No es sólo una mártir antigua, sino un modelo perenne de coherencia entre fe y vida pública para nuestros días
Hoy, 12 de febrero, la Iglesia celebra la fiesta de Santa Eulàlia de Barcelona (siglos III-IV), una joven cristiana de Barcelona de 13 años de edad que, durante la persecución del emperador Diocleciano, se negó a renunciar a la fe. Tras ser sometida a crueles tormentos de los que milagrosamente salía indemne (fue expuesta desnuda a la intemperie, torturada con garfios, quemada, etc.), murió mártir. Su cuerpo fue sepultado en las Arenas de Barcelona (donde posteriormente se construiría la iglesia de Santa María de las Arenas, actual basílica de Santa María del Mar) y trasladado en el siglo IX a la Catedral paleocristiana de Barcelona, hoy integrada en la actual Catedral gótica.
Santa Eulalia se erige como un símbolo poderoso y arquetípico. Su martirio constituye la defensa inquebrantable de la tradición católica frente a un poder estatal pagano y opresor, un ejemplo del que los carlistas podemos aprender. En efecto, la joven mártir encarna la resistencia civil y religiosa contra un orden anticristiano. Su martirio afirma la primacía de la fe frente al absolutismo del Estado. Ella encarna el derecho —y el deber— a no observar la ley civil cuando ésta exige traicionar los mandatos de la ley moral y divina. Su fortaleza ante el tormento evidencia la virtud de la fortaleza como testimonio público indispensable para la transformación cristiana de la sociedad. Este testimonio subraya que la fe tiene una dimensión pública y comunitaria, y que los cristianos están llamados a ser levadura en el mundo, incluso en contextos hostiles.
Además, al ser una santa profundamente local pero de culto universal, Eulalia refuerza el principio tradicional hispánico de la unidad católica, respetuosa con las identidades forales y regionales (como Cataluña), pero unida bajo una misma fe y un mismo trono legítimo. Se ilustra así la complementariedad entre lo local y lo universal: es una santa arraigada en Barcelona, pero su mensaje trasciende fronteras. Esto refleja el principio de subsidiaridad, que valora y fortalece las identidades particulares dentro de la unidad del cuerpo social, siempre ordenado al bien común.
Para ilustrar estos puntos, ofrecemos un fragmento de la narración de Fábrega Grau, basado en la «Passio Sancte Eulaliae», que recoge el diálogo en el que la joven santa increpa al pretor Daciano por perseguir a los cristianos:
—Juez inicuo —dijo Eulalia—, ¿de esta manera tan soberbia te atreves a sentarte para juzgar a los cristianos? ¿Es que no temes al Dios altísimo y verdadero que está por encima de todos tus emperadores y de ti mismo, el cual ha ordenado que todos los hombres que Él, con su poder, creó a imagen y semejanza, le adoren y sirvan a Él solamente? Ya sé que tú por obra del demonio tienes en tus manos el poder de la vida y de la muerte; pero eso poco importa.
Daciano, pasmado ante aquella intrepidez, mirándola fijamente le respondió desconcertado:
—Y —dijo Daciano—, ¿quién eres tú que de una manera tan temeraria te has atrevido, no sólo a presentarte espontáneamente ante el tribunal, sino que, además, engreída con una arrogancia inaudita, osas echar en cara del juez estas cosas contrarias a las decisiones imperiales?
Mas ella, con mayor firmeza de ánimo, y levantando la voz, dijo:
—Yo soy Eulalia, sierva de mi Señor Jesucristo, que es el Rey de los reyes y el Señor de los que dominan: por esto, porque tengo puesta en Él toda mi confianza, no dudé siquiera un momento en ir voluntariamente y sin demora a reprochar tu necia conducta, al posponer el verdadero Dios, a quien todo pertenece, cielos y tierra, mar e infiernos y cuanto hay en ellos, al diablo; y lo que es peor, que quieres obligar a hacer lo mismo a aquellos hombres que adoran al Dios verdadero y esperan conseguir así la vida eterna. Tú les obligas inicuamente, bajo la amenaza de muchos tormentos, a sacrificar a unos dioses que jamás existieron, que son el mismo demonio, con el cual todos vosotros que le adoráis, vais a arder otro día en el fuego eterno.
Invitamos a leer dos textos más, ya publicados en La Esperanza en años anteriores:
Un fragmento de la «Passio Sancte Eulaliae», en versión de Mn. Jaume Armengol, publicado el 2025 con motivo del día de su festividad.
Y la crónica extensa de la «ruta de Santa Eulalia de Barcelona», publicada el 2024 y correspondiente a la visita guiada por la ciudad romana y medieval siguiendo los pasos de la patrona de la ciudad con motivo del día de su festividad, organizada por el Círculo Tradicionalista de Barcelona aquel año.
Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramon Parés y Vilasau
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