: cofradías, parroquia, gremios municipio, región, Iglesia… En el vértice se situaba Dios y su ley divina y moral, desarrolladas por la ley positiva como reflejo de la Divina. Todos debían ajustarse a este diseño.

En consecuencia: porque Dios es padre hay un rey-padre como cabeza de las familias —comunidad política— y un cabeza de familia. Estos encabezamientos se desarrollan a lo largo de la historia, de generación en generación, por legítimo y legal matrimonio sobre un territorio. Todo esto queda sintetizado en los elementos Dios, Patria y Rey.

Esta sociedad familiar estaba impregnada por la fe católica la cual desarrolla diversas expresiones: litúrgica, oracional, costumbre, artes… Por lo tanto, todo el conjunto formaba un Patrimonio constituido por tres elementos: espiritual, carnal, terrenal (que incluye las expresiones culturales y geográficas). Esto se llama Patria.

En nuestro caso concreto, las Españas nacieron de la mano de la Virgen María a orillas del Ebro, dándonos una misión y un sentido en la Historia: la Evangelización y la defensa de la Fe Católica. Y éste es nuestro ser y razón de existir. Por ello, a lo largo de su historia, la Patria Hispana y sus hijos pusieron todo su patrimonio espiritual, material y existencial en la consecución de este cometido allí donde fuere necesario. Y, por eso mismo, cuando España ha renunciado a esta labor y ha abandonado la fe católica sobre ella y su patrimonio se han abalanzado sus ingratos hijos felones y las demás enemigos de Dios, con el deseo de despedazarla.

 

El  Dr. Antonio R. Peña también relató cuáles han sido los enemigos de la Cristiandad y de España, del Patrimonio Hispano: la Secta, la masonería y sus hijos el liberalismo y el socialismo. El ataque y destrucción de la Secta se ha realizado mediante diversas rupturas, especialmente tres:

a) De la mano de Guillermo de Ockham vino la destrucción de los Universales, de los atributos de Dios, lo que supone negar a Dios y eliminar el ético objetivo. Sin Dios ni éticos objetivos todo queda a merced del subjetivismo, esto es, del relativismo.

b) Lutero recogió esta «Navaja de Ockham» y lanzó sus dos máximas: «sola fide» y «sola scriptura». Es decir, cada cual puede leer e interpretar las Escrituras y la vida propia y comunal como le de la gana. La única vía de referencia es su conciencia.

c) La Ilustración fue la eclosión de este pensamiento que posibilitó la imposición violenta (a través de la Revolución y del sistema educativo) de la nueva mentalidad en las gentes antes católicas y, desde entonces, apóstatas y enemigas de Dios, de la Patria y de la familia.

Conclusivamente: sin Dios-Padre, se destruye la fe católica y ya no puede haber patrimonio espiritual. Pero tampoco puede haber rey-padre ni pater-familia, por lo que se destruye el patrimonio carnal. Tampoco puede haber órganos naturales sobre un solar, por lo que tampoco hay patrimonio terrenal ni cultural. El resultado es que ya no hay Patria. Es entonces cuando se instauran las repúblicas y se forman las naciones-pueblo. Y el mecanismo de funcionamiento de esta nueva estructura es la Democracia liberal sustentada en la conciencia individual y colectiva, que se expresa en el sufragio universal.

La sociedad liberal se llena la boca de principios, derechos, deberes y elabora constituciones que aparentemente recogen todo ello. Pero, como la sociedad liberal es en sí misma relativista, todo cabe y en realidad no hay principios porque todo es mutable según las conciencias individuales o colectivas, de grupos, clubs y partidos. Por lo tanto, no pretende la Salvación de todos sino alcanzar fines egoístas mediante la división y enfrentamiento entre la población.

El Dr. Peña también nos explicó que la Democracia, por su propia naturaleza, es  un sistema idolátrico, sacrilegio, destinado a subvertir el orden metafísico, físico y temporal. Corrupto y corruptor, destructor de la recta conciencia, del recto bien común y de la jerarquía de los bien espirituales y materiales. Por lo tanto, destruye la comunidad: comenzando por la familia y siguiendo por el conjunto de las familias que es la comunidad política.

Por todo ello, la Iglesia siempre ha condenado el socialismo, el liberalismo, la democracia y el sufragio universal. Forman toda una estructura de pecado a cuyo frente está La Secta.




Por último, el Dr. Peña dio respuesta a la pregunta: ¿qué podemos hacer para recuperarnos? En indubitable que, si queremos recuperarnos, debemos volver a los consejos que dieron tradicionalmente los Papas:

a) Resistencia, a través del rechazo doctrinal. Ser fieles a la Doctrina Católica.

b) Rechazar la participación en esta estructura de pecado y de maldad. Un católico no puede hacerse partícipe del pecado y de la maldad.

c) Lucha a través de la acción cultural, social y política. Volver a hacer lo que construyeron los primeros cristianos: una red social, cultural y política alternativa que durante cinco siglos se desarrolló en paralelo a la red oficial. Así, formar una red cultural y educativa verdaderamente católica (y no sólo de nombre), una red asistencial —social y médica— verdaderamente católica (y no sólo de nombre), una red económica (financiera, comercial, productiva que funcionen con criterios católicos…). Si vamos componiendo estas redes, sucederá lo mismo que aconteció durante la quiebra del Imperio Romano idolátrico. En aquella época, las gentes —cada vez más— fueron buscando asistencia en la redes de la Iglesia y fueron abandonando las redes oficiales estatales porque funcionaban cada vez peor, hasta que llegaron al colapso. Y hoy vivimos la quiebra del sistema liberal y de sus redes.

d) Resistir abiertamente cuando llegue el momento en que a los católicos no se les deje otra posibilidad. Son muchos los ejemplos que tenemos a lo largo de la historia: de la desobediencia civil no violenta a la resistencia armada como último recurso para poder hacer valer derechos de Dios y de la Iglesia (por ejemplo, los Carlistas en las Españas, los Vendeanos en Francia, etc.). La legítima defensa contra la tiranía se puede desarrollar desde múltiples facetas y diversos campos y acciones conforme ha enseñado la Iglesia y establece la Doctrina Católica.

 



En definitiva, como señala el profesor Antonio Peña, la Modernidad ha lanzado veredicto de condena contra la Cristiandad y contra España, por ser paladín de la Fe Católica. Veredicto de muerte. Y han ejecutado tal veredicto. Pero nosotros decimos que no estamos muertos.

Desde el Tradicionalismo, afirmamos que están vivos todos los principios que conforman nuestro Ser. Afirmamos que es posible la Restauración del Ser Espiritual y Moral si cortamos el nudo gordiano del posibilismo y del colaboracionismo con el Pecado y con el Mal.

Al término de la excelente conferencia del Dr. Peña, se inició un animado turno de preguntas que, una hora después, continuó en un restaurante cercano con un almuerzo de hermandad y su posterior tertulia de sobremesa.

Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

 

dimecres, 3 de desembre del 2025

Conferencia «Antoni Gaudí y la Tradición»

 

Conferencia «Antoni Gaudí y la Tradición»



El sábado 20 de diciembre, D.m., a las once y media de la mañana (11:30h.), en el Centro Cívico Pere Quart de Barcelona



El Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés les invita a la sesión «Antoni Gaudí y la Tradición» que tendrá lugar, D.m., el sábado 20 de diciembre —sábado de las Témporas de Adviento—, a las once y media de la mañana, en el Centro Cívico Pere Quart de Barcelona (aula 6), y será impartida por su Presidente J. Escobedo.

Se expondrá la profunda imbricación entre la historia de la tradición catalana y la vida y obra del venerable Antoni Gaudí, situando a esta última como la culminación natural de un sustrato espiritual y cultural milenario. Así, el genio gaudiniano resulta ininteligible sin comprender aquella tradición.

Tras la sesión, quienes lo deseen podrán participar, en un restaurante cercano, de una almuerzo de hermandad y de celebración navideña entre los correligionarios.

Se ruega confirmación de asistencia enviando un correo electrónico a: carlismobarcelona@gmail.com

Agencia Faro / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 

 

dimarts, 11 de novembre del 2025

Video completo de la presentación de Marcelo Gullo en las Reales Atarazanas de Barcelona, el pasado 18 de octubre

 

Video completo de la presentación de Marcelo Gullo en las Reales Atarazanas de Barcelona, el pasado 18 de octubre



Publicado en el canal de youtube del Círculo Tradicionalista de Barcelona: @CarlismoBarcelona



El video completo de la presentación de D. Marcelo Gullo en las Reales Atarazanas de Barcelona el pasado 18 de octubre, en referencia a su último libro Lepanto: cuando España salvó a Europa, ha sido publicado en el canal de YouTube del Círculo Tradicionalista de Barcelona.

El video completo puede visualizarse en el siguiente enlace: https://youtu.be/5PXSTdIWK90

En su día, ya se publicaron diversas noticias sobre la presentación:
 

— Nota informativa de Agencia FARO, publicada en «La Esperanza» el domingo 19 de octubre.

— Presentación del Dr. D. Andrés Gambra, reproducida íntegramente en «La Esperanza» el domingo 19 de octubre.

— Exposición de D. Marcelo Gullo, cuya crónica completa se ha publicado en «La Esperanza» el viernes 24 de octubre.

— Reportaje fotográfico, publicado por el Cuaderno de Bitácora del Círculo de Barcelona el 23 de octubre.

— Videos de avance, en formatos horizontal y vertical, publicados en el Canal de Youtube del Círculo de Barcelona el 25 de octubre.

Por otro lado, aprovechamos esta ocasión para invitarles a la próxima sesión formativa del Círculo de Barcelona: el sábado 22 de noviembre, conferencia del Dr. D. Antonio Peña sobre «El trilema “Dios, Patria, Rey” y La Modernidad: Ontología en los tiempos modernos».

Agencia FARO / Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 


 

divendres, 24 d’octubre del 2025

Crónica de la exposición de Marcelo Gullo en las Reales Atarazanas de Barcelona, sobre Lepanto


 

Crónica de la exposición de Marcelo Gullo en las Reales Atarazanas de Barcelona, sobre Lepanto


Ayer, como hoy, la victoria final no depende del número, sino del coraje, la unidad y la entrega a la Providencia Divina: en definitiva, de nuestra Fe vivida íntegramente

 

Cuando las Españas se ponen de pie ante las amenazas y de rodillas ante Dios, los enemigos no pasan



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En la nota informativa publicada el pasado domingo 19 de octubre en «La Esperanza», se anunciaba la próxima entrega de una Crónica sobre la exposición del profesor Marcelo Gullo del día anterior, en Barcelona. Damos cumplimiento a aquel anuncio con el texto que humildemente ofrecemos a continuación:


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Déu-vós-guard!

Desde las venerables piedras de las Reales Atarazanas de Barcelona, donde antaño se forjaron las naves que surcaron los mares que llevaron la Cruz y la Hispanidad a los confines del orbe, nos llega un eco de esperanza en estos tiempos de desvarío.

El sábado 18 de octubre de 2025, ante un auditorio repleto de fieles —«no cabe un alfiler», en palabras del orador—, el profesor Marcelo Gullo Omodeo dictó una conferencia magistral en presentación de su libro «Lepanto: cuando España salvó a Europa».  La concurrencia fue tan elevada, que muchos debieron permanecer de pie o sentados en el suelo, hambrientos de Verdad.

Con la vehemencia de quien predica un dogma vital y la clarividencia del historiador que desentraña los hilos ocultos de la Providencia, el profesor Gullo comenzó confesándose «profundamente emocionado» por aquel multitudinario acto de afirmación hispánica. «Son ustedes, con su presencia, lo que me da fuerza para seguir», afirmó, estableciendo desde el inicio una comunión de espíritu con los asistentes. 

 


 


La Hispanidad: una realidad viva


El profesor Gullo recordó sus tiempos de juventud, estudio y trabajo en Argentina. Y cómo percibió la realidad hispánica cuando, de joven, fue a estudiar a la Escuela Diplomática de Madrid, donde compartió vivencias con otros alumnos de Nicaragua, El Salvador, Cuba, República Dominicana, Colombia, Argentina, Venezuela, Perú... y por supuesto de España.

Fue «la primera vez que salía de Argentina para estudiar en España cuando tuve la primera percepción, ya no teórica, sino vivencial, de la Hispanidad». Y bromeó: «Porque una cosa es estudiar, entender en teoría las cosas, y otra es estar ahí. Yo miro a un colombiano, a un venezolano, a un español y con solo guiñarle un ojo ya sabe, ya entiende qué es lo que yo le quiero decir... Y a los alemanes, les puedo guiñar el ojo y al año siguiente...»

Y en aquella primera estancia española, en 1989, Gullo ya percibió la crisis espiritual que sufría (y sufre) España: «las cosas en España andaban mal; España estaba en un Titanic: seguían distribuyéndose el caviar, el champán, el jamón, pero no se daban cuenta que alguien había hecho un agujerito en el fondo del barco. Ya no se reivindicaba la obra de España en América, se inventaba el encuentro, ¿qué encuentro? ¡Hubo descubrimiento!». Era (y es) políticamente incorrecto hablar de descubrimiento.

La Historia, antídoto contra el veneno


Con la pedagogía del verdadero maestro, Gullo desgranó la íntima relación entre la falsificación histórica y la mala política. «El origen de la mala política siempre es la falsa historia», sentenció, ilustrándolo con una potente metáfora médica: Imaginen que voy al médico, a un mal médico que receta medicamentos equivocados y tratamientos contraproducentes, y a causa de ello sus pacientes fallecen… «Como yo desconozco este hecho, esta historia, estoy condenado a repetirla». Fue esta convicción la que lo llevó a escribir Madre Patria para desmontar la leyenda negra, y ahora Lepanto, cuando España salvó a Europa, para recordar una gesta que el progresismo intenta minimizar como «una batalla inútil que no sirvió para nada».

De Covadonga a Lepanto: la cruzada eterna


El conferenciante trazó con mano firme el hilo conductor que une la resistencia de Covadonga con el triunfo en Lepanto. «En Covadonga, los cristianos deciden ese día que ellos no se van a someter al imperialismo islámico. Y que se van a jugar la vida en esa batalla. Punto». Subrayó que lo crucial no fue el número, sino la determinación de un pueblo que, «cuando se pone de pie y tiene determinación, y se pone de rodillas delante de Dios… [los enemigos] no pasan».

Al describir el contexto de Lepanto, Gullo pintó un cuadro dramático de la España de Felipe II, acosada no sólo por el poderío otomano y la quinta columna morisca en el interior de la Península, sino también por la traición de Francia —«la concubina del sultán»— que preparaba «una puñalada por la espalda» a España si la Cristiandad perdía la batalla de Lepanto.

En ese momento crítico, emerge la figura de Don Juan de Austria, «un verdadero hispano», porque «ser un verdadero español consiste en saber vivir practicando el bien, tender al Bien Común... Y cuando no se puede vivir practicando el bien, un verdadero español sabe morir con dignidad».

Gullo recordó que en aquel momento el poderío otomano parecía imparable. Pocas décadas atrás, habían conquistado Constantinopla («la segunda Roma») para el Islam, y habían liquidado así al cristiano Imperio Bizantino, de 1.000 años de antigüedad. Los otomanos habían tomado inercia y amenazaban con engullir Roma, Viena y Europa entera. «El Sultán sueña, promete y jura convertir la Basílica de San Pedro de Roma en una mezquita», como ya hicieran con Santa Sofía de Constantinopla sus antecesores pocas décadas atrás.

El milagro de la Fe y el viento que cambia


La narración de la batalla de 1571 alcanzó su clímax al relatar cómo Don Juan, contra todo consejo prudente, se lanzó al combate confiando en la promesa de victoria que la Virgen María había hecho al Papa San Pío V.  

El viento era adverso y el número de soldados cristianos, inferior. La prudencia aconsejaba retirarse, y así se lo propuso un sacerdote a Don Juan quien, como buen hispano, le respondió: «Monseñor, hoy de aquí no se va nadie. Hoy aquí morimos todos. Si Dios quiere, nos dará la victoria. Y si no, hoy aquí morimos todos».

Y entonces, cuando todo parecía perdido, ocurrió el prodigio en Lepanto: «De repente, el viento cambió». Y ese cambio inesperado propició que los veleros cristianos se precipitaran sobre la flota otomana, liquidándola.

El profesor extrajo de este hecho una lección profética para la España de hoy: «Vendrán tiempos muy malos para España, donde el viento de la historia parecerá que sopla en contra de nosotros… Y sin embargo tenemos una promesa siempre. Y el viento en algún momento cambiará y soplará de vuelta a favor de la flota cristiana, a favor de España».

Y es que fue la Fe lo que dio la victoria a nuestros soldados en Lepanto. El rezo del Rosario y los sacramentos lograron transformar a una tripulación de «delincuentes» y «malvivientes», en «hombres de Fe». «Hasta había 700 protestantes que estaban ahí… y también se bautizan, confiesan, comulgan». Ahí tenemos las armas para hoy día, también.

Lepanto: la batalla inacabada


Marcelo Gullo concluyó su disertación advirtiendo que, para el islam, Lepanto es una «batalla inacabada», cuyo último capítulo se está escribiendo hoy con la actual «invasión silenciosa». Frente a este desafío, la respuesta, según Gullo, no será sólo con las armas, pues «las armas no bastarán, sino con vuestra Fe vivida íntegramente».

Al final, entre aplausos que resonaron en las mismas piedras que vieron partir a los tercios, el profesor Gullo selló su exposición con un llamado a la Fe y a la acción, recordando que, como en 1571, la victoria final no depende del número, sino del coraje, la unidad y la entrega a la Providencia Divina.

¡Viva Cristo Rey!

Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau

 




 

dijous, 23 d’octubre del 2025

Reportaje fotográfico de la presentación del libro LEPANTO, de Marcelo Guillo, en las Reales Atarazanas de Barcelona, el pasado 18 de octubre


Reportaje fotográfico de la presentación del libro LEPANTO, de Marcelo Gullo, en las Reales Atarazanas de Barcelona, el pasado 18 de octubre


Como complemento a la nota informativa de Agencia Faro publicada el pasado domingo en La Esperanza y a la presentación del Dr. D. Andrés Gambra publicada el mismo día, presentamos a continuación un reportaje fotográfico de la sesión de D. Marcelo Gullo, en las Reales Atarazanas de Barcelona, del pasado sábado 18 de octubre, con objeto de presentar su libro Lepanto: cuando España salvó a Europa.

Mañana viernes, una Crónica completa de la exposición de D. Marcelo Gullo se publicará en La Esperanza. Y la próxima semana, D.m., varios videos en en canal de youtube del Círculo Barcelona (@carlismobarcelona).